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Última parte: Predestinación Capítulo 23

Autor: DiegoAlmary
last update Fecha de publicación: 2021-08-07 09:23:47

El eco de nuestros pasos en las calles vacías es, cuando menos, escalofriante. La coleta que hizo Lúa en su cabello cuelga desperdigada por toda su espalda, y en vano intenta ponerla de nuevo en su sitio. Yo, en cambio, tengo los cordones desamarrados, pero ¿Quién tiene tiempo de amarrarlos?

Cuando llegamos a la entrada del gran edificio donde vimos al presidente en la mañana, estoy cansado y pegajoso.

—Solo tenemos que contarle al presidente lo que sabemos y decirle que no ataque a los civiles de las arcas —me dice, amarrando de nuevo la coleta con la liga elástica.

—¿Crees que funcione? —la liga se rompe al fin después de varios intentos, y ella la desecha sin ningún remordimiento, como el que tira una goma de mascar en cualquier basurero; opta por dejar su cabello caer libre y este se le enreda de inmediato en la cara.

—No lo sé, pero hay una gran posibilidad, tu solo dile que lo van a matar si no lo hace. Verás cómo colabora.

—¿Yo le diré? —pregunto, al tiempo que cruzamos la puerta y entramos a la recepción.

—Alguien se tiene que quedar vigilando la entrada, y yo no lo conozco ni he hablado con él, en cambio tú si —se acerca y teclea un par de minutos en el panel táctil del ascensor, y después de un par de errores, logra abrirlo y darle la orden de subir —Metete —me insta a entrar y le obedezco. Cuando lo hago pongo la mano en la puerta y esta se queda quieta, lo vi en l película de super héroes.

—¿Cómo te vas a defender si ellos vienen? —ella sonríe de medio lado y saca una pistola que tenía metida en la parte trasera del pantalón.

—Sabía que Rombru no me iba a escuchar, así que se la quité cuando lo tomé del brazo.

—Me asustas, niña —doy un paso al frente y las puertas comienzan a cerrarse, ella apunta con la pistola al panel táctil y le dispara, doy un salto hacia atrás y el panel suelta varias chispas, seguro para que los que vengan por el presidente no les quede más remedio que usar las escaleras, y supongo que ella hará una barricada allí, ya me la imagino arrinconada y disparando. Que valiente es, mucho más de lo que yo seré. Le doy un silencioso adiós mientras las puertas se cierran.

—Buena suerte, chico de la luna —se despide, y las puertas se cierran antes que pueda desearle lo mismo.

Adentro, me hallo en un silencio calmado y perturbador, y me permito sentir miedo después de mucho tiempo, es bueno sentir miedo de vez en cuanto, el miedo hace que nos movamos, nos mantiene vivos.  Recuesto la espalda en el metal frio, y me quedo ahí, quieto, con la mente en blanco, hasta que la imagen de la sonrisa de Pol me invade, ¿Cómo es que nunca me había fijado en él? Bueno, claro que varias veces había desviado mi mirada hacia su espalda en las duchas, hacia sus increíbles piernas, pero de ahí a otra cosa… supongo que lo veía demasiado heterosexual para pensar en él de manera romántica, quien imaginaría que el destino lo tendría preparado para ponerlo en mi vida. El destino siempre a sido así, él pone y quita de tu vida a quien se le da la gana, y jamás te pregunta; jamás preguntó antes de arrebatarme a mis padres, al recuerdo de mi madre. No me había detenido a pensar en el recuerdo de su rostro que me acometió la mañana que caí del aerodeslizador a la jungla: redondeado, de cabellos negros y ojos azules, y sus lágrimas, ¿por qué lloraba? ¿por qué la imagen se termina con el recuerdo de un golpe?

El ascensor sigue subiendo, eso significa que el presidente lo está permitiendo, desde arriba debe de tener la opción, supongo. Miro a la pequeña cámara de seguridad que está apostada en una de las esquinas, si él no me quisiera allí hubiera detenido al ascensor.

