LOGINElena permaneció inmóvil durante varios segundos después de que Lily saliera corriendo entre sollozos, su pecho dolía, no por el corte en su dedo, sino por algo mucho más profundo, la manera en que su propia hija había apartado su mano… como si su contacto fuera molesto, como si la rechazara, el silencio en el pasillo se volvió insoportable.
Sebastian se incorporó lentamente, observando la dirección en la que Lily había desaparecido. Luego giró hacia Elena. Sus ojos oscuros se detuvieron en su rostro y, por primera vez en toda la mañana, pareció notar el verdadero estado en el que ella estaba, pálida, con los ojos brillantes, a punto de romperse. —Ven conmigo —dijo finalmente, su voz era baja, firme. No sonaba como una orden, pero tampoco dejaba espacio para negarse Elena no respondió. Sebastian se acercó y, con una suavidad que la desarmó, tomó su mano herida, ella se estremeció. No sabía si por el dolor del corte… o por el calor de sus dedos. La condujo hasta una pequeña sala privada junto a su despacho. Allí había un sofá de cuero, una mesa baja y un botiquín. Sebastian la hizo sentarse, luego se arrodilló frente a ella, ese simple gesto hizo que Elena contuviera la respiración. ¿Cuándo fue la última vez que él estuvo tan cerca? No podía recordarlo. Sebastian abrió el botiquín y sacó algodón, desinfectante y una venda, sus movimientos eran tranquilos, precisos, como siempre, como si tuviera el mundo entero bajo control, tomó su mano con cuidado. Cuando el algodón impregnado en alcohol tocó la herida, Elena soltó un pequeño jadeo. —¡Ah! — Sebastian alzó la mirada. Sus ojos se clavaron en los de ella. —Lo siento — Solo dos palabras. Pero dichas con una delicadeza tan inesperada que el corazón de Elena se apretó y durante unos segundos, ninguno habló, solo se escuchaba la respiración de ambos, el roce de la gasa, el leve temblor de Elena, finalmente, ella reunió valor, su voz salió apenas en un susurro. —¿Cuándo regresó ella? — Los dedos de Sebastian se detuvieron por una fracción de segundo. Una pausa tan breve que cualquiera la habría ignorado, pero Elena la sintió. —El mes pasado —respondió al fin. Elena tragó saliva. —¿El mes pasado…? — Elena endurece las facciones de su rostro. Un mes. Vanessa llevaba un mes en la ciudad, treinta días y él no se lo había dicho, su garganta ardió.—¿Y por qué nuestra hija la conoce? Sebastian continuó vendando su dedo, sus movimientos siguieron siendo suaves, demasiado suaves, como si quisiera compensar algo. —Una vez tú no estabas —dijo— y yo tenía asuntos urgentes en la empresa — Hizo una pausa. —Ella vino a buscarme… así que le pedí que cuidara a Lily un momento. Elena lo miró fijamente, sentimientos contradictorios chocaban dentro de ella, una parte quería creerle, otra gritaba, quería preguntar muchas cosas, demasiadas. ¿Qué hablaron? ¿Por qué Vanessa fue a verlo? ¿Por qué regresó ahora? ¿Por qué Lily se encariñó tanto? Pero había una pregunta que la consumía por encima de todas. Una pregunta que temía pronunciar. ¿Todavía la amas? Sus labios temblaron, pero las palabras nunca salieron, no pudo, no soportaría escuchar la respuesta. Sebastian terminó de asegurar la venda alrededor de su dedo, sus manos eran cálidas, cuidadosas, ese tacto casi hizo que Elena se odiara a sí misma, porque por un instante, solo por un instante, quiso creer que todo estaba bien, que solo estaba imaginando cosas, que Vanessa era solo una vieja amiga, que su matrimonio aún podía salvarse. Sebastian pareció notar la tormenta en su mirada, la observó en silencio, luego habló. —No pienses demasiado — Aquellas palabras, lejos de calmarla, hicieron que su pecho doliera más. Porque él siempre decía eso, no pienses, no preguntes, no sientas, solo acepta. Sebastian se puso de pie, cerró el botiquín. —Esta noche tengo que atender a un cliente importante — Evitó mirarla directamente. —Probablemente volveré muy tarde, acuéstate temprano. No hace falta que me esperes. Elena sintió un nudo en la garganta, otra noche, otra ausencia, otra excusa, antes de que pudiera detenerse, habló. —¿Por qué? — Sebastian giró levemente. —¿Qué? — Elena apretó su mano vendada. Su voz tembló. —¿Por qué tus clientes de repente son cada vez más? — En ese preciso momento hubo silencio, ella siguió, porque ya no podía contenerse. —¿Por qué desde que engordé parece que cada vez tienes más trabajo? Sebastian se quedó inmóvil, su expresión cambió, su mandíbula se tensó. Elena sintió miedo al instante, había ido demasiado lejos, su corazón comenzó a latir con fuerza. Sebastian dio un paso hacia ella, luego otro, hasta quedar frente a frente, su presencia era