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Capitulo. 20

Autor: Belladonna
last update Fecha de publicación: 2026-10-22 03:11:47

Pov Bianca

La mañana de la boda se extendía con una calma extraña sobre la mansión.

Estaba frente al espejo contemplando mi vestido clásico de novia. Faltaban cuarenta y cinco minutos para la firma y Lorenzo se terminaba de arreglar en otra habitación.

Un clic seco rompió el silencio. La puerta se abrió despacio.

Alcé la vista en el reflejo.

Valentino estaba en el umbral, con el traje oscuro ligeramente desalineado y una sonrisa peligrosa. Me recorrió de arriba a abajo con la mirada.

Cerró la puerta tras él y dio un paso al frente.

—Ya regresé, mami —susurró con voz ronca.

 

Lo miré a través del espejo, cruzando los brazos sobre la tela blanca del vestido.

Una sonrisa cínica se dibujó en mis labios.

—No me digas que vienes a pedirme que no me case y que escape contigo...

Valentino soltó una risa baja, cargada de burla. Dio un paso más hasta quedar a espaldas mías, reflejándose a mi lado.

—Jamás le haría eso a mi padre.

Lo miré de reojo, sintiendo cómo el sarcasmo me quemaba en la lengua.

—Qué buen hijo. No te robarías a la novia... pero sí te la follaste en la habitación de tu papá.

Su sonrisa se ensanchó, volviéndose más oscura y peligrosa.

—Eso es diferente. Vine a traerte mi regalo.

Fruncí el ceño, mirando alrededor con ironía.

—No veo ningún regalo.

Valentino clavó sus ojos en los míos a través del cristal.

—Aquí lo tengo.

Con un movimiento lento y deliberado, comenzó a desabrocharse el cinturón y bajó la cremallera del pantalón, sacando su miembro completamente erecto frente al espejo.

 

Lo miré fijamente a través del reflejo, con el corazón golpeándome las costillas y el pulso desbocado.

Su mirada era una orden imposible de desobedecer.

—Arrodíllate. Quiero que me la chupes —dijo con voz ronca y cortante.

Tragué saliva, sintiendo el calor subirme por el cuello mientras apretaba los puños sobre las faldas del vestido blanco.

—Estás loco... mi maquillaje...

Antes de que pudiera terminar la frase, Valentino dio un paso al frente con una velocidad cegadora.

Su mano se enredó con fuerza en mi cabello, tirando de mi cabeza hacia atrás y obligándome a arquear el cuello. Su boca se estrelló contra la mía en un beso salvaje, posesivo y hambriento que me robó el aire y me dejó mareada.

Se separó apenas unos centímetros, con los ojos oscuros y febriles clavados en los míos.

—Te maquillas de nuevo. Ahora arrodíllate... Déjame ver cómo me comes la polla vestida de novia.

 

El temblor en mis manos apenas me dejó sostener la tela del vestido cuando doblé las rodillas contra el suelo de madera. El blanco impecable de la falda quedó desparalizado a su alrededor, marcando el contraste más perverso y absoluto que había imaginado en mi vida.

La culpa me abrasaba la garganta, haciéndome sentir asquerosamente sucia, pero esa misma miseria moral encendió una chispa tan violenta en mi centro que me hizo chorrear de deseo.

Lo miré desde abajo, con la respiración rota, y abrí los labios para recibirlo.

Valentino no tuvo paciencia. Agarró mis cabellos con firmeza, guiando cada movimiento con una posesión salvaje e implacable mientras embestía contra mi boca sin piedad.

El ritmo fue inmediato, áspero y desesperado, llenándome el paladar con su sabor y haciéndome tragar cada gemido ahogado mientras las lágrimas de excitación me picaban en los ojos.

La idea de que en cuarenta y cinco minutos firmaría un acta de matrimonio con su padre mientras tenía su semen en la boca me empujó al borde del delirio. Cada embestida me golpeaba con la fuerza de un vicio imposible de soltar, consumiéndome por completo en ese rincón de la habitación.

Antes de que pudiera recuperar el aliento, Valentino me levantó del suelo con una brusquedad impaciente.

Me dio la vuelta y me dobló sobre el borde de la cama, levantando las capas de tul y la pesada tela blanca del vestido de novia hasta la cintura. El aire frío del dormitorio chocó contra mi piel desnuda, pero el calor que ardía en mi interior era insoportable.

Un chasquido seco resonó en la habitación cuando su mano abierta me golpeó la nalga con fuerza, dejando un escozor ardiente.

—Mira qué mojada estás para mí... —murmuró con voz ronca contra mi oído, deslizando sus dedos directamente por la tela de mi tanga, hundiéndose en mí sin previo aviso y haciendo que un gemido ahogado se me escapara contra las sábanas.

Valentino me penetró de un solo golpe seco, profundo y devastador, arrancándome un grito que ahogué contra las sábanas.

—Tendrás tu primera cogida de bodas con tu hijastro... ¿Qué rico, no? —murmuró contra mi nuca con una burla perversa.

El ritmo se volvió salvaje, implacable y caótico.

—Vamos... quiero que te corras antes de que alguien venga —me exigió, acelerando las embestidas con una fuerza febril que me hizo perder el sentido de la realidad.

La fricción era tan intensa y sucia que el orgasmo me estalló dentro en cuestión de segundos, sacudiéndome por completo mientras él venía poco después con un gruñido sordo, llenándome por dentro.

Me puso de pie de un tirón antes de que pudiera recuperar el aliento, acomodándome el vestido con brusquedad.

—No quiero que te limpies —me ordenó con una frialdad absoluta, acariciándome la mejilla con los dedos húmedos—. Quiero que bajes y firmes tu hermosa boda untada de mí... para que sepas exactamente a quién le perteneces, aunque te cases.

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