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Capítulo 3

last update Veröffentlichungsdatum: 09.10.2026 00:16:44

Thiago

Jamás imaginé que volvería a presenciar una atrocidad semejante.

Frente a mí yacía el cuerpo de una mujer completamente cubierto de vendas. Las quemaduras ocultaban casi toda su piel, eran tan brutales que apenas podía reconocer sus facciones.

Uno de los médicos se acercó con expresión seria.

—Ya informé a la familia. Lamentablemente, la paciente falleció. Las lesiones provocadas por la caída y las quemaduras fueron demasiado graves. Su familia ha solicitado que el cuerpo sea cremado.

Asentí con calma.

—Bien. Yo daré la orden al forense.

—Sí, doctor.

Cuando el doctor Salazar salió de la sala, dejé escapar un largo suspiro.

Los Moretti…Esos malditos eran capaces de cualquier cosa.

Si esta mujer me había pedido ayuda antes de perder el conocimiento, era porque alguien había intentado asesinarla.

Nadie se incendia y después cae desde un balcón por accidente.

¿Qué hacía ella ahí? ¿ Porqué nadie vio nada?

Cerré los ojos unos segundos antes de escuchar la puerta abrirse nuevamente. Dos médicos entraron para llevar el cuerpo a la morgue.

—Manipulen el cuerpo con cuidado. Yo iré a prepararlo.

—Claro, doctor.

Vi cómo colocaban el cadáver dentro de la bolsa mortuoria y la sellaban por completo antes de sacarlo.

Al salir al pasillo me encontré con la supuesta familia.

—¡Mi pobre esposa! —gritó él hombre con un dramatismo exagerado.

—¡Ay, mi pobre hermana! No puedo creerlo...

—Hijo... ya no puedo más. Me duele el corazón...

Los observé uno por uno.

Qué actuación tan impecable.

Cualquiera habría jurado que estaban destrozados por la pérdida.

Solo yo podía ver las lágrimas disfrazadas de traición.

Entonces apareció la mujer que había llegado con ella. Se acercó desesperada.

—Doctor, por favor... quiero verla.

Negué con la cabeza.

—Lo siento. El cuerpo ya fue trasladado al crematorio.

—¡No! ¿Por qué la van a cremar? —gritó ella con verdaderas lágrimas en los ojos.

Antes de que pudiera responder, el hombre dio un paso al frente.

—Porque así lo decidimos nosotros. Tú solo fuiste su madrina.

Ella lo miró indignada.

—¡¿Cómo pueden tomar esa decisión?! Yo también soy su familia.

—Ella era mi esposa. Tú no tienes ningún derecho.

Sus palabras rebosaban autoridad. y falsedad. Miré fijamente a la mujer.

—Pronto les entregaremos las cenizas. El cuerpo quedó irreconocible, por lo que no es recomendable que nadie más lo vea.

Sin esperar respuesta, me alejé de ellos. Mientras caminaba por el pasillo envié un mensaje rápido a Joseph.

"Todo listo. Procede."

Entré a la morgue. Era una verdadera lástima verla en ese estado. Miré mi reloj, aún quedaban cuatro horas más.

La puerta volvió a abrirse.

—Aquí estoy, doctor — apareció Joseph.

—¿Trajiste el cuerpo?

—Sí. Hicimos todo lo qué pidió.

—Llévense este cuerpo inmediatamente, háganlo con cautela.

Sin perder un segundo, los hombres retiraron el verdadero cuerpo y, en su lugar, colocaron el cadáver que yo había preparado para el intercambio.

Todo debía salir perfecto. No podía haber errores.

Pocos minutos después llegó el encargado del crematorio.

—Doctor, todo está listo.

—Muy bien. Entregué las cenizas a la familia.

—Sí, doctor.

Esperé hasta que finalizaron el procedimiento.

Observé nuevamente mi reloj. Perfecto, ya estoy a tiempo.

Firmé toda la documentación necesaria y abandoné el hospital.

Antes de subir al vehículo, dirigí una última mirada hacia la falsa familia de farsantes.

