INICIAR SESIÓNCapítulo 21
Esta noche no hay sueños, ni pesadillas, solo una oscuridad calmada y pacífica, y cuando despierto estoy acostado de lado sobre el hombro de Pol, su brazo pasa por detrás de mi cabeza y reposa en mi espalda. Está tan tibio, y el ambiente frío del lugar lo hace más reconfortante. Paso mi mano por su pecho desnudo, y de nuevo descubro esa línea de vellos que cubre sus pectorales y hace una línea delgada que se pierde en su ombligo, y lo sigo acariciando con suavidad, perdiéndome en cada sensación, en los abdominales bien definidos, y sus enormes piernas enredadas en las mías. De algo tubo que servir toda una vida de entrenar y formarse.
—No sabía que te gustaran velludos —me habla al sentir que llevo buen rato acariciándole el pecho. Me encojo de hombros.
—Nunca me había puesto a pensar en eso, solo sé que en ti me encanta —sonrío. Se voltea de lado hasta que quedamos frente a frente, me abraza y acaricia mis glúteos desnudos.
—Siempre me han gustado los hombres nalgones —suspira el olor de mi cuello —pero los tuyos siempre me han excitado sobre manera… si supieras cuantas veces me he masturbado en tu nombre.
—¡Oye! —lo empujo un poco.
—Si supieras cuantas veces he soñado amanecer así contigo —me abraza, no con fuerza, pero si con una profundidad que se me antoja cursi…y bonita. Nos quedamos así un largo rato.
Han pasado un par de días, y aunque Pol se ha desvivido por entretenerme todo el tiempo, no he dejado de pensar en las cosas que están pasando en la comunidad, en que Marian corre peligro y no puedo hacer nada. La verdad, los pequeños ratos que logro olvidarme de eso la paso muy bien, al principio tenía un poco de agorafobia, pero acá la gente no me presta atención, soy solo uno más del montón y la ciudad tiene miles de cosas por hacer. El presidente nos envió una tarjeta de plástico que paga todo lo que queramos, no sé como funciona exactamente, pero Pol no desperdicia la oportunidad de usarla para comprar helado y pan, malteadas de cosas raras e ir al cine, que es de las cosas que más me han impresionado, el proyector tiene mucha más calidad que el de Emma y la pantalla es mil veces más grandes. Hubo una película que me gustó de sobre manera, en que un grupo de humanos con poderes salvan a la ciudad de Oz de un terrorista, la vimos dos veces.
—¿Qué hora es? —pregunto después de un rato y él se encoje de hombros.
— No sé, igual vendrán por nosotros a la hora de ver al presidente.
—Tengo, un poco de miedo — suspira.
—Yo ya no —dice —No creo que nos hagan daño, no sé qué querrán, pero si quisieran hacernos algo, no nos hubieran curado, y mucho menos nos hubieran dado esta maravilla—toma la tarjeta azul y la agita frente a mi cara —acepto con un asentimiento de cabeza, le quito la tarjeta de la mano y lo miro a los ojos, a ese azul profundo, me acerco y roso mi nariz con la suya, y luego lo beso, lento y profundo. Un golpe en la puerta nos obliga a separarnos.
—Jóvenes — habla Rombru desde afuera —Ya es hora.
Pol me besa en la mejilla y se pone de pie.
Rombru nunca nos deja solos, va a cualquier parte con nosotros sin perdernos pista, me recuerda a cada rato que no estamos de vacaciones y parecemos más como prisioneros con privilegios. Recuerdo la cara que puso la primera noche, cuando Pol le dijo que yo no necesitaba otra habitación, que dormiría con él. Creo que es la única vez que lo vi sonreír. Mi cara se puso tan roja.
—Hay mucha gente en la calle — dice Pol — y mucho ruido, lo vi esta mañana, las ventanas no dejan entrar el sonido, ¿te imaginas? Ventanas que no dejan entrar el ruido —lo observo vestirse —no me morbosees, Aleck, no somos novios todavía —se ríe y me pongo de pie.
—Por ahora — desaparezco por la puerta del baño antes de que vea que me pongo rojo como un tomate, y mientras me lavo la cara, sin ninguna excusa para distraerme, pienso de nuevo en Marian. ¿qué será de ella? ¿estará sola? No sé ni cuánto tiempo me quedo mirando mi reflejo en el espejo, tengo la piel bonita y saludable, las marcas de los cortes de los murciélagos desaparecieron al segundo día, me quedo ahí hasta que Pol me habla desde atrás.
—Ella estará bien.
—No sé — lleno de crema dental el cepillo, y no me preocupo cuando se me va la mano y le pongo más de lo necesario.
—Hay que hablar con el presidente —dice y rodea mi cintura en un abrazo tierno y fogoso, luego entierra su cara en mi cuello, y a través del espejo veo que le toca agacharse un poco —le contaremos todo, y le pediremos ayuda, seguramente intervendrá.
—No creo, la primera vez que hicieron un golpe de estado en la comunidad no lo hicieron.
—Hay que intentar, Aleck.
—Está bien —me uno más a su abrazo —¿Por qué hace tanto frio aquí?
—Estamos a cientos de metros bajo tierra, supongo que es por eso, pero lo curioso es que el agua se calienta sola.
—¿Sí? No me habías enseñado —él sonríe, super animado, saca la cara de mi cuello y me mira a través del espejo.
—¿Quieres que nos bañemos juntos? —pega su cintura al arco de mi espalda y siento su erección topar con mis nalgas. Entro en pánico.
—¡No! —grito.
