تسجيل الدخول—Bien. Pregunta.Damián masajeaba mis tobillos, adoloridos después de pasar varias horas con tacones, y sonreía apenas.—¿Soy el amor de tu vida?—Sí.—¿Cuándo te enamoraste de mí?—A los trece años. Tal vez antes. Cuando mi familia descubrió que había heredado la misma naturaleza demoníaca que mi madre, me obligaron a tomar medicamentos, me sometieron a descargas eléctricas y me hicieron usar toda clase de ropa extraña para ocultarla. En la escuela, tú eras la única que aceptaba acercarse a mí…Lo miré con sorpresa.—¡Ya lo recuerdo! Eras el niño del salón de al lado. Nunca hablabas y yo creía que eras mudo y que te encantaba el cosplay. Como formaba parte del consejo estudiantil, siempre estaba pendiente de que nadie se metiera contigo. Pero si yo te gustaba, ¿por qué nunca intentaste conquistarme?—Estabas rodeada de gente mucho mejor que yo. No quería convertirme en una carga para ti.—Siguiente pregunta. ¿Cuándo fue la última vez que me mentiste?—Hace un momento, cuando te dije q
—¿Acaso no sabías que esas cosas estaban mal? Lo sabías y aun así las hiciste. Si Inés hubiera querido destruirte de verdad, habría difundido todo esto desde el principio, en vez de limitarse a recurrir a trampas infantiles y mezquinas. Antes de juzgar a otra persona, pregúntate si de verdad estás libre de culpa. Antes de exigir una disculpa, asegúrate de tener la conciencia limpia.Manuela se quedó sin palabras. Tardó un buen rato en responder, visiblemente incómoda:—Yo no fui la otra, porque Bruno nunca amó a Inés. Ella solo perdió a su prometido y el derecho a heredar la fortuna familiar, ¡pero yo estuve a punto de perder al amor de mi vida!Ni quienes escribían los comentarios ni las personas que escuchaban lograron contener la risa.***Incluso Bruno y mis padres fueron incapaces de aceptar un razonamiento tan absurdo. No encontraron cómo defenderla.—Por cierto, Inés dijo que podían vengarse de ella, pero yo les aconsejo que no lo hagan. Claro, quien no le tema a la muerte puede
—Damián, ¿tú eres el esposo de Inés?Manuela se puso de pie tambaleándose. Nos miró a Damián y a mí, incapaz de creerlo.***Los comentarios anunciaron:"¡Ya viene! ¡Ya viene la gran revelación! Como Inés nunca hizo público su matrimonio y Damián conoció a Manuela sin revelarle quién era en realidad, ella jamás supo que él era el esposo de Inés.""¿La calidez de Manuela? ¿Te refieres a cuando confundió a Damián con un indigente, le compró leche caliente y terminó derramándosela encima? Bueno, sí fue cálida, literalmente.""A veces Manuela parece demasiado falsa. Con toda la ropa de lujo que llevaba Damián, ¿de verdad parecía alguien que no tenía para comer? Pero, claro, todos los hombres de la novela caen rendidos ante su actuación."Bruno frunció el ceño, desconcertado.—Manu, ¿conoces a Damián?Ella asintió y su expresión se volvió todavía más lastimera.—Nunca imaginé que alguien tan bueno como tú estaría con una mujer como…—Como yo, ¿verdad? —completé con frialdad.Manuela seguía
Manuela, que normalmente vestía con sencillez y rara vez usaba cosméticos, llevaba esa vez un vestido de gala, tacones y un maquillaje discreto. Aun así, su aire tímido desentonaba un poco con todo lo que la rodeaba.Mi madre le acomodaba el flequillo con cariño. En cuanto me vio, Manuela se aferró de inmediato a su brazo.—Mamá, mira. Inés también vino.Creí haber oído mal.—¿Cómo llamaste a mi madre?—Inés, todavía no lo sabes, pero tu madre decidió tratarme como a una hija. Antes hubo algunos malentendidos y momentos desagradables entre nosotras, pero no importa. A partir de ahora somos familia.Mi padre sonrió, satisfecho.—Manuela sí es una joven generosa que valora a su familia. No como Inés, que se crio con sus abuelos, siempre fue rebelde y nunca logró encariñarse con nosotros.—Inés, esta es la invitación a nuestra fiesta de compromiso. Después de pensarlo mucho, decidí que lo mejor era entregártela personalmente.Así que la supuesta ruptura de la que Bruno había presumido fre
La vista se me fue nublando poco a poco. Damián besó con ternura las lágrimas que se deslizaban por las sienes y murmuró, lleno de culpa:—Perdón. Al final terminé ensuciándote…Empujé débilmente su pecho mientras mi cuerpo soportaba una embestida tras otra.—Damián… más despacio… Me arde demasiado…—Di mi nombre unas cuantas veces más y acabaré pronto.Obedecí y murmuré con voz suave:—Damián… amor… amor mío…—¡Qué obediente!Era un completo mentiroso.¡Había dicho que terminaría pronto y habían pasado tres horas!***Los comentarios se multiplicaron:"¡Pagué una suscripción premium para leer esta maldita novela! ¿Por qué alguien tan distinguido como yo no tiene derecho a verlo todo?""En otra novela, esos dos locos se maltratan hasta casi morir y yo no siento nada; hasta me dan risa. Esta pareja de villanos se da un beso y yo termino llorando de ternura.""¿Alguien más entiende lo intenso que es esto? Damián se siente inferior y cree que está profanando al amor de su vida, así que la
No era la primera vez que aparecían comentarios parecidos. El corazón me dio un vuelco y perdí todo interés por el programa.Por suerte, Damián terminó de preparar el pescado en ese momento.Probé varios bocados y aquel sabor me resultó familiar. Miré a Damián, que estaba sentado a mi lado con la espalda muy recta.—El pescado que nos sirvieron aquella vez que Manuela y yo caímos al mar y me dio fiebre de cuarenta grados… En realidad lo preparaste tú, ¿verdad?—No —negó Damián—. Y no hables con la boca llena.Por desgracia, "obedecer" nunca había formado parte de mi vocabulario.—¿También fuiste tú quien hizo desaparecer los insultos? Alguien dijo que soy el amor de tu vida. ¿Desde cuándo te gusto? ¿Ya nos conocíamos?—Inés…Era la primera vez que Damián pronunciaba mi nombre de aquella manera.Hice un puchero.—Está bien. Si dices que no fuiste tú, te creeré. Ya terminé de comer. Voy a llamar a Bruno para preguntarle si llegó bien a casa.Me alejé de la mesa, tomé el celular y fingí m