Malditos engendros, el karma les llegará y doblemente.

Subí a la camioneta.

—Vámonos.

Joseph arrancó de inmediato.

—¿En cuánto tiempo cree que llegaremos, doctor?

—Unas dos a tres horas, no podemos pasar más. Mandaste hacer lo qué te ordene en la unidad médica privada.

—Sí doctor.

—Perfecto,

—Ya envié el aviso. Todo estará preparado tal como usted lo ordenó. Los hombres empezarán a vigilar a los Moretti a partir de esta noche.

Asentí, satisfecho.

Después de unos minutos de silencio, Joseph volvió a hablar.

—¿Puedo hacerle una pregunta?

Sonreí apenas.

—Habla.

—¿De verdad cree que esa mujer despertará?

Giré lentamente la cabeza para verlo.

—Si mis cálculos no fallan... despertará en aproximadamente las tres horas exactas.

Su expresión cambió por completo.

—Entonces debemos apresurarnos.

—Exacto.

Me quité la bata blanca y me coloqué un chaleco negro.

Mientras observaba el cuerpo inmóvil, una sola idea ocupaba mi mente.

Si ella me pidió ayuda antes de perder la conciencia, fue por una razón. Y yo descubriría cuál era.

Los Moretti no tenían la menor idea del enemigo que acababan de crear. Analicé cada una de sus heridas, eso jamás fue un accidente.

La caída había sido provocada y las quemaduras, fueron provocadas. Su cuerpo olía a gasolina no al cigarrillo qué ellos mencionaron.

Nadie termina así por encender un cigarrillo. Había demasiadas inconsistencias, y yo haré todo lo posible para mantenerla con vida.

Costara lo que costara.

***

Tres horas después cruzamos el enorme portón de la Tenuta La Rocca, una inmensa propiedad y villa aislada en medio de un inmenso bosque, rodeada por kilómetros de terreno privado. Desde el exterior parecía una elegante residencia antigua, pero bajo aquella mansión existía un complejo secreto que nadie conocía. Era mi refugio, mi laboratorio, mi base de operaciones.

Bajamos el cuerpo con rapidez.

—Llévenla a la habitación subterránea.

Todos obedecieron sin hacer preguntas. Entré al laboratorio oculto y comencé a preparar cada equipo, encendí los monitores. Las máquinas empezaron a emitir sus característicos sonidos electrónicos.

Con mucho cuidado retiré cada una de las vendas. Las heridas eran impresionantes.

Cerré los ojos un instante y respiré hondo. Conecté los sensores cardíacos.

Esperé y conté de uno hasta diez.

—Regresa y no te rindas— declaré mirando el monitor.

Entonces administré el compuesto que había desarrollado durante años. Después activé el ventilador mecánico. Durante unos interminables segundos, no ocurrió nada. Hasta que el monitor emite un pitido y los latidos empezaron aparecer uno tras otro, su corazón volvía a funcionar.

Su presión seguía peligrosamente baja, pero había conseguido traerla de regreso.

Cinco pacientes habían muerto durante mis investigaciones.

Ella era la primera en responder al tratamiento.

Soy cirujano cardiovascular, también soy científico y llevo años desarrollando un proyecto que el mundo jamás podría conocer. Guardo secretos qué son mi propósito para cumplir mi venganza.

Muchos llamarían monstruosidad a mis experimentos, yo los llamo esperanza, miré nuevamente a la mujer, tomé una de sus manos.

Entonces noté algo extraño.

No tenía quemaduras. Si realmente sostenía un cigarrillo cuando ocurrió el incendio, porqué los oficiales no observaron ese detalle. Obviamente ya estaban comprados por los Moretti.

Su mano estaba completamente intacta y todo confirmaba mis sospechas, todo había sido planeado.

Me senté junto a ella.

—Te prometo que haré todo lo posible para que vuelvas a vivir.

Apreté suavemente su mano, por un instante, sentí una ligera presión en respuesta.

Sonreí. Eso era suficiente para saber que aún seguía luchando.

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