—¿No?
—Digo, sí. Digo, me encantaría, solo que nos tardaríamos más, estamos retrasados — me abraza con más fuerza.
— Todo va a estar bien, te lo prometo— sale del baño canturreando una canción.
Más promesas.
La ropa que tiene Pol para mí cuando salgo del baño me parece algo exagerada: unos pantalones de tela oscura, negros y una camisa azul, con mangas hasta la muñeca y botones . La ropa que he usado esta semana es más…sencilla. Me comienzo a vestir sin decir nada y él se dirige al baño. Al cabo de unos minutos estamos parados frente a la puerta de la habitación. Me resisto para no mirar el redondeado y respingón trasero de Pol que se marca perfectamente gracias al ajustado pantalón, su camisa tiene el mismo diseño que la mía, solo que color blanco.
—Entrenar nuestros glúteos no estaba en la rutina de ejercicio que tenemos desde niños — le digo y se encoje de hombros —no me vallas a decir que haciendo piernas crecieron mágicamente.
—Bueno, ya sabes, siempre veía que me mirabas el trasero.
—Yo no...
—A demás, tú tampoco estás tan mal —me da una pequeña nalgada.
—Claro que también entrené mi trasero por separado, Edward me hacía hacerlo, pero no me ensañe con él como tú.
—Estás diciendo que te gustan mis pompas — ahora yo me encojo de hombros — sentí que las apretabas bastante anoche mientras te hacía el amor —habla con una voz suave y sensual, así como si tratara de seducirme.
—Había qué aprovechar ¿no?
—Aprovechaste muy bien cuando tenías mi…
—¡Pol! —le golpeo al hombro.
—¿qué? —hace silencio un momento —¿Dónde aprendiste a hacerlo…? ¿ya sabes? —hace movimientos con su cabeza, como si le hiciera un oral al aire — genial —dejo de mirarlo, seguro que tengo la cara tan roja como de costumbre cuando me avergüenzo —seguro tienes mucha experiencia — esa última frase le sale diferente. Ahora lo miro, está serio… está celoso.
—Jamás se lo hice a nadie — me mira, con una pequeña sonrisa entre sus labios. Si nos vamos a poner celosos por cosas que “hicimos” antes de anoche, pues.
—Aguantas mucho, y tienes talento con la cadera, tú sí que tienes experiencia — sonrío con suficiencia y lo miro, su sonrisa se borra, luego la mía. Mira un punto indefinido en la puerta cuando me habla.
—Me acosté con una chica una vez, yo ya creía que era gay, y quería comprobarlo, bueno, no me gustó, y de ahí en adelante me acosté con unos cuantos chicos, nada serio. Ninguno eras tú —suelta una risa amarga —¿puedes creerlo? Te he querido desde que teníamos, no sé, dieciocho, y no te voy a negar que en la cama de ellos la pasé muy bien, e incluso en algún momento me olvidé de ti, pero después de que todo acababa solo quedaba yo nuevamente… solo yo, y cada vez que me acostaba con alguien te quería más, y ese vacío en el pecho se hacía más grande. Un día decidí dejar de hacerlo y ya.
“Anoche fue tan distinto, Aleck. Por primera vez sentí qué era de verdad estar con alguien —suspira y veo cómo se humedecen sus ojos —y al despertar ya no tuve que imaginar que eras tú el que dormía a mi lado, por que eras tú. Lo siento —se excusa parpadeando barias veces para evitar llorar —sabes que siempre he sido un llorón.
—Nunca me di cuenta —Me excuso — ¿Y por qué nunca me hablaste? —me mira y sonríe.
—Lo intenté, pero siempre estabas tan encerrado en tu mundo que… solo dejabas entrar en él a Edward, ¿sabes cuantos años estuve celoso de él? Lo que te dije ese día que discutimos en capricornio, si lo pensaba, solo que no con tanta rabia, eras muy cerrado, creo que aún lo eres, pero ya no conmigo —pasa su mano sobre mi hombro y me besa en la cien.
—Yo siempre te veía con chicas —ahora soy yo el que mira a la pared —pensé que eras hetero así que me hice una pared invisible entre tú y tus nalgotas —ambos reímos —temía tanto hablarte, te veías tan seguro de ti mismo que yo… me intimidabas.
—Las chicas sabían que yo era gay, son buenas para guardar el secreto de un hombre, pero pésimas para hacerlo entre ellas —sonrío y hacemos silencio un momento —Fuimos unos tontos —entrelazo los dedos de mi mano con la suya y lo miro a los ojos, y luego lo abrazo, y no podría explicar todo lo que me encanta ser más bajo que él, mi cuerpo se acopla al suyo como si hubiéramos sido dos trozos de papel arrancados que al unirse forman una hoja completa, también amo meter mi cara en el hueco que hace su cuello y su hombro. Nos quedamos así por un rato hasta que la puerta se abre abruptamente, y nos separamos dando un salto, como si hubiéramos recibido un choque eléctrico.
—Nos vamos —el guarda espalda gigante asoma su cabeza y nos incita a salir —vamos tarde — salimos al pacillo y él se queda en la retaguarda, y cuando estoy a punto de abrir la puerta de la calle nos habla desde atrás —Creo que tienen que saber que estuve detrás de la puerta todo el tiempo y que escuché hasta los detalles más sucios.
Golpeo mi cabeza con la puerta, perfecto.
Las calles están tan atestadas de personas, que tengo que agarrar la mano de Pol para no perderlo al tiempo que Rombru sujeta su hombro. Nos seguimos moviendo entre la barahúnda, hasta que llegamos a un automóvil negro que nos espera en la esquina de una pastelería.
