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Capítulo 3

Author: Cocojam
—Sienna —murmuró papá contra la puerta—. Te traje un chocolate. Come algo dulce y deja de estar enojada con nosotros.

Floté frente a él y me agaché para mirarlo. Tenía los ojos inyectados en sangre. Las arrugas a su alrededor eran más profundas que el año anterior y su cabello ya mostraba destellos grises. Apenas tenía cuarenta y cinco años, pero parecía un anciano recién sacado del infierno.

—Papá, estoy aquí. Estoy muerta. Por favor, entra y mírame —susurré en el vacío.

—¿Sienna? —insistió, y empujó el chocolate por debajo de la puerta.

Estiré la mano para tocarle el rostro. Mis dedos lo atravesaron sin encontrar resistencia. Él soltó un hondo suspiro, cargado de decepción.

—Esta niña... todavía guarda rencor. —Empujó el dulce a través del resquicio de la madera con la punta de su zapato lujoso—. De acuerdo. Quédate ahí. Pero no causes más problemas. Cuando tu hermana ya no esté... papá te compensará por todo.

No esperé a que me descubriera. Miré su espalda hasta que se fue y murmuré una respuesta que él jamás escuchó:

—No tienes que hacerlo, papá. No hace falta que me compenses con nada.

Nunca volverás a tener la oportunidad.

Tras la partida de mi padre, el silencio reinó en el pasillo. Un ruido sutil provino del salón. Mamá salió de la habitación de Vivian y cerró la puerta con sumo cuidado. Se quedó de pie en el corredor, con la mirada perdida en el vacío. Observó la entrada del sótano con los labios apretados. Parecía carcomida por la culpa. Al final, avanzó y se agachó en el mismo lugar que mi padre.

—Sienna... —murmuró—. No culpes a mamá, ¿de acuerdo? Sé que estás herida. —Continuó hablando mientras sus dedos acariciaban los tallados de la puerta—. Pero a tu hermana le queda un solo día. Deja que disfrute esto. Permite que se vaya feliz, ¿puedes hacerlo?

Floté frente a ella. Noté la humedad en sus ojos. Se secó las lágrimas de prisa, como si temiera que alguien la viera.

—Cuando tu hermana ya no esté, mamá te comprará un Ferrari último modelo. Te llevaré a Milán para que conozcas los desfiles de moda. Y te llevaré a las joyerías de la familia en la Quinta Avenida, siempre quisiste esas joyas, ¿verdad? Mamá te las entregará todas.

Una lágrima se escurrió por su mejilla. Cayó al suelo y formó una mancha oscura.

—Mamá te dará todo... así que hoy, solo por hoy, deja de causar problemas, ¿sí?

Esperó una respuesta. El sótano guardó un silencio sepulcral. La tristeza en el rostro de mi madre se desvaneció para darle paso a la ira. Se puso de pie de un salto, aunque trastabilló un poco.

—¡Eres una niña malagradecida! —bramó con la voz quebrada por la furia—. ¡No tienes compasión! ¡¿Después de todo lo que hicimos por tu hermana?! ¡Nos apuñalas por la espalda!

Dio media vuelta y se alejó con la espalda recta.

La fiesta estaba a punto de comenzar. El rugido de un motor hizo eco en el exterior. La antigua líder de la familia, mi abuela, Donna Caterina, ingresó a la mansión rodeada por sus guardias. Llevaba una caja de música antigua en las manos. La abuela tomó asiento en el sofá de cuero. Su mirada, tan afilada como siempre, recorrió la sala y frunció el ceño.

—Valeria. ¿Dónde está Sienna? —indagó.
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