Mag-log inLucrecia se topó a Ignacio en el pasillo de la casa, ya era casi las 8 de la noche, ella lo observó de arriba abajo, estaba vestido totalmente de negro, con un suéter de cuello alto, jean y botas.
—Vas a salir a esta hora?
—Si tía.
—Y a donde vas así?
—¿Así cómo?
—Es obvio que no vas a reunirte con tus amigos.
—¿Por qué siempre tengo que darte explicaciones de todo lo que hago?
—Es que me parece extraño que vayas a salir vestido así.
—Mejor me voy.
Lucrecia pareció ser una tía entrometida, pero en sus adentros ella presintió que algo extraño sucedía con Ignacio. Preocupada se acercó a un altar que tenía y rezó por su sobrino.
Silvia estuvo un rato en el área de la piscina, había salido a fumar y a esparcir la mente. Más tarde regresó a la casa.
Cuando entró se dirigió a la sala para tomar las escaleras al segundo piso. Cuando subió, desde el pasillo oyó a Mari Ángel hablando, creyó que la niña se había levantado y estaba jugando con sus muñecas; entonces entró a la habitación, su rostro se puso pálido cuando vio a Ignacio cargando a la pequeña.
—Mami llegó papá, ya nos vamos para la casa. —Ignacio sonrió cínicamente.
—¡Qué alegría me da verte esposa! —Silvia tenía cara de espanto—. ¿No piensas saludarme con un abrazo?
Silvia no constestó nada, pero se hizo mil preguntas en sus adentros, no comprendía cómo había encontrado la casa, o por qué sabía que ella estaría allí con la niña; rápidamente comprendió que le había tendido una trampa.
De pronto Ignacio gritó:
—¡Cassandra! —La mujer entró.
—Dime Ignacio.
—¿Podrias llevar a la niña al auto por favor? Como ya sabes, tengo que hablar con mi dulce esposa.
Le entregó la niña a Cassandra.
—Ve con Cassandra, ella te trajo tu elefante de felpa.
—¡Flipi!
—Si, Flipi está en el auto esperándote. —Mari Ángel caminó hacia Cassandra, pero de pronto se dirigió a su madre y la abrazó.
—Quiero que vayas con nosotros a la casa. —Silvia aprovechó y abrazó a la niña y la cargó.
—Tu papá quiere separarnos, él no quiere que tú y yo estemos juntas. —Miró a Ignacio con ojos desafiantes.
—¡Quiero estar con mi mamá!
Cassandra intervino y con una voz tierna le dijo:
—Mi amor, vamos al auto.
—¡No! Me quedaré con mami. —Se aferró a Silvia.
— Mari Ángel ve al auto.
Ordenó Ignacio, Cassandra intentó agarrar a la niña pero Silvia la sostuvo con fuerza y miró a la mujer con ojos asesinos.
—No se atreva, primero tendrán qué matarme. —Ignacio con la voz ronca le dijo:
—Deja de manipular a la niña.
Silvia gritó llamando a sus hombres, pero la mayoría estaban muertos o amordazados.
Supo entonces que estaba sola. Dio algunos pasos hacia atrás acercándose a la puerta y salió de la habitación.
Para poder escapar soltó a la niña en el pasillo y corrió hacia as escaleras. Cuando salió vio a tres de los hombres muertos en el piso, pensó en correr hacia el auto, de pronto apareció Ignacio.
—No vas a ninguna parte. —Le apuntó con el arma, Silvia notó que tenía silenciador, luego se rió.
—¿Acaso piensas matarme querido esposo?
—Si, vine a eso, a matarte.
—No creo que seas capaz, por eso trajiste a Cassandra, porque ella si tiene huevas, en cambio tú eres un cobarde.
El se acercó apuntándole, tenía la mirada fría e impenetrable, Silvia jamás había visto esa expresión en su rostro. La risa que tenía cambió por un semblante serio.
—¿Qué es lo que quieres imbécil? ¿A la niña? Pues llevate a esa mocosa y dejame vivir mi vida en paz.
—¿De verdad crees que dejaré que vivas en paz después de todo el daño que le has hecho a mi familia? —Silvia se cruzó de brazos y con cinismo le dijo:
—¡No me digas que piensas torturarme!
