LOGINMiro el reloj. Ya casi van a dar las doce de la noche, poco a poco se puede ver como se va llenando el lugar.
—¡Cat! —Laura me saluda con alegría, mientras preparo un cosmopolita, me toma por atrás de la cintura depositando un beso casto en mi mejilla—. ¿Como ha estado el ambiente? —me pregunta mientras se pone el mandil sobre su regazo y se lo amarra a la cadera.
—Mmm, lo de siempre —digo tratando de aparentar desdén y le entrego el cosmopolita a la chica a mi lado. Lo único diferente de la noche fue la muy indeseable propuesta de Jessica.
—¿Segura? —Frunce la mirada y yo desvió la mía.
—Si, solo ella... —digo para contarle lo que a pasado, pero me calla al soltar un alarido.
—¡¡Ash!! Esa mujer ni me la recuerdes, no la soporto. —A mi compañera no le agrada Jessica y se de sobra la razón—. Es una vividora explota personas. Detesto cuando invade mi lugar de trabajo para su trabajo sucio.
Opto por quedarme callada al respecto, era mejor no hablar del tema, solo era una tontería de todas formas.
—Ya, ya, cálmate, solo ignórala. ¿Está bien? —Me quito el delantal y comienzo a tomar mis cosas, es hora de irme a casa a descansar, por lo menos unas horas antes de volver al cafe.
—¿En serio no vino nadie más interesante? —Menea sus cejas insinuantes y yo la escruto con la mirada, esperando que no vuelva a decir nada sobre buscarme un pretendiente, apenas si tengo tiempo para mí.
—No —digo tajante. Ella suelta un mohín, desilusionada y se pone a limpiar la barra como si nada.
—Ya me voy, te veré mañana —digo mientras me despido con un beso en la mejilla. Camino hacia la salida y alzo mi mano antes de salir.
Me subo un taxi, ya que a esa hora de la madrugada los autobuses ya no transitan, tampoco es que viva muy lejos, pero estoy extremadamente cansada para caminar. Desperdiciaré un poco de dinero en el pago del taxi, pero, aunque no lo hiciera, de todas formas, no he completado para el alquiler y le suplico a todos los dioses para no encontrarme con la señora Saltzman. Cuando por fin llego al edificio de cuatro pisos, ingreso silenciosamente por las escaleras, estoy a nada de llegar a la puerta del departamento cuando oigo la voz de la dueña del edificio.
M****a, me quedo estática.
—¿Catherine, ya tienes mi encargo? —Se escucha molesta.
—Aún no señora Saltzman... Pero prometo tenerlo mañana. —Estoy de espaldas a ella, no pretendo voltear y hallar su rostro furioso. Da algo de miedo cuando se encuentra en ese estado.
—¡Mañana, Mañana! Es lo mismo que me has dicho desde hace una semana... Si no tengo el pago mañana a primera hora, tendré que echaré a ti y a tu madre a la calle, no me interesa que esté enferma, esto es un negocio no una casa de beneficencia. —Me asusto cuando lanza la puerta de su apartamento al entrar.
Cierro mis ojos por un segundo, ¿Ahora que voy a hacer? Si no tengo para mañana lo de la renta nos echará a la calle, y estoy segura de que lo hará...Por un momento Jessica llega a mi mente recordando su propuesta.
¿En qué diablos estás pensando Catherine?... ¿A caso quieres venderte? Niego enseguida con la cabeza.
Retomo mis pasos hasta llegar al pequeño cuarto de cuatro paredes que me rodea, todo está en penumbras a excepción de la poca luz que se llega a filtra por la puerta entreabierta del cuarto que ocupa mi mamá.
Ella se encuentra dormida y estoy segura que se ha quedado esperándome, Ya le he dicho muchas veces que no se preocupe tanto por mí, pero para ella, siempre seré su pequeña, así me case y tenga hijos, sonrío con nostalgia, dudo mucho que llegue a casarme y formar una familia, apenas tengo tiempo para dormir, no tengo ánimos ni fuerzas para pensar en el amor en este momento.
