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Capítulo 5

Author: Charles
last update publish date: 2026-07-10 18:54:34

Cuando el cliente finalmente se marchó, Sebastian miró su reloj por simple costumbre. Aún no eran las ocho de la noche. La reunión había terminado antes de lo previsto, lo bastante temprano como para regresar a casa sin levantar sospechas ni preguntas incómodas, el camarero se acercó con cortesía profesional.

—¿Desea algo más, señor King?

Sebastian permaneció en silencio durante unos segundos, observando el vaso medio vacío frente a él. Después, apoyó la espalda contra el sofá de cuero y habló con voz baja, cansada y distante.

—Otra botella.

El camarero asintió.

—Enseguida, señor.

Cuando volvió a quedarse solo, Sebastian aflojó el nudo de su corbata. Sentía la cabeza pesada. No por el alcohol. Por los pensamientos. Por los recuerdos. Por los ojos de Elena mirándolo aquella mañana con dolor, miedo y una esperanza que lo destrozaba.

“¿Cuándo regresó ella?”

La pregunta seguía resonando en su mente.

Cerró los ojos.

Maldita sea.

Todo se estaba complicando demasiado rápido.

La botella llegó minutos después. Sebastian sirvió una copa generosa y bebió de un solo trago. El ardor descendió por su garganta, pero no logró apagar el peso que llevaba dentro desde hacía años.

¿Por qué se casó con Elena?

La respuesta era tan simple como insoportable.

Porque la amaba.

Siempre la había amado.

Incluso antes de que ella lo supiera.

Incluso cuando salía con Vanessa.

Un amargo gesto apareció en sus labios.

Qué ironía.

Todos creían que Vanessa había sido el amor de su vida.

Todos estaban equivocados.

Cada vez que visitaba a Vanessa en la agencia, una parte de él fingía normalidad. Sonreía. Conversaba. Escuchaba. Pero, en realidad, gran parte de la razón por la que iba era otra completamente distinta.

Elena.

Siempre Elena.

La primera vez que la vio, quedó inmóvil.

Ella caminaba con una carpeta bajo el brazo, el cabello recogido y una expresión completamente enfocada en su trabajo. No intentaba coquetear. No sonreía de más. No buscaba llamar la atención.

Y aun así…

Todos la miraban.

Era imposible no hacerlo.

Hermosa.

Elegante.

Intimidantemente profesional.

Recordaba perfectamente cómo ella pasó junto a él sin siquiera detenerse.

Ni una mirada extra.

Ni una sonrisa interesada.

Nada.

Eso lo volvió loco.

Vanessa hablaba durante minutos enteros y Sebastian apenas podía concentrarse. Sus ojos, traidores, buscaban una y otra vez a Elena entre bastidores, durante ensayos, pruebas de vestuario y sesiones de fotos.

Tuvo que entrenarse para no quedarse mirándola, para no delatarse, para no traicionar lo que empezaba a sentir, pero terminó fracasando, porque cuanto más la observaba, más la deseaba, más la admiraba, mas la necesitaba, una noche, Vanessa lo notó.

—Estás distraído —le dijo.

Sebastian la miró.

—Estoy cansado.

Vanessa entrecerró los ojos.

—No me mientas.

Él guardó silencio.

—¿Te gusta otra mujer?

Sebastian sintió tensión en la mandíbula.

—No.

Pero incluso entonces supo que mentía, al final rompió con Vanessa, no dio explicaciones, nunca dijo la verdad. Nunca admitió que la razón tenía nombre.

Elena Hart.

Y entonces ocurrió lo inesperado. Vanessa desapareció, sin avisar, sin despedirse. Como si jamás hubiera existido. Durante meses, Sebastian la buscó. No por amor. Por responsabilidad. Por culpa. Por necesidad de respuestas. Nunca la encontró. Y mientras el tiempo pasaba, alguien más comenzó a llenar silenciosamente todos los espacios vacíos de su vida.

Elena.

