LOGIN—Ya verás que se pelearán por ti. Tienes cintura pequeña y caderas anchas, pero lo que realmente va a llamar la atención de todos es el gran trasero que tienes, a los hombres los vuelve locos unas buenas caderas, sin ignorar que eres muy bella. Una inocente rubia. —Mis mejillas se sonrojaron, nunca me había hablado de esa forma—. Te esperaré aquí a las ocho de la noche, te prepararé para que vayas presentable a la fiesta. ¿De acuerdo? —Asiento de nuevo, un poco asustada por todo.
Ya estoy de regreso al edificio después de ir por la medicina de mi mamá a la farmacia que está abierta las 24 horas, Cuando llego al apartamento, verifico que mi mamá se encuentre bien. Me tranquiliza ver que se encuentra plácidamente durmiendo, le pongo su medicina en el buró, donde podrá tomarlo sin ningún problema.
Fue directo al sillón mirando el reloj que colgaba de la pared, descansaré poco menos de cuatro horas, teniendo el tiempo justo para alistarme y llegar al café. Me dispongo a descansar sin pensar demasiado en lo que estoy a punto de hacer, pienso en mi mamá pidiendo por su perdón, seguramente si supiera lo que voy a hacer la mataría del disgusto, pero prometí que solo sería una vez, solo una, después buscaré un trabajo extra y sacaré a delante mis problemas.
Me pongo el uniforme del café después de darme una despertadora ducha de agua fría, he salido muy temprano al súper, compré algunas cosas para la comida. Me pongo a hacer el desayuno, unos huevos fritos con salmón y un café para mi mamá y yo, tenía que aprovechar y comer bien cuando pudiera. Mi mamá aún está profundamente dormida, así que me dedico a guarda la comida dentro del horno antes de salir de casa.
—¡Catherine! —escuchó la voz austera de la señora Saltzman cuando sale de su apartamento.
—Aquí tiene. —Saco el sobre de la bolsa de mi chaqueta antes de que diga algo más y se lo entrego, a diferencia de lo que pensé, ella se queda boquiabierta y no dice nada. Voy escaleras abajo con mi humor alegre y a pesar de que no he dormido bien me siento tranquila, pero todo ese ánimo desaparece al recordar como debo de pagar el dinero que me dio Jessica.
Cada vez que la idea llena mis pensamientos, me obligo a suprimir el sentimiento de culpa, asco y desilusión que me quema por dentro. Sé que tarde o temprano o, para ser más exactos, hoy en aquel evento, tendré que enfrentar mi realidad.
Camino directo al café, Laura ya se encuentra acomodando las mesas antes de abrir, también trabajo con ella ahí, además de hacerlo en el MUNBAI. Es por esa razón que nos llevamos muy bien, ella vive un poco mi situación, solo que sin problemas tan excesivos de dinero.
—Qué bueno que llegas. Sam sé está volviendo loco buscando las comandas de ayer. ¿Podrías ayudarlo? —Me dice suplicante, muy posiblemente mi jefe ya le haya reclamado por aquellos pequeños cuadernillos. Ruedo los ojos. Siempre es lo mismo con ese hombre.
—¿No te preocupes? —Le dedicó una sonrisa y voy directa hacia la oficina de mi querido jefe.
Lo encuentro con un desastre a su alrededor, papeles esparcidos por todo el suelo mientras él parece dar un berrinche ahí mismo, ignoro lo que está a punto de decir y me acerco a la pequeña cajonera de la esquina, donde abro el último cajón sacando las comandas y se las arrojó en la cara, el mismo las guardo ahí y si no lo hubiera visto con mis propios ojos cuando las guardo estaríamos locos buscando.
Me pongo en camino, todo está listo, y poco a poco en café se va llenando.
—Buenos días. ¿Qué va a pedir? —miro de reojo al hombre en la mesa junto a la ventana, él se encuentra observando la carta sin poner atención a su alrededor.
—Tráeme un expreso y un sándwich de pierna —me pide aún sin mirarme. Anoto sus pedidos y voy hacia la cocina, en poco menos de diez minutos estoy de regreso, ya con su pedido en mano.
—Que disfrute su comida —digo con amabilidad. En ese instante él levanta la vista y me mira.
—¡Wow! —susurra. Ahora lo puedo ver mejor y el hombre párese mayor pero no por eso menos atractivo, unos treinta o treinta y cinco años, tal vez, viste casual con una camisa de vestir color azul marino, entallada y pantalones negros.
