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Capitulo. 22

Autor: Belladonna
last update Fecha de publicación: 2026-10-22 22:17:33

Pov Bianca

Caminé entre los invitados con paso firme, sintiendo la mirada pesada de Valentino ardiendo en mi espalda, y me detuve junto a Lorenzo, quien charlaba animadamente con unos socios.

Me acerqué a su oído, rozando su mejilla con los labios y adoptando el tono más seductor y susurrante que pude encontrar.

—Es hora de irnos... Me muero por hacer el amor con mi esposo.

Lorenzo soltó una risa ronca y encantada, mirándome con un deseo evidente en los ojos. Dejó un beso suave y posesivo en mis labios antes de responder:

—¿Cómo decirle que no a mi esposa?

Me dio un apretón cariñoso en la cintura y continuó:

—Ve a cambiarte.

Miré el voluminoso y pesado vestido de tul blanco que llevaba puesto.

—Claro...

—Pues sube y nos vemos en la entrada —añadió él con una sonrisa cómplice—. Las maletas ya están en la limusina.

Subí las escaleras a toda prisa, esquivando a los últimos invitados que merodeaban por el pasillo, y me encerré en la habitación.

Me quite el pesado vestido de novia y lo dejé caer al suelo.

Abrí la caja que había guardado con tanto esmero y saqué la lencería que había elegido especialmente para esta noche: una tanga de hilo diminuta, unas medias de encaje negro ajustadas a la mitad del muslo y un brasier totalmente transparente.

Me lo puse con dedos temblorosos, me acerqué al espejo de cuerpo entero y me quedé observando el reflejo, calculando el impacto que causaría cuando Lorenzo me viera así en la suite nupcial.

Estaba acomodándome los tirantes y admirando cómo se amoldaba a mi cuerpo cuando la puerta de la habitación se abrió de golpe, sin previo aviso.

Di un salto, ahogando un grito, y giré el rostro de inmediato.

Valentino estaba parado en el umbral, con la respiración ligeramente acelerada y la mirada fija en mí. Sus ojos oscuros recorrieron cada centímetro de las medias, la tanga y la transparencia del brasier, devorándome con una intensidad salvaje que hizo que se me helara la sangre.

Cerró la puerta de un movimiento seco, bloqueando la salida con su cuerpo, mientras soltaba un suspiro áspero:

—Santa m****a... Qué buena estás.

Giré lentamente sobre mis talones, sosteniendo su mirada oscura y desafiante con una sonrisa burlona en los labios.

—¿Te gusta? —le pregunté, con un tono lleno de provocación.

Avanzó hacia mí con pasos lentos y pesados, como un depredador acorralando a su presa. Su respiración se volvió más densa cuando quedó a pocos centímetros.

Alzó una mano y deslizó lentamente el dedo índice desde mi cuello, bajando por el valle de mis pechos, el abdomen, hasta trazar la línea de las medias de encaje en mi muslo.

—Me encantas, Bianca... Me pones tan duro —murmuró con la voz ronca y cargada de una frustración oscura.

Lo miré sin parpadear, dejando que el veneno de los celos y la venganza guiaran cada palabra.

—Qué bueno saberlo. Ya tengo la opinión de un experto... Eso quiere decir que a tu padre...

Me acerqué peligrosamente a su boca, rozando sus labios con los míos antes de soltar el golpe final con un susurro perverso:

—Le va a encantar romperme cuando me coja toda la noche.

Los ojos de Valentino se oscurecieron de rabia pura y sus manos se cerraron con tanta fuerza a los costados que los nudillos se le pusieron blancos.

—No juegues conmigo, Bianca... —advirtió entre dientes, con un tono que vibraba de peligro.

Sonreí con absoluta suficiencia, sabiendo que lo tenía exactamente donde quería. Me aparté con elegancia, tomé un vestido veraniego, ligero y suelto, y me lo puse encima de la lencería sin dejar de mirarlo.

—Bueno, tendrás la casa para ti solito así que espero que disfrutes a tu novia... aunque con lo mojigata que se ve, seguro no le gusta el sexo duro.

