LOGINLa noche en que Elena Rostova reunió el valor para decirle a su esposo que estaba embarazada… terminó esposada frente a toda la élite de la ciudad. Adrian Vance, el hombre que juró protegerla, la acusó públicamente de traicionar al imperio familiar. Su mejor amiga confirmó cada mentira. Y mientras los flashes destruían su reputación, Elena fue enviada a prisión: embarazada, humillada y completamente sola. Pero el verdadero infierno comenzó tras las rejas. Golpeada, abandonada y sin nadie que la defendiera, Elena perdió al bebé que jamás pudo sostener. Ese día también murió la mujer inocente que alguna vez creyó en el amor. Cinco años después, Elena regresa convertida en otra persona: hermosa, fría, peligrosa. Ya no busca justicia. Busca venganza. Y para destruir a los Vance, necesita acercarse al hombre más temido del imperio: Alexander Vance. El tío de su exesposo. Un multimillonario oscuro, dominante y veinte años mayor, capaz de arruinar vidas con una sola orden. Alexander debería ser solo una pieza en su plan. Pero la tensión entre ellos se vuelve una obsesión. Una que ninguno de los dos puede controlar. Entre secretos, deseo y traiciones, Elena descubrirá que enamorarse del hombre equivocado puede ser incluso más peligroso que odiarlo.
View MoreElena miró el documento.Después miró a Alexander.Y finalmente volvió a mirar a Richard.—No.La palabra salió de sus labios con una seguridad absoluta.Richard sonrió.—¿No?—Mi padre no pudo haber dejado algo así.Anastasia bajó la mirada.Ese gesto fue suficiente para que Elena comprendiera que había algo más.—Mamá…Anastasia levantó lentamente los ojos.—Tu padre lo hizo.Elena sintió que el pecho se le cerraba.—¿Es verdad?Anastasia asintió.—Viktor preparó ese testamento antes de morir.Alexander permanecía inmóvil.No parecía sorprendido.Parecía preocupado.—¿Por qué no me lo dijiste? —preguntó Elena.Anastasia tragó saliva.—Porque esperaba que nunca tuvieras que enfrentarte a esto.Richard soltó una carcajada.—Qué conmovedor.Alexander lo miró.—Cállate.Richard levantó las manos.—Solo estoy disfrutando el momento.Elena no apartaba los ojos del documento.—Quiero leerlo.Richard se lo entregó.Alexander dio un paso hacia ella.—Elena, espera.—Necesito saber qué escrib
—Mi hija…La voz de la mujer atravesó la habitación.Elena no podía escucharla.Todavía no.Porque estaba demasiado lejos.Demasiado confundida.Demasiado herida por todo lo que acababa de descubrir.Pero Richard sí sonrió.Había esperado años por ese momento.—Después de tanto tiempo —murmuró—, finalmente volverán a verse.La mujer levantó la cabeza.Su rostro estaba más delgado.Su cabello, completamente diferente al de la fotografía que Elena había visto.Pero sus ojos…Esos ojos eran inconfundibles.Los mismos que Elena había visto reflejados en su propio rostro durante toda su vida.—Anastasia —dijo Richard.La mujer cerró los ojos.—No la uses para conseguir lo que quieres.Richard soltó una pequeña risa.—Ya es demasiado tarde.A varios kilómetros de allí, Elena se preparaba para salir.Había cambiado de ropa.Nada elegante.Nada que pudiera llamar demasiado la atención.Pantalón oscuro.Botas.Una chaqueta sencilla.Pero su mirada había cambiado.Alexander entró en la habitaci
Elena volvió a mirar la fotografía.Ethan estaba dormido.Acurrucado entre sus sábanas.La imagen había sido tomada desde el interior de la mansión.Eso significaba una sola cosa.Alguien había conseguido entrar.Y estaba observándolos.—¿Dónde está la habitación de Ethan? —preguntó Alexander.—Segundo piso —respondió Elena.Alexander ya estaba caminando.—¡Espera!Él se detuvo.—No.La miró.—Tú quédate aquí.—Es mi hijo.—Precisamente.Elena apretó los puños.—No voy a quedarme esperando.Alexander regresó hasta ella.—No te estoy pidiendo que seas débil.Su voz bajó.—Te estoy pidiendo que no hagas exactamente lo que ellos quieren.Elena sostuvo su mirada.Tenía razón.El mensaje había sido diseñado para separarla del resto.Para hacerla actuar impulsivamente.—Entonces vamos juntos.Alexander asintió.—Juntos.Adrian dio un paso adelante.—Yo también voy.Alexander lo miró con frialdad.—Tú quédate aquí.—Conozco a Richard.—Y precisamente por eso podrías ser un objetivo.Adrian n
Las luces se apagaron.Un grito atravesó la sala.Después, todo se convirtió en caos.—¡Nadie se mueva!La voz de Alexander cortó el ruido.Se escucharon pasos apresurados.Alguien golpeó una mesa.Un periodista gritó que había perdido su teléfono.Elena permaneció inmóvil.Solo podía pensar en una frase.Ethan nunca murió.Miró hacia donde estaba su hijo.—¡Ethan!—¡Mamá!La pequeña voz llegó desde el otro extremo.Elena corrió.Unos segundos después, encontró a Ethan entre los brazos de Alexander.El empresario lo protegía con una mano mientras observaba la oscuridad.—Está conmigo —dijo.Elena respiró aliviada.—Gracias.Alexander sostuvo su mirada.—Nunca lo dejaré solo.Una luz de emergencia se encendió.La sala quedó iluminada con un resplandor tenue.Y entonces Elena vio a Adrian.Seguía junto a la mesa.El sobre estaba en su mano.Richard ya no estaba.—¿Dónde está? —preguntó Alexander.Todos miraron alrededor.Richard Beaumont había desaparecido.Camila tampoco estaba.Nikola


















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