Me enderezo, pensando qué le voy a contar para que me crea. El aparato se detiene, y cuando las puertas se abren, una franja de luz naranja y rojiza se extiende por todo mi campo de visión, seguido de una vibración fuerte, como una explosión. Me adentro en la oficina de un paso largo antes de que las puertas se vuelvan a cerrar, no quisiera verme atrapado allí, y sin saber cómo utilizarlo. Otra ráfaga naranja se extiende como una gran cortina por fuera del vidrio que apunta hacia la interminable jungla, y entonces, después de que se disipa, logro identificar el aéreo deslizador que dispara desde afuera, con toda la intención de romper el vidrio. Solo un vistazo más me permite saber que es aerodeslizador presidencial. Lúa y yo nos equivocamos, no necesitaban las calles vacías para entrar por el presidente de, lo harían por aquí. Medito la posibilidad de volver por Lúa, pero ya es muy tarde.

—Pensé que te tardarías más en llegar —El presidente me habla parado a uno de mis costados. Observa la escena del aéreo deslizador como aquel hombre que admira con calma el más bello atardecer, con una profundidad y una paz que me resulta agobiante.

—Señor, tenemos que irnos —le digo, pero él niega con la cabeza.

—No hay a donde huir.

—Si no nos vamos ahora lo van a matar y tomarán Oz —él niega de nuevo.

—¿Crees que Rombru y mi ejército se rendirán solo porque el enemigo me mate? —no contesto —si tu tío me mata, pensando que así tomará el poder, está muy equivocado, solo provocará ríos de sangre.

—Lo siento — le digo —mi gente es un poco a la antigua.

—Mis ciudadanos — continúa diciendo — tus ciudadanos, no quedará nada de la humanidad después de esto.

—Por eso tenemos que irnos —otra explosión, más fuerte, sacude todo el piso. Integridad del vidrio de seguridad al veinticinco por ciento.  Una voz masculina y robótica habla por toda la oficina a la misma vez. Me lanzó y lo agarro por el brazo, pero él se sacude con violencia.

—¡No, Aleck! —grita y se suelta de mí, luego me mira a los ojos —Acaso no estás cansado ya de huir… toda tu vida has corrido de tus problemas como un niño asustado, como un pequeño gatito y no lo eres, ahora la vida te está dando la opción de enfrentar tu destino, y sé que suena cursi, pero hazlo siquiera por redimir a aquellos que ya quedaron atrás —en mi mente reviven los rostros de ellos, de la chica pelirroja de Bryan y jina.

—No puedo hacerlo —le digo evitando que el nudo que se forma en mi garganta me haga llorar —solo soy como un gato asustado, he vivido porque he corrido todo el tiempo — Con el dorso de la mano, el presidente limpia una lagrima fugaz que se escapa de mi ojo, como un abuelo y un nieto que tienen la conversación más dulce y profunda de todas sus vidas.

—Si no te motivan los que ya no están, entonces hazlo por lo que aún te quedan, por esos que se pueden ir si salimos ahora por ese ascensor, Aleck, esta guerra tiene que terminar antes de que comience, justo aquí, y ahora. Él —señala la nave al otro lado del vidrio —él es la guerra, y si él no está ya no habrá —hace una pausa en la que me quedo mirándolo. Integridad del vidrio al quince por ciento  —Aleck, toda mi vida me ha traído hasta este momento, cada camino que he tomado, cada acierto y desacierto, como si hubiera vivido para vivir este momento, todo un gran acto de predestinación, y no voy a huir, Aleck —me agarra del brazo y me sacude un poco —Rombru ya viene para acá, logre avisarle antes de que saliera de la jungla pero tardará un unos cuantos minutos, así que has todo el tiempo que puedas —desvío mi irada hacia el aerodeslizador cuando el hombre avisa que al vidrio le queda un uno por ciento de integridad, pero el presidente hace que lo mire de nuevo —Aleck, no eres un gato asustado, eres un tigre, un tigre blanco, así te dice Marian, ¿No? Pol me lo contó hace rato que lo vi en el hospital, hazlo entonces por ellos, por él.

