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La sustituta abandonada del Don
La sustituta abandonada del Don
作者: Crispy Coco

Capítulo 1

作者: Crispy Coco
—¿No te preocupa que Arabella lo descubra?

—No lo hará —Lorenzo hizo una breve pausa, como si saboreara cada palabra—. Es lista… pero me ama demasiado. Y el amor vuelve ciega a cualquiera. Nunca va a dudar de mí, ni aunque le mienta en la cara.

Una risa baja llenó la habitación.

El vaso de whisky se me escapó de los dedos. Cayó sobre la alfombra gruesa, apagando el sonido del vidrio al romperse.

Retrocedí un paso. Luego otro.

Las piernas no me respondían, como si de pronto se hubieran quedado sin fuerza… sin huesos.

Cuatro años de matrimonio.

Cuatro años creyendo que había encontrado a alguien que me protegería de todo.

A un hombre capaz de incendiar el mundo por mí.

Mentira.

Todo… había sido una maldita mentira.

Llevé la mano a mi vientre, mientras mi mente empezaba a traerme todo aquello que me negaba a ver.

El beso de Lorenzo cuando supo de mi embarazo… y la emoción en sus ojos.

La sonrisa extraña de Isabella afuera de la clínica.

Esas “reuniones familiares” tan frecuentes.

La forma en que me miró ayer… cuando rozó mi vientre.

El bebé que llevaba dentro…

No era mío.

El aire se me fue.

Caí sobre la cama sin fuerzas. No encendí la luz. No podía. Un frío intenso me recorrió el cuerpo, haciéndome temblar sin control. El estómago revuelto, la cabeza latiendo con fuerza.

Las lágrimas caían solas… y ni siquiera tenía energía para limpiarlas.

Entonces, pasos.

En el pasillo.

Lorenzo.

Me levanté de golpe, como pude, y apagué lo poco que quedaba de luz. Me escondí en las sombras, junto a la chimenea, abrazándome a mí misma.

—¿Arabella?

La puerta se abrió.

Su voz… preocupada. Perfecta.

—¿Por qué está todo oscuro?

Qué actor tan impecable.

—Estoy cansada —murmuré, obligándome a sonar tranquila.

Se acercó de inmediato y se arrodilló frente a mí.

—¿Te sientes mal? ¿Llamo al médico?

Su mano se deslizó por mi cabello con una suavidad que me revolvió el estómago.

—Estoy bien.

—Tienes que cuidarte —susurró—. Por nuestro hijo… por el heredero de los Falcone.

Cerré los ojos.

Y recordé.

Hace cuatro años.

Mi prometido e Isabella… juntos, sin vergüenza.

Las risas de toda la mafia de Chicago clavándose en mi piel.

Y entonces él apareció.

Lorenzo Falcone.

Me ofreció su apellido frente a todos. Me levantó del suelo como si fuera suya.

“Te voy a proteger”, me dijo.

“Nadie va a volver a lastimarte”.

Y yo… le creí.

Qué estúpida fui.

No era su esposa.

Era una inversión.

El Monet de tres millones… falso. Yo lo descubrí.

Las antigüedades… yo lo ayudé a evitar la trampa del FBI.

El cargamento en los muelles… gracias a mí no cayó en una emboscada.

Yo lo salvé… una y otra vez.

Y ahora entendía todo.

Cada caricia. Cada palabra dulce. Cada mirada.

Solo eran parte de la actuación.

—¿Arabella? —su voz me trajo de vuelta—. ¿En qué piensas?

Abrí los ojos y lo miré.

El fuego iluminaba su rostro… ese rostro que una vez amé.

Ahora solo veía una máscara.

—En nada —sonreí, aunque me dolía—. Solo… recordando.

—¿Recordando qué?

—La noche en que me pediste matrimonio.

Sus ojos se suavizaron al instante.

—La mejor decisión que he tomado.

Claro.

Porque elegiste a la más fácil de manipular.

Se inclinó y besó mi frente.

—Te amo, Arabella. Siempre.

Siempre.

Si no hubiera escuchado la verdad… habría vivido en esta mentira toda mi vida.

“¿Quieres jugar?

Perfecto.

Yo también sé hacerlo”.

Parpadeé despacio, dejando que una sonrisa tenue curvara mis labios.

—Estoy bien, Lorenzo. Solo cansada.

Mi voz salió perfecta. Suave. Creíble.

Él suspiró, aliviado. Volvió a besar mi frente.

—Así me gusta. Descansa.

“Claro.

Seré tu esposa perfecta…

Por tres días más.

Después de eso… seré yo quien destruya todo”.
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