La verdad he evitado subirme a un auto desde que llegamos, aparte que me da un poco de miedo, tenía que hacerle terapia a mi tobillo, que por cierto ya está mucho mejor.
El hombre nos abre la puerta y dudo un par de segundos antes de meterme en él. Pol se tarda mucho en entrar, así que me asomo para ver qué le sucede y lo descubro viendo hacia la pastelería.
— Pol —le digo y él me mira un poco distraído —sube — me obedece y se sienta a un lado mío —¿Qué había ahí? —mueve la cabeza para ambos lados.
—Pasteles —su única respuesta me da risa, pero se borra al instante cuando el auto se enciende y arranca. Me agarro de Pol, es la primera vez que monto en auto y se siente raro viajar en algo que se mueve por tierra. Los caminantes se hacen para los lados cuando ven que nos acercamos, van dejando la vía libre y el auto adquiere velocidad. Nuestro acompañante va de copiloto, y nos habla con la vista puesta en frente.
—El presidente los está esperando desde hace un rato, es un hombre muy tranquilo, pero no le gusta esperar, y por suerte para ustedes, no es homofóbico —sonríe de una manera extraña, entre mimado y violento.
—¿Cómo que homofóbico? — le pregunto a Pol en el oído.
—luego te cuento.
No sé ni cuánto tiempo pasa, ni cuantas cosas vi a través de la ventana, solo sé que cuando el auto se detiene estoy tan mareado que podría vomitar todos mis órganos, Pol tampoco tiene buena pinta.
—Tranquilos —nos dice nuestro guardaespaldas, Rombru — se acostumbrarán a andar en auto.
—Pero no nos quedaremos —le digo y voltea a mirarme —tenemos qué regresar a casa.
—Eso no depende de ustedes —vuelve la vista al frente – me alegra ver que ya no necesitas las muletas — miro mi píe inconscientemente y luego a Pol.
—Te dije que las medicinas aquí funcionan más rápido que en casa —asiento, mientras vuelvo la vista al frente, Rombru ya salió del auto y abre la puerta de Pol, que se aventura a salir, deseoso por abandonar la lata de sardinas rodante, cuando lo alcanzo en la cera tengo que sujetarme de su hombro para sentir estabilidad.
—Es muy diferente a viajar en los aéreo deslizadores viejos y oxidados de Emma y Capricornio — él asiente.
—Al menos aquí no hay un noventa por ciento de probabilidades de morir.
Rombru pasa frente a nosotros y apunta a su reloj de muñeca, indicando que es tarde. Comenzamos a seguirlo hasta la entrada de un edificio tan alto que se introduce en la roca que está a decenas de metros del suelo. No me sorprendería que hubiera varios pisos dentro de la tierra. En la acera hay un hombre con un artefacto extraño que produce viento, lo menea por toda la acera y una pequeña nube de polvo se eleva en el aire.
—¿Por qué no dejaron eso para después? —pregunta Rombru más bien para sí mismo, limpiándose el polvo que le entra por la nariz
Al abrir la puerta nos envuelve un olor extraño como el del hospital, todo está perfectamente limpio y organizado y unas cuantas personas se encuentran por ahí.
—Hoy es un día festivo —nos dice el hombre alto —así que hay poco movimiento en el edificio hoy —se acerca a una mujer que está sentada frente a una barra grande donde tiene un computador delgado y portátil se lo enseño a Pol.
—Recuerdas que los de Emma eran grandes y llenos de virus —me dice, y sonrío.
La chica le sonríe a Rombru como si le coqueteara y le señala un puerta a la derecha, él se dirige a ella y nos indica que lo sigamos. Mi mareo ya comienza a ceder cuando nos introducimos a un pequeñísimo cuarto que comienza a moverse cuando Rombru le oprime un botón en la pared. Es un ascensor, recuerdo que lo vi en la clase de historia, y que siempre pensé que para qué los inventarían si igual cada edifico tiene sus propias escaleras. Estoy distraído pensando en que he visto por ahí a muchas personas obesas que les faltaría subir escaleras cuando Pol me agarra del hombro, lo miro, está pálido.
—¿Estás bien? — niega de una manera extraña con la cabeza.
—¿Te he dicho que soy un poco claustrofóbico? —pregunta.
—No —el guarda espaldas ríe.
—Descuida, ya llegamos — la puerta se abre y la luz me ciega por un milisegundo, Pol se lanza a fuera como si su vida dependiera de ello, lo sigo un poco turbado —nos vemos, suerte —Rombru desaparece cuando las puertas se cierran.
Es un lugar tan amplio y tan luminoso, lleno de objetos bonitos y colores cálidos, hay una barra con copas y un candelabro inmenso en forma de araña, los pisos están cubiertos por un tapete suave y blanco, como hechos con piel de conejo. Las paredes son unos ventanales inmensos del tamaño de paredes enteras, en el fondo hay un bosque observado desde cientos de metros de altura. Un bosque que se extiende por kilómetros. Pol está a un paso por delante de mí.
—Es una vista hermosa —una voz a nuestras espaldas hace que nos giremos de golpe. Detrás en un amplio escritorio de madera tallada hay un hombre mayor, con una mirada profunda y una sonrisa pacífica y cansada.
—No es real —digo, sin saber bien qué hacer.
