MasukJuliana intentó prestar atención a la explicación del profesor, pero llevaba varios minutos contemplando la misma ilustración sin procesar una sola palabra.No se encontraba preocupada ni confundida, como en los días anteriores. Esta vez era una sensación mucho más agradable la que la mantenía distraída.Sebastián.Recordó la forma en que se acercó a ella aquella mañana, rodeó su cintura mientras preparaba el desayuno y le besó la sien como si llevaran años despertando juntos. También la manera en que la observó mientras le arreglaba la corbata y el beso que le dio antes de dejarla frente al instituto.Gestos sencillos. Normales.Exactamente aquellos con los que soñó durante años y que jamás imaginó recibir de él.Bajó la mirada hacia el cuaderno e intentó continuar tomando notas. No lo consiguió. Las imágenes de las últimas dos noches regresaron a su memoria y una sonrisa volvió a aparecer en sus labios.Matthew la observó desde el asiento contiguo.Al principio no dijo nada. Esperó
Jimena entró en el despacho y cerró la puerta detrás de sí.—Te hice una pregunta, Sebastián. ¿Hasta cuándo piensas seguir evitándome?Marcos miró a uno y después al otro. Se puso de pie y tomó la chaqueta que había dejado sobre el respaldo del asiento.—Uy... Creo que será mejor que me retire.Sebastián no intentó detenerlo. Jimena permaneció junto a la puerta, con los brazos cruzados y la mirada fija en él.»Hablamos después —dijo Marcos antes de salir.El silencio que dejó resultó mucho más incómodo que su presencia.—No te he estado evitando —respondió Sebastián.Jimena soltó una risa carente de humor.—Te estuve esperando en la gala, pero nunca bajaste. Te he llamado sin parar. Ni siquiera respondiste uno solo de mis mensajes.—El fin de semana fue una locura. La prensa no dejaba de llamar, mi familia intentaba comunicarse conmigo cada cinco minutos y las redes estaban llenas de especulaciones. Necesitaba alejarme de todo.—Yo no soy la prensa ni tu familia.—No dije que lo fuera
Sebastián despertó pocas horas después con la mano extendida sobre el lado vacío de la cama.Abrió los ojos y tardó algunos segundos en recordar por qué Juliana no se encontraba allí. La imagen de ella, saliendo del cuarto, regresó a su mente acompañada por la insatisfacción.Nunca antes le molestó despertar solo.Sin embargo, aquella mañana, la cama le pareció demasiado grande.Se levantó, tomó una ducha y terminó de vestirse antes de salir al pasillo. Desde la cocina llegaban las voces de Juliana y Amanda, mezcladas con el ruido de una sartén.Juliana se encontraba frente a la estufa, todavía con una ligera molestia al apoyar el pie. Ya estaba vestida para asistir al instituto y llevaba el cabello recogido de manera sencilla. Amanda ocupaba uno de los taburetes de la cocina mientras revisaba algo en su teléfono.Sebastián se acercó a Juliana por detrás y deslizó una mano alrededor de su cintura. El gesto la sobresaltó, pero se relajó al reconocerlo.—Buenos días —murmuró él cerca de
Recogieron a Amanda poco después del mediodía. La adolescente salió de la casa de su amiga con una mochila colgada de un hombro y comenzó a hablar antes de llegar al automóvil.—Todo el mundo está publicando fotografías de ustedes. Samanta dice que pareces una actriz y su mamá quiere saber por qué nunca dijiste que estabas casada con Sebastián Echeverría.Entonces reparó en la forma en que caminaba Juliana.—¿Qué te pasó?—Fue una noche complicada —respondió ella—. Te lo explicaré en casa.Amanda miró de inmediato a Sebastián.—¿Qué le hiciste?—¿Yo? Nada.—Si te hizo algo, dímelo —insistió, dirigiéndose a su hermana.—Estoy bien. Solo me torcí el tobillo.Sebastián abrió la puerta del automóvil y le ofreció el antebrazo para que pudiera apoyarse. Juliana dudó apenas un instante antes de aceptar su ayuda.Amanda observó el gesto. Lo extraño no fue que Sebastián la ayudara, sino que su hermana se lo permitiera sin discutir.Durante el trayecto, ambos intentaron comportarse con normalid
Sebastián despertó con el brazo entumecido y una sensación de calor extendida por todo el costado. Durante algunos segundos no comprendió dónde se encontraba. La claridad de la mañana atravesaba las cortinas de la suite y dibujaba una línea dorada sobre las sábanas, mientras una respiración lenta y profunda le rozaba el pecho.Bajó la mirada.Juliana dormía abrazada a él, con una pierna entrelazada con las suyas y el rostro apoyado cerca de su hombro. El cabello se extendía desordenado sobre la almohada y una de sus manos descansaba encima de su abdomen, como si durante la noche hubiera temido que pudiera marcharse.Sebastián permaneció inmóvil mientras el recuerdo de lo ocurrido regresaba acompañado por las sensaciones que aún conservaba en el cuerpo: la suavidad de Juliana entre sus manos, su respiración agitada, la manera en que pronunció su nombre y el placer de sentirla estremecerse debajo de él.No experimentó arrepentimiento ni sintió la urgencia de levantarse, buscar su ropa o
El cierre descendió lentamente por la espalda de Juliana. Cada centímetro liberado hizo que el vestido perdiera su estructura y que el satén mojado comenzara a separarse de su piel.Sebastián mantuvo la mirada fija en el espejo. Intentó concentrarse únicamente en lo que hacía, pero sus nudillos rozaron la espalda de Juliana y la respiración de ambos se alteró.Cuando el cierre alcanzó la cintura, retiró la mano.—Ya está.Juliana intentó sacar uno de los brazos, pero el encaje empapado se adhirió a su piel y el dolor de la caída limitó sus movimientos.—Espera —dijo Sebastián—. Vas a romperlo.—No me importa que se rompa.—A mí tampoco. Me importa que te lastimes.Se colocó detrás de ella y liberó cuidadosamente una de las mangas. Sus dedos recorrieron el brazo de Juliana mientras desprendía el encaje mojado. Después hizo lo mismo con la otra, procurando no ejercer presión sobre la muñeca.El vestido se deslizó hasta el suelo antes de que Juliana pudiera sujetarlo. Aunque la ropa inte