Los ataques se detienen, y el aerodeslizador despliega una rampla que llega hasta el piso de la oficina, y un hombre camina por ella en dirección a la enorme ventana, y aunque el vidrio esté demasiado fragmentado como para reconocerlo, la silueta que produce su cuerpo con el sol del atardecer es totalmente identificable; los hombros caídos, su cintura estrecha y espalda amplia, y ese pequeño cojeo de la pierna izquierda. A la silueta de mi tío se suman unas cuantas más, hasta que todos se compactan en una sola forma difusa e irregular. Se detienen, y luego el sonido de una bala rompe el cristal, que cae en pequeños fragmentos, como lluvia cristalina que deja a la vista a mi tío, y al trio de hombre que lo acompañan. Me tardo un par de segundos en reconocer su rostro cansado, sus ojeras grandes y su notoria pérdida de peso, pero aun así se ve intimidante cuando me mira a los ojos, y me veo obligado a apartar la mirada. Los cuatro hombre bajan de la plataforma y se introducen en la oficina. Mi tío trae una caja que deja en el suelo. El aerodeslizador se va. Riss está con él, el hombre que me aseguró que pasaría un rato muy agradable conmigo. Me mira y sonríe.

—Llévense al presidente a la otra habitación —les ordena, sin apartar la mirada de mí, luego les entrega una pequeña caja rectangular que tenía en el bolsillo —esto comunica a todas las tropas a través de un altavoz, tanto Arcanas como de Oz, solo hagan que el presidente le informe a sus tropas que se retiren, que se rinden y que él hablará conmigo los términos de rendición —uno de los hombres toma el comunicador y se acerca hasta nosotros, y el presidente se deja llevar, como una vaca para el matadero. Los tres hombres abandonan la habitación, y cuando me quedo a solas con mi tío, su mirada se suaviza, la mía se endurece.

—Estas vivo —me dice, con una extraña mescla de emoción e indiferencia.

—No gracias a ti —la voz me tiembla —más bien todo lo contrario, gracias a ti casi muero, varias veces —sonríe con amargura.

—Nunca fue mi idea enviarte a capricornio, jamás lo quise, pero, como te pudiste dar cuenta, necesitábamos a muchos egresados en seguridad, así que ordené manipular un poco las pruebas, no pude evitar que cayeras ahí.

—¿Así como tampoco pudiste evitar que casi me mataran en aquella nave hace solo unos cuantos días? —le pregunto, y su cara se deforma en una mueca extraña que no logro reconocer.

—Yo solo sabía que un muchacho de capricornio había visto a almadía haciendo el segundo atentado, tenía información que comprometía la misión y había que deshacerse de él, jamás supe que eras tú, hasta cuando ya era muy tarde. No sabes la alegría que sentí cuando el presidente Gustavo me dijo que estabas vivo, ayer —hace una pausa en la que me mira de pies a cabeza —te vez realmente bien.

—Tu no —le suelto, seco, y él se encoje de hombros.

—Nunca he sido un hombre de guerra, Aleck, la noches son muy largas cuando siempre hay nombres que se añaden a la lista de personas que he matado.

—Y si te pesa tanto, ¿entonces por qué lo haces?

—Porque nadie más lo hará.

—¡¿Hacer qué?! —le grito —¿matar a tu propia gente? —esta vez me desvía la mirada.

—Los arcanos tenían que pensar que Oz era quien causaba los atentados así no sería difícil convencerlos de que vinieran a luchar —ve, de seguro, mi cara de horror, ya que añade —en cada uno de los atentados me aseguré que murieran solo las personas que evitarían que esto —eleva las manos mostrando la oficina presidencial —fuera real —los científicos y Grace, el presidente y su gabinete.

—¡¿Y Edward?!—le grito —¿él qué tenía que ver?

—No podía arriesgarme a que tú le hubieras contado algo del atentado y se difundieran rumores. Todos ellos, Lúa fue descubierta espiando en asuntos privados, y Jina tenía información de la caída de luna que no podía salir a la luz, los demás fueron daño colateral.

—Y para ti siempre fue perfecto —lo miro con toda la cara de asco que soy capaz —te deshacías de los obstáculos al tiempo que generabas rencor en los ciudadanos.

—Tenía que convencerlos de que vinieran a…

—¿Cómo una carnada? — le interrumpo —un distracción para que tú puedas tomarte el poder de una ciudad que no te ha hecho nada.

—¿Qué no nos ha hecho nada? —esta vez sí hay rabia en su vos y avanza un paso hacia mí —Les pedimos ayuda porque moríamos de hambre, y ellos solo se negaron, se limitaron a vernos morir desde la distancia.

—¿Y por eso atacaste a los ciudadanos con esas rosas gigantes, por venganza? —le increpo, y él niega.

