LOGINPOV IgnacioNo he perdido el radar de Leona ni por un solo segundo en toda la noche. A decir verdad, que me haya dicho que para ella terminó todo solo ha hecho que mi estúpida mente se empecine más en ella. Solo pienso de qué manera puedo recuperar su amor.Pero como nada en mi vida parece acomodarse, he tenido que lidiar con Clara, que no ha dejado de acosarme con miradas y reproches, intentando acercarse a cada momento. La he evitado con la paciencia justa, hasta que finalmente tuve que plantarme y advertirle sin rodeos: si seguía molestándome, o si se le ocurría dirigirse a Leona, diría ahí mismo ante todos que nuestra supuesta relación estaba completamente rota. Le dejé claro que, si aún no lo hacía público, era únicamente para no exponerla a una vergüenza frente a la alta sociedad.La sigo apreciando y valoro el tiempo que me dio, pero eso no le da derecho a proceder sobre mí como si yo fuera de su propiedad o si tuviera algún derecho sobre mí. Tanto mi madre como mi abuelo me si
POV LeonaMi cabeza, literalmente, da vueltas sin parar luego de toda la información que Anna me da. Siento que algo muy pesado aplasta mi pecho y no me deja respirar.Me toco la sien de manera inconsciente.—Leona... por Dios, no me asustes —dice Anna, tocándome el hombro—. ¿Llamo a alguien, quieres?Niego con la cabeza.—No. No lo hagas. Me pondré bien, lo prometo —respondo, esbozando una sonrisa—. Es simplemente que es mucha información en muy poco tiempo. Nada más.—Si sabía que ibas a ponerte así, no te habría dicho nada.Miro a Anna y le acaricio la mejilla con suavidad.—Annita, prefiero mil veces la verdad, aunque duela, que una mentira u omisión que me destruya con el paso del tiempo. En algún momento iba a tener que saberlo, ¿no?Anna asiente, haciendo una mueca.—Es posible, sí. En algún momento Sofía tenía que regresar. Aunque tengo entendido que su retorno está condicionado por un problema familiar, no porque ella realmente deseara hacerlo.Me encojo de hombros, aplanando
POV LeonaApresuro el paso, buscando perderme entre los invitados del salón antes de que las piernas me fallen. Mantengo la barbilla en alto, imitando una armadura de cristal que amenaza con romperse al menor movimiento.—Veo que ya conociste a Sofía —dice una voz suave a mis espaldas, deteniendo mi huida.Me giro despacio, esperando encontrar el brillo de burla habitual en el rostro de alguien de esta familia, pero me tropiezo con la mirada de Anna. No hay en ella rastro de veneno ni de desagrado, solo una calma comprensiva que me desarma un poco. Ella es sin duda, la mejor persona en esta familia, siempre lo fue.Me ha aceptado desde el primer día. Nunca me ha mirado como hacen todos aquí.Exhalo despacio, intentando recuperar el aire.—Sí...por supuesto —respondo con suavidad, ajustando la postura—. Ya me han contado que han sido amigos de la infancia.Anna suspira, ladeando levemente el rostro, y se encoge de hombros con una naturalidad que pesa como un bloque de plomo.—Fueron mu
POV LeonaLo peor de todo no fue la estocada astuta de Elena, ni la sonrisa calculada —o no— de Sofía esperando el momento de ver fracturada nuestra fachada. Lo peor, lo que realmente me encendió la sangre por dentro, fue la total y pasmosa falta de conciencia de Luciano.Parecía completamente incapaz de percatarse de la situación incómoda en la que me estaba colocando. En su cabeza, supongo, creía que estaba siendo un caballero, un escudo protector frente a los ataques venenosos de su tía. Pero al adelantarse, al hablar por mí y dictar lo que supuestamente yo sentía o pensaba, no hizo más que reducirme a un cero a la izquierda.«A Leona no le importa en absoluto...», resonaban sus palabras en mi cabeza, sonando no como una defensa, sino como una prueba de que yo no tenía voz propia en ese mundo de buitres.Me miraba con esa urgencia en los ojos, buscando mi aprobación, totalmente ciego al abismo que acababa de cavar entre los dos con su propia torpeza. ¿Cómo era posible que no lo vie
NarradorDesde un rincón del salón, con una copa de champagne, Elena Della Rovere contemplaba la escena como quien observa el movimiento definitivo de una partida de ajedrez. Una sonrisa imperceptible, casi devota de su propia brillantez, le curvaba los labios.Había sido dolorosamente fácil. No necesitó levantar la voz ni recurrir a escenas bochornosas; solo le bastó tender el puente para que el pasado hiciera el trabajo sucio.Observó con detenimiento cómo su enemiga salía al salón acomodándose el vestido, para luego mirar hacia donde la pareja que ella misma había reunido seguía hablando. Respiró hondo y sonrió. Acto seguido, vio cómo su hijo salía detrás de Leona. Vaya, ese tonto seguía dando problemas. O tal vez no: tal vez Ignacio, en su desesperación, le había dado un empujoncito a Leona para que comenzara a no sentirse tan segura.Clara se acercó a ella con el ceño fruncido.—¿Vas a seguir permitiendo que esa prostituta siga coqueteando con mi novio? —murmuró, furiosa—. ¿Qué c
POV LeonaRespiro hondo antes de responder.La pregunta y luego la afirmación de Ignacio dejan por un instante mi mente en blanco. No puedo ver su expresión porque estoy de espaldas, pero algo en mí dice que no es de triunfo o revancha.—Lo que sospechaba —dijo al fin—. No te lo dijo. Realmente no me sorprende. Los Della Rovere hemos sido educados para no hablar de ciertas cosas; creo que eso ya lo sabes de memoria.Cierro los ojos y suelto un suspiro hondo; luego me giro lentamente.—Sí, Ignacio. Conozco la gran capacidad que tienen en tu familia para ocultar emociones y secretos. ¡Tú lo hiciste por años! Me ocultaste durante años que estabas comprometido con Clara... Casi al mismo tiempo que me estabas dejando para casarte con ella, ¿lo recuerdas?Él aplana los labios y baja la mirada, asintiendo.—A veces desearía no haber recuperado la memoria —continúo—, porque, sinceramente, siento vergüenza de mí misma por haber aceptado tus comportamientos erráticos y, hasta a veces, despectiv







