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Me Casó por Deuda y Ahora Llora por Mí

Me Casó por Deuda y Ahora Llora por Mí

โดย:  Lotusจบแล้ว
ภาษา: Spanish
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Anthony Voss se dio cuenta de que llevaba una semana sin pedirle dinero. Casi nunca me escribía, pero esta vez hasta se dignó a elogiarme: "Cariño, por fin aprendiste a comportarte como una verdadera Donna. Ya ordené que le hicieran llegar a tu madre el medicamento de esta semana. Mientras seas obediente y no pidas más de la cuenta, puedo darte todo lo que quieras." Él no sabía que, cuando recibí ese mensaje, yo estaba imprimiendo los papeles del divorcio. Llevaba puesto un vestido viejo de hacía tres años. Nadie creería que la Donna, tan deslumbrante ante todos, en privado tuviera que pedirle dinero hasta a Elena Brooks, la asesora del Don, para comprarme unos tampones. Ni siquiera podía salir de casa sin pedir permiso con tres días de anticipación. Anthony siempre decía que era por mi bien. —Afuera es demasiado peligroso, cariño. Tú quédate en casa y pórtate bien. Pero hace una semana, cuando mi madre estaba agonizando, le rogué a Elena que se saltara el trámite. Elena me mantuvo encerrada varios días. No me dejó salir hasta que mi madre ya había dado su último aliento. Mi madre murió. Y yo no pienso seguir aguantando ni un día más.

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บทที่ 1

Capítulo 1

—Quiero el divorcio. Ya firmé los papeles.

Dejé los papeles sobre su escritorio.

—No empieces —ni siquiera me miró; seguía con los ojos clavados en los informes—. Esta noche tengo un compromiso. No tengo tiempo para seguirte el juego.

—No estoy armando ningún drama —recalqué cada palabra—. Quiero divorciarme.

Por fin levantó la vista. En sus ojos apareció el desagrado.

—Sabes que no me gustan las bromas de ese tipo.

Varios subordinados se retiraron discretamente. Al pasar junto a mí, me miraron con lástima.

—No estoy bromeando.

Apreté los puños y me obligué a sostenerle la mirada.

Anthony se puso de pie. Su figura alta se cernió sobre mí, y el olor de su colonia mezclado con el humo del puro me cerró la garganta.

—Cariño… —me rodeó la cintura y me atrajo contra él. Luego me habló al oído—. El medicamento de tu madre cuesta mil dólares por pastilla. Toma seis al día. Si me dejas, ¿quieres verla morir?

Apreté los dientes hasta hacerlos rechinar. Hubo un tiempo en que me fascinaba esa forma suya de imponerse. Ahora solo me producía asco.

—¡Ya no necesito tu medicamento! ¡Mi madre murió! ¡Lo único que quiero es que firmes!

Lo empujé y se lo grité.

Se le ensombreció la mirada al instante.

—¿Ahora hasta te atreves a mentirme con algo así? Elena me enseñó esta mañana un video de tu madre dando un paseo.

Abrí los ojos de golpe. Justo cuando iba a negarlo, su asesora apareció en la puerta.

—Señor, tenemos que salir.

Él se apartó de mí de inmediato y se fue, dejándome una sola orden:

—Ya basta. Cuando vuelva, hablamos.

Pero yo sabía que no habría conversación. A sus ojos, esto no era más que otro de mis supuestos dramas. Antes de que pasaran cuatro horas, yo terminaría buscándolo para disculparme.

Yo, la de antes, sí habría hecho eso. En aquel tiempo me aterraba que, si lo hacía enojar, le cortara la medicación a mi madre. Por eso aceptaba todo con una sonrisa.

Incluso cuando me humillaban en la cara, incluso cuando decían que yo era una arrastrada.

Yo fingía no oír nada.

Pero esta vez era distinto.

Si hace una semana él se hubiera dignado a escucharme hasta el final de aquella llamada, quizá incluso ahora yo seguiría engañándome y llamando amor a todo aquello.

Pero en cuanto empecé a suplicarle, Elena me arrebató el celular y me cortó en seco:

—¿Otra vez quiere salir a comprar las joyas de la nueva temporada? Pero últimamente la situación está delicada. Usted ni siquiera sabe disparar… mejor no salga a complicarle las cosas al Don.

—¡No es eso! Es mi madre…

—Su madre está muy bien.

Me interrumpió otra vez con aquella voz suave e impecable.

—Hoy pasé a verla especialmente. Tenía muy buen apetito. Aunque quiera salir, tampoco debería bromear con la salud de su madre, ¿no le parece?