—Si querida, voy a torturarte, haré que me ruegues que te mate. —Silvia se carcajeó.
—Pobre niño rico —Lo miró con odio—. No sabes ni cómo matar a una cucaracha.
De pronto Ignacio le disparó en el hombro, Silvia gritó y se inclinó del dolor.
Levantó la quijada y con un rostro cargado de ira le dijo:
—¡Maldito! ¿Cómo te atreves a dispararme?
Ignacio se acercó a ella y la agarró del cuello con una sola mano, la recostó contra una pared bruscamente.
—Por mí te mataría ahora mismo malditå descarada, pero tengo otros planes contigo
Apretó más fuerte su cuello, Silvia se estaba asfixiando, además que tenía el hombro herido y solo podía luchar con una mano. Su rostro se enrojeció e intentaba atrapar aire por la boca.
De pronto Ia soltó, Silvia cayó de rodillas y comenzó a toser.
—Así te veré de ahora en adelante, de rodillas ante mi perra desgraciada, voy a destruir todo tu orgullo y tu prepotencia, luego si te mataré.
Jaló de su cabello y la levantó.
—Te voy a joder Silvia Jiménez, juro que te voy a joder.
Silvia jadeaba del dolor, aun así levantó su mirada cargada de odio y con una sonrisa burlona le dijo:
—Ya veremos quién jode a quién.
Ignacio silbó fuerte, de pronto Antonio salió del auto y se acercó a ellos, Silvia se quedó mirándolo, Ignacio aun la sostenía del cabello.
—¡Antonio!
Ella conocía muy bien el trabajo de Antonio, sabía que con él era muy difícil salir con vida.
Sonrió y dijo sarcásticamente:
—¿De verdad trabajas par este idiota? ¿No quisiste hacerlo para mi pero con él si?
Antonio hizo como que no la escuchó y miró a Ignacio.
—¿La mato?
—Aun no, llevala y encierrela.
Llegaron a un lindo restaurant. Esa noche Amelia se sintió como una reina, Ignacio se encargó de que todo fuera perfecto. Pidió una copa de vino para él, y para Amelia desde antes había ordenado un cóctel de copa sin alcohol. El mozo sirvió ambas copas, primero le acercó a Amelia la suya, ella la recibió y le dio las gracias con una gran sonrisa, después le entregó a Ignacio la otra. Cuando el mozo se retiró, Ignacio le dijo: —Quiero brindar porque ya soy un hombre libre y porque pronto serás mi esposa. —Con una sonrisa ambos brindaron y bebieron el primer sorbo; luego Amelia le agarró la mano y le dijo: —Yo quiero brindar por ti y por nuestra felicidad. Ahora me siento segura, sin miedos, y sin ninguna duda. Te amo y le doy gracias al cielo porque te pude recuperar —Sus ojos se llenaron de lágrimas —. Creí que nunca estaríamos juntos de nuevo, pero estás aquí, conmigo. —Nunca nos volveremos a separar. —Brindemos. Brindaron y bebieron de sus copas; de pronto Amelia sintió que un
Amelia quiso visitar a Rosalía al hospital ese mismo día. Cuando llegó donde ella estaba, Rosalía tenía yesos en sus brazos y en una pierna. En ese momento se encontraba sola, su madre y dos tías que estaban pendientes de ella bajaron a la cafetería. Rosalía estaba cabizbaja, y se sorprendió un poco al ver a Amelia. Se miraron a los ojos.—No esperaba verte llegar.—¿Cómo estás? —Fatal.—Siento mucho lo de tu embarazo. Rosalía volteó levemente su cara hacia otro lado y no respondió nada al respecto. Estaba triste, a la vez avergonzada. Amelia agregó:—Mi tía me contó que Mario era su padre.—Supongo que debes estar muy enojada por eso.—No.—Es tu esposo al fin y al cabo.—Él no me importa, pero tampoco me gustaría que siguieras con él después de lo que te hizo, casi te mata, y mató a su propio hijo antes que naciera… Mario es una mala persona.—Siempre les dije a ti y a Pedro quién era Mario en realidad, y no me creyeron; claro, delante de ti y de tu papá mostraba una cara, y delan
