เข้าสู่ระบบParte Tres
Bastian avanzó con paso decidido, los ojos ardiendo de ira. Su mandíbula se tensó y el pecho se alzó con agitación. De repente, levantó la mano para abofetearla. Pero antes de que su mano alcanzara el rostro de Nara, ella atrapó su muñeca con firmeza.
—No te atrevas a tocarme así —dijo Nara con voz tajante, clavando en él una mirada helada—. Sigo siendo tu esposa, y si no puedes controlar tu mano, yo misma me cuidaré.
Bastian reaccionó bruscamente, apartando la mano.
—¡Esto es el colmo, Nara!
—Solo defendí mi cara de tu golpe —contestó ella en tono sereno. Se incorporó y enderezó la manzana medio comida sobre la mesa—. Si Veni quiere quedarse aquí, adelante. Pero que nunca sueñe con convertirse en la señora Arshino. Mientras yo respire, ese título me pertenece.
Veni se levantó al instante.
—¿Crees que eres quién para decir eso? ¡Esta es la casa de Bastian, no la tuya! ¡Tú eres una mujer estéril!
—Precisamente porque este es el hogar de mi marido, tengo más derecho que nadie —respondió Nara. Miró uno por uno a los presentes y luego continuó su camino hacia la escalera.
Había subido apenas unos peldaños cuando escuchó a Veni, sollozando desde abajo:
—¡Entonces me voy! Me marcho y me haré cargo de este bebé sola —gritó con la voz entrecortada.
Nara se detuvo en el cuarto peldaño y permaneció inmóvil. Desde allí, escuchó el caos que se desató abajo.
—¡Veni, no digas eso! —exclamó doña Maia, abrazando a la joven entre sollozos—.
—Ven, tranquila —intervino Bastian, acercándose y sujetando el brazo de Veni—. No tomes decisiones en caliente. Mañana resolveré todo. Nara y yo ¡nos divorciaremos!
—¿Puedes cumplirlo, Bastian? —suplicó Veni, llorando aún más—. No puedo seguir aquí mientras ella permanezca. ¡Me humilla!
—Lo sé, lo sé… —respondió él, buscando calmar el llanto—. Solo te pido que tengas paciencia. Yo me encargaré. Tú serás mi esposa.
—Veni, cuentas con nuestro apoyo. No te preocupes —sumó doña Maia con voz dulce.
Veni asintió, aún entre lágrimas.
Nara no dijo nada. Se quedó en silencio, escuchando desde las escaleras, con el pecho oprimido, aunque su rostro permanecía sereno.
—Tan fácil… —murmuró para sí—. Con un dictamen médico falso, Bastian se volcó hacia otra.
Se reanudó su ascenso, negándose a presenciar más la farsa que ocurría abajo. Cuando llegó a su habitación, cerró la puerta con suavidad.
Se plantó frente al espejo. Sus ojos recorrieron su reflejo durante un largo instante.
—Lo amo… pero el amor no basta —susurró, rozando su vientre con ternura y modulando una sonrisa amarga—. Todo va a cambiar ahora. Bastian… cuando descubras que no soy estéril, ¿te arrepentirás?
Un golpeteo en la puerta la sacó de sus pensamientos. Nara alzó la vista.
—Nara —la voz de Bastian sonó desde fuera—. Ábreme. Quiero hablar.
Respiró hondo y abrió sin responder. Allí lo vio: frío, distante. A su lado, Veni de la mano.
—Esta noche te mudarás al cuarto de huéspedes —dijo él con voz cortante.
Nara frunció el ceño.
—¿Por qué?
—El cuarto de ustedes los esposos lo ocupará Veni —explicó con frialdad—. Ella dormirá ahí.
Nara rió entre dientes.
—¿En serio crees que, siendo aún tu esposa, dormiré en una habitación secundaria, mientras la que ni siquiera está legalmente casada contigo ocupará la principal?
Bastian la miró con dureza.
—Ya no eres mi esposa, Nara. El divorcio está en trámite. Mañana firmaré los papeles. Espero lo mismo de ti.
Ella alzó el mentón y esbozó una sonrisa leve.
—El título de “señora Arshino” sigue siendo mío, Bastian. Y el cuarto principal es mi derecho como tu esposa. No me moveré a ningún lado. No firmaré nada.
—No compliques esto —le advirtió.
—Solo reclamo lo que es legítimamente mío —contestó Nara mientras empujaba a Bastian fuera del marco, con suficiente fuerza para retrocederlo un par de pasos.
—No vengas a molestarme esta noche —agregó con tono gélido—.