—Jamás pensé que viviría para ver un Arcano —se pone de pie con ayuda de su bastón y se acerca hasta mi —Por alguna razón pensé que serían más… ya saben, bronceados — se ríe de su propia broma, y yo miro a Pol, que se encoge de hombros como única respuesta, cuando se acerca bien compruebo que es alto, ya que es igual a mí, aunque no soy muy alto, la verdad —pensé también que serían más jóvenes —levanta su mano y revuelve mi cabello — ¿está de moda colorearse el pelo así por allá? —pregunta
—Es albinismo —le responde Pol, un poco seco.
—Eso supuse —camina hasta Pol, que está cruzado de brazos y cuando llega pincha con su dedo el pectoral bien formado que se asoma por la ajustada camisa de mi hombre —Cuando era joven estaba mejor que tú —se ríe con esa risa característica de los ancianos, de las que termina en toz—te hubiera dado una paliza —esta vez Pol ríe con él, es más bien una sonrisa, pero es sincera —en anciano sigue caminando y cuando llega a la ventana, golpea un par de veces el cristal —pues te cuento que es real, lo llamamos el bosque eterno, hay kilómetros enteros de él, el planeta entero es un gran bosque, me gusta verlo porque me recuerda el gran error que cometimos en el pasado. Se ve tan pacifico, pero ya devoró todo rastro de humanos que hubiera existido, lentamente, la única existencia de vida humana en este planeta se concentra en estas dos ciudades que hoy vuelven a encontrarse después de tantos años, ahora bien, ¿qué los trajo por aquí? — Pol entrecierra los ojos, sin saber muy bien qué contestar.
—Una gran cadena de hechos desafortunados —le digo al cabo de un momento, y él asiente.
—Prefiero llamarlo destino —dice e indica que nos sentemos en unos grandes y cómodos asientos que hay en la estancia, así lo hago, y él también trata de hacerlo, pero se le dificulta, así que Pol lo toma del brazo y lo ayuda —gracias, muchacho — Luego se sienta junto a mí, y agradezco que pueda sentir el calor de su brazo junto al mío —Bueno, ¿por qué cayó su aerodeslizador? —Pol me mira, como indicándome que cuente toda la verdad, y así lo hago.
—Una de nuestras naves nos atacó.
—¿La viste con tus propios ojos? —pregunta, y asiento.
—Estábamos en una misión de investigación, nos encargaron escoltar a los científicos ya que había habido varios atentados de un grupo misterioso anteriormente. Yo había desobedecido una orden directa así que me castigaron y me obligaron a subir y a limpiar la cubierta, entonces vi a una de nuestras naves que se acercaba y nos disparó, logré saltar y así me salvé.
—¿Y tú? —le apunta a Pol —¿Cómo sobreviviste?
—No lo hice, mis heridas fueron mortales, solo que sobreviví lo suficiente para que ustedes me encontraran y me trajeran aquí y me sanaran con su tecnología. —miro a Pol un poco confundido.
—¿Heridas mortales? — le pregunto y se encoje de hombros.
—Eres un paranoico, te mentí un poco para que no te preocuparas tanto —me da un golpecito tierno en la punta de la nariz con la yema del dedo.
—¿Si quieren los dejo a solas? —dice el hombre —Parece que con lo de anoche no tuvieron suficiente.
—¡No! —grito, inconsciente mente.
—Me excuso, Rombru es un poco chismoso, además adora a las parejas gays — el presidente cambia su expresión, a una un poco más seria —Él tenía un hijo gay, y se suicidó ya que Rombru no fue capaz de aceptarlo a tiempo, fue un golpe duro para él, casi pierdo a uno de mis mejores soldados, y a un gran amigo, pero lo ayudé a encontrar significado en su sufrimiento —ahora sonríe —ahora es un gran activista de los derechos de esta comunidad, encabeza la marcha del orgullo que se celebra anualmente —trato de que no se me note que no entendí nada después de “ahora es un gran activista” así que sacudo la cabeza y voy al grano.
—Creemos que están tratando de hacer un golpe de estado en las arcas, tiene que ayudarnos —le suplico.
—Un golpe de estado —piensa por un momento — tiene sentido, pero no puedo hacer nada.
—¡¿Qué?! —casi grita Pol, alterado —¿Por qué?
—Lo siento, Pero la cuidad de Oz no puede interferir en los asuntos internos de las de la comunidad Arcana.
—¿Entonces qué haremos? ¿Esperar? —le pregunto, y él asiente.
—Es lo más conveniente, esperen aquí hasta que todo termine.
—¿Y si ya no hay a donde regresar cuando todo termine? —Pol le pregunta y se me hace un nudo en la garganta — ¿Y si se matan entre ellos y no queda nada? Usted mismo lo dijo, somos las únicas dos ciudades que quedan en este planeta, es su responsabilidad también evitar que una de ellas se extinga — el hombre le aparta la mirada, y medita por un momento sus palabras.
— Creo que sé por qué se inició el golpe de estado — nos dice —Hace más o menos un año, recibimos transmisiones de Emma, trasmisiones que no se veían desde hace más de quince años, nos comunicamos con su generar, el general Benin, nos pedía ayuda, decía que las arcas iban en decadencia, que la gente tenía hambre y los recursos se estaban consumiendo, y me avergüenzo decir que le dije que no.
—¿Por qué no? — le increpa Pol, yo ya ni siquiera puedo hablar
—Ayudarlos podría desequilibrar a mi ciudad, a nuestra economía y también podríamos agotar nuestros recursos, yo no quería, pero gobernar me obliga a dejar atrás todas mis creencias personales por el bien de mis ciudadanos —seguramente ve enojo en la cara de Pol, porque desvía la mirada —No me juzguen, es supervivencia.
