LOGINDamian observó su rostro una última vez, buscando alguna señal de rechazo que le indicara que debía disculparse, pero Elena seguía mirándolo con los ojos abiertos y la respiración ligeramente alterada, atrapada entre el desconcierto, la sorpresa y una atracción que no estaba dispuesta a nombrar toda
Elena permaneció inmóvil, sintiendo que las certezas con las que había terminado el día comenzaban a perder su orden habitual. No estaba acostumbrada a que los hombres le hablaran de aquella manera, sin exigir una respuesta inmediata, sin utilizar sus sentimientos como una moneda de cambio y sin env
—Damian, ¿estás bien?—, preguntó Elena, acercándose un paso mientras lo observaba con atención, porque la tensión que endurecía sus hombros no parecía corresponderse con el hombre dueño de sí mismo que recordaba. —Tienes un aspecto extraño, como si llevaras demasiado tiempo sin dormir, y no me refie
La tarde se deslizó hacia la noche con una rapidez que apenas le permitió advertir cómo las luces de la ciudad comenzaban a encenderse detrás de los ventanales. Elena se preparó para la cena con el cuidado de quien comprendía que la elegancia no consistía en llamar la atención, sino en sentirse dueñ
—No puedo respirar cuando veo estas cifras, y mucho menos cuando recuerdo todo lo que dijeron de ti hace apenas unos días—, respondió Gala, recuperando poco a poco la compostura mientras le mostraba otra gráfica en la pantalla. —Intentaron hacer creer que Obsidyan era el resultado de una fortuna mal
El amanecer llegó con una delicadeza casi irreal, tiñendo los ventanales de la ciudad con pinceladas doradas que anunciaban el comienzo de un nuevo día, mientras las calles todavía conservaban el silencio de las primeras horas y el mundo parecía concederle a Elena Hart una tregua antes de devolverla