Sin darle más oportunidad, cerró la puerta tras ella y la aseguró desde dentro. Se apoyó contra el dintel, cerró los ojos y contuvo las emociones contenidas.
Desde el otro lado, se escuchó la voz molesta de Veni:
—Pues me rindo. ¡Dormimos en la habitación de huéspedes esta noche!
Bastian permaneció inmóvil, perplejo ante la terquedad de Nara. ¿Cómo podía ella resistir tanto, a pesar de haber sido traicionada? ¿Solo por amor?
Veni suspiró, irritada.
—Ya basta. Estoy cansada. Vamos a la habitación de invitados —dijo, marchándose hacia el corredor.
Bastian la siguió.
—Como quieras. Me quedaré contigo esta noche —contestó con voz seca.
—Mientras duerma contigo, no me importa dónde —musitó Veni abrazándolo con fuerza.
—Claro —respondió él de forma automática.
Aquellas palabras se colaron nítidas hasta el oído de Nara. Ella, al otro lado del muro, los escuchó con el corazón encogido. Empuñó el pestillo con fuerza. Su mirada se perdió en el vacío. Cada palabra quebraba un poco más su amor.
Jamás hubiese imaginado que Bastian pudiera hundirse tanto. Entregar su hogar a otra mujer, tan fácilmente. Volverse de otra como si su matrimonio nunca hubiese significado nada. Como si todo lo construido juntos durante años fuera solo polvo para él.
Nara se alejó de la puerta y se sentó sobre la cama.
—Bastian… ya no eres el hombre que amé —murmuró con amarga tristeza—. En tan poco tiempo, convertiste el amor en odio.
Sacó su móvil y le envió un mensaje a Eric:
> “Quiero verte. Ven al café de siempre. No le digas a mamá y papá que nos reuniremos.”
Sonrió con melancolía mientras acariciaba su vientre.
—Perdóname, mi vida. Tengo que mantenerte alejado de tu padre por ahora. Él ya no me ama. Mejor así… Guardaré este secreto hasta que sea el momento. Y cuando descubra que existes… se arrepentirá —pensó, con determinación.
Con el corazón ardiendo, Nara juró vengarse del engaño de Bastian. Y su plan comenzaba a gestarse.
Unos meses después.El vientre de Veni ya se notaba claramente abultado. Su embarazo había llegado a los cinco meses, pero su estatus legal seguía siendo el mismo: aún no era la esposa legítima de Bastian.Aquella tarde, estaban en la sala de estar de la casa de Bastian. Veni estaba sentada con un vaso de zumo de naranja en la mano, el rostro visiblemente molesto.—Bas, ¿hasta cuándo vamos a seguir así? —preguntó Veni, alzando el tono de voz.Bastian la miró de reojo desde el sofá.—¿A qué te refieres?—¡A nuestro estatus! Tengo cinco meses de embarazo y sigo siendo una amante. La gente ya ha empezado a hablar, Bas.Bastian suspiró, intentando mantener la calma.—Estoy buscando el momento adecuado. No me presiones.—¿El momento adecuado? —bufó Veni—. Si esperamos el momento adecuado, este niño nacerá antes de que divorcies a Nara.Bastian guardó silencio unos segundos.—Ya te dije que me encargaré de eso.—Ahora, Bas. Quiero que te divorcies de Nara ahora mismo —exigió Veni.Bastian s
Capítulo 30Eric se despertó con la respiración agitada. Su pecho subía y bajaba con rapidez, y en su frente había un leve sudor. Se incorporó en la cama, observando la habitación oscura a su alrededor.—Dios mío… —murmuró, cubriéndose el rostro con ambas manos—. Solo fue un sueño…Aún podía recordar con claridad los detalles: las caricias, los besos, incluso el aroma del cuerpo de Nara. Todo había parecido demasiado real.Eric se levantó y caminó hacia el baño. Dejó caer varias veces el agua fría del grifo sobre su rostro.—Santo cielo, ¿por qué tuve que soñar algo así? —dijo de nuevo, mirándose en el espejo.Con un largo suspiro, tomó el teléfono de la mesita junto a la cama. Sus dedos se movieron con rapidez, marcando el número de Nara.Tuut… tuut…No hubo respuesta.Eric lo intentó una vez más. Igual que antes, la llamada solo sonó sin que nadie contestara.—Quizá ya está dormida —murmuró. Sin embargo, la curiosidad seguía rondándole la mente.Dejó el teléfono en la mesa y volvió
