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Capítulo 55

Penulis: Yamila Rivera
Julieta no pudo contenerse y le dio una bofetada a Malena.

La rabia fue tal que empezó a dolerle el vientre.

Jimena la sostuvo de inmediato y la llevó al hospital.

Malena y Renata se asustaron muchísimo.

Al ver que Héctor regresaba, lo primero que hicieron fue deslindarse de toda responsabilidad.

Las dos se quejaron con aire agraviado.

Al ver que Héctor mantenía de principio a fin una expresión indiferente, no lograban descifrar qué estaba pensando.

—¿Dónde está Julieta ahora? —preguntó Héctor
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    Julieta llevaba un vestido largo azul y un abrigo ligero de cachemira blanca que le daban un aire dulce y sereno.Bajó las escaleras, tomó a Sofía de la mano y se inclinó hacia ella.—Hoy también pareces una princesita.Sofía sonrió, feliz.Héctor se acercó. Julieta alzó la vista y lo vio vestido con un traje de gala azul rey. Su porte y la sonrisa que asomaba en sus labios suavizaban su seriedad habitual.El broche que llevaba en el pecho era igual al de ella.Se detuvo frente a Julieta. Se miraron unos instantes y, de pronto, él se inclinó y le dio un beso suave en los labios.Julieta abrió los ojos, sorprendida.—¿Qué haces? Sofía está aquí.Héctor sonrió y respondió con voz grave:—Te ves tan hermosa que no pude evitarlo.Sofía se cubrió los ojos, aunque espiaba a Julieta entre los dedos.—Mamá, yo no vi nada.Los dos bajaron la mirada hacia ella y soltaron una carcajada.—Bueno, vámonos.Héctor y Julieta tomaron a Sofía de una mano cada uno y salieron de la casa.***La boda se

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    Como era de esperarse, la voz de Carlos se volvió mucho más dulce al hablar con Camila.Camila preguntó:—Te extraño. ¿Cuándo vas a regresar?—Tengo que terminar mi trabajo antes de volver.Camila habló con voz mimosa:—¿Y cuándo vas a terminar? Hace mucho que no juegas conmigo. Regresa cuando empiecen mis vacaciones, ¿sí?A un lado, Irene levantó el pulgar a escondidas para felicitarla.Carlos se disculpó:—Perdóname, Camila. Últimamente he estado demasiado ocupado. Cuando termine y regrese, te acompañaré todo el tiempo que quieras, ¿de acuerdo?—¿Tampoco regresarás cuando yo esté de vacaciones? Ya no te preocupas por mí.Carlos guardó silencio un instante.La voz de Camila terminó por ablandarle el corazón.—Buscaré la manera de regresar unos días.—¡Sí!Carlos preguntó:—¿Estás con Irene?Irene hizo señas frenéticas para que Camila lo negara. Camila entendió y respondió:—Estoy leyendo sola en mi habitación. Mamá no está aquí.Sin embargo, en ese momento sonó detrás de ellas el est

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    Mariana dijo:—Si puede seguir tratándola así de bien, sería lo mejor.Por lo que decían, Rocío comprendió que las dos todavía guardaban cierto resentimiento hacia Héctor, pero tampoco sentía que tuviera derecho a juzgarlo.—Hoy me la pasé muy bien. La próxima vez que tengan tiempo, pueden ir a mi casa.Irene aceptó de inmediato:—¡Claro! Mariana solo tiene tiempo los fines de semana o después del trabajo, pero yo estoy disponible cuando quieran.Mariana la miró.—Es muy fácil sentir envidia cuando dices algo así.Irene extendió las manos.—¿Qué puedo hacer? Mi único talento es comer y divertirme. Tengo tiempo libre todos los días. No soy tan capaz como tú y Julieta, que han tenido tanto éxito profesional.Mariana alzó una ceja y la miró con desconfianza.—¿De verdad estás tratando de elogiarnos?Irene adoptó de inmediato una expresión seria y sincera.—Te lo aseguro. Cada palabra me salió del corazón.Rocío sonrió.—Cada persona lleva una vida distinta. Yo tampoco suelo tener demasiad

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    Irene masticó el trozo de carne y solo entonces reaccionó.—Perdóname, Rocío. Es que estoy muy contenta. Últimamente todos han estado ocupados y yo soy la única que no tiene nada que hacer. No es frecuente que podamos reunirnos así.Irene y Rocío tenían la misma edad; Rocío solo era dos meses mayor. Sin embargo, su carácter sereno y maduro hizo que Irene la viera como una hermana mayor, atenta y confiable.Rocío se limitó a sonreír.En realidad, estaba igual de contenta.Si no hubiera sabido que Irene y Carlos eran hermanos, jamás lo habría creído, porque tenían personalidades completamente distintas.—No pasa nada. Nunca había compartido una cena tan animada con amigas. Tal vez sea yo quien deba disculparse.Durante los años en que la familia Quiroz se mantuvo aislada del mundo exterior, Rocío casi no asistió a reuniones. Pasaba la mayor parte del tiempo dedicada a sus creaciones y solo tenía a Noemí a su lado.Aquella cena hizo que Rocío sintiera que, después de haber estado encerr

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