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C-02

Author: Charles
last update publish date: 2026-07-10 18:27:16

— ¡Maldición! — Expuso ella.

El estruendo del jarrón rompiéndose contra el suelo resonó por todo el pasillo de la mansión. Elena se sobresaltó tanto como las personas que estaban dentro de la habitación. Durante unos segundos permaneció inmóvil, observando los fragmentos de porcelana dispersos a sus pies. El corazón le latía con fuerza y las palabras de Margaret seguían repitiéndose dentro de su cabeza. «Ya no tiene ningún valor». Aquella frase parecía haberse clavado en su pecho como una espina imposible de arrancar.

Intentando ocultar su vergüenza, se agachó apresuradamente para recoger los pedazos antes de que alguien saliera y descubriera que había escuchado la conversación. Sin embargo, sus manos temblaban demasiado. Apenas tomó uno de los fragmentos más grandes, una punta afilada se deslizó por la yema de su dedo índice. El dolor fue inmediato. Una fina línea roja apareció sobre su piel y, segundos después, varias gotas de sangre comenzaron a caer sobre el brillante suelo de mármol.

Primero aparecio su suegra trás de ella salió Sebastian King con el ceño fruncido. Sus ojos recorrieron la escena en cuestión de segundos: los restos del jarrón, la sangre en el suelo y a Elena arrodillada entre los pedazos de porcelana. Sin pensarlo demasiado, avanzó rápidamente hasta ella. Antes de que pudiera recoger otro fragmento, la sujetó con firmeza por los brazos y la ayudó a ponerse de pie.

—Elena, deja eso inmediatamente. Podrías lastimarte mucho más. Los sirvientes pueden encargarse de limpiar todo esto. No tienes que hacerlo tú misma.

Su voz era firme, pero también contenía una preocupación que Elena no esperaba escuchar aquella mañana. Durante un instante, el calor de aquellas palabras logró aliviar una pequeña parte del dolor que llevaba acumulado dentro del corazón.

— ¿Por qué eres tan despistada?

— Yo...— Bajó la mirada hacia la mano que él sostenía y sintió una amarga contradicción. Sebastian seguía siendo atento cuando ocurría algo importante, pero esa atención nunca lograba borrar la distancia que se había instalado entre ellos desde hacía años.

Mientras él examinaba el corte de su dedo, los recuerdos volvieron a golpearla con fuerza. Nadie parecía recordar ya lo que realmente había ocurrido siete años atrás. Los médicos habían advertido que su cuerpo no era apto para un embarazo de alto riesgo. Habían explicado una y otra vez las posibles complicaciones, pero ella había decidido seguir adelante. Lo hizo porque amaba a Sebastian. Lo hizo porque deseaba formar una familia con él. Y también porque Margaret jamás dejó de insistir en que la familia King necesitaba un heredero.

Durante todo el embarazo le aseguraron que esperaba un niño. Las ecografías parecían confirmarlo. Margaret organizó celebraciones anticipadas, y la prensa incluso comenzó a especular sobre el futuro sucesor de King Global Group. Elena todavía recordaba la emoción que vio en los ojos de su suegra durante aquellos meses. Por primera vez, la mujer parecía aceptarla. Por primera vez creyó que realmente formaba parte de aquella familia, pero el destino había sido cruel.

Cuando llegó el momento del parto, nació una niña. Su preciosa Lily. Y pocas horas después, Elena sufrió una hemorragia masiva que casi terminó con su vida. Los médicos lucharon durante horas para salvarla. Las transfusiones, las cirugías de emergencia y los tratamientos hormonales posteriores dejaron secuelas permanentes. Nunca podría volver a tener hijos. Además, el tratamiento provocó un aumento de peso imposible de controlar, sin importar cuántas dietas o ejercicios intentara después.

Lo que más la lastimaba no era su cuerpo, era descubrir que los sacrificios que había hecho parecían no significar nada para las personas por quienes los había realizado.

Margaret observó la escena durante unos segundos. Al notar la expresión de Elena, comprendió inmediatamente que había escuchado cada palabra de la conversación. Sin embargo, lejos de sentirse incómoda, la mujer simplemente levantó la barbilla con arrogancia. Ya no tenía ninguna intención de ocultar sus pensamientos. Para ella, aquella situación era demasiado evidente como para seguir fingiendo cortesía.

Sus labios se curvaron en una expresión de absoluto desprecio.

—Inútil — La palabra cayó como una bofetada.

Después de pronunciarla, Margaret se dio media vuelta y comenzó a alejarse por el pasillo sin mirar atrás. Ni siquiera parecía interesarle la herida que sangraba en la mano de Elena. Tampoco le importaba el dolor reflejado en su rostro. Para ella, aquella mujer había dejado de ser una nuera hacía mucho tiempo, el silencio que quedó detrás resultó todavía más doloroso.

Sebastian apretó ligeramente la mandíbula, como si quisiera decir algo a su madre. Sin embargo, terminó guardando silencio. Aquello hirió a Elena más de lo que estaba dispuesta a admitir. Porque, aunque él no había pronunciado aquellas palabras, tampoco la había defendido.

Elena respiró profundamente para contener las lágrimas. Luego levantó la mirada y encontró a Lily observando la escena desde unos pasos de distancia, no sabe en que momento su princesa llego, pero una suave sonrisa apareció automáticamente en sus labios. Al menos tenía a su hija. Mientras Lily estuviera a su lado, todavía existiría una razón para soportar todas las humillaciones.

Pero la niña ni siquiera la miró, ignoró por completo la sangre que seguía resbalando por su dedo, ignoró la tristeza en sus ojos, ignoró a su madre, con una sonrisa radiante, corrió directamente hacia Sebastian y se aferró a una de sus piernas.

—¡Papá! La tía Vanessa me prometió que hoy vendría a jugar conmigo toda la tarde. Ayer me llamó para decirme que tenía una sorpresa especial preparada para mí. ¿Ya viene?

La sonrisa de Elena desapareció lentamente.

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