Manuela, que normalmente vestía con sencillez y rara vez usaba cosméticos, llevaba esa vez un vestido de gala, tacones y un maquillaje discreto. Aun así, su aire tímido desentonaba un poco con todo lo que la rodeaba.Mi madre le acomodaba el flequillo con cariño. En cuanto me vio, Manuela se aferró de inmediato a su brazo.—Mamá, mira. Inés también vino.Creí haber oído mal.—¿Cómo llamaste a mi madre?—Inés, todavía no lo sabes, pero tu madre decidió tratarme como a una hija. Antes hubo algunos malentendidos y momentos desagradables entre nosotras, pero no importa. A partir de ahora somos familia.Mi padre sonrió, satisfecho.—Manuela sí es una joven generosa que valora a su familia. No como Inés, que se crio con sus abuelos, siempre fue rebelde y nunca logró encariñarse con nosotros.—Inés, esta es la invitación a nuestra fiesta de compromiso. Después de pensarlo mucho, decidí que lo mejor era entregártela personalmente.Así que la supuesta ruptura de la que Bruno había presumido fre
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