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Capítulo 6

Author: Salyspears
last update publish date: 2026-10-09 11:41:50

Thiago

La miré fijamente mientras ella continuaba ida en la silla de ruedas, procesando el remolino de información que acababa de soltarle. Sabía que la estaba acorralada, pero en este juego, la duda es un lujo que ni ella ni yo nos podíamos permitir. Me acerqué con pasos lentos, saqué mi teléfono del bolsillo y busqué aquel archivo guardado bajo llave.

—Quería mostrarte esto desde que despertaste —rompí el silencio, extendiéndole la pantalla.

Ginevra pestañeo, regresando de sus pensamientos, y
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    ThiagoLa madrugada se sentía demasiado fría sobre la carretera. Al notar a Ginevra encogida, la tapé con mi abrigo. Tenía la mirada perdida, devorada por un nerviosismo comprensible. Ir a un lugar desconocido, y para colmo, al lado de un mafioso. Solo que yo no era un mafioso cualquiera. Yo no toco a inocentes ni le hago daño a la gente buena; me encargo de las escorias sucias, de esas serpientes que se arrastran movidas por la ambición. A esos sí los destruyó, cueste lo que cueste.—¿Crees que todo estará bien en la casa de tu familia? —preguntó Ginevra, sacándome de mis pensamientos.Coloqué suavemente mi mano en su mejilla para obligarla a mirarme.—Mientras seas mi donna, nadie tendrá derecho a hacerte nada. Despreocúpate por eso. No quiero que nada te pase ni que pienses cosas raras.—Tengo miedo... Tengo miedo de no poder hacer nada. ¿Qué dirá tu familia al verme así?—No importa lo que diga mi familia. Diremos que sufriste un accidente, pero que ya estás mejor. Además, estarás

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    GinevraSi alguien me hubiera dicho tiempo atrás que terminaría unida a un hombre que al principio parecía un simple médico o científico dedicado a salvarme la vida, jamás lo habría creído. Pero ahora la máscara había caído: resulta que también es un hombre de la mafia, un líder con un clan detrás. Y para poder salir de este encierro e irme con él, no había otra opción que convertirme en su esposa, en su donna. Es una locura absoluta. Sin embargo, no tengo espacio para dudar; debo cumplir con mi parte, recuperar la salud como sea y trazar a sangre fría la estrategia para mi venganza.—¿Estás bien? —preguntó Thiago, acercándose a mí mientras yo observaba en silencio el inmenso jardín qué en estas semanas sentí absoluta paz.Asentí despacio. Él se puso en cuclillas para quedar a mi altura, eliminando la distancia con calma.—No te preocupes por nada. Estaremos bien.—¿Tú crees que estaremos bien? —murmuré, clavando mis ojos en los suyos—. ¿No tendrás problemas con ninguna novia?Thiago

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    ThiagoLa miré fijamente mientras ella continuaba ida en la silla de ruedas, procesando el remolino de información que acababa de soltarle. Sabía que la estaba acorralada, pero en este juego, la duda es un lujo que ni ella ni yo nos podíamos permitir. Me acerqué con pasos lentos, saqué mi teléfono del bolsillo y busqué aquel archivo guardado bajo llave.—Quería mostrarte esto desde que despertaste —rompí el silencio, extendiéndole la pantalla.Ginevra pestañeo, regresando de sus pensamientos, y fijó su mirada azul en el aparato.—¿Qué es? —preguntó con la voz apenas inteligible.—El día en que esos miserables estaban en el cementerio... según ellos, sufriendo por tu muerte.Ella alzó la vista hacia mí, con una mezcla de escepticismo y un dolor punzante reflejado en el rostro.—¿Entonces... ¿Hay una tumba con mi nombre real? —murmuró.—Así mismo es. Hay una tumba¿Quieres verlo?Ginevra asintió despacio. Le reproduje el video. En la pantalla se veía el despliegue del falso funeral: traj

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    GinevraLos siguientes días transcurrieron entre terapias intensas. Mi cuerpo estaba exhausto; incluso hacer el más mínimo movimiento me sacaba un quejido del pecho. Pero no podía detenerme, no debía hacerlo. Lo único que tenía en mente era movilizarme para estar lista. A veces sentía que no soportaba más el dolor, pero el deseo de venganza permanecía intacto en mi cuerpo y en mi mente.Llevaba apenas una semana despierta. Había momentos en los que caía rendida por el cansancio, pero lo más extraño era ver a ese hombre moreno de ojos grises tan cerca de mí. Me hacía sentir extrañamente cómoda, no con una sensación incómoda o mala, sino con la certeza de que me estaba protegiendo. Sé que suena a locura, pero... ¿será que le gusto? Lo dudaba. Me había visto desfigurada; mi rostro y mi cuerpo habían estado casi calcinados. Quizás solo era lástima, y se lo agradecia, porque gracias a él lograría mi objetivo.Lo único que quería era permanecer despierta. Tras casi dos años postrada en una

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    GinevraAbrí los ojos con una pesadez insoportable, sintiendo que si los cerraba otra vez volvería a perderme en aquella oscuridad interminable. Todo a mi alrededor era frío, un hielo glacial que se me metía hasta los huesos.Escuché el suave roce de la puerta, y el sonido de un monitor. Parpadeó varias veces, pero no fui capaz de reconocer el lugar. Las paredes eran oscuras y el techo apenas alcanzaba a distinguirlo en la penumbra. No parecía un cuarto de hospital.—¿Dónde... estoy...? —pregunté.Mi voz salió ronca, quebrada y tan débil que apenas pude escucharme a mí misma. Tenía la garganta seca, áspera, dominada por una sed insoportable.El sonido volvió a repetirse, eran pasos. Alguien acababa de entrar. Mi corazón comenzó a latir con fuerza contra mis costillas. ¿Estoy muerta? ¿Este es el infierno? Recordaba el fuego, el dolor lacerante, la gasolina que me lanzó y mi piel quemándose. Recordaba con horror que me habían matado. Entonces, ¿por qué seguía sintiendo?Una figura mascu

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    ThiagoJamás imaginé que volvería a presenciar una atrocidad semejante.Frente a mí yacía el cuerpo de una mujer completamente cubierto de vendas. Las quemaduras ocultaban casi toda su piel, eran tan brutales que apenas podía reconocer sus facciones.Uno de los médicos se acercó con expresión seria.—Ya informé a la familia. Lamentablemente, la paciente falleció. Las lesiones provocadas por la caída y las quemaduras fueron demasiado graves. Su familia ha solicitado que el cuerpo sea cremado.Asentí con calma.—Bien. Yo daré la orden al forense.—Sí, doctor.Cuando el doctor Salazar salió de la sala, dejé escapar un largo suspiro.Los Moretti…Esos malditos eran capaces de cualquier cosa.Si esta mujer me había pedido ayuda antes de perder el conocimiento, era porque alguien había intentado asesinarla.Nadie se incendia y después cae desde un balcón por accidente.¿Qué hacía ella ahí? ¿ Porqué nadie vio nada?Cerré los ojos unos segundos antes de escuchar la puerta abrirse nuevamente. D

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