—¿Supervivencia? —le digo, el enojo me hace reaccionar de nuevo, pero hablo más calmado que Pol, que está rojo y mira al suelo —no es supervivencia, es egoísmo —el anciano suspira.
—El egoísmo y la supervivencia van de la mano, son casi como una sola cosa y ninguna puede existir sin la otra.
—No —le digo.
—¿No? —me responde —Cuando dejaste a Pol abandonado en el bosque, ¿Por qué lo hiciste? —no respondo nada —Inconscientemente fuiste egoísta, porque buscabas tú supervivencia, Oz está bien, pero ayudar a miles de los tuyos nos desequilibraría.
—¿Y si en vez de dejarlos simplemente los ayuda? — la voz de Pol está más calmada, suena triste.
—Es una opción, pero es el camino largo. Se lo propuse al general, le dije que lo ayudaríamos a guiar su nación por el buen camino, pero él se negó, solo quería que le diera comida y tecnología, yo no podía hacer eso —se dirige a Pol directamente —Los ayudaremos, a ustedes dos, en todo lo que podamos, si quieren les damos aun asilo político, o si quieren los regresamos bajo su propia responsabilidad, pero no nos pidan más que eso.
—¿Por qué cree entonces que se inició el golpe de estado, ¿qué tiene qué ver? — retomo.
—El general nos sentenció, me dijo que de Oz no quedaría piedra sobre piedra, pero es solo un general, tal vez su presidente no estuvo de acuerdo en atacar y él inició un golpe de estado — Pol asiente, como diciendo: Puede ser, pero yo suelto la bomba.
—Es mi tío — El presidente me mira, su mirada profunda me intimida.
—Supuse que era alguien de tu familia ya que llevas su apellido, Aleck Benin.
—¿Cómo lo sabe? – le pregunto, pero es Pol quien responde.
—Supongo que es mi culpa, tenía que llenar un formulario con tus datos cuando estabas hospitalizado —El hombre asiente y luego se dirige a mí de nuevo.
—¿Y qué pasó con tu padre, el hermano del general?
—No eran hermanos —le corrijo —El general es mi tío por parte de mamá.
—Entonces por qué llevas su apellido en tú primer apellido, no me digas que en las arcas va primero el apellido de la madre.
—No —digo de nuevo — Mis padres murieron cuando aún era menor de edad, así que él me adoptó legalmente, y así quedé con su apellido en primer lugar, mi primer apellido de nacimiento es Nonell, Aleck Nonell Benin —el presidente da un respingo que nos asusta, y luego ríe.
—¿Tu Padre era William Nonell? — Pregunta y yo miro a Pol, que se encoge de hombros.
—Si, ¿lo conocía?
—No, pero oí hablar de él un par de veces, luego te cuento—sonríe —que inesperado es el destino. Pero dime, ¿cómo murió?
—No es un día que me guste recordar — Pol pone su mano sobre mi pierna, y me quedo mirándola mientras hablo —Luna era la segunda arca más poblada, y un día se infectó con un virus, necesitaban personal que ayudara con los enfermos y los cadáveres, así que se llevaron a muchos adultos de todas las arcas que se ofrecieron como voluntarios, entre ellos nuestros padres —nos señalo a Pol y a mí —nunca regresaron—dejo de hablar y Pol continua por mí.
—El arca se dio por perdida total, y para evitar que la infección se siguiera expandiendo fue despegada del acantilado con explosiones controladas, la lanzaron al vacío con casi cien mil cadáveres, no pudimos despedirnos de ellos ni cremarlos y lanzar sus cenizas al aire como es costumbre, solo se fueron y ya.
—Lamento escuchar eso —baja la voz, hasta que parece casi un susurro —nuestra costumbre aquí es enterrar a nuestros muertos. Que diferencia, Aire y Tierra. —se forma un silencio incomodo que Pol desbarata con una pregunta bien formulada.
—Aleck y yo respiramos por mucho el aire contaminado ¿Por qué seguimos vivos? —El presidente nos mira con asombro.
—Aire contaminado eh, pues creo que a ustedes no les han contado toda la verdad allá en Emma, el gas venenoso se disipó hace décadas.
—No es posible, cada vez que salimos de las arcas y estamos cerca del bosque usamos mascaras con oxígeno.
— Les mienten entonces. Hace muchos años —comienza de nuevo con una de sus historias, y Pol me mira, cansado —uno de los purificadores de aire se averío, se pensó que era el fin, más de veinticuatro horas pasaron hasta que lograron repararlo, pero ya era tarde, el aire contaminado ya se había colado por toda la ciudad, pero nadie había muerto, ni nadie murió. Nos dimos cuenta gracias a ello que el veneno había desaparecido y en una de nuestras exploraciones encontramos a los renegados de la Lotería, que vivieron al virus y después de un par de años y unas cuantas guerras formamos la gran coalición, eso celebramos hoy.
—¿Renegados de la lotería? —Pregunta Pol, y yo estoy igual de confundido que él. Sin darnos cuenta, ya estábamos sentados en el bode de la silla.
—Eso es otra historia, pero que tal si se las cuento mientras desayunamos, ¿no tienen hambre? No solo de amor se vive.
El estómago de Pol fue la única respuesta.