—¿Disculpe? —pregunto confundida.
—¿Trabajas aquí? —dice con su voz profunda mientras me observa de pies a cabeza mientras se muerde el labio con descaro, su actitud me perturba.
—No es algo obvio. —Le señalo el uniforme—. Provecho —Estoy a punto de irme, pero me detiene tomando mi mano. ¿Qué le pasa?
—¿Cómo te llamas? —me cuestiona, pero no pienso darle ninguna información personal, es muy raro—. ¿Sabes qué? Mejor dame tu número de teléfono y no sé, tú y yo podíamos quedar y vernos en algún motel.
Esta totalmente fuera de sí. ¿A caso me está proponiendo que me acueste con él? ¿Cree que esto es un burdel? Ni loca le digo como me llamo y menos mi número, que en realidad no cuento con uno, pero que si lo hubiera no se lo daría.
—Es usted un idiota.
Me suelto de su mano, furiosa por su falta de respeto y él solo sonríe sinvergüenza. Me marcho dando zancadas hasta la cocina. Que tipo, ni que estuviera tan guapo para pretender que le haré caso, bueno, tal vez lo hubiera hecho si no me proponía acostarme con él en la primera cita.
—¿Que pasa Cat? —me cuestiona Laura cuando me mira un poco curiosa.
—Mira ese tipo. —Señalo la mesa donde se encuentra desayunando tranquilamente, como si nada hubiera pasado—. ¡Logras creer que me dijo que tuviera sexo con él!
—¡¿Esta loco?! Espera aquí... —Está a punto de ir a reclamarle cuando la detengo del brazo.
—No hace falta que le grites y reclames, es mejor no hacer más grande el problema.
—Yo que ustedes me quedaba quieta donde estoy —Sam dice a nuestras espaldas y nos giramos al escucharlo —. Aquel hombre... —mira detrás de mí—. Es de cuidado. No tienen ni idea de quien se trata y si aprecian algo sus vidas es mejor que no se le acerquen.
Laura y yo nos miramos expectantes sin entender nada. Regreso la mirada hasta el hombre misterioso de hace un momento y no creo que sea alguien peligroso, digo, aparte de ser un idiota se ve totalmente normal.
—No te preocupes mamá eso no pasará. —La beso en la frente y me fijo en el reloj—. ¡Es tardísimo!, Llegaré tarde al café. —Camino al baño con toda la velocidad que el dolor me permite, tengo que disimular por lo que trato de no caminar rara cuando siento la mirada curiosa de mi mamá a mis espaldas, definitivamente el tamaño había sido un problema. Pueda que un buen baño ayude con mi molestia.La mañana trascurre habitualmente en el café, clientes frecuentes pasan por sus frecuentes desayunos, estoy por levantar una orden cuando la pequeña campanita en la puerta me avisa que clientes nuevos han llegado, sus risas son escandalosas y hacen que todo el local se llene de ella.Doy media vuelta y me quedo estática cuando noto a las tres personas frente a mí, es Natalie, Hani y Samanta.Me miran sorprendidas, es obvio que no esperaban encontrarme ahí.—¡Hola, Ca...! —Natalie esta a punto de saludarme cuando...—¿Las conoces? —me pregunta Laura.Mi cuerpo entero se estremece, Laura no puede s
—¿Qué fue eso? —digo exhausta y feliz.Escucho su risa encantadora y volteo a verlo, él también me mira risueño.—Te prometí que seria lo mejor que probarías y soy un hombre de palabra. —Me guiña un ojo y le sonrió de nuevo. Jamás voy a olvidar esto, de eso estoy segura...—!Marcus D'monte!—No, No, ahora no por favor —dice Marcus con fastidio cuando escucha unos golpes sobre la puerta, y los gritos de una mujer fuera de la habitación.Se para molesto, se pone rápidamente su ropa interior y sus pantalones.—¡DIME QUE NO TE HAS ACOSTADO CON UNA DE ELLAS!... ¡¿MARCUS?! ¡ABRE LA MALDITA PUERTA! —Lo observo perpleja. ¿Quién es? Dudo en preguntar, pero por sus gritos puedo deducir que está furiosa.Al final se pone sus pantalones y la camisa sin abotonársela y se dirige hasta la puerta, me levanto tan rápido como puedo y empiezo a vestirme igual. El señor D'monte abre la puerta y sale, trata de tranquilizarla, pero ella solo sigue gritando, soltando amenazas de muerte contra todos.¿Quién
