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Capítulo 1113

Author: Yamila Rivera
Héctor soltó un par de risas frías.

—Más le vale.

Colgó y enseguida recibió otra llamada.

—Habla.

La voz al otro lado sonó temerosa.

—Señor Héctor, todavía no hemos encontrado a la señora Julieta.

La expresión de Héctor se endureció, aunque ya se lo esperaba.

—Sigan buscando.

—Sí, señor.

Después de colgar, recordó aquella frase que Gael había dicho por la tarde y su mirada se volvió aún más fría.

***

Cuando Héctor llegó a Costa Dorada, Noemí estaba jugando ajedrez con Sofía en la sala.

Al oírlo,
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Myriam Morm
Para que le borró la memoria? No entiendo. Gael está enfermo de la cabeza. Le va a implantar a Carlos en la cabeza a Julieta por venganza?
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    Héctor tomó la copa.—Ve al grano. No hace falta que des rodeos.Ramón comprendió que no estaba de humor y dejó las cortesías.Las medidas recientes de Gael amenazaban seriamente los intereses de Ramón. Incluso afectarían los negocios que este había establecido con Héctor, por lo que quería discutir cómo responder.Héctor le había dicho que alguien importante para él estaba en manos de Gael. Después de pensarlo mucho, Ramón había concluido que probablemente solo Julieta podía hacer que Héctor cediera de esa manera.Sin embargo, también había oído que Julieta y Héctor se habían divorciado en secreto. Héctor la había detestado en el pasado; de lo contrario, no habría seguido involucrado con Adriana después de casarse.Durante los últimos días, Ramón había ordenado una investigación más detallada.Julieta había vivido cinco años en el extranjero. Después de entrar a Grupo Altamira, habían circulado muchos rumores sobre ella y Carlos. Incluso dentro de la empresa se decía que entre el

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    Aquellas palabras hicieron que Noemí se sintiera aún más culpable.¿De verdad no podía hacer nada? Tampoco sabía cómo ayudar y temía terminar causándoles más problemas.Al final, solo pudo decir:—De verdad lo siento mucho.Sergio la consoló con firmeza:—Nadie te culpa. Tú tampoco debes culparte.La calidez y la seguridad de su voz la reconfortaron, al tiempo que le aceleraban el corazón.Noemí sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas. Temiendo romper en llanto, apenas pudo responder:—Sí.—Quédate ahí tranquila y hazle compañía a Sofía mientras vuelve Julieta.Noemí entrelazó los dedos con fuerza e intentó controlar sus emociones.—De acuerdo.—Descansa esta noche. No le des más vueltas.—Sí. Tú también cuídate.Después de colgar, Noemí cerró la pantalla de marcación. Por fin se sentía un poco más tranquila.***Durante los tres días siguientes, la familia Quiroz experimentó una reorganización interna sin precedentes.Las nuevas medidas de Gael afectaban directamente los int

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    Héctor soltó un par de risas frías.—Más le vale.Colgó y enseguida recibió otra llamada.—Habla.La voz al otro lado sonó temerosa.—Señor Héctor, todavía no hemos encontrado a la señora Julieta.La expresión de Héctor se endureció, aunque ya se lo esperaba.—Sigan buscando.—Sí, señor.Después de colgar, recordó aquella frase que Gael había dicho por la tarde y su mirada se volvió aún más fría.***Cuando Héctor llegó a Costa Dorada, Noemí estaba jugando ajedrez con Sofía en la sala.Al oírlo, Sofía giró la cabeza.—Papá.Héctor se acercó y ella preguntó:—¿Mamá tiene mucho que hacer?Sofía sabía que Julieta no estaría en casa esa noche. Después de volver de la escuela y terminar la tarea, había intentado llamarla varias veces sin conseguir comunicarse con ella.Al final, tuvo que llamar a Héctor. Él solo le había dicho que a Julieta le había surgido algo y que no podía contestar.Héctor la tomó en brazos y trató de tranquilizarla.—Cuando vuelva, te lo contará. Dejemos que termine

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    Héctor entrecerró los ojos y siguió a Gael con la mirada unos instantes antes de subir al carro.Cuando Gael volvió a la sala, don Quiroz no dejó de observarlo. Esperó a que se sentara en el sofá y preguntó:—Ahora sí, dime qué está pasando.Gael respondió:—Héctor me provocó primero. No puede culparme por defenderme.La expresión de don Quiroz se ensombreció y después suspiró.—No rompas por completo con la familia Gómez.Pensar en lo numerosas y prósperas que eran las familias Gómez e Ibarra lo entristecía.Si el padre de Gael no hubiera muerto, no quedarían tan pocos miembros en la familia Quiroz.Cuando don Quiroz falleciera, ni siquiera habría muchos familiares cercanos que fueran a despedirlo.Gael respondió:—Sé hasta dónde llegar.Don Quiroz no dijo nada más. Gael lo ayudó a volver a su habitación para que descansara.***Después de salir de Casa Quiroz, Héctor recibió una llamada de doña Gómez. Le avisó a Sofía y se dirigió a Casa Gómez.Doña Gómez lo esperaba en la sala y,

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    Héctor estaba al tanto de todo. Algunos parientes de Gael con los que mantenía negocios ya lo habían buscado. Contaban con el apoyo de la mayoría de los demás miembros de la familia Quiroz.Gael también conocía bien a Héctor: si había suficientes beneficios de por medio, la amistad no lo haría cambiar de opinión.Por eso Gael se había llevado a Julieta.Además de recuperar a Noemí, quería advertirle a Héctor que no interviniera.Durante la visita, Héctor no había mencionado a Noemí ni a Julieta. Solo había conversado con don Quiroz y jugado una partida de ajedrez con él. Don Quiroz sabía que la visita tenía otro propósito, aunque todavía ignoraba cuál.De cualquier manera, aprovechó que Héctor estaba ahí para pedirle que no se involucrara demasiado.Héctor respondió:—Entiendo lo que quiere decir. Ahora mismo tampoco tengo energías para ocuparme de asuntos que no me corresponden.Don Quiroz asintió y cambió de tema.—Por cierto, Sofía ya está muy grande. ¿Cómo es que todavía no han

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    Gael sostuvo la mirada sombría de Carlos.—No hace falta que me trates con tanta hostilidad. No somos enemigos. Ya me encargué de que cuiden a Julieta. No corre peligro. Héctor se llevó a Noemí y yo me llevé a Julieta. Es justo, ¿no crees?—No me interesan sus problemas. Pero más te vale cumplir tu palabra y mantener a Julieta a salvo.Gael sonrió apenas.—Un amor tan profundo como el tuyo merece ser correspondido. Si no confías en mí, puedes ir a cuidarla tú mismo. Al fin y al cabo, está embarazada. A mí tampoco me conviene que le ocurra algo.—Aunque parece que Héctor todavía no sabe del embarazo. Si ella le oculta algo así a Héctor, quizá no tenga tantas ganas de volver con él.Carlos frunció el ceño y su expresión se endureció.Poco después llamaron de Casa Quiroz. Gael atendió y se marchó de El Rincón de Olivia.Carlos se quedó solo en el salón. Tomó un sorbo de café, con la cabeza ligeramente inclinada y sin dejar ver lo que sentía.***La noche cubría Casa Quiroz.Reinaba un s

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