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29 Entrega Total

Autor: everblue
last update Data de publicação: 2025-12-16 09:31:17

La camisa cayó al suelo con un susurro irrelevante.

Luciano me inclinó ligeramente hacia atrás, sobre el borde del sofá, y en lugar de besar mis labios, comenzó un descenso lento y ardiente por la curva de mi cuello, mi clavícula y más abajo. Cada contacto de su boca era un fuego que se extendía.

Yo arqueaba mi espalda hacia él, buscando más, gimiendo su nombre.

—Luciano... por favor...

Él alzó la cabeza y me miró desde abajo, sus ojos oscuros como el café sin azúcar, llenos de intención.

—La p
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Último capítulo

  • La venganza de la prometida abandonada    30 Placer al despertar

    Estaba anidada en el abrazo de Luciano. Su rostro estaba relajado en el sueño, la dureza de su mandíbula suavizada. Se veía increíblemente vulnerable, y por un momento, sentí un torrente de afecto puro, desprovisto de deseo.Giré con cuidado en sus brazos para mirarlo. Su rostro de cerca era hipnótico. Llevé mi mano y acaricié la línea de su ceja.En ese instante, sus ojos se abrieron. No hubo sobresalto, solo una calma y adoración que me abrumó, sus ojos recorrieron mi rostro, haciéndome estremecer ante su atención.—Buenos días, Cara —dijo, su voz ronca por el sueño, pero su mirada ya se encendía con la llegada de lo que claramente debieron ser los recuerd

  • La venganza de la prometida abandonada    29 Entrega Total

    La camisa cayó al suelo con un susurro irrelevante.Luciano me inclinó ligeramente hacia atrás, sobre el borde del sofá, y en lugar de besar mis labios, comenzó un descenso lento y ardiente por la curva de mi cuello, mi clavícula y más abajo. Cada contacto de su boca era un fuego que se extendía.Yo arqueaba mi espalda hacia él, buscando más, gimiendo su nombre.—Luciano... por favor...Él alzó la cabeza y me miró desde abajo, sus ojos oscuros como el café sin azúcar, llenos de intención.—La prisa es de novatos, Cara —murmuró, su aliento caliente—. Quiero que recuerdes cada segundo de cómo esto empieza. Quiero que lo sientas quemar lento.Y luego, su mano se movió desde mi espalda baja, ejerciendo una presión firme que me hizo pegar mi cadera contra el bulto duro que ya no podía ignorar. El contacto me hizo gritar su nombre, pero él ahogó el sonido con un beso profundo y dominante, reclamando su respuesta.El beso era una toma de posesión, un vórtice que me absorbía por completo. Luc

  • La venganza de la prometida abandonada    28 Limite de el Quiebre

    Para mí, el día pasó como un borrón. Documentos, llamadas, reuniones interminables y esa presión en el pecho que no me abandonó ni un segundo. Revisé cada prueba una y otra vez; quería asegurarme de que mañana nada pudiera fallar. Quería ver sus caras —las de Adrián y Lucía— cuando la verdad cayera sobre ellos como un hierro candente. Que sintieran, aunque fuera por un instante, la misma humillación que ellos celebraron juntos… como si mi dolor hubiese sido un chiste privado.No los perdonaría. No podía.Que vinieran mañana, si podían.Que sintieran la desesperación que me arrancó el aire cuando descubrí que me habían arrebatado a mis bebés.Dios, cómo los odiaba.Me di cuenta de que estaba apretando la manta entre mis dedos cuando mi labio tembló. Tragué saliva. Mañana… mañana todo terminaría. O al menos, eso esperaba.Seguía en el penthouse de Luciano; me refugié allí para evitar verlos antes de tiempo. No podía enfrentar a Lucía acariciándose el vientre con esa paz que no le perten

  • La venganza de la prometida abandonada    27 El Umbral del Deseo

    Yo era la que estaba a punto de devolver cada golpe con una verdad.Él bajó ligeramente la mirada a mis labios, y los recuerdos de anoche me golpearon: su mano sosteniéndome el rostro, su pulgar rozando mi herida con una delicadeza que dolía… y ese casi–beso que se quedó suspendido en el aire como una deuda pendiente.—Si vuelves con él ahora —dijo despacio, como si midiera cada palabra—, terminará por destruirte antes de que puedas derribarlo.Mi pecho se tensó.Él no sabía nada aún del plan completo…Pero entendía la esencia: que lo que yo estaba por hacer no era huida, era ataque.—Tú no naciste para arrastrarte detrás de nadie, cara mía —añadió—. Naciste para verlo caer desde arriba.Una descarga eléctrica me recorrió la columna.Porque era cierto.Adrián nunca sospechó que la mujer “sumisa” que lo esperaba en casa era la misma que en dos días iba a exponerlo frente a toda la junta. Con su propio dinero robado. Con su amante embarazada como prueba viviente de su traición.Luciano

  • La venganza de la prometida abandonada    26 A solo un paso

    Luciano no pareció conforme con mi respuesta. Dejó la taza sobre la mesa y se inclinó un poco hacia mí, acortando la distancia. —¿Y eso fue todo? —preguntó, con voz suave pero cargada de una firmeza que me hacía sentir desnuda ante él.Mi respiración se volvió irregular. Sentía su mirada recorrer mi rostro, hasta detenerse en mis labios.Cuando su mirada se clavó en mis labios, todo volvió: la noche anterior, la cercanía sofocante, esa mirada casi depredadora y el deseo brutal que me recorrió cuando estuvo a punto de besarme. Sentí de nuevo el calor de su aliento, la promesa contenida en ese gesto que no llegó a consumarse.Antes de que pudiera formular la excusa para ocultar la verdad del golpe —antes de que él dijera palabra sobre mi labio lastimado, pues ya lo había visto—, tomé la taza que me había preparado y bebí. El café me quemó la lengua por un instante y el amargo inundó mi paladar; fue como si el sabor despertara todas las sensaciones contenidas. Noté las mejillas arder y e

  • La venganza de la prometida abandonada    25 El calor de su cercanía

    Él apagó la luz principal, dejando solo las lámparas laterales encendidas. El ambiente se volvió más cálido, más íntimo.—Debes descansar, cara mía. —Su tono era casi una orden, pero su mirada… su mirada decía otra cosa.—No creo poder dormir —admití.Luciano sonrió apenas, esa sonrisa que parecía un secreto.—Inténtalo. Estás a salvo aquí.Sus palabras me atravesaron de nuevo, directas, suaves, peligrosamente dulces. “A salvo.” Nadie me decía eso. Nadie lo hacía sonar tan convincente.Lo vi alejarse hacia una de las habitaciones, y mi cuerpo por fin cedió al cansancio. Me acomodé en el sofá, dejando que la tela suave del cojín rozara mi mejilla. Pero cuando cerré los ojos, lo vi otra vez: su mirada, el roce de su pulgar, la tensión que había entre nosotros.Y, por primera vez en mucho tiempo, el miedo se mezcló con algo más fuerte.Deseo.Dormir fue imposible. Cada vez que intentaba, su voz regresaba a mi mente, suave y posesiva, repitiendo en un susurro imaginario:Cara mía…Me di l

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