Solo estoy dedicada a cuidar de mi mamá, ella es todo lo que tengo después de que papá muriera hace diez años, y luego de eso le detectaran la enfermedad en su corazón, yo soy el único pilar para ambas. Deposito un beso en su frente y se mueve al sentirme.
—¿Caty?... —susurra entreabriendo sus ojos somnolientos.
—Todo está bien mamá... Duerme, ya estoy aquí —le digo con ternura.
—¿Vas a cenar? —Trata de pararse, pero la detengo.
—No te preocupes ya cené. —Miento. Si era honesta solo desayuné lo que me dieron en el café, pero no interesa tanto. Hay unos cuantos huevos hervidos que serán su comida de mañana, no quiero quitárselos, ella los necesita más que yo—. Duerme, yo iré a dormir igual.
La vuelvo a besar, se acuesta y apago la luz antes de salir del cuarto y regresar a la sala, donde me acuesto en el único sillón viejo que tenemos, donde yo duermo desde hace mucho tiempo. Me cubro con una cobija delgada mirando directamente a la oscuridad del cuarto, pequeñas gotas de agua empiezan a mojar mi mejilla, mi vida es un maldito desastre. ¿Porque es tan difícil querer estar bien?
Un lugar donde vivir, donde no falte la comida en la mesa, donde mi mamá no esté muriendo por una enfermedad que no puedo pagar. No importa cuánto trabaje o cuanto esfuerce, no puedo lograr lo que quiero, y no es que pida lujos, ni cosas caras, solo pido sobrevivir.
La voz entrecortada de mi mamá pidiendo ayuda hace que me ponga de pie a toda prisa. Sin tiempo de poder ponerme los zapatos. Se mueve incontrolablemente en la cama mientras lleva una de sus manos a su pecho y abre los ojos exasperada.
Es una más de sus crisis, rebusco en el buró donde se supone tiene que estar su medicina, pero al abrirlo no queda nada, la sangre baja rápidamente de mi cerebro al sentirme impotente.
No hay, ya no hay más medicamento. Miro a mi madre, apenas han pasado unos segundos, segundos donde ella está sufriendo y no sé qué hacer, ahora soy yo quien siente el corazón estallar por la impotencia. Puede morir si no le doy su pastilla, maldigo mil veces, tenía que comprársela hace días, pero sin dinero. ¿Qué podía hacer? Joder.
Salgo de prisa hacia la cocina, donde se supone están otros medicamentos, busco en los recipientes, pero todos están vacíos, hasta que al fin encuentro una pastilla, la última, sirvo agua y regreso con mi mamá de inmediato, la levanto para que pueda tragar el medicamento y luego le doy un de agua.
Luego de otros segundos, por fin empieza a reglar poco a poco su respiración y siento como mi alma vuelve a mi cuerpo, suspiro de alivio.
—Estoy bien mi amor, tranquila —dice con su voz ronca al mirarme llorar. Me adula la mejilla, limpiando con sus dedos mis lágrimas, no puedo aguantar ante ella y llorar después sin que me vea, me aterroriza la sola idea de que muera. ¿Que haría sin mi mamá?
—Lo siento. —Le pido y la abrazo con mucha fuerza.
—¿Porque lo sientes mi amor? —me dice con ternura.
—Debí comprarte el medicamento —digo entre sollozos.
—Tranquila cariño... Yo lo siento más, soy una carga para ti. —La miro y está llorando igual.
No, no puedo verla así, no quiero que crea que es una carga para mí, por esa razón siempre me guardo el dolor para mi sola—. Cat, tu deberías de estar terminando la universidad y no estar matándote en el trabajo hasta tarde por una vieja enferma como yo.
—Por favor no digas eso... Eres todo lo que tengo... Lo único que me importa, si tú me faltaras...