Para el beso y se levanta un poco posicionándose entre mis piernas, sus ojos me devoran con lujuria y besa mi cuello, bajando por mi pecho hasta llegar a uno de mis senos y tomar entre sus dientes uno de mis pezones, sigo temblando solo que esta vez es por puro deseo. Llevo mis manos a su cabeza, acariciando su melena larga, arqueo la espalda cuando chupa y succiona mis botones y parte de mis senos, mientras sigue rozando su pene contra mi.—¡Dios mío! —Estoy que me derrito, poco a poco una sensación indescriptible se va formando en mi pelvis. ¡Quiero más! Deseo que me posee ahora mismo.Suelta mi pezón y baja más pasando por mi ombligo llegando al borde de mis bragas, me mira sonriente y me destroza con su hermosura. Toma con las dos manos la pequeña tela negra, y suelto un grito cuando las rasga sin esfuerzo. Me las enseña triunfante y las tira en el suelo mientras yo lo veo estupefacto.—Ahora sí gatita, haré que grites en verdad. —Inclina su cabeza hacia mi zona y lo detengo antes
¿Será que?No lo creo, no soy tan bonita como Hani o Samanta, tal vez escoja a una de ellas. Eso me hace bajar la mirada. ¿Pero en qué rayos estoy pensando?, ¿En qué momento esto me está pareciendo bien? Jessica dijo que todas tendremos nuestra paga trabajáramos o no. ¿Si yo era la afortunada? Pienso alegre, pero todas mis esperanzas se desvanecen al encontrarme con los ojos cautelosos de Marc. Ese tipo es insoportable.—Bueno, escoge hermano, es tu noche —habla Frank a lado de Marcus.Se acerca con pasos cautelosos hasta nosotras, nos observa de pies a cabeza y al final se para frente a Hani, se tarda un poco más mirándola y pienso que ella será su elección, pero vuelve a retomar su andar hasta mí, escudriña mi rostro, como si buscara algo en mis ojos. Estoy más cerca de él, por lo que puedo contemplarlo mejor, dando por hecho lo perfecto y guapo que es. Baja a mi torso y retengo las ganas de taparme con mis manos. Se gira caminando hasta la puerta, pienso en que nadie ha llenado sus
—Alto ahí jovencito —llama Jessica a mi espalda.—¿Es ella? —Él chico me señala con el dedo, sorprendido y sonríe—. Tienes razón, va a funcionar y muy bien —dice mientras me observa sin pudor.—Basta de pláticas Kang. ¿Y las chicas?Kang se dirige a la puerta lateral de la camioneta y la abre dejando ver a las personas que están dentro, son seis chicas vestidas con ropa reveladora, parecida a la mía. Todas nos sonríen o le sonríen a Jessica, no lo sé, pero devuelvo el gesto.—Arriba. —Me señala la camioneta y camino hasta entrar y sentarme en uno de los asientos, todas parecen un poco confundidas, así que las saludo con la cabeza.—Vaya, eres nueva. ¿No? —me pregunta una de las chicas con cabello rojo, parece simpática y le sonrío como respuesta—. Mucho gusto soy Natalie. —Me extiende la mano y no dudo en tomarla.—Mucho gusto, soy Catherine.—Ellas son Hani, Ava , Arin, Samanta y Lili. —Señala a todas y asienten al escuchar sus nombres. La chica de cabello naranja la recuerdo por las
Me detengo antes de dar la vuelta en la esquina, tengo una rara sensación desde que salí del café y también ahora que mi turno en la clínica ha terminado, me giro para ver a mí alrededor, pero las calles están desiertas. El frío de otoño traspasa la vieja chaqueta y cala mis huesos, el escalofrío aumenta la sensación que tengo, pero me obligo a reprimirlo y camino más deprisa rumbo a la casa de Jessica.La hora ha llegado, por suerte tuve una buena escusa para que Laura cubriera mi turno en el MUNBAI. ¿Que pensaría si supiera lo que estoy a punto de hacer?... Estaría decepcionada de mí, como yo lo estoy ahora. Llego diez minutos tarde y Jessica ya me está esperando exasperada fuera de su casa, ella ya se encuentra lista, con un hermoso vestido strapless color azul.—¡Catherine, odio la impuntualidad! —Señala su reloj Gucci de diamantes, mientras pega al piso con sus zapatillas de satin—Discúlpame... Apenas salí de la clínica y... —Alza su mano para callarme.—Mejor entremos. —Camina