—Las rosas tenían un propósito, así como motivé a los arcanos a pelear, tenía que motivar a los hijos de Oz. Al atacar el día del festival, morirían hijos, padres, esposas de todos los soldados de la ciudad que no dudarían ni un segundo en abandonarla para ir a buscar y matar a quienes lo hicieron —meneo la cabeza de un lado para otro.

—Y así tu aprovechar las bajas defensas para tomarte la cuidad —desvía la mirada de nuevo cuando ve el odio en la mía —eres un monstruo, peor que eso —esta vez me mira con decepción.

—¿Y qué hubieras hecho tú, Aleck, al ver que tu gente moriría de hambre? No podía quedarme allí parado al ver que eso le pasaba a mi pueblo, ¿qué hubieras hecho tú? —pregunta de nuevo, y no le importa disimular las lágrimas que le escurren por la cara, los ojos rojos y la saliva que se le escapa al gritar.

—No lo que tú —es lo único que respondo, y él se encoge de hombros. Luego se inclina hasta la caja que dejó antes en el suelo, y la pone en el escritorio.

—No sé cómo terminarán las cosas —me dice —así que te contaré esto antes de todo —levanta la tapa de la caja, y las alas caen dejando ver a una perfecta Rosa, que le gruñe y le dispara un par de colmillos que él esquiva con la tapa. Se aleja, y yo camino hasta ella, y puedo notar que reconoce mi aroma cuando voltea su cabeza hacia mí, luego estira su tallo, tanto como puede, y avanza hacia mi como un niño que corre a los brazos de su padre, cuando me alcanza, reposa su cabeza en mi hombro y be abraza con sus pequeñas hojas. Me llega una oleado de dolor al pecho, no sabía que la había extrañado tanto, no sabía que me recordaba tanto a Grace.

—Magnifica ¿no? —me dice, desde atrás —Tu madre y Grace las crearon —acaricio la cabeza de Rosa con el pulgar y ella ronronea como un gato —casi cien generaciones de rosas se utilizaron para tener un ejemplar como el que tienes en tus manos, cada generación alterada genéticamente para aportar algo a la siguiente. Al principio, se pensaban utilizar como un insecticida natural, como ya debes de saber, son agresivas y excelentes cazadoras, eran perfectas para cuidar los cultivos de todos los insectos sin tener que aplicar ninguna clase de químicos, que reducían la efectividad, pero, luego, nos dimos cuenta que desarrollaban gran capacidad de empatía, a veces, adoptaban a un insecto, lo cuidaban y hasta mataban a otras rosas por defenderlos. Fue entonces que el proyecto se desechó.

—¿Por qué me cuentas todo eso? —le pregunto.

—Porque tu madre las creó, y quería que lo supieras, así le encontrarás más significado a tu rosa —la miro, y ella se aferra a mi camisa con fuerza, tan fuerte, tan feroz, y tan tierna, ya no puedo dejar de ver, entonces, a mi madre y a Grace en ella.

—Obligaste a Grace a crear las rosa gigantes —Le digo, pero no como una pregunta. Él asiente —por eso ella estaba tan mal, no concibió que uno de sus proyectos, el que hizo con su mejor amiga, se utilizara para matar a otras personas.

—Ella enloqueció —desvía su mirada hacia su puño —le contó a muchas personas, a varios maestro y yo… no podía permitir que se supiera.

—Así que derribaste el aerodeslizador con todos nosotros a bordo —dejo a rosa y camino para estar más frente a él —Fue perfecto ¿no? Te deshacías de todas las personas que podían arruinar tu macabro plan, y de paso te sirvió para utilizar nuestras muertes en contra de Oz.

—No lo entiendes, es la única opción, una vez ya ignoré mi destino, pero hoy ya no hay marcha atrás.

—¿Enserio crees que, usando la gente, nuestra gente, como carnada evitarás que mueran de hambre? Solo los estás enviando a una muerte segura —él niega.

—No si el presidente le avisa a su ejército que ya se rindieron, mi plan no es hacer una masacre con nuestra gente, son solo una distracción —ahora soy yo el que niego.

—No dejaré que tomes Oz —le digo, y ríe con amargura.