—¡Shh! Ya pasó, no pienses en cosas tristes. —Asiento para tranquilizarla, pero estoy muy preocupada, no tiene medicamento. ¿Si le da otra crisis y no estoy? Sin embargo, si estuviera aquí con ella, no serviría de mucho ayuda si no hay como controlar sus ataques.
M****a, me muerdo el labio.
—Ve a dormir hija, estoy más tranquila. Es mejor que descanses. —Me retiro cabizbaja para dejarme caer sobre el sofá.
¿Qué debo hacer?... Nuevamente la conversación con Jessica se impregna a mi mente, pero niego. ¿Pero si mi mamá vuelve a tener otra crisis? Si no tendría que pagar la renta podría comprar su medicina con el dinero que he juntado hasta ahora, pero si no pago el alquiler es seguro que nos echaran a la calle, se encontraba en un maldito dilema.
"Tendrías para un mes de tratamiento de tu madre más medicamentos"
Me siento en el sofá y me pongo los zapatos, salgo del apartamento, solo hay una solución a mis problemas y aunque me duela admitirlo esa solución era convertirme en prepago.
—No te preocupes mamá eso no pasará. —La beso en la frente y me fijo en el reloj—. ¡Es tardísimo!, Llegaré tarde al café. —Camino al baño con toda la velocidad que el dolor me permite, tengo que disimular por lo que trato de no caminar rara cuando siento la mirada curiosa de mi mamá a mis espaldas, definitivamente el tamaño había sido un problema. Pueda que un buen baño ayude con mi molestia.La mañana trascurre habitualmente en el café, clientes frecuentes pasan por sus frecuentes desayunos, estoy por levantar una orden cuando la pequeña campanita en la puerta me avisa que clientes nuevos han llegado, sus risas son escandalosas y hacen que todo el local se llene de ella.Doy media vuelta y me quedo estática cuando noto a las tres personas frente a mí, es Natalie, Hani y Samanta.Me miran sorprendidas, es obvio que no esperaban encontrarme ahí.—¡Hola, Ca...! —Natalie esta a punto de saludarme cuando...—¿Las conoces? —me pregunta Laura.Mi cuerpo entero se estremece, Laura no puede s
—¿Qué fue eso? —digo exhausta y feliz.Escucho su risa encantadora y volteo a verlo, él también me mira risueño.—Te prometí que seria lo mejor que probarías y soy un hombre de palabra. —Me guiña un ojo y le sonrió de nuevo. Jamás voy a olvidar esto, de eso estoy segura...—!Marcus D'monte!—No, No, ahora no por favor —dice Marcus con fastidio cuando escucha unos golpes sobre la puerta, y los gritos de una mujer fuera de la habitación.Se para molesto, se pone rápidamente su ropa interior y sus pantalones.—¡DIME QUE NO TE HAS ACOSTADO CON UNA DE ELLAS!... ¡¿MARCUS?! ¡ABRE LA MALDITA PUERTA! —Lo observo perpleja. ¿Quién es? Dudo en preguntar, pero por sus gritos puedo deducir que está furiosa.Al final se pone sus pantalones y la camisa sin abotonársela y se dirige hasta la puerta, me levanto tan rápido como puedo y empiezo a vestirme igual. El señor D'monte abre la puerta y sale, trata de tranquilizarla, pero ella solo sigue gritando, soltando amenazas de muerte contra todos.¿Quién
Para el beso y se levanta un poco posicionándose entre mis piernas, sus ojos me devoran con lujuria y besa mi cuello, bajando por mi pecho hasta llegar a uno de mis senos y tomar entre sus dientes uno de mis pezones, sigo temblando solo que esta vez es por puro deseo. Llevo mis manos a su cabeza, acariciando su melena larga, arqueo la espalda cuando chupa y succiona mis botones y parte de mis senos, mientras sigue rozando su pene contra mi.—¡Dios mío! —Estoy que me derrito, poco a poco una sensación indescriptible se va formando en mi pelvis. ¡Quiero más! Deseo que me posee ahora mismo.Suelta mi pezón y baja más pasando por mi ombligo llegando al borde de mis bragas, me mira sonriente y me destroza con su hermosura. Toma con las dos manos la pequeña tela negra, y suelto un grito cuando las rasga sin esfuerzo. Me las enseña triunfante y las tira en el suelo mientras yo lo veo estupefacto.—Ahora sí gatita, haré que grites en verdad. —Inclina su cabeza hacia mi zona y lo detengo antes