El comedor es más ostentoso que la oficina principal, mucho más, innecesario para un comedor, pienso yo. Las paredes están decoradas con una especie de alfombra color vino tinto, con trazos dorados; las sillas de la mesa, hechas de madera, están bordeadas de una manera tan precia y perfecta que me imagino las miles de horas que debieron de haber pasado tallándolas, la mesa más de lo mismo, pero el gran candelabro que está sobre ella es lo más exagerado que he visto desde que llegué a Oz: está hecho de millones de fragmentos de un vidrio que parece muy frágil, y delgado.
Cuando llegamos a la altura de la mesa me doy cuenta de que está tan llena de comida que podría alimentar a toda un arca, pero parece que no soy el único que nota eso de eso.
—Egoísmo y supervivencia —dice Pol, mirando la comida —con toda esta comida podría desayunar un arca entera.
—Normal mente no comemos así, pero hoy es un día especial, vamos, siéntense, aprovechen y coman todo lo que puedan, tal vez mañana no haya tanta comida.
Nos sentamos en los costados, ya que la mesa es alargada y las cabeceras están demasiado separadas. Hay tantas cosas que no sé qué tomar primero, pollo frito, arroz, unas dos o tres sopas que no sé de qué serán, gelatina, galletas, chocolate leche, un jugo amarillo que supongo que es de naranja. Hace años que no pruebo un jugo de naranja, recuerdo que lo hice con Grace unos meses después de que mis padres murieron; Tomamos unas cuantas, y las exprimimos en un frasco de vidrio, no sabía muy bien, pero nos reímos mucho cuando una gota del sumo cayó en su ojo y pasamos varios minutos buscando agua, fue la primera vez que reí desde que se fueron mis padres.
Tomo el zumo de naranja y saboreo un trago, es acido y dulce.
—Nos contaba sobre la coalición —Pol habla con la boca llena, y al hacerlo menea el murlo de pollo que tiene en la mano, y varios trozos caen en la mesa.
—¡Pol! — le digo y me mira con cara de: ¿qué? Me quedo mirándolo, es increíble que se vea tan tierno mientras tiene tan pésimos modales, será porque sé que lo hace apropósito, el presidente no le agrada, lo noto.
—Bien —el hombre hace caso omiso a los modales de mi compañero y comienza con su historia —respóndanme ¿qué les han dicho ustedes de la lotería?
—Nos contaron que la hicieron para separar a las personas que irían a las arcas y las que vendrían a Oz, pero la verdad ya no sé de todo lo que nos han dicho qué es verdad —le digo y me dispongo a darle cuenta al pollo frito que tengo en frente. ¿Hacía cuanto no comía pollo?
—Algo así — dice y menea la cabeza — la lotería tenia de todo menos azar, las personas más ricas pagaron por entrar primero, y bueno, sin su financiación no se hubiera podido llevar a cabo ninguno de los proyectos, pero no solo fue así. Al principio entraron los ricos y sus familias, luego se comenzaron a escoger personas destacadas de la sociedad: doctores, científicos, escritores, filósofos, modelos, periodistas, deportistas, líderes sociales… lo mejor de lo mejor de la sociedad, y cuando el cupo se llenó, se cerró la lotería —se dirige a Pol al hablar ahora —no había suficientes recursos para mantenerlos a todos, y se hablaba del futuro de la raza en este planeta.
—Egoísmo y supervivencia —le digo y él asiente.
—A quienes quedaron por fuera los llamamos renegados. Ellos aceptaron su condena y se perdieron en las ciudades, miles, muchos de ellos se suicidaron, muchos más se escondieron en sus casas y murieron de inanición, pero hubo un chico, un joven llamado Rafael Loria que logró lo imposible. Tenemos una estatua de él por ahí. Reunió a un grupo de sobrevivientes, y los mantuvo juntos, hicieron una sociedad unida y estable, y como la ciudad estaba lejos de los bosques, el veneno no logró afectarlos; purificaban su agua, cazaban su comida e hicieron grandes cultivos protegidos por invernaderos perfectamente bien protegidos del virus. Así sobrevivieron hasta que la madre naturaleza, en su infinita sabiduría disipó por si misma el veneno.
“cuando los ciudadanos de Oz se dieron cuenta de ello, como ya les mencioné, comenzaron a hacer algunas exploraciones, a pie o con drones, buscando respuestas, el porqué de la disipación del virus y explorando posibles nuevos lugares para vivir, hasta que un día los encontraron, a unos cuantos días de aquí. El tátara nieto de Rafael era quien lideraba a la ciudad en esos momentos, Oz se acercó a ofrecerles ayuda, pero no la necesitaban, tenían electricidad, gas hecho con excremento de cerdo, incluso un internet que servía para comunicarse entre ellos. Gustavo, heredero de la monarquía que dejó Rafael guardaba una especie de rencor por las ciudades que los dejaron atrás, era joven e inmaduro y rebelde, Oz quería que les enseñaran a sembrar el aire libre, tenía preguntas y querían respuestas, pero gustavo se negaba rotundamente a todo y lamentablemente formó una guerra entre las ciudades —hace un silencio mientras toma una uva y la mete en su boca, y pasa un rato masticándola —parece que es lo único que sabemos hacer bien ¿no? Guerra.
—¿Como terminó? —pregunta Pol, está tan interesado en la historia que dejó de comer.
—Era una guerra territorial, gustavo no quería agredir a la cuidad, pero secuestraba a cualquier ciudadano o soldado de Oz que se aventurara a caminar por sus bosques… Un día Oz se cansó de dialogar y atacó con el fin de recuperar a sus ciudadanos, no fue violento, era más una misión sigilosa. Por suerte y también lamentablemente solo hubo una persona muerta, y con ella terminó la guerra.
