Se connecterGabriela respondió:—No llegaron a nada. Ahora le gusta alguien más y está conociendo a otra mujer.Doña Ibarra lamentó la noticia.—Qué lástima. Aunque me alegra que le guste alguien. Me preocupaba que ninguna le interesara.Después miró a doña Gómez.—Yo pensaba que Héctor sería el que más tardaría en formar una familia, y míralo, ya casi tiene dos hijos. Hasta se ha vuelto más cercano con todos. Tú sí que supiste ver las cosas desde el principio.Doña Gómez sonrió.—Claro, tener hijos lo ha cambiado.Ahora podía ver que no se había equivocado al insistir en que Héctor y Julieta se casaran.Aun así, jamás imaginó que llegarían hasta ese punto. Quizá de verdad estaban destinados a estar juntos.En el salón del ala este, Fabián apartó a Sergio para hablar con él.—Gael ya salió del hospital. ¿Cómo está Noemí?—Mucho más tranquila. Quiere terminar sus estudios y voy a acompañarla a Gran Bahía.Después de ingresar a la universidad, Noemí solo había cursado un semestre antes de darse de
Héctor guardó la imagen en el sobre y volteó hacia ella.—Nada.—¿En qué estás pensando?Él le tomó la mano.—En nada.Julieta frunció el ceño y lo miró con desconfianza.Héctor sonrió.—Solo estaba pensando que este bebé es bastante travieso. Seguramente nos va a costar ponerle límites.Durante el ultrasonido, el bebé no había cooperado mucho.Julieta respondió:—Con que le pongas esa cara seria que tienes, seguro te obedece.—Si no me hace caso, se lo dejamos a Sofía. Cuando se enoja, toda la familia le obedece.—¿Entonces tú no piensas hacer nada?—Tú dedícate a descansar. Yo ayudo a Sofía.—Qué bien te organizas.Héctor dejó escapar una leve risa.—Si nos ponemos de acuerdo desde ahora, después no vamos a andar a las carreras.Julieta también sonrió y volvió la vista hacia la ventana.***En Casa Ibarra había mucho movimiento. Varias mujeres platicaban en la sala, mientras los hombres jugaban ajedrez y conversaban en el salón del ala este. Los niños corrían de un piso a otro, sie
Sergio volvió a Cumbres del Valle.Noemí acababa de tomar su medicamento y se había quedado dormida. Rocío estaba sentada junto a la cama.Al ver a Sergio en la puerta, le hizo una seña para que no hiciera ruido. Se levantó, salió de la habitación y cerró con cuidado.—¿Cómo está Gael?—El médico dijo que ya está fuera de peligro.Rocío suspiró, aliviada.—Qué bueno.—¿Cómo está Noemí?—Todavía está muy alterada.Sergio dijo:—Me puse en contacto con un psicólogo. Necesita recibir atención.Rocío guardó silencio unos instantes.—Por bueno que sea el psicólogo, también necesita que tú estés a su lado.Sergio respondió sin dudar:—Voy a estar con ella.Rocío apretó los labios y dijo, con culpa:—De verdad te debo una disculpa. Fui yo quien te metió en todo esto.Si no le hubiera pedido a Sergio que cuidara de Noemí, quizá las cosas no habrían llegado tan lejos. Pero en aquel momento no sabía a quién más recurrir.Sergio respondió:—No tienes que disculparte. Todo lo que he hecho ha si
Héctor frunció ligeramente el ceño.—¿Y qué piensan hacer con lo de Sergio?Fabián respondió:—Si de verdad quiere a Noemí, tendremos que aceptarlo. Tampoco exigimos que esté con una mujer de una familia con la misma posición que la nuestra.Hizo una pausa antes de continuar:—Hace unos días, mi mamá fue a Casa Quiroz a hablar con don Quiroz. Quería conocer a Noemí, pero no pudo verla. Gael la tiene demasiado vigilada.Gabriela ya no sabía qué hacer con Sergio. Había decidido conocer a Noemí para saber qué clase de persona era, pero no lo había conseguido.Don Quiroz, en cambio, se alegró de que estuviera dispuesta a visitarla y también buscaba la manera de que Gael la dejara salir.Fabián miró a Héctor.—A fin de cuentas, tú eres el principal responsable de todo esto.Héctor sonrió.—¿Cómo iba a saber que Sergio se enamoraría de Noemí?Fabián volvió la vista al frente.—De todos modos, desde el principio solo querías buscarle algo que hacer.Héctor no lo negó.—Eso solo demuestra que
Daniela miró a Mariana, quien la saludó con una sonrisa.—Hola, Daniela. Mucho gusto.Daniela le devolvió el saludo.—¿Eres la novia de Jairo?Mariana sonrió con naturalidad.—No, somos amigos. Me llamo Mariana. También soy amiga de Julieta.Al escucharla, Jairo tomó su vaso y bebió un poco de agua en silencio.Daniela sonrió y no hizo más preguntas.***La boda comenzó puntualmente a las once. Todos los invitados ya estaban sentados.Las luces de la cúpula del salón brillaban como estrellas.Alrededor de la tarima blanca colgaban guirnaldas de flores entrelazadas con tiras de cuentas transparentes que hacían brillar todo el lugar.La banda comenzó a tocar. El novio esperaba frente a la tarima.A una señal del maestro de ceremonias, las puertas dobles del salón se abrieron lentamente y la novia avanzó por el pasillo del brazo de su padre.La cola de su vestido estaba formada por capas de tul. Las pequeñas piedras brillantes y las perlas cosidas a mano destellaban con cada paso.Cuatr
Julieta y Mariana miraron a Jairo. Mariana no pudo evitar ponerse nerviosa.Jairo observó a Sofía, que seguía en sus brazos.—Todavía no lo sé.—Pues apúrate. Si Mariana se casa con alguien más, te vas a quedar sin esposa.Jairo se rio.—Sí que sabes de estas cosas. ¿Héctor te enseñó a decir eso?—Yo no tengo nada que ver —respondió Héctor.Julieta también intervino:—Ya deberías prestarle un poco más de atención a tu vida personal.Jairo la miró y asintió.—Sí, lo sé.Por un instante, sus ojos se encontraron con los de Mariana. Ella le sostuvo la mirada con calma.Jairo dejó a Sofía en el suelo.En ese momento, los padres del novio se acercaron a paso rápido. Como sabían que Héctor y Jairo asistirían, habían pedido al personal que les avisara en cuanto llegaran.El padre del novio les estrechó la mano con entusiasmo.—Señor Héctor, señor Jairo, bienvenidos.Cuando miró a Julieta, Héctor la presentó:—Ella es mi esposa, Julieta.—Mucho gusto, señora Julieta. Bienvenida.Ya sabía que