abrumadora. —¿Qué quieres decir con eso? — Su voz era baja. Peligrosamente baja. Elena bajó la mirada. —Yo… —Habla, Elena. Los negocios han ido muy bien últimamente —continuó él—. ¿Acaso no es algo bueno? — Se inclinó apenas, sus ojos buscaron los de ella. —¿Qué te pasa? Elena sintió que el arrepentimiento la golpeaba, quizá estaba siendo injusta, quizá realmente se había vuelto paranoica, quizá el problema era ella, su inseguridad, su miedo, su cuerpo, su reflejo, su voz salió rota, pequeña. —Hace un momento…— Respiró temblorosamente. —Escuché lo que dijo tu madre. El rostro de Sebastian cambió, toda la dureza desapareció, sus ojos se suavizaronny por primera vez esa mañana pareció verla de verdad, no como la señora King, no como la madre de Lily, sino como Elena, la mujer frente a él, herida, vulnerable, asustada. Su mano se elevó lentamente. Sus dedos rozaron su mejilla. Elena se congeló, hacía años, años desde la última vez su piel ardió bajo ese contacto. —No te preocupes —dijo él. Su voz era profunda, casi íntima. —No nos divorciaremos. Elena dejó de respirar, no nos divorciaremos, no era un “te amo”, no era un “solo te quiero a ti”, no era un “nunca te dejaré” y aun asi, esas cuatro palabras destruyeron parte de sus defensas. Sebastian retiró la mano, el calor desapareció, tan rápido como había llegado y eso dolió más, después él salió. La puerta se cerró Elena quedó sola, sola con sus pensamientos, sola con sus dudas, sola con un vacío que parecía tragársela, sus dedos buscaron su teléfono casi por inercia, la noticia seguía allí, el mismo titular cruel, esta vez abrió los comentarios, miles, miles de personas hablando de su vida como si fuera entretenimiento, deslizó hacia abajo, entonces lo vio, un comentario con decenas de miles de “me gusta”, su sangre se congeló. “¡El antiguo amor ha regresado! Espero que la gorda tenga la dignidad de irse y deje que los verdaderos enamorados vuelvan a estar juntos.” Elena dejó de parpadear, sintió el estómago revolverse, sus dedos temblaron, siguió bajando, entonces apareció una fotografía, era reciente, muy reciente, tomada en algún evento de gala. Sebastian estaba allí, impecable en su traje negro, a su lado… Vanessa. Elena sintió que el aire abandonaba sus pulmones. Vanessa seguía siendo hermosa, demasiado hermosa, su figura era elegante, sofisticada, su sonrisa irradiaba seguridad, en la fotografía no había contacto íntimo, no se estaban abrazando, no se tocaban, pero parecían pertenecer el uno al otro, como si encajaran perfectamente en el mismo cuadro, como si el mundo entero estuviera de acuerdo en que así debían verse, una pareja perfecta. Él, un hombre poderoso, elegante, deseado, ella, hermosa, refinada, radiante. Elena bajó la mirada hacia sí misma, su blusa holgada, su cuerpo pesado, su reflejo apagado en la pantalla negra del teléfono, las lágrimas comenzaron a caer, una, luego otra, sin hacer ruido, entonces su teléfono vibró, un mensaje entrante. Remitente desconocido, sus dedos temblaron al abrirlo, solo había una foto. Lily. Su hija estaba sonriendo feliz, sentada en el regazo de Vanessa, sebajo, un mensaje, corto, cruel, devastador. “Hola, Elena. Ha pasado mucho tiempo.” Segunda línea. “Creo que es hora de recuperar lo que siempre fue mío.”El momento que durante tantos días habían esperado finalmente había llegado. Desde muy temprano, la Clínica en donde Damian les brindaría atencion, parecía encontrarse en un silencio diferente, como si incluso las paredes comprendieran que aquel día no era uno más. Los médicos habían revisado una vez más los resultados de Lily, habían confirmado que su organismo estaba preparado y, después de varias horas de observación, habían dado la autorización para comenzar el procedimiento.El medicamento permanecía bajo estrictas medidas de seguridad, preparado para ser administrado en el momento exacto. No había margen para improvisaciones, y todos los que participarían en el tratamiento conocían perfectamente lo que estaba en juego.Elena estaba sentada junto a Lily, sosteniendo sus pequeñas manos entre las suyas, mientras intentaba ocultar el temblor que amenazaba con aparecer en sus dedos. Había pasado trece días viendo cómo preparaban a su hija, escuchando explicaciones médicas que a veces