Sus conversaciones comenzaron siendo simples. Después se volvieron necesarias. Luego imprescindibles. Hasta que una noche, Sebastian comprendió algo que ya no podía negar.

No quería un futuro sin ella. Nunca lo había querido. Por eso le pidió matrimonio. Por eso luchó contra su madre. Por eso la eligió. Siempre la elegiría o al menos eso creyó.

Sebastian apretó el vaso entre sus dedos, su expresión se oscureció, su peor error, su mayor arrepentimiento. No fue casarse con Elena. Fue ceder. Ceder cuando ella insistió en el embarazo. Los médicos fueron claros desde el principio.

—El riesgo es alto.

—Podría perder al bebé.

—Podría morir.

Todavía recordaba aquella noche en el hospital.

Elena estaba llorando.

Pero sus ojos brillaban con determinación.

—Quiero intentarlo.

Sebastian negó.

—No.

—Sebastian…

—Dije que no.

Ella tomó su rostro entre ambas manos.

—Quiero darte una familia.

Él cerró los ojos.

Aún podía escuchar su propia voz quebrándose.

—Tú ya eres mi familia.

Pero Elena insistió, luchó, rogó y él terminó cediendo, todavía se odiaba por eso, porque después del part, todo cambió. Lily sobrevivió. Elena también. Pero por poco, demasiado poco. Las secuelas fueron brutales. El tratamiento hormonal. La pérdida de equilibrio metabólico. El aumento de peso. La fatiga, la tristeza. Su cuerpo cambió. Rápido. Implacablemente. Sebastian bajó la mirada hacia su teléfono. Todavía guardaba fotos de Elena, fotos secretas, antiguas, prohibidas. Ella en pasarela. Ella riendo. Ella en vestidos ajustados. Ella antes. La Elena de la que se enamoró. La Elena que aún vivía en su memoria.

Su pecho dolió. Porque ahí estaba la verdad que jamás admitiría en voz alta. Su deseo por ella había disminuido. No por completo. Pero sí dolorosamente. Cada vez que intentaba acercarse… Algo en su interior se retraía, era físico, istintivo, cruel y lo odiaba, la odiaba, se odiaba más.

Porque Elena había cambiado por él, por su hija, por su familia y aun así… Su cuerpo reaccionaba con rechazo. Muchas noches intentó obligarse. Miraba las fotos antiguas antes de entrar al cuarto, intentaba recordarla. Intentaba reconstruir mentalmente a la mujer que deseaba. Pero cuando estaba junto a ella, sentía disonancia. Como si la mujer bajo sus manos fuera otra persona.

El vaso se rompió entre sus dedos.

Cristales.

Whisky.

Sangre.

Sebastian ni se inmutó.

—Patético… —murmuró.

Su voz sonó rota.

—Eres patético, Sebastian.

Una lágrima silenciosa cayó, el no la limpió, en ese momento, escuchó tacones acercándose, lentos, seguros. Una presencia femenina se detuvo junto a él. Antes de que pudiera reaccionar, una mujer se sentó a su lado. El perfume lo golpeó primero.

Familiar.

Peligroso.

Ella tomó su brazo con naturalidad, demasiada cercanía, demasiada confianza. Sebastian giró lentamente y dejó de respirar. Las curvas de aquella mujer, su cintura, su silueta. Por un instante brutal, su mente retrocedió años.

Vio a Elena.

La Elena del pasado.

La mujer de la que se enamoró.

La mujer que deseó con locura.

Su pulso se disparó.

El alcohol nubló su juicio.

La mujer se inclinó hacia él.

Sus labios rozaron su oído.

—Te ves cansado, Sebastian.

Su cuerpo se tensó., Pero la reacción era la misma a cuando la mujer que deseaba en el pasado estuviera restregando su sensual cuerpo por la de él provocando una reacción inmediata.
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Comments (1)
goodnovel comment avatar
Vero Sullca Tafur
Bajo!! Todo hombre q deja de amar a una mujer x su cuerpo y triste x q no valoran lo q hay de tras de dar vida sinceramente no la mereces
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