— Lo sé, eres igual que tu padre —hace una pausa en la que mira al piso —por eso tuve que matarlo —las rodillas me tiemblan, un frio me recorre toda la espalda y tengo que sujetarme del escritorio para no caer.

—¿Qué? —mi voz es casi un susurro.

—Yo maté a tu padre, Aleck —no pienso dos veces cuando me abalanzo sobre él, pero saca un arma y me apunta —Espera, Aleck, dejame hablar —mis ojos comienzan a llenarse de lágrimas, ya ni siquiera logro verlo, así que solo le lanzó un grito de furia, como un tigre enjaulado que amenaza con matar —Tu padre era el presidente en aquél entonces, era justo, y recto. Tu madre y Grace pronosticaron que nos quedaba como máximo una década de recursos. En ese entonces ambas ciudades seguían en pleno contacto, y cuando les pedimos ayuda, se negaron.

—¡¿Por qué lo hiciste?! —le grito, y en el grito se escurre una lagrima que entra en mi boca, la más amarga de todas. Él levanta su mano, indicando que me calme.

—Yo le sugerí que tomáramos a Oz, justo como lo hago hoy, pero él se negó, claro que se negó —sus ojos se llenan de lágrimas, que le escurren por toda la demacrada cara —Comenzamos a discutir, y tu madre entró a la oficina —su pecho comienza a convulsionar, haciendo un gran esfuerzo por ahogar el llanto — te tenía en sus brazos y cuando se interpuso entre nosotros la empujé por error y cayó más de tres pisos —su llanto casi no le deja entender lo que dice, y yo solo estoy ahí, estático, petrificado, con los pies soldados al suelo —tu padre me atacó entonces, y saqué mi arma y le disparé. Tu estuviste en coma más de un mes y cuando despertaste habías perdido la memoria. Recuperaste poco a poco los recuerdos, pero gran parte no volvieron – él sigue llorando, y yo recuesto la espalda en la pared, y así nos quedamos por un largo rato.

Cuando logro calmarme lo suficiente como para que no me tiemblen las rodillas, me alejo de la pared y lo encaro.

—No existió ninguna infección en Luna —le digo y él niega, también ya más calmado —¿Entonces qué pasó con los padres de Edward, de Pol… de Jina —

—Fue una misión de investigación. Eran piedras en el zapato que no iban a permitir que esto se lograra hoy.

—Yo tampoco lo voy a permitir —camino hasta quedar frente a una silla de madera liviana.

—Temía que dijeras eso, aplacé mis planes once años por la culpa que sentía, hasta que me di cuenta que era mi destino hacerlo, y ni tu ni nadie lo van a impedir —me apunta con el arma, y antes de que jale el gatillo, pateo la silla que se estrella con su mano y hace que el disparo se desvíe. Corro a su encuentro y lo tomo por la cintura, estrellándolo en la pared, escucho como se queja, seguramente un par de costillas sufrieron el impacto en verdad. El arma cae al suelo, y cometo un error de novato al tratar de tomarla, ya que él aprovecha me flexión para golpearme en el estómago con la rodilla y sacarme el aire. Caigo al suelo, y pateo el arma antes de que él la tome, se va resbalando y cae por el bordo de la ventana, al vacío.

Me levanto y lo pateo, y él me devuelve un puñetazo en la mandíbula, nos enredamos en una maraña de golpes y patadas como nunca en la vida pensé que tendría que hacerlo. En un descuido, permito que me patee el estómago y caigo de rodillas. Cuando él me toma por los hombros, hago una llave que lo lanza de espaldas al suelo, y comienzo a ponerme de pie, pero él es mucho más grande, más fuerte, y tiene mucha más experiencia, así que me toma por los pies y me lanza de nuevo al suelo y caigo boca arriba, luego se sube sobre mí, inmovilizando mis manos con sus pies.

—¡Ya basta, Aleck! —me grita —solo prometeme que no dirás nada y no te haré daño.

—¡Nunca! —le grito, y él comienza a ahorcarme.

—Vamos, Aleck, no me hagas hacerte daño —sus ojos se humedecen —no quiero hacerte daño —pero me sigue asfixiado, y ya comienzo a ver oscuro. ¿Así va a terminar todo?

Oigo a rosa gruñir desde atrás, pero la presión en mi cabeza es demasiado grande.

