LOGINTras aquel intenso encuentro, la bruma del baño comenzó a disiparse lentamente. Luciano me ayudó a salir de la ducha y me acompañó con una delicadeza que me desarmó por completo mientras nos secábamos, envolviéndome en una bata de baño esponjosa y secando mi cabello con paciencia. Me dejé hacer entre las cálidas manos de ese hombre, que me mimaba y consentía sin reparos. Por primera vez en mi vida me sentía profundamente querida, cuidada, como si cada centímetro de mi piel fuera algo valioso para él.Inevitablemente, la sombra del pasado volvió a colarse en mis pensamientos. Recordé cómo eran las cosas con Adrián... Inmediatamente después de un encuentro íntimo, él simplemente me dejaba ahí tirada en la cama, dándome la espalda o levant&aacu
Sus palabras se desvanecieron lentamente en el aire, dejando paso a una tregua silenciosa. Ambos reanudamos el desayuno. Tomamos el café y compartimos las tostadas en un mutuo y cómodo silencio, con las miradas cruzándose de vez en cuando.Cuando terminamos, Luciano dejó su taza sobre la bandeja y se quedó observándome. Una sonrisa divertida y traviesa se dibujó en sus finos labios. Antes de que pudiera procesar su intención, sus poderosos brazos me rodearon y me levantó de la cama con total facilidad.—¡Ay! —grité de sorpresa, soltando una exhalación ahogada.El movimiento fue tan vertiginoso y repentino que la sábana que me cubría se deslizó por completo, cayendo en un montón sobre el colchón y dejándome al descubierto, c
—Vamos, cara, come algo —dijo Luciano, tomando una tostada del carrito que la empleada había dejado y acercándola a mis labios.Al principio dudé; por Dios, aún estaba desnuda debajo de esas sábanas, pero el hambre y la calidez en su tono terminaron por convencerme. Mordí un poco mientras él me observaba con esa atención exclusiva, como si viera algo verdaderamente preciado, haciéndome estremecer.—Ya mandé a preparar la ropa que usarás esta noche —comentó con total naturalidad, mientras me tendía la taza de café—. Te servirá para la fiesta de esta noche, así te libero de esa preocupación.El recuerdo de todo lo que pasó los últimos dos días llegó de golpe, como si se hubieran borrado despué
El temblor se fue apagando poco a poco, dejándome liviana, casi sin fuerzas, sostenida solo por el calor de su cuerpo. Luciano se acomodó aún sobre mí; retiró los dedos muy despacio, con un cuidado de mi sensible intimidad, y se quedó allí, su respiración tranquila mezclándose con la mía en el silencio suave de la habitación.Cerré los ojos recuperando el aliento, sintiendo cómo mi corazón volvía a latir con normalidad, y sin querer, la mente se me fue hacia atrás. Pensé en Adrián… en lo poco que compartíamos la cama, en sus excusas eternas de trabajo… y ahora sé que todo eran mentiras… Me engañaban y yo les entregaba mi cuerpo y cariño creyendo en sus palabras. Sentí un asco frío al recordar esas pocas veces: momentos vacíos, rápidos,
Estaba anidada en el abrazo de Luciano. Su rostro estaba relajado en el sueño, la dureza de su mandíbula suavizada. Se veía increíblemente vulnerable, y por un momento, sentí un torrente de afecto puro, desprovisto de deseo.Giré con cuidado en sus brazos para mirarlo. Su rostro de cerca era hipnótico. Llevé mi mano y acaricié la línea de su ceja.En ese instante, sus ojos se abrieron. No hubo sobresalto, solo una calma y adoración que me abrumó, sus ojos recorrieron mi rostro, haciéndome estremecer ante su atención.—Buenos días, Cara —dijo, su voz ronca por el sueño, pero su mirada ya se encendía con la llegada de lo que claramente debieron ser los recuerd
La camisa cayó al suelo con un susurro irrelevante.Luciano me inclinó ligeramente hacia atrás, sobre el borde del sofá, y en lugar de besar mis labios, comenzó un descenso lento y ardiente por la curva de mi cuello, mi clavícula y más abajo. Cada contacto de su boca era un fuego que se extendía.Yo arqueaba mi espalda hacia él, buscando más, gimiendo su nombre.—Luciano... por favor...Él alzó la cabeza y me miró desde abajo, sus ojos oscuros como el café sin azúcar, llenos de intención.—La prisa es de novatos, Cara —murmuró, su aliento caliente—. Quiero que recuerdes cada segundo de cómo esto empieza. Quiero que lo sientas quemar lento.Y luego, su mano se movió desde mi espalda baja, ejerciendo una presión firme que me hizo pegar mi cadera contra el bulto duro que ya no podía ignorar. El contacto me hizo gritar su nombre, pero él ahogó el sonido con un beso profundo y dominante, reclamando su respuesta.El beso era una toma de posesión, un vórtice que me absorbía por completo. Luc







