GinevraAbrí los ojos con una pesadez insoportable, sintiendo que si los cerraba otra vez volvería a perderme en aquella oscuridad interminable. Todo a mi alrededor era frío, un hielo glacial que se me metía hasta los huesos.Escuché el suave roce de la puerta, y el sonido de un monitor. Parpadeó varias veces, pero no fui capaz de reconocer el lugar. Las paredes eran oscuras y el techo apenas alcanzaba a distinguirlo en la penumbra. No parecía un cuarto de hospital.—¿Dónde... estoy...? —pregunté.Mi voz salió ronca, quebrada y tan débil que apenas pude escucharme a mí misma. Tenía la garganta seca, áspera, dominada por una sed insoportable.El sonido volvió a repetirse, eran pasos. Alguien acababa de entrar. Mi corazón comenzó a latir con fuerza contra mis costillas. ¿Estoy muerta? ¿Este es el infierno? Recordaba el fuego, el dolor lacerante, la gasolina que me lanzó y mi piel quemándose. Recordaba con horror que me habían matado. Entonces, ¿por qué seguía sintiendo?Una figura mascu
آخر تحديث : 2026-10-09 اقرأ المزيد