MasukPOV LucianoCamino alrededor de la cama despacio, midiendo cada paso, con el firme propósito de no alterarla ni un poco. Siento que camino sobre una superficie de cristal que puede romperse con el más mínimo peso. Leona me sigue con la mirada, con los ojos fijos en cada uno de mis movimientos, pero permanece completamente callada, sin emitir una sola palabra ni hacer un ademán que me indique qué está pasando por su cabeza.El silencio en la habitación se vuelve tan espeso que casi puedo escuchar los latidos acelerados de mi propio corazón.Me detengo al borde de la cama, conteniendo la respiración, y dejo pasar unos segundos eternos antes de atreverme a romper la tensión.—Perdóname... —digo en un susurro apenas audible, con la voz quebrada por el remordimiento—. Discúlpame por haberte dejado sola en esa fiesta, por haberte apartado de mi lado cuando más necesitabas que estuviera ahí. Te juro que jamás quise hacerlo... Te fallé, Leona, y no me lo perdono.Ella me sostiene la mirada en
POV LucianoMateo suspira hondo, retirándose las gafas con cansancio y sosteniéndolas con la carpeta mientras nos clava una mirada severa, una que no admite réplicas.—Físicamente, los estudios no muestran daño orgánico, Luciano —empieza a explicar, con un tono clínico pero tajante que me hiela la sangre—. Estables sus signos vitales, sí. Pero la realidad es otra. Leona no puede seguir soportando más vaivenes emocionales. Su salud mental y emocional, a raíz de todo lo que ha venido arrastrando y de lo que ya sabemos, está en un punto extremadamente frágil. Tú eres médico. No tengo mucho más que explicarte.Hace una pausa, y sus palabras caen sobre nosotros como los golpes de un martillo.—Creen que porque se mantiene en pie o porque no hay una herida abierta ya está todo bien, pero no es así —continúa, mirándonos alternativamente a Ignacio y a mí—. Su mente y sus emociones han colapsado, y ese desgaste acumulado es lo que está repercutiendo directamente en su cuerpo, obligándola a des
POV LucianoApenas pongo un pie en el pasillo de urgencias, el olor a desinfectante y el frío estéril de las paredes blancas me golpean de golpe. Mis ojos recorren el corredor hasta que lo encuentran.Ahí está.Ignacio se encuentra apoyado contra la pared frente a la puerta del consultorio, con los brazos cruzados sobre el pecho y la camisa desabotonada en el cuello. Su rostro es una máscara de sombría fatiga y tensión contenida. Al escuchar nuestros pasos resonando contra el suelo, levanta lentamente la vista y frunce el ceño de inmediato.Sus ojos se clavan en los míos. No hay sorpresa en su mirada, solo una hostilidad silenciosa, pesada y cargada de advertencias mudas que avivan nuestra antigua rivalidad.La sangre me hierve en las sienes, y todo lo que he venido reprimiendo durante este maldito trayecto amenaza con desbordarse. Doy un paso al frente, con los puños tan apretados que los nudillos me duelen, dispuesto a devorarlo vivo.—Tú... —escupo, con la voz temblorosa de rabia,
POV LucianoEl trayecto hasta el hospital es una pesadilla borrosa de luces de la ciudad que se estiran en franjas y bocinazos que apenas registro. Anna va en el asiento del pasajero, dándome instrucciones a los gritos, pero su voz me llega como un eco lejano, opacado por el zumbido constante de la furia en mis oídos.—¡Tienes que calmarte o nos vas a matar a los dos, Luciano! —escucho que me dice, tocándome el brazo con desesperación—. Ya te lo dije, Leona reaccionó bien. Solo que Mateo recomendó que le hicieran una revisión por las dudas. Sabes tan bien como yo que su salud mental y emocional, con todo lo que ha pasado, es muy frágil.Me obligo a levantar un poco el pie del acelerador. Mi prima tiene razón. Pero en este momento, aunque me importa la salud de mi novia, no es lo único que me mueve a acelerar hasta el hospital. Es saber que está al lado de Ignacio. Siento una gran angustia con el solo hecho de pensar que mi lugar está siendo ocupado por un hombre que solo espera un mín
POV Luciano—¿Qué? —exclamo con una mezcla de enojo y estupor—. ¿Por qué carajos él? ¡Ya no tiene nada que ver con Leona! —digo, dando media vuelta y saliendo a zancadas hacia la puerta.Escucho que tanto Sofía como Anna gritan mi nombre a mis espaldas, pero en ese momento ya no me importa absolutamente nada. Cuando estoy llegando a la salida, me cruzo con Elena, que va entrando al salón con un semblante por demás extraño.Me clava la mirada. Una expresión tan fría que ni siquiera alcanzo a descifrar.—¿Qué? —me dice, con un tono cargado de un desdén insoportable—. ¿Tú también vas a correr detrás de esa pequeña zorra?Me detengo en seco. Siento tanta furia bullendo en las venas que temo descargarla sin pensar en cualquiera que se me acerque. En este preciso instante, el odio que le tengo a esa mujer se acrecienta de manera exponencial.—Retractate —musito entre dientes, con una firmeza peligrosa—. ¡Retractate ahora mismo!Anna y Sofía llegan detrás de mí en ese instante y se quedan ex
POV NarradorEl murmullo constante y elegante de la gala se corta de golpe cuando las puertas laterales se abren. Las miradas de los invitados, envueltas en sedas y esmóquines, convergen de inmediato en la escena. Un silencio espeso, casi eléctrico, se adueña del salón principal.Ignacio avanza con paso firme y decidido, sosteniendo en sus brazos el cuerpo inerte de Leona. Su rostro es una máscara de furia contenida y angustia pura. Nadie se atreve a decir nada, pero los rostros de asombro se multiplican mientras la alta sociedad se aparta, abriéndoles camino entre murmullos escandalizados.Detrás de él, Mateo camina vigilante, asegurándose de que nadie se acerque, mientras Anna se apresura en busca de Luciano para ponerlo al tanto de lo sucedido.En el otro extremo del salón, Elena mira hacia el tumulto y frunce el ceño, incapaz de comprender la escena hasta que el mayordomo se le acerca para murmurarle la situación al oído.—No... No puede ser —murmura, apretando el puño y tensando