¿Será que?No lo creo, no soy tan bonita como Hani o Samanta, tal vez escoja a una de ellas. Eso me hace bajar la mirada. ¿Pero en qué rayos estoy pensando?, ¿En qué momento esto me está pareciendo bien? Jessica dijo que todas tendremos nuestra paga trabajáramos o no. ¿Si yo era la afortunada? Pienso alegre, pero todas mis esperanzas se desvanecen al encontrarme con los ojos cautelosos de Marc. Ese tipo es insoportable.—Bueno, escoge hermano, es tu noche —habla Frank a lado de Marcus.Se acerca con pasos cautelosos hasta nosotras, nos observa de pies a cabeza y al final se para frente a Hani, se tarda un poco más mirándola y pienso que ella será su elección, pero vuelve a retomar su andar hasta mí, escudriña mi rostro, como si buscara algo en mis ojos. Estoy más cerca de él, por lo que puedo contemplarlo mejor, dando por hecho lo perfecto y guapo que es. Baja a mi torso y retengo las ganas de taparme con mis manos. Se gira caminando hasta la puerta, pienso en que nadie ha llenado sus
—Alto ahí jovencito —llama Jessica a mi espalda.—¿Es ella? —Él chico me señala con el dedo, sorprendido y sonríe—. Tienes razón, va a funcionar y muy bien —dice mientras me observa sin pudor.—Basta de pláticas Kang. ¿Y las chicas?Kang se dirige a la puerta lateral de la camioneta y la abre dejando ver a las personas que están dentro, son seis chicas vestidas con ropa reveladora, parecida a la mía. Todas nos sonríen o le sonríen a Jessica, no lo sé, pero devuelvo el gesto.—Arriba. —Me señala la camioneta y camino hasta entrar y sentarme en uno de los asientos, todas parecen un poco confundidas, así que las saludo con la cabeza.—Vaya, eres nueva. ¿No? —me pregunta una de las chicas con cabello rojo, parece simpática y le sonrío como respuesta—. Mucho gusto soy Natalie. —Me extiende la mano y no dudo en tomarla.—Mucho gusto, soy Catherine.—Ellas son Hani, Ava , Arin, Samanta y Lili. —Señala a todas y asienten al escuchar sus nombres. La chica de cabello naranja la recuerdo por las
Me detengo antes de dar la vuelta en la esquina, tengo una rara sensación desde que salí del café y también ahora que mi turno en la clínica ha terminado, me giro para ver a mí alrededor, pero las calles están desiertas. El frío de otoño traspasa la vieja chaqueta y cala mis huesos, el escalofrío aumenta la sensación que tengo, pero me obligo a reprimirlo y camino más deprisa rumbo a la casa de Jessica.La hora ha llegado, por suerte tuve una buena escusa para que Laura cubriera mi turno en el MUNBAI. ¿Que pensaría si supiera lo que estoy a punto de hacer?... Estaría decepcionada de mí, como yo lo estoy ahora. Llego diez minutos tarde y Jessica ya me está esperando exasperada fuera de su casa, ella ya se encuentra lista, con un hermoso vestido strapless color azul.—¡Catherine, odio la impuntualidad! —Señala su reloj Gucci de diamantes, mientras pega al piso con sus zapatillas de satin—Discúlpame... Apenas salí de la clínica y... —Alza su mano para callarme.—Mejor entremos. —Camina







