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La humana rara que nos robó el corazón
La humana rara que nos robó el corazón
Author: Stars

Capítulo 1

Author: Stars
La amante de mi pareja predestinada me tendió una trampa y me envenenó con una toxina letal para licántropos. Mi conciencia fue arrastrada a un mundo desconocido.

Aun intentando entender mi entorno, un sonido grotesco y lúgubre resonó en mis oídos.

[Bienvenidos a la instancia “Castillo Oscuro”.]

[Los jugadores deberán vivir en este castillo durante siete días para completar el nivel.]

[Jugadores iniciales: 30. Jugadores actuales: 30.]

[Que disfruten su estancia.]

El sonido se desvaneció, dejándonos a los treinta plantados en el vestíbulo del castillo, mirándonos unos a otros con incredulidad.

Entonces, escuché el llanto de una niña de voz frágil.

—Snif… esto da mucho miedo… quiero irme a casa…

¿Miedo?

Debido a mi trastorno cognitivo, mi cerebro embellece automáticamente todo lo que me rodea. Cuanto más terrorífico y repulsivo sea, más puro y limpio lo percibo.

Así que, para mis ojos, esto no era más que una acogedora mansión.

Un caballero irritable, con la barba desaliñada, blandió el puño y maldijo:

—¡Deja de esconderte, cobarde! Si tienes huevos, ¡sal y pélate uno a uno!

Justo cuando la tensión alcanzaba a todos, dos personas de apariencia más serena se adelantaron. Se presentaron como magos y, a la vez, jugadores veteranos de este juego.

Amablemente, nos explicaron las reglas.

Estábamos atrapados en una instancia de un juego de terror. Todos los arrastrados aquí éramos personas que ya habíamos muerto en la vida real.

El castillo tenía 30 pisos, cada uno habitado por la criatura monstruosa correspondiente, que se volvía más poderosa a medida que se subía de piso.

Si superabas todos los pisos, completabas la misión aleatoria y la misión final para acumular las legendarias 9,999 monedas, podías revivir.

No solo eso: al revivir, recibirías una recompensa monetaria tan inmensa que jamás podrías gastártela en toda tu vida.

Al oír lo del dinero, mi interés se disparó y pregunté impaciente:

—¿Y cómo se acumulan esas monedas?

Uno de los magos respondió:

—Todo está en la barra del terror al terminar un piso. Si se queda en el 99%, ganas una mísera moneda. Si se llena… morirás.

El valor de la barra reflejaba nuestro grado de miedo.

Algunos jugadores veteranos, familiarizados con el juego, lograban reducir mucho ese valor.

Sin embargo, los novatos necesitaban un entrenamiento largo para aumentar su valentía.

Lo medité un momento:

—Vaya, con que la barra del terror es la clave. Si en cada piso la mantengo en cero, me forro con 100 monedas por vez. ¡Llegar a las 9999 será pan comido!

Al instante, todas las miradas en el vestíbulo se clavaron en mí, cargadas de incredulidad, desdén y menosprecio.

Y, en un lugar fuera de mi vista, los comentarios en directo se llenaron de burlas:

“Cada temporada hay novatos que se creen invencibles. Siempre son los primeros en orinarse de miedo.”

“No olviden que 'Castillo Oscuro' es una instancia de nivel S. ¡Hasta brujas y hechiceros veteranos han fracasado aquí!”

“Ya que la lobita se lanzó a hablar, que actúe. A ver si no termina llorando.”

Al anochecer, era hora de elegir habitación.

Los dos magos advirtieron:

—En este castillo, solo hay una suite habitable por piso. Por la noche, los monstruos adoptarán la forma de seres queridos para comer y dormir… con nosotros.

Vivir con un monstruo… ¿cómo no iba a generar terror?

Sin terminar casi sus frases, se apresuraron a elegir las suites del primero y segundo piso.

Los demás, viéndolos, siguieron su ejemplo y escogieron pisos bajos.

Al final, solo quedaba yo. Me empujaron hasta el último piso.

—Si tan segura estás de tener un valor de terror de 0, quédate en el piso 30. Así veremos si era pura fanfarronería.

Dicho esto, bajaron satisfechos.

Ni modo. Será el piso 30.

Sin que lo supiera, los comentarios se desbordaron de nuevo:

“Pobre lobita. La criatura del piso 30 es un monstruo de alto nivel apodado 'Demonio del Inframundo'. No creo que aguante ni una noche.”

Eché un vistazo a mi alrededor. El lugar, comparado con la planta baja, sí era diferente: la decoración y los muebles, en suaves tonos crema, creaban una atmósfera acogedora.

¡Era la suite de mis sueños!

En la vida real, yo era una pobre sin casa propia, que había dormido bajo puentes y en calles gélidas.

¡Tener un techo propio era una bendición!

Me acerqué a la puerta del dormitorio y, sin dudar, llamé con los nudillos mientras exclamaba:

—¡Abran! Llevo mucho sin comer. Si no me dan algo, ¡me muero de hambre!

Los comentarios estallaron:

“¡Esta lobita tiene ganas de morir! Nadie llama así a la puerta. ¿No teme que algo salte y la devore de un bocado?”

“Seguro que está fingiendo. Parece serena, pero por dentro ya está muerta de miedo.”

“Apuesto a que su valor de terror llegará a 100 en menos de tres segundos. Ya veremos cómo muere.”
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