Amelia levantó el rostro y miró a Ignacio a los ojos, besó sus labios con ternura.—Te amo con toda mi alma. —Él la sujetó fuerte de la cintura e hizo el intento de cargarla.—No quiero que volvamos a separarnos jamás.—Quiero estar contigo el resto de mi vida. —Quiero que seas mi esposa, y que todos lo sepan; ya no más mentiras ni engaños, y no dejaremos que el pasado nos vuelva a hacer daño. Te amo Amelia Duarte. Como en toda reconciliación, los besos apasionados y las caricias no se hicieron esperar, sus corazones estaban palpitantes de amor y la emoción de estar juntos de nuevo; aunque ahora estaban aún más unidos, porque no había mentiras o verdades ocultas de por medio; ahora eran un par de seres que se amaban a pesar de los problemas que habían atravesado, y se habían perdonado sus errores, porque su amor era aún más grande que la duda y la desconfianza que reinó por un tiempo. Descubrieron que no podían ser felices el uno sin el otro.***Ignacio expuso el caso de Amelia y Pe
Ignacio suspendió la agenda del día y viajó a Houston lo antes que le fue posible. Cuando el avión aterrizó y pasó todos los controles del aeropuerto, salió a buscar un taxi que lo condujera al apartamento. Observó el cielo y pensó:"¿De dónde le salió tanta valentía para venir sola a está ciudad tan inmensa; yo jamás lo habría hecho estando en su lugar. Pero Amelia es así, tan frágil y anal vez tan fuerte coló un roble; tal vez por eso jamás podré dejar de amarla. Solo espero que me perdone y me dé otra oportunidad."Tomó un taxi y le dio la dirección al chofer, para que lo llevara al edificio donde sabía que iba a encontrarla.Cuando llegó sacó la llave para abrir la puerta. Iba a introducirla pero se detuvo."No puedo invadirla así de repente, mejor tocó el timbre."Tocó el timbre y esperó un momento, como no hubo respuesta volvió a tocar, pero nadie salió. Se preguntó si tal vez ella no estaba o si no quería abrirle la puerta a nadie; entonces introdujo la llave y abrió la puerta,
Ignacio regresó a la oficina, no había pasado mucho tiempo cuando Diego llegó a preguntarle qué quería la policía.—¿Para qué te citó el detective?—Amelia escapó de su casa en San Pedro hace cuatro días y nadie sabe dónde está.—¿Por qué escapó?—No quería estar con Mario, pero él la amenazó con quitarle al niño si lo dejaba. Amelia escapó a media noche de esa casa, ¿te imaginas? sola con Pedrito por ese camino de noche y con frío… después no sé qué habrá hecho para salir de ese pueblo tan tarde, para conseguir un auto —Se consternó —. Ese mismo día me buscó y yo la eché de aquí, no pensé que estuviera tan mal con Mario al punto que deseara huir.—Seguramente estará en casa de algún familiar escondida.—Según el detective todos están muy preocupados por ella.—Por qué no vas y hablas con ellos, tal vez te digan algo. —Ignacio se puso de pie.—Tienes razón, voy a la residencia ahora mismo.***Desde que llegó a Houston, Amelia comenzó a buscar un apartamento para alquilar, y consiguió
Amelia buscó un hotel en dónde hospedarse durante el resto de la noche.Ya era de madrugada cuando Mario despertó, vio en su reloj de muñeca que habían pasado varias horas. Por alguna razón sintió curiosidad por saber de Amelia y su hijo durmiendo, entonces fue a la otra habitación, cuando entró se percató que ella y el niño no estaban. Puso una expresión de consternación y asombro, sintió rabia y a la vez se rehusó a creer que ella se había marchado. Buscó el bolso de Amelia en el perchero pero este no estaba allí.—¡Amelia! Gritó y salió al pasillo, continuó gritando su nombre y abrió todas las puertas de las demás habitaciones esperanzado con encontrarla en alguna de estas, pero ella no estaba. Bajó las escaleras, la buscó hasta en la cocina, como no la encontró, salió al patio trasero y comenzó a gritar como loco:—¡Maldita seas Amelia! ¿Dónde te metiste? A donde sea que hayas ido te voy a encontrar.***Ignacio despertó de forma repentina en la madrugada, estaba profundamente d