—¿Mataron a gustavo? —le pregunto, y él niega.
—A su esposa, violeta. Cuando gustavo los descubrió sacó su arma y comenzó a disparar…ella solo quería detenerlo todo, se interpuso Enel fuego cruzado y… murió tratando de defender a las personas de Oz del ataque de su esposo, frente a sus hijos: Luís y Amara —hace otra pausa, pero esta vez no hace nada, solo se queda observando a Pol comer, por tanto rato que logra ponerlo incomodo —cinco años después las ciudades decidieron unirse —continua —liderados por otra persona hicieron las paces, y al unir a sus ciudadanos y a sus tecnologías ambas ciudades progresaron de una manera maravillosa, algún día podrían conocerla, a la cuidad de gustavo, La Esperanza, es hermosa.
—¿La ciudad se llama la esperanza? —pregunta Pol, el hombre asiente.
—Es un gran nombre —dice —claro que ya nadie vive allá, se mudaron a Oz hace unas décadas, y ese es el día que celebramos hoy, el día en que las ciudades se hicieron una —después de ello seguimos comiendo, el presidente respondía todas las dudas de Pol en cuanto al funcionamiento de la ciudad, física y políticamente; Nos contó que, fuera de la ciudad y al aire libre sembraban su comida, criaban sus animales. Me sorprendió gratamente escuchar que tenían unos treinta mil campesinos que abastecían la ciudad completa. Cuando estamos repletos, un grupo de meseros retira todos los platos, incluso limpian los restos de comida que tiró Pol.
—Si el veneno de disipó —pregunto —¿Por qué los ciudadanos se quedaron aquí abajo en vez de salir? tal vez repoblar una ciudad o algo así.
—Mira, Aleck —su voz es calmada y un poco cansada —La gente tenía mucha pereza empezar de cero, salir afuera implicaría un coste muy elevado, más bien la ciudad se expandió, y poco a poco se ha ido colonizando el exterior, pasito a pasito —hace un gesto con los dedos para enfatizar la última parte y la verdad no puedo negar que se me hace un viejito tierno.
—¿Por qué Oz? — pregunto al cabo de un rato —¿por qué se llama así?
—¿Has leído la historia? —me pregunta, y niego.
—He escuchado hablar de ella, en la escuela.
—Oz es la ciudad donde todo lo imposible se vuelve posible —luego mira a Pol —Tú me recuerdas a él, a Gustavo, Fuerte físicamente, pero no mucho internamente, medio rebelde y apasionado, curioso, que mataría por los que ama —automáticamente el rubio me mira a mí y siento como los colores se me suben a la cara, y al final se me escapa una sonrisa.
—¿Lo conoció? —Le pregunta, más bien por quitar la atención de él y el anciano asiente con una sonrisa triste —¿Qué fue de él?
—El destino es tan impredecible —le contesta y se ríe de nuevo, y luego termina tosiendo —Le pasaron muchas cosas después de eso, buenas y malas, y terminó justo donde el destino quería que lo hiciera, liderando, como siempre lo hizo.
—Cree mucho en el destino —le dice Pol y él asiente.
—Ustedes —nos señala —¿tenían algo romántico antes de llegar aquí? —Pol y yo nos miramos sin saber muy bien qué contestar, incomodos por el cambio repentino de conversación.
—Nos gustábamos —dice él —o algo así, solo que nunca nos habíamos dicho nada — él asiente.
—Y después de todo lo que les ha pasado, están vivos, y juntos, y tuvieron que vivir todo eso para no tener miedo de estarlo. ¿acaso no lo ves como el destino? —volteo a mirar a Pol, tiene en la cara una expresión de: no, no lo veo así, cosa que me produce risa, el presidente también ríe y Pol al final termina cediendo.
Me quedo mirando un rato la escena, con el estómago lleno y la silla cómoda, es fácil acostumbrarse a esto, a la paz y a la calma. Tal vez vaya por Edwar y por Marian y también pida asilo político para ellos, incluso podría traer a Jina, estoy seguro que aquí si podrá estudiar medicina, Podríamos vivir en una de las granjas, o tal vez Pol se haga una panadería. ¿ Qué podría salir mal?
Estoy en ese lapso, soñando con un futuro mejor para los míos, cuando aparece Rombru por la entrada, está pálido y tiene cara de preocupación.
—Señor presidente, pasa algo — todos lo miramos sorprendidos por el tono de alarma en su voz y hace ademán de hablar en privado, pero el presidente lo interrumpe.
—Dime lo que sea que tengas que decirme frente a nuestros visitantes—Rombru lo duda por un momento, pero luego asiente.
— Nos atacan, son arcanos, los monitoreamos desde que salieron de las arcas, nos comunicamos con su aéreo deslizador y dijeron que vendrían a una misión diplomática, y por ellos —nos señala —pero entraron a Oz ilegalmente y detonaron algo, hay muchas personas muertas y cientos de heridos —Pol se pone de pie, alterado —Ya capturamos a los responsables, están asegurados en prisión, pero en las calles corre el pánico, todo es un caos.
—Bien —dice el presidente, con una calma que da miedo —Ya se habían tardado, ¿Podrías acompañar a nuestros invitados a hacerles compañía a sus amigos? —ahora yo me pongo de pie, al tiempo que unos diez guardias entran al comedor, el presidente se inclina sobre la mesa —Ya llegó la hora de enfrentar sus destinos, chicos, buena suerte y que sus pasos los conduzcan a al camino correcto.
