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Obsydian Studio

Author: Charles
last update publish date: 2026-10-01 23:14:23

2 Años después.

El Aeropuerto Internacional estaba acostumbrado a recibir empresarios, celebridades, modelos y figuras de enorme relevancia, pero aquella mañana algo cambió cuando una elegante caravana de vehículos negros se detuvo frente a la entrada privada destinada a personalidades internacionales. Los miembros de seguridad descendieron primero, seguidos por varios asistentes que comenzaron a organizar el paso entre los fotógrafos y las personas que esperaban en la terminal, hasta que final
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  • La esposa gorda quiere un divorcio.   Obsydian Studio

    2 Años después.El Aeropuerto Internacional estaba acostumbrado a recibir empresarios, celebridades, modelos y figuras de enorme relevancia, pero aquella mañana algo cambió cuando una elegante caravana de vehículos negros se detuvo frente a la entrada privada destinada a personalidades internacionales. Los miembros de seguridad descendieron primero, seguidos por varios asistentes que comenzaron a organizar el paso entre los fotógrafos y las personas que esperaban en la terminal, hasta que finalmente se abrió la puerta del automóvil principal y una mujer descendió con una serenidad que hizo que varias cámaras se levantaran casi al mismo tiempo."Elena Hart"Vestía un traje blanco perfectamente entallado que resaltaba su figura estilizada sin necesidad de mostrar demasiado, acompañado por unos tacones delicados y una cartera de diseñador que sostenía con una sola mano. Su cabello caía cuidadosamente sobre sus hombros, su rostro estaba maquillado con una elegancia sobria y sus labios mos

  • La esposa gorda quiere un divorcio.   Imposible de perseguir.

    Elena salió del edificio sin volver la mirada. No necesitaba hacerlo porque ya no quedaba nada allí que quisiera escuchar, ninguna explicación capaz de modificar la verdad que llevaba clavada en el pecho y ninguna disculpa que pudiera devolverle los meses que había entregado creyendo que estaba cuidando al hombre que amaba. Caminó hasta su automóvil con los documentos apretados entre los dedos, abrió la puerta y permaneció unos segundos inmóvil antes de subir.Respiró profundamente, levantó el rostro hacia el cielo y, por primera vez desde que había descubierto la mentira, dejó que una certeza mucho más fuerte que el dolor ocupara su mente: no iba a regresar a la villa para discutir con Sebastian, no iba a concederle una oportunidad de manipular nuevamente sus emociones y mucho menos iba a permitir que su hija creciera creyendo que el amor significaba sacrificar la dignidad para mantener una familia unida.El motor arrancó y Elena condujo hacia la villa con una serenidad que ni siquie

  • La esposa gorda quiere un divorcio.   Acaba de morir

    El asistente apenas tuvo tiempo de acomodarse cuando Elena dejó los documentos sobre el escritorio con una fuerza que hizo temblar ligeramente la superficie. Él levantó la mirada y se encontró con unos ojos que jamás había visto de aquella manera. No había lágrimas, no había súplicas, tampoco aquella dulzura que tantas veces había presenciado cuando Elena hablaba de Sebastian. Solo había una mujer de pie frente a él, completamente erguida, con el rostro pálido y una determinación que le hizo sentir que cualquier mentira sería inútil.—Voy a hacerte una sola pregunta y quiero una respuesta absolutamente sincera —exigió Elena mientras apoyaba ambas manos sobre el escritorio, inclinándose apenas hacia él sin apartar la mirada—. ¿Sebastian King fingió su enfermedad para impedir que yo lo abandonara? No quiero explicaciones, no quiero excusas y mucho menos quiero que intentes protegerlo. Solo dime la verdad, porque después de todo lo que hice por ese hombre, lo mínimo que merezco es saber

  • La esposa gorda quiere un divorcio.   Si o no.

    Elena condujo sin saber realmente cuánto tiempo llevaba frente al volante. Las calles pasaban ante sus ojos convertidas en manchas borrosas, mientras mantenía ambas manos aferradas al volante y luchaba por controlar las lágrimas que insistían en caer sobre sus mejillas.No podía regresar a la villa, no podía mirar a Sebastian, no aun, no podía escuchar su voz, ni permitir que Lily estuviera presente cuando toda aquella mentira terminara de quebrarla por dentro.Por eso tomó una decisión inmediata: iría al departamento donde había vivido antes, aquel lugar que llevaba tiempo prácticamente abandonado y que, por primera vez, necesitaba más que cualquier otra cosa. Necesitaba estar sola, necesitaba pensar, necesitaba llorar sin que nadie pudiera verla.Cada vez que recordaba las palabras de Arthur, sentía que algo le quemaba el pecho. Sebastian no estaba enfermo. La frase se repetía una y otra vez dentro de su cabeza, chocando contra los recuerdos de aquellos meses en Tokio y haciendo que

  • La esposa gorda quiere un divorcio.   Vio debilidad y lo aprovechó

    El restaurante estaba prácticamente vacío cuando Elena llegó a la sala privada donde Arthur King la esperaba. El hombre no se levantó para recibirla ni hizo el menor esfuerzo por fingir cortesía; permaneció sentado detrás de la mesa, con una carpeta negra frente a él y una expresión fría que inmediatamente hizo que Elena comprendiera que aquella reunión no tenía absolutamente nada de amistosa. Arthur se había comunicado con Elena y le pidió que se vean, le dijo a Elena que escogiera el restaurante, pero que no le dijera a Sebastian que él, ha solicitado verla, y aunque Elena había dudado en aceptar, por un momento pensó que Arthur podía estar preocupado por Lily y que no sabía nada de ella porque la relación familiar rdraba rota, razón por la cual ahora ella estaba entrando al restaurante.—Siéntate, Elena —ordenó Arthur mientras señalaba la silla frente a él con un movimiento seco de la mano—. No voy a perder mi tiempo con explicaciones innecesarias y tampoco quiero que Sebastian se

  • La esposa gorda quiere un divorcio.   Una bomba

    Tokio continuaba despertando bajo una fina neblina cuando, en una zona privada del puerto, varios vehículos negros permanecían detenidos alrededor de un enorme almacén. Los hombres que custodiaban el lugar vestían de oscuro y mantenían una distancia prudente de la figura que caminaba entre los contenedores recién descargados.Damian Müller avanzaba con las manos dentro de los bolsillos de su abrigo negro, observando cada movimiento sin necesidad de levantar la voz. A su alrededor, decenas de hombres trabajaban bajo una disciplina absoluta, descargando cajas provenientes de distintos puntos de Asia mientras los responsables de cada operación esperaban sus instrucciones.—Quiero que revisen cada contenedor antes de trasladarlo —ordenó Damian mientras se detenía frente a uno de ellos, recorriendo con la mirada los sellos de seguridad—. No me interesa cuánto tiempo tome ni cuántas personas tengan que trabajar durante la noche; ningún cargamento abandona este lugar sin que esté completamen

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