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Capítulo 4

Auteur: Hyacinth
El día antes de mi ceremonia, mamá había revisado el vestido de Selena, su horario de maquillaje, la cita del peinado, los regalos y los suministros para su casa una y otra vez. Noah se había convertido en su chofer personal, mensajero y coordinador de eventos.

Nadie preguntó si mi vestido me quedaba bien, si mis invitados habían confirmado o quién me acompañaría al salón ceremonial.

En esa casa yo no era otra novia. Era parte del paisaje de fondo, colocada ahí solo para hacer que la felicidad de Selena resaltara aún más.

Me cambié de zapatos y fui sola al centro comercial.

Adrian me había dicho que no necesitaba ningún regalo. Aún así, le había mandado a hacer unos gemelos personalizados con cabeza de lobo, grabados en la parte posterior con la fecha en que nos conocimos.

La vendedora los empacó en una caja y le entregué mi tarjeta.

Unos segundos después, regresó con una mirada de disculpa.

—Lo siento. La cuenta no tiene fondos suficientes.

La tarjeta estaba vinculada a la cuenta de ahorros donde guardaba tres años de mi salario. Mamá había insistido en tener autorización conjunta para emergencias, jurando que jamás la tocaría a menos que la familia enfrentara una crisis real.

Abrí mi aplicación bancaria.

Noventa y seis mil dólares habían sido transferidos el día anterior.

Manejé a casa tan rápido que las manos me temblaban sobre el volante. Cuando empujé la puerta principal, mamá estaba colocando una tiara de diamantes dentro de un estuche de protección.

Le puse el teléfono frente a la cara.

—¿Tú sacaste los noventa y seis mil dólares de mi cuenta?

Mamá ni siquiera se detuvo.

—Selena quería esta tiara, y combina con las piedras lunares de sus brazaletes. No teníamos suficiente dinero en efectivo, así que te lo pedí prestado.

—Ese era todo el dinero que había ahorrado durante tres años.

Ella frunció el ceño.

—Somos familia. Deja de separar lo tuyo de lo mío. Además, le prometiste cincuenta mil a Selena. Considera los cuarenta y seis mil restantes como una compensación por los ingresos que ella ha perdido debido a su salud.

La miré hasta que la garganta me quemó.

—¿Compensación? Ella tiene una villa, una camioneta, mis piedras lunares y cada gota de amor en esta casa. ¿Qué demonios le falta todavía?

Noah se interpuso entre las dos.

—¿Por qué te estás volviendo loca por noventa y seis mil dólares? Tú ganas buen dinero. Los vas a recuperar. Selena solo se casa una vez en la vida, y su ceremonia no debería arruinarse escatimando gastos.

Algo dentro de mí terminó de romperse.

—¿Y la mía qué?

Mi voz se alzó con fuerza, desafiando el impulso automático de quedarme callada.

—Yo también tengo una sola ceremonia de unión. Le pusieron mis piedras lunares a sus brazaletes, ignoraron cada detalle de mi boda y ahora vaciaron mi cuenta. ¿Se supone que me tengo que ir de esta casa solo con el vestido que llevo puesto?

Selena abrió la caja de la tiara con dedos temblorosos.

—Eve, no te enojes. Te la puedes quedar. Yo no la necesito.

Mamá corrió a consolarla.

—Mira lo que hiciste. Su corazón no aguanta esta clase de estrés. ¿Estás intentando mandarla al hospital antes de su ceremonia?

Estiré la mano hacia la caja.

—Está bien. La vamos a devolver. En cuanto el dinero vuelva a mi cuenta, esto se acaba.

La mano de papá se cerró alrededor de mi muñeca con la fuerza suficiente para lastimarme.

—¿Qué crees que estás haciendo?

Intenté soltarme. Veinticinco años de rabia contenida me subieron de golpe al pecho.

—Recuperar mi propio dinero.

Noah me agarró del hombro.

—Ya basta, Eve. ¿Tienes que destrozar a esta familia a dos días de la ceremonia de Selena?

La bofetada vino tan rápido que no vi a mamá moverse. La cabeza me giró hacia un lado. La mejilla me ardió de inmediato y un pitido me retumbó en los oídos.

Mamá estaba de pie frente a mí, respirando con dificultad. No había ni un rastro de arrepentimiento en sus ojos. Solo asco.

—Te crié, ¿y así es como nos pagas? ¿Te pones en contra de tu propia familia por dinero y joyas? ¿Desde cuándo te volviste tan egoísta?

Se habían llevado mis piedras lunares, mi coche, mis logros y cada dólar de mi cuenta. Pero en el momento en que pedí de vuelta una sola cosa, me convertí en la codiciosa, la malagradecida y la cruel.

Papá me soltó la muñeca y dictó su veredicto con el mismo tono frío que había usado toda mi vida:

—Suficiente. El dinero se queda donde está. Nadie volverá a mencionarlo.

Bajé la mano de la caja de la tiara. No porque los hubiera perdonado. Tampoco porque ya no quisiera lo que me pertenecía.

Caminé hacia afuera sin llevarme nada.

Esa noche me registré en el hotel que los Northlake habían reservado para mis preparativos y le envié el número de habitación al coordinador de la manada. No le conté a Adrian sobre el dinero robado ni sobre el golpe. Sabía que iría a encarar a mi familia en cuanto se enterara, y yo necesitaba terminar de alejarme de ellos a mi manera.

Ellos siguieron girando alrededor de Selena, demasiado ocupados perfeccionando su día especial como para notar que su otra hija había desaparecido. Se despertarían creyendo que todavía tenían dos hijas preparándose para una ceremonia conjunta. Para el mediodía, mientras ellos continuaran puliendo el día perfecto de Selena, yo ya estaría unida por el lazo a Adrian y registrada como la Luna de los Northlake.

A la mañana siguiente, una caravana de autos negros se detuvo frente al hotel, cada uno marcado con el emblema del lobo blanco de los Northlake. Adrian bajó del primero vistiendo un traje gris oscuro. Detrás de él venían su Beta, miembros de su guardia, mis compañeros de trabajo y nuestros amigos, todos llevando prendedores de laurel blanco que los identificaban como el lado de la novia.

Se detuvo frente a mí y se hincó sobre una rodilla. En la mano llevaba un anillo de platino grabado con el lobo de los Northlake.

—Evelyn Grey, mi compañera, ¿aceptas dejar el territorio Moonstone y venir a casa conmigo a la manada Northlake?

El patio quedó en absoluto silencio.

Sabía muy bien lo que significaba mi respuesta. Una vez que pusiera mi mano sobre la suya, mi nombre quedaría asentado en el registro de otra manada. Los Grey ya no podrían llamarme, usarme ni exigirme otro sacrificio simplemente por compartir la misma sangre.

Le di la mano.

—Acepto.

A partir de este momento, la familia a la que alguna vez pertenecí ya no tenía absolutamente nada que ver conmigo.

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