Esa noche, la habitación estaba en silencio. La lámpara de la mesa emitía una luz tenue, suficiente solo para iluminar el rostro de Nara, que estaba sentada recostada contra el cabecero de la cama.Eric permanecía de pie cerca de la puerta, pero su mirada no se apartaba de Nara. Sus ojos tenían un brillo intenso, aunque también cargado de duda, como si estuviera sopesando algo muy pesado.—¿Por qué me miras así? —preguntó Nara en voz baja, intentando romper el silencio.Eric respiró hondo y luego se acercó.—Nara… hay algo que debo decirte.Nara alzó las cejas, esperando que continuara.—¿Qué?Eric se sentó al borde de la cama, a tan solo unos centímetros de ella.—Yo… no puedo seguir fingiendo que no siento nada. Cada día me resulta más difícil no pensar en ti.Nara bajó la mirada.—Eric…—Sé que está mal. Sé que eres la esposa de Bastian —continuó Eric, con la voz baja pero firme—. Pero no puedo mentir. Me gustas.Nara abrió la boca para responder, pero antes de que pudiera pronunci
A las cinco de la tarde. La calle que conducía a la casa de Nara estaba desierta; solo se escuchaba el motor del coche de Eric.—¿Te sientes mejor? —preguntó Eric, echándole una mirada fugaz a Nara.Nara estaba recostada en el asiento del copiloto.—Sí… mucho mejor. Gracias por cuidarme antes.Eric soltó un suspiro de alivio.—Menos mal. Me has preocupado, ¿sabes?Nara sonrió débilmente.—Perdón por darte molestias.—No es una molestia. Solo… no quiero verte enferma. Y menos ahora… que estás embarazada —dijo Eric en voz baja.El coche se detuvo justo frente a la gran casa, silenciosa. Eric apagó el motor y observó a su alrededor.—Parece que Bastian aún no ha llegado.—No. Cuando trabaja fuera de la ciudad suele volver muy tarde —respondió Nara, mirando hacia el garaje.—¿Tampoco están Verónica y tu suegra?Nara negó con la cabeza.—Cuando salen por la mañana así, no regresan hasta la tarde. A saber dónde estarán de compras.Eric asintió.—Mejor. Así puedes descansar sin tener que hab
Eric volvió a entrar en la habitación con una tableta y un vaso de agua tibia. Pero en cuanto vio a Nara, se detuvo en seco.El cuerpo de Nara temblaba bajo la manta, su rostro más pálido que antes.“Nara?” Eric dejó el vaso sobre la mesa y se sentó enseguida al borde de la cama. Tocó la frente de Nara y soltó una maldición en voz baja. “Mierda… la fiebre ha subido.”Nara abrió los ojos lentamente. Su mirada estaba vacía, pero aún consciente.“Tenemos que ir al hospital,” dijo Eric. “Te voy a cargar ahora mismo.”Pero justo cuando Eric se inclinó para pasar los brazos por debajo del cuerpo de Nara, la mano de ella se alzó, tirando débil pero firmemente del cuello de la camisa de Eric, deteniéndolo.“No…” susurró Nara con voz baja. “Solo… solo necesito un abrazo.”Eric se quedó inmóvil. “¿Qué?”Nara atrajo el cuerpo de Eric hacia el suyo y lo abrazó con fuerza, su cuerpo aún temblaba por la fiebre. Respiraba entrecortadamente, pero con un deseo claro de sentirse protegida.“Solo un mom
El lujoso apartamento de la familia Müller se encontraba en el centro de la ciudad, con estricta seguridad y comodidades completas.La puerta del apartamento se abrió automáticamente cuando Eric presionó el botón del intercomunicador. En cuanto Nara entró, sus pasos vacilaron un poco.“Nara?” Eric la recibió con una mirada sorprendida. “¿Estás bien?”Nara intentó sonreír, pero sus ojos lucían apagados. “Me duele muchísimo… siento que la cabeza me va a estallar.”Sin esperar más explicaciones, Eric se acercó de inmediato y sostuvo el cuerpo de Nara que casi se desplomaba.“Tienes fiebre,” murmuró Eric mientras tocaba la frente de Nara. “Estás fría pero sudando. Siéntate un momento.”Pero antes de que Nara pudiera obedecer, su cuerpo se debilitó. Por reflejo, Eric la alzó en brazos.“Eric…” susurró Nara débilmente. “Puedo caminar sola…”“No te esfuerces, Nara,” dijo Eric con firmeza. “Necesitas descansar.”Con pasos rápidos, Eric llevó a Nara al dormitorio principal y la recostó con cui







