FAZER LOGINViena no esperaba una tarjeta, pero le dará un buen uso jjjj ¿Cómo lo tomará Milo?
Viena PrinceMe tiemblan las piernas. Y me duelen un poco, también. No sé si es que llevaba un buen tiempo sin darle alegría a mi cuerpo, o si Milo ha dejado claro lo serio que es su intención de hacerme recordar este paseo.Ahora que salió un momento, para llamar a sus padres y comunicarles que estamos bien, aprovecho que me deja sola para levantarme del sofá y dar un vistazo al resto de la casa. Podría quedarme todo el día viendo el mar, pero mi curiosidad es mayor. Salgo del salón y tomo rumbo al pasillo que antes vi solo de pasada. Si no recuerdo mal, hay unas cuantas puertas cerradas en él. La primera que encuentro es una habitación de invitados. La decoración es sencilla, a juego con el resto de la casa; tiene el mobiliario básico y necesario, además de un baño privado. Me hace preguntarme si alguien ha venido, si ha invitado a algún amigo o a una de sus tantas… mujeres. «No te vayas por ese lado, Viena».Sacudo la cabeza de esos pensamientos que nada aportan y continúo mi
Milo PrinceEl corazón se me quiere salir del pecho. Mi respiración sigue demasiado agitada mientras me mantengo enterrado en Viena. No sé cómo continuar desde aquí. La belleza en mis brazos tiene las mejillas encendidas, los labios hinchados por mis besos y una expresión satisfecha que debería bastarme para sentir que he conseguido lo que quería.Pero no es así de sencillo.La tengo conmigo, desnuda, con el mar extendiéndose al otro lado del cristal y la luz gris de la mañana iluminándole el rostro. Hace apenas segundos tenía sus dedos aferrados a mí, pronunciando mi nombre de una manera que creía que nunca volvería a escuchar, pero ahora que el silencio comienza a instalarse entre nosotros, no sé muy bien qué hacer con todo lo que siento.He pasado años imaginando qué ocurriría si volvía a tenerla así. Durante mucho tiempo, esos pensamientos terminaban siempre de la misma manera, con el recuerdo de lo que sucedió entre nosotros y la certeza de que no podía permitirme olvidar. Sin
Viena Prince«¿Esto está sucediendo de verdad?».Miro a Milo a los ojos y siento que me derrito. En ellos no veo dudas, solo una cruda verdad que no me hace daño, pero sí me deja sin respiración.No sé cómo aceptar lo que acaba de decirme. El significado detrás de su confesión hace que las emociones exploten en mi interior, que los sentimientos crezcan y se vuelvan más intensos.Esta casa ha sido su refugio todo este tiempo, y es algo… nuestro. Al menos simbólicamente.Subo las manos a sus mejillas, y su barba ahora descuidada me pincha las palmas. Lo toco como si estuviera descubriéndolo, miro cada detalle de su rostro de esa manera que ansiaba hacerlo desde que volvimos a vernos. Él se deja, y se siente como la gloria.¿Cómo pasamos de un rencor estancado a… esto? No lo sé, pero no lo cambiaría por nada.El gris de sus ojos es hoy como el color del mar en el exterior, como esas nubes que cubren el cielo. Me pierdo en ellos y poco a poco soy consciente de que me levanto de puntillas,
Viena PrinceAbro los ojos lentamente y la luz que entra a través de las cortinas termina de despertarme. Parpadeo un par de veces, un poco desorientada, y me incorporo en la cama. O eso intento.Un cuerpo musculoso y tibio me lo impide.Miro a mi lado y el enorme cuerpo de Milo me da la bienvenida. A diferencia de mí, él no está desnudo, lleva una camiseta de mangas cortas que esconde los duros músculos que hay debajo. Su brazo me rodea por la cintura y por esa razón no logro levantarme del todo. Está profundamente dormido, boca abajo, con el otro brazo doblado debajo de la almohada. El pelo le cae desordenado sobre la frente y la manta le cubre hasta la cintura. Siento mis mejillas calentarse al recordar todo lo que pasó anoche. Sé que el vino me envalentonó, y no me enorgullezco teniendo en cuenta mis experiencias previas, pero no puedo arrepentirme de haberlo permitido, porque no sabía cuánto necesitaba sentirme así de nuevo.El recuerdo de su boca entre mis piernas regresa con c
Milo PrinceEscucho la voz de Viena y levanto la mirada con el corazón acelerado.Ella está sentada a los pies de la cama con el abrigo puesto. Sus ojos, antes cerrados, están fijos en los míos con una mirada que quisiera no poder reconocer. Pero sí lo hago. Y solo por eso, me obligo a no mirar demasiado, a mantener mi atención en su cara. Porque algo me dice que ella no lleva ropa debajo del abrigo.Un cosquilleo me recorre la espalda y me eriza todo el cuerpo. Me quedo congelado en el lugar sin saber qué hacer o qué decir ahora mismo.Sus mejillas están encendidas y sus ojos vidriosos.—Creo que te debo algo —susurra, poniéndose de pie. Sus manos se aferran al abrigo, para mantenerlo en el lugar, y trago en seco al confirmar mis sospechas.Doy un paso adelante, atraído hacia ella como una musa imposible de ignorar, pero me detengo antes de acercarme demasiado. Obligo a mis ojos a permanecer en su rostro, porque el deseo que me enciende las venas me golpea con fuerza, pero a la vez re
Milo PrinceConduzco con un suave villancico de fondo. Viena va completamente dormida en el asiento a mi lado y eso, al menos, me permite pensar. El trayecto no es largo, pero voy lo más suave y responsable que puedo, teniendo en cuenta que el clima no es el mejor para estar conduciendo.Cada año suelo hacer este viaje, aunque nunca antes lo he hecho justo este día. Desde que hace años compré la propiedad en Montauk ha sido una constante en mi vida. La casa no es enorme como la mansión donde pasamos las fiestas con mi familia, pero es justo lo que necesito cuando quiero alejarme de todo. Pocos minutos después, aparco el auto en el camino de entrada y lo apago. El silencio se hace de inmediato, solo se escucha la tenue respiración de Viena. La miro, con la cabeza recostada a mi asiento, y con un suspiro atorado en el pecho. Con los ojos cerrados y la expresión relajada, se ve demasiado dócil. Sus labios rosados sobresalen un poco y atraen toda mi atención, así como esa ligera sombra







