LOGINUn papel firmado por mi padre cambió mi vida. Me entregaron como si fuera una mercancía a Damián Montenegro, el hombre más poderoso, frío y cruel de la ciudad. Para él no existía el amor; solo existían sus reglas, su dinero y su control. Para él yo era solo un nombre en un papel, una esposa de apariencias que debía callar y obedecer. Me hacía sentir que no valía nada. Perdí todo: mi libertad, mi dignidad, al hijo que esperaba, hasta mi propia vida. Pasé siete años en coma y, aun así, él se aseguró de tenerme a su lado, convencido de que había ganado la batalla. Pero la muerte no fue el final. Regresé en el cuerpo de una heredera poderosa, dueña de un imperio que él mismo teme. Con una nueva identidad y un poder igual o mayor al suyo, mi mente aún guarda cada segundo de dolor, cada humillación, cada lágrima y cada palabra cruel. El contrato que me ató a él ya no existe; ya no soy la chica débil. He vuelto para cumplir mi única misión: destruirlo, romper cada regla que él me impuso y cobrar la deuda que firmó con mi sufrimiento. Seré su peor pesadilla.
View MoreSalí de la ducha; mis manos se veían arrugadas de haber estado tanto tiempo bajo el agua. Me miré en el espejo: tenía los ojos hinchados de tanto llorar, me sentía vacía por dentro y completamente atrapada. Aun así, suspiré hondo y sequé una pequeña lágrima que se me quería escapar. Tengo que ser fuerte, me dije. Tengo que salir adelante, cueste lo que cueste. Debo dejar de ser tan débil y de pasarme la vida llorando. Y esto, al menos, nadie me lo podrá prohibir… ni siquiera con sus estúpidas reglas. Me puse el camisón y me recosté en la cama. Lo único que quería era borrar de mi mente lo que acababa de pasar, pensar que solo había sido una pesadilla y nada más. Poco a poco, el cansancio me venció y quedé profundamente dormida. A la mañana siguiente, la luz del sol brillaba con fuerza a través de la ventana. Me levanté, corrí las cortinas y me asomé hacia afuera. Ahí estaba Damián, recibiendo a un grupo de hombres vestidos con trajes muy elegantes y con documentos en las manos. Al
Yo estaba en el suelo, abrazando mis rodillas, con las lágrimas ya resecas en mis mejillas y los ojos hinchados; pero en mi mente aún se repetían las palabras de Damián: que no me quedaba más camino que ir a su alcoba. Me levanté con las rodillas entumecidas. Me miré en el espejo y no podía creer que ya ni siquiera de mi propio cuerpo fuera dueña. No podía huir ni salir corriendo de este lugar, porque Damián se aseguraría de atraparme antes de que llegara siquiera a la esquina. Así que no tenía otra salida: no negarme a nada, porque para mi desgracia, no contaba con nadie en esta vida. Miré la hora y sentí que mi corazón se partía en dos; cada segundo que pasaba parecía atarme más a ese hombre. De repente entraron dos sirvientas con prendas íntimas muy atrevidas y las dejaron sobre la cama. —Señora Montenegro, hemos venido a prepararla para su noche de bodas. Esas palabras sonaban como una burla cruel. Ya llevábamos dos días casados, y además… ¿amor? Eso era algo imposible de cree
Al llegar a la mansión, me bajé del auto. Damián venía detrás de mí, pero lo que más deseaba era entrar a mi habitación y meterme a bañar. Me sentía tan cansada, ya que escuchar esas palabras de Damián y su madre me hacían comprender que todo esto era una locura; además, tendría que obedecerlos. No lo podía creer, me dolía la cabeza con solo pensarlo. Entré a la ducha para relajarme y por fin me quité todo lo que me estorbaba. Estaba en la tina cuando, sin aviso, la puerta del baño se abrió de golpe. Era Damián. —Valeria, te necesito en la sala ahora mismo. —¡Estás loco! —grité asustada—. Oye, me estoy bañando, ¿podrías tocar antes de entrar? —Claro que no. ¿Por qué tendría que pedir permiso? Todo me pertenece y tú estás en mi casa. —Lo sé, pero estás violando mi privacidad. —¿Tu privacidad? Por favor, Valeria, no me hagas reír, inventa otra cosa. Conmigo no tienes nada que sea solo tuyo; mientras lleves mi apellido, no tienes derecho a guardarte nada para ti. Además, no te preo
Vi que era de mañana y que mi maravilloso sueño había terminado; mi pesadilla era real. La sirvienta entró con dos vestidos muy elegantes y joyería, y los puso en el tocador. Luego entró otra con fragancias para la ducha. Me levanté de la cama y me metí a bañar. En cuanto salí, la sirvienta me señaló los vestidos. —Señora Montenegro, esto los escogió el señor. Dijo que escogiera uno de los dos y también que se pusiera la joyería. Miré el collar que brillaba; era tan hermoso, pero no tranquilizaba mi corazón. Me puse el vestido y el collar, me vi en el espejo y no me sentía yo misma. Las sirvientas se retiraron y salí afuera, donde el chofer ya me esperaba. Respiré hondo y me subí al auto. "Tengo que ser fuerte, no llorar, aprender sus reglas para poder sobrevivir", me decía a mí misma. Llegamos a la mansión Montenegro. Era más grande que la mansión de Damián. Se respiraba un aire mucho más pesado y frío. El chofer se estacionó y me abrió la puerta del auto; me bajé y un mayordomo m


















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