Pero en las fotos que la cuidadora me había mandado a escondidas, mi madre ya estaba empeorando. Se le iba la vida.

Iba a explicarlo, pero Anthony me cortó con impaciencia.

—Basta, Isabella. Estoy ocupado. No tengo tiempo para escucharte mentir. Siempre inventas algo para salir a divertirte. La vez pasada dijiste que te dolía una muela, y ahora hasta usas a tu madre como excusa. Haz lo que diga Elena. Ella es la profesional. Sabrá cómo cuidarte.

Así resolvía él todas mis peticiones.

Yo era la Donna y, aun así, tenía que pedirle permiso a Elena hasta para comprar tampones.

Salir de casa era todavía peor.

Ella siempre encontraba una razón para rechazarme.

—Su motivo para salir no es lo bastante válido. Si le duele la muela del juicio, tómese primero un analgésico.

—¿Rescató a un gatito que se tragó pesticida? Eso no entra en mis funciones.

—¿Tampones? Que te los consiga alguna empleada.

Al final, aquella muela del juicio terminó saliéndome torcida y jamás llegó un médico.

El gatito dejó de respirar en la palma de mi mano.

Y las empleadas de la mansión me miraban con la misma lástima de siempre.

Anthony nunca tardaba cuando se trataba de mandar a la mansión vestidos y joyas nuevas de cada temporada. Pero todas esas cosas terminaban encerradas bajo llave, y yo ni siquiera tenía derecho a tocarlas.

Qué absurdo: mi madre estaba a punto de morir, y yo seguía llenando una solicitud de salida interminable.

Elena apenas la vio un segundo antes de devolvérmela.

—Las salidas deben solicitarse con tres días hábiles de anticipación. Espere tres días.

Yo estaba desesperada. Llorando, le rogué:

—Aunque sea déjeme salir dos horas. De verdad, mi mamá ya no puede más.

Ella sonrió.

—¿Ah, sí? Pero cuando a alguien le toca morirse, aunque usted vaya a verlo, igual se muere. Mi deber es velar por su seguridad. Sin una razón válida, no puedo dejarla salir.

Todas mis llamadas a Anthony también quedaron sin respuesta.

Tres días… Cinco días… Siete días.

Hasta que la cuidadora me mandó la foto de mi madre ya sin vida.

Si antes todavía podía seguir engañándome y llamar a todo eso "protección" o "amor", ya no.

Mi madre había muerto. ¿Qué razón me quedaba para no escapar de aquella jaula?

Tragué las lágrimas que me quemaban y aparté ese recuerdo. Luego empecé a recoger mis cosas.

De pronto, la pantalla del celular se iluminó: Elena me había reenviado una publicación.

Era una publicación de ella. En la foto, aparecía de pie a su lado, levantando una copa para celebrar una nueva alianza.

El texto decía: "El día a día con mi jefe".

Yo todavía no había dicho nada cuando Anthony me mandó otro mensaje, esta vez en tono de orden:

"¿Ya viste la publicación de Elena? No pienses tonterías. Te lo repito: entre ella y yo solo existe una relación de jefe y subordinada. Últimamente la familia está tratando de regularizar parte de sus negocios. No quiero que nadie piense que la asesora de la familia y la Donna se llevan mal."

Siempre que se trataba de ella, él aparecía de inmediato.

No pensaba responderle, pero la rabia que llevaba dentro no había manera de tragármela. Ya no me quedaba nada. ¿Qué más podía temer?

Con una mueca fría, respondí a la publicación:

"Todas las familias deberían contratar a Elena como asesora. Al fin y al cabo, no cualquiera se atreve a recortarle la libertad a la Donna y a convertir el más mínimo permiso en una demostración de poder. Cuando por fin logres ocupar mi lugar, ojalá seas igual de ‘imparcial’ contigo misma."

Después de enviarlo, la opresión en el pecho cedió un poco.

Metí el último vestido sencillo en la maleta.

Aquellos vestidos de gala que nunca sentí míos, esa mansión llena de cámaras, la necesidad de control de Anthony disfrazada de amor…

Nada de eso volvería a atraparme.

Entonces el celular vibró de repente: Anthony estaba llamando.

Le colgué sin pensarlo.

Con la misma frialdad con la que él me había colgado a mí cuando mi madre se estaba muriendo.

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ความคิดเห็น

Pame Tamy Calahuara Ajhuacho
Pame Tamy Calahuara Ajhuacho
Al autor o autora: la historia termina ahí? No habrá epilogo, reseña u otro capítulo? De ser así, lamentablemente no me gustó. Tenía más espectativas de la historia.
2026-06-03 05:12:50
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