Antes de que pudiera dar un solo paso hacia la puerta, una mano me rodeó la muñeca, tirando de mí con una fuerza brutal que me hizo chocar contra su pecho.

—No voy a permitir que... —empezó a decir Valentino, con la voz rota por una rabia salvaje y el deseo contenido.

Me sacudí con violencia, soltándome de su agarre de un tirón brusco y mirándolo con todo el desprecio que cabía en mi pecho.

—¿Que qué no vas a permitir? —le espeté, con los ojos destellando de furia—. ¿Qué se la chupe a tu padre como te gusta? ¿Qué tengamos sexo mientras tú estás ahí abajo jugando a la familia feliz con la desabrida de tu novia? ¡Ubícate, Valentino!

Él dio un paso al frente, con los músculos de la mandíbula tensos y los ojos oscuros clavados en mí, listo para volver a acorralarme.

Lo empujé con las dos manos directo en el pecho, deteniéndolo en seco antes de que pudiera tocarme de nuevo.

—Mírame bien, amorcito... —le susurré, marcando cada palabra con una sonrisa fría y venenosa—, porque ahora soy tu madrastra y la mujer de tu padre.

Sin dejarle tiempo a replicar, me giré sobre mis tacones y salí de la habitación a paso firme, dejándolo solo, completamente excitado y furioso al ver que, por primera vez, no había conseguido doblegarme.

Caminé por el pasillo y bajé las escaleras con la adrenalina aún recorriendo cada rincón de mi cuerpo. En la entrada principal, Lorenzo me esperaba junto a las maletas, impecable y con una sonrisa cálida en los labios al verme llegar.

Me acerqué a pasos firmes, me abalancé sobre él y lo besé con una intensidad deliberada, metiendo la lengua en su boca en un gesto cargado de una falsa pasión desesperada que lo tomó por sorpresa un segundo antes de responderme con los brazos en la cintura.

Me separé despacio, mirándolo a los ojos con una sonrisa de complicidad.

—Te tengo una sorpresa, mi amor...

Lorenzo arqueó una ceja, intrigado y visiblemente complacido.

—¿Y cuál es, esposa?

—Ya lo verás... —le susurré, guiñándole un ojo.

En ese exacto momento, Valentino bajó las escaleras principales, deteniéndose en el vestíbulo al ver la escena. Su mandíbula se tensó de inmediato al escuchar mis palabras.

Lorenzo se giró hacia su hijo sin notar la corriente eléctrica que cruzaba el aire entre nosotros.

—Hijo, ya nos vamos. Volvemos en dos días.

Valentino mantuvo la mirada clavada en mí, con un fuego oscuro y furioso en los ojos, antes de responder con voz seca:

—Que les vaya bien.

Incliné la cabeza hacia él, dedicándole una sonrisa llena de malicia y burla mientras me aferraba del brazo de mi nuevo esposo.

—Por supuesto...Yo te lo cuido Valentino, se quedan en su casa.

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    Pov BiancaValentino se quedó completamente quieto dentro de mí. Su mano seguía tapándome la boca, pero ahora la presión era distinta, más de advertencia que de placer. El agua seguía cayendo, cubriendo un poco el sonido de nuestra respiración.Desde la habitación, Lorenzo volvió a hablar, más cerca.—¿Bianca? ¿Estás bien?Valentino acercó la boca a mi oído y me susurró, muy bajo:—Dile que no. Que ya casi sales.Tragué saliva. Él sacó la mano de mi boca despacio. Yo respiré hondo, tratando de que la voz me saliera normal.—Estoy bien —dije, un poco más alto—. Ya casi termino. No hace falta que entres, cariño. Salgo en un minuto.Hubo un segundo de silencio. Valentino no se movió. Seguía dentro de mí, duro, el pecho pegado a mi espalda.—Está bien —contestó Lorenzo desde el otro lado de la puerta—. Te espero abajo. Quiero mostrarte algo de la boda.Escuchamos sus pasos alejarse. Valentino soltó el aire despacio contra mi cuello. No se apartó.—Buena chica —me murmuró.Yo seguía con la

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