—Nunca nos dijo su nombre —le dice Pol, habiendo cosas más importantes de qué preocuparnos ahora.
—Tienes razón, Pol, no se los he dicho, Luís Loria siempre ha sido un maleducado —se pone de pie y se va.
El eco de nuestros pasos en las calles vacías es, cuando menos, escalofriante. La coleta que hizo Lúa en su cabello cuelga desperdigada por toda su espalda, y en vano intenta ponerla de nuevo en su sitio. Yo, en cambio, tengo los cordones desamarrados, pero ¿Quién tiene tiempo de amarrarlos? Cuando llegamos a la entrada del gran edificio donde vimos al presidente en la mañana, estoy cansado y pegajoso. —Solo tenemos que contarle al presidente lo que sabemos y decirle que no ataque a los civiles de las arcas —me dice, amarrando de nuevo la coleta con la liga elástica. —¿Crees que funcione? —la liga se rompe al fin después de varios intentos, y ella la desecha sin ningún remordimiento, como el que tira una goma de mascar en cualquier basurero; opta por dejar su cabello caer libre y este se le enreda de inmediato en la cara. —No lo sé, pero hay una gran posibilidad, tu solo dile que lo van a matar si no lo hace. Verás cómo colabora. —¿Yo le diré?
Capítulo 22Nos toman de una manera más delicada de lo que espero y nos guían al ascensor, esposados, solamente dos guardias entran con nosotros, Rombru no sube. Cuando las puertas se cierran observo a los guardias, tienen tan mala postura que podría derribarlos a los dos yo solo en diez segundos, pero también noto que hay una pequeña cámara de seguridad en una esquina, no lograríamos salir del edificio jamás. Observo a Pol, está calmado y respira profundo.—Lo sospechabas ¿cierto? — le digo —Que él era su hijo o algo sí—Él asiente, el silencio.Mis esposas están un poco ajustadas, y cuando bajamos al piso menos seis, ya tengo los dedos entumecidos.Cuando la puerta se abre nos obligan a avanzar un paso para salir del ascensor y cuando las puertas se cierran nos quedamos en una oscuridad que se extingue al final de
Capítulo 21Esta noche no hay sueños, ni pesadillas, solo una oscuridad calmada y pacífica, y cuando despierto estoy acostado de lado sobre el hombro de Pol, su brazo pasa por detrás de mi cabeza y reposa en mi espalda. Está tan tibio, y el ambiente frío del lugar lo hace más reconfortante. Paso mi mano por su pecho desnudo, y de nuevo descubro esa línea de vellos que cubre sus pectorales y hace una línea delgada que se pierde en su ombligo, y lo sigo acariciando con suavidad, perdiéndome en cada sensación, en los abdominales bien definidos, y sus enormes piernas enredadas en las mías. De algo tubo que servir toda una vida de entrenar y formarse.—No sabía que te gustaran velludos —me habla al sentir que llevo buen rato acariciándole el pecho. Me encojo de hombros.—Nunca me había puesto a pensar en eso, solo sé que en t
Siento una sensación fría en el estómago, como un vacío, como caer.—Rosa… Rosa dos — nadie contesta al otro lado, así que me quito el auricular y lo meto en uno de los bolsillos. Cierro los ojos y respiro. Soy un soldado, me han entrenado toda la vida para situaciones como esta —Físicamente —me digo en voz alta —me han entrenado físicamente, no sé cómo pensar — pienso qué haría Aleck, qué haría mi padre… Ellos no se rendirían, supongo, no sin dar la pelea. Doy media vuelta y comienzo a caminar de nuevo por los pasillos, las bombillas de color blanco le dan un especto claustrofóbico, ¿o soy yo?Cuando llego de nuevo a la pequeña oficina, el guardia está en la misma posición en que lo dejé. Recuerdo el camino, claro que lo recuerdo, solo tengo que deshacer mis propios pasos y salir a
Capítulo 19Edward.El rostro del tío de Aleck parece más pálido de lo normal, las ojeras y el cabello canoso le dan un aspecto andrajoso, y lo pixelado de la imagen no ayuda en gran manera a mejorar su imagen. Parece un fantasma que en vez de tener puesta la piel la lleva colgada.Mas temprano de lo que había llegado imaginar, la alarma de emergencia sonó por todo Capricornio, y el megáfono anunció una reunión importante donde el general nos daría una importante información. Uní a mi patético equipo y nos dirigimos allá lo más rápido que pudimos, pero por los pasillos ya se rumoreaba lo que había acontecido. La frase "la hija del general está bien" me calmó más de lo que esperaba, por suerte mi equipo y yo ya habíamos llegado Capricornio cuando atacaron a Emma.Al llegar, la pantall
Marian se levantó temprano esa mañana, hacia días que ya no podía dormir la noche completa, y se limitaba a tararear canciones sin sentido hasta que sentía la calidez del sol calentando el metal de la pared en que su cama estaba recostada. Esa mañana no esperó la salida del sol, se bajó de su pequeña cama y caminó descalza un rato tratando de menguar el dolor en el pecho, hacía unos días que le dolía, desde que Aleck había muerto.Abrió la puerta y ella le respondió con un chirrido aterrador que recorrió todos los pacillos a su alrededor. Salió y la puerta rechinó de nuevo al cerrarla. Caminó por los interminables pasillo como un alma en pena, arrastrando la bata de dormir, con el pelo enmarañado y la mirada ausente.Hablar con su padre había sonado una buena idea cuando salió de su cuarto, pero en cuanto m&aac