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Capitulo. 21

Autor: Belladonna
last update Fecha de publicación: 2026-10-22 04:08:25

Bianca

La ceremonia civil transcurrió con impecable perfección. Firmé el acta, sonreí y acepté el beso de Lorenzo ante los aplausos de todos.

Pero bajo el tul blanco, mi cuerpo ardía.

Sentía el rastro tibio de Valentino escurriéndose entre mis muslos, recordándome a quién pertenecía realmente. Durante el brindis, busqué sus ojos entre la gente; él me miraba desde una esquina con una sonrisa lenta y posesiva.

La fiesta apenas comenzaba, pero lo único que deseaba era que Lorenzo se durmiera para correr a buscarlo.

 

La recepción avanzaba entre copas y felicitaciones. Estaba de pie junto a Lorenzo, fingiendo atender a los invitados, cuando escuché pasos firmes a nuestras espaldas.

Alcé la vista para encontrarme con Valentino. Lo miré un segundo, traicionada por el deseo que aún me quemaba por dentro, hasta que bajé la mirada y vi su mano entrelazada con otra.

Detrás de su hombro apareció una chica rubia, de facciones delicadas y una sonrisa angelical, con aire de no romper un plato.

Me quedé de piedra, con el aliento atrapado en la garganta.

Valentino nos dedicó una mirada cínica antes de hablar con total naturalidad:

—Papá, Bianca... quiero presentarles a Sofía Gales, mi novia.

El mundo pareció detenerse a mi alrededor, dejándome en completo shock. A mi lado, Lorenzo esbozó una sonrisa cortés y estrechó la mano de la chica.

—Con que tú eres la famosa Sofía...

 

Sofía sonrió con timidez, extendiendo una mano delicada hacia mí.

—Mucho gusto, soy Sofía —dijo con voz suave.

Me quedé mirando su mano suspendida en el aire, completamente paralizada, sintiendo que el rastro invisible de Valentino aún quemaba en mi piel.

A mi lado, Lorenzo me dio un toque leve en el brazo.

—Cariño... te están saludando.

Di un respingo, sacudida de golpe por su voz, y tragué saliva con torpeza mientras le estiraba la mano.

—Lo lamento... un placer, soy Bianca.

Sofía apretó mis dedos con amabilidad.

—Igualmente —respondió con una sonrisa angelical.

 

Sofía sonrió con timidez, extendiendo una mano delicada hacia mí.

—Mucho gusto, soy Sofía —dijo con voz suave.

Me quedé mirando su mano suspendida en el aire, completamente paralizada, sintiendo que el rastro invisible de Valentino aún quemaba en mi piel.

A mi lado, Lorenzo me dio un toque leve en el brazo.

—Cariño... te están saludando.

Di un respingo, sacudida de golpe por su voz, y tragué saliva con torpeza mientras le estiraba la mano.

—Lo lamento... un placer, soy Bianca.

Sofía apretó mis dedos con amabilidad.

—Igualmente —respondió con una sonrisa angelical.

Lorenzo me rodeó los hombros con un brazo, acercándome hacia él con total naturalidad mientras miraba a su hijo.

—Por cierto, ella se va a quedar unos días en la casa —comentó como si nada.

Parpadeé, sintiendo que el suelo se abría bajo mis pies.

—¿En mi casa?

Él rio suavemente, extrañado por mi tono.

—Sí, amor, unos días hasta que ella y Valentino regresen a España.

El aire se me atragantó en la garganta.

—¿Y... van a dormir juntos?

Lorenzo estalló en una carcajada franca, negando con la cabeza.

—Por supuesto, cariño, no son niños, son adultos. Además, es su novia, sería ridículo pedirles que duerman en cuartos separados.

Apreté los puños dentro de la tela del vestido, sintiendo un nudo asfixiante en el pecho.

—Claro... lo entiendo.

Forcé una sonrisa rígida, me disculpé con una excusa improvisada sobre la comida y me aleje de la fiesta a paso apresurado. Entré a la mansión, subí las escaleras corriendo y me encerré en la habitación principal.

Corrí al baño y abrí la llave del agua caliente, metiendo los dedos entre mis muslos para lavarme con desesperación. El llanto y la rabia me quemaban la garganta.

Estaba furiosa, ciega de celos, con el estómago revuelto por una mezcla asquerosa de traición y humillación. ¿Cómo carajos se atrevía a tener novia? ¿Cómo demonios me había follado hacía apenas unas horas de esa manera tan sucia, tratándome como si fuera suya, para aparecer ahora con otra y actuar como si nada?

—Hijo de puta... —susurré al espejo con los ojos anegados en lágrimas, tallándome la piel con furia.

 

Lorenzo me rodeó los hombros con un brazo, acercándome hacia él con total naturalidad mientras miraba a su hijo.

—Por cierto, ella se va a quedar unos días en la casa —comentó como si nada.

Parpadeé, sintiendo que el suelo se abría bajo mis pies.

—¿En mi casa?

Él rio suavemente, extrañado por mi tono.

—Sí, amor, unos días hasta que ella y Valentino regresen a España.

El aire se me atragantó en la garganta.

—¿Y... van a dormir juntos?

Lorenzo estalló en una carcajada franca, negando con la cabeza.

—Por supuesto, cariño, no son niños, son adultos. Además, es su novia, sería ridículo pedirles que duerman en cuartos separados.

Apreté los puños dentro de la tela del vestido, sintiendo un nudo asfixiante en el pecho.

—Claro... lo entiendo.

Forcé una sonrisa rígida, me disculpé con una excusa improvisada sobre la comida y me aleje de la fiesta a paso apresurado. Entré a la mansión, subí las escaleras corriendo y me encerré en la habitación principal.

Corrí al baño y abrí la llave del agua caliente, metiendo los dedos entre mis muslos para lavarme con desesperación. El llanto y la rabia me quemaban la garganta.

Estaba furiosa, ciega de celos, con el estómago revuelto por una mezcla asquerosa de traición y humillación. ¿Cómo carajos se atrevía a tener novia? ¿Cómo demonios me había follado hacía apenas unas horas de esa manera tan sucia, tratándome como si fuera suya, para aparecer ahora con otra y actuar como si nada?

—Hijo de puta... —susurré al espejo con los ojos anegados en lágrimas, tallándome la piel con furia.

 

Me quedé con la copa de bourbon a medio camino, observándolos desde la barra mientras la música de la fiesta flotaba a nuestro alrededor.

La rabia me golpeó el pecho con la fuerza de un puñetazo cuando vi que Sofía se ponía de puntillas, rodeándole el cuello a Valentino con una falsa dulzura, y lo besaba en los labios.

La ira me quemaba las entrañas, entumeciéndome las manos.

Si esa estúpida supiera dónde estuvo esa boca estos últimos días... pensé con desprecio, apretando los dientes hasta que me dolieron la mandíbula y las manos. Si supiera que me tragó entera antes de venir aquí, no estaría tan jodidamente feliz de besar a ese hijo de puta.

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