Tokio los recibió bajo un cielo grisáceo, con una llovizna fina que convertía las luces de la ciudad en pequeños reflejos sobre el pavimento, pero para Elena aquella ciudad no tenía nada de familiar ni de turístico. Había viajado hasta allí con una única preocupación en el corazón y esa preocupación tenía nombre propio: Lily.Después de trece días de preparación, análisis, controles y momentos en los que el miedo había amenazado con apoderarse nuevamente de ella, finalmente habían llegado al lugar donde recibirían el tratamiento que podía cambiar el destino de su hija. Elena descendió del avión con cuidado, todavía recuperándose de la herida que había recibido, mientras Sebastian permanecía a su lado, atento a cada uno de sus movimientos. Lily salió detrás de ellos acompañada por una enfermera, llevando a Mochy entre sus brazos, y aunque todavía debía ser cuidadosa con su pequeño cuerpo, una sonrisa iluminaba su rostro.Frente a la aeronave ya los esperaba una pequeña caravana de vehí
Habían pasado tres días desde aquella noche en la que Elena había recibido un disparo intentando proteger a Sebastian, y aunque la herida todavía le provocaba molestias cada vez que se movía demasiado, su cuerpo comenzaba a responder favorablemente al tratamiento. Ya podía levantarse sin sentir que las piernas le fallaban, caminar por la habitación con mayor seguridad y hasta sentarse junto a la ventana durante algunos minutos sin que el cansancio terminara obligándola a regresar a la cama.Los médicos continuaban vigilándola de cerca, pero por primera vez desde que había llegado a Rusia, Elena sentía que podía respirar sin aquella presión constante en el pecho. Sin embargo, había algo que ocupaba mucho más espacio en sus pensamientos que su propia recuperación: Lily.La niña también había evolucionado favorablemente durante aquellos días. El tratamiento de preparación avanzaba poco a poco, exactamente como Damian había indicado, y aunque los médicos continuaban realizando controles,
Las puertas de la Clínica Veyronis se abrieron de manera apresurada cuando la ambulancia llegó, y el equipo médico ya estaba esperando la llegada de Elena. Sebastian descendió detrás de la camilla sin apartar los ojos de ella, con las manos todavía manchadas de sangre y el rostro completamente transformado por el miedo.Ya no quedaba rastro del hombre que minutos antes había discutido con un desconocido en una calle de Moscú; tampoco estaba aquel Sebastian que podía dejarse dominar por los celos o por la necesidad de tener siempre una respuesta. En aquel instante solo existía un hombre aterrorizado porque la mujer que amaba acababa de recibir una bala destinada a él. Los médicos tomaron el control inmediatamente, empujaron la camilla hacia el área de emergencia y le ordenaron a Sebastian permanecer atrás, pero él avanzó unos pasos hasta que una enfermera tuvo que detenerlo.—Señor, tiene que esperar aquí. Vamos a atenderla inmediatamente, pero no puede entrar con nosotros.Sebastian q
La noche de Moscú había conseguido regalarles durante algunos minutos algo que ambos necesitaban desesperadamente. Elena y Sebastian caminaban tomados de la mano por una de las zonas más concurridas de la ciudad, observando las luces reflejadas sobre las calles húmedas y los edificios iluminados que parecían cobrar una belleza diferente durante aquellas horas.Por primera vez desde que habían llegado a Rusia, no estaban hablando de médicos, enfermedades, tratamientos ni posibilidades de supervivencia. Sebastian caminaba junto a ella con una expresión mucho más tranquila, mientras Elena observaba cada detalle a su alrededor y, de vez en cuando, apretaba ligeramente los dedos de él. Ninguno de los dos sabía cuánto duraría aquella pequeña sensación de normalidad, pero ambos parecían dispuestos a aprovecharla.Sin embargo, unos metros más adelante, una discusión comenzó a llamar la atención de las personas que caminaban por la avenida. Una joven discutía con un hombre que parecía completa
2 dias en Rusia habían transcurrido con una mezcla extraña de angustia y esperanza. Lily permanecía en la Clínica Veyronis bajo vigilancia constante, sometida a estudios, controles y una preparación progresiva de su organismo, mientras Elena y Sebastian habían aprendido a vivir pendientes de cada llamada de los médicos.Durante aquellos días, la niña había tenido momentos mejores, incluso algunas horas en las que había podido sonreír, conversar con sus padres y jugar con Mochy cuando se lo permitían, pero nadie olvidaba que aquella estabilidad era solamente eso: estabilidad, no una cura.Finalmente, cuando los médicos determinaron que Elena y Sebastian podían regresar temporalmente a su país mientras Lily continuaba bajo supervisión especializada, ambos comenzaron a preparar el viaje. Antes de marcharse, Damian había decidido comunicarse personalmente con Sebastian para evitar que cualquier encuentro innecesario volviera a convertirse en un problema para Elena.Sebastian respondió la