—Lo siento, mi niño —Mi tío se despide, lo oigo llorar. Aprieta más fuerte mi cuello. No puedo permitirme morir ahora, si él me mata irá luego por Pol, y luego por Edward y Lúa. Intento mover mis manos con desesperación, más por instinto que por voluntad, pero comienzo a marearme y a perder la fuerza, y cuando ya lo doy todo por perdido escucho, de fondo, como Rosa estornuda, mi tío la mira, y el colmillo se le clava en el ojo, seguidos de otros tantos que le golpean el rostro por todas partes. Él suelta mi cuello, y grita caminando hacia atrás, desesperado por el dolor e intentando quitar la pua de su ojo, y apenas logro ver cuando tropieza con el borde del vidrio y cae al vacío. Así, sin más, en un segundo todo terminó y él ya no está, se ha ido, y no puedo evitar sentirme mal. Me incorporo un poco, con la vista menos nublada y lloro un poco allí, acurrucado como un niño abandonado y perdido en el mundo, sintiéndome mal por no haber sido capaz de manejar la situación de otra manera. Pienso en Marian, ¿Cómo se lo voy a decir?

Después de unos minutos me pongo en pie y camino hasta la ventana, el paisaje inmenso e imponente es lo único que logro ver. Hay un par de kilómetros de caída libre. No, no pudo haber sobrevivido. Me volteo hacia Rosa, que está ahí, como si no acabara de matar a un hombre, como si no hubiera cumplido la promesa de Edward.

—Gracias —le digo, y ella gruñe como toda respuesta.

—¡Aleck! —un grito proveniente de la otra habitación y me devuelve a la realidad. El presidente.

Cuando llego corriendo al comedor, Rombru ya ha llegado y pelea, a cuchillo, con Riss Polush , los otros dos están en el suelo, muertos.

— Aleck —me grita Rombru —Luís— el presidente está tirado en el suelo, le sangra la cara y tiene en la mano un cuchillo que esta clavado en su pierna.

—¡No! — le grito, pero muy tarde, ya que arranca el cuchillo, e inmediatamente un gran hilo de sangre se escurre al suelo. Me lanzó hacia él y me quito la camisa, para hacer presión en la herida —¿por qué lo sacó? —le digo —se va a desangrar.

—Ya no importa, Aleck —Rombru llega, tiene toda la ropa manchada de sangre.

—Hay que llevarlo al hospital —le digo, y él asiente.

—No —dice el presidente, toma el pequeño radio y lo pone el pecho de Rom —Pol —Le dice —Llevale esto a Pol, dile que esto comunica al frente de batalla, haz que los detenga.

—¿Qué pasó con el general? — me pregunta.

—Está muerto —digo y el asiente.

Rombru obedece, y le da un silencioso apretón de manos, como una despedida, un nos vemos pronto, luego se levanta y se va.

—Has que venga alguien a ayudarnos —le digo.

—Lo haré — cuando se va, el presidente toma mi mano con fuerza.

—¿Sabes? —me dice —siempre supe que no sobreviviría a este día.

—No —le digo, y le insto a ponerse de pie, pero él lo impide. Su cara está pálida, ha perdido mucha sangre —tenemos que irnos o va a morir.

—Ya estoy muerto —dice, y me señala algo en su estómago, logro ver por encima de la camisa varias puñaladas. Lo miro, con una cara de drama que le debe parecer graciosa, ya que ríe, y cuando lo hace una toz tísica lo obliga a encorvarse, lo agarro por los hombros y lo ayudo a incorporarse.

—Aleck —dice —prometeme algo —comienzo a negar.

—No soy bueno cumpliendo promesas —le suplico, pero ignora mi comentario.

—Pol es una muy buena alternativa para mantener a las dos ciudades unidas, él puede ser el fin de todas las guerras, pero si estás tú ahí con él, niño —me mira a los ojos, con la muerte rozándole las pupilas —prometeme que lo ayudarás a hacer de este mundo un lugar mejor, juntos —asiento con la cabeza, ya que no puedo hablar, luego me aclaro la garganta y le pregunto:

—¿Cómo sabe que Pol hará eso? —hay una extraña sensación de paz en su mirada cuando me contestá:

—Porque es igual que mi padre, y él hizo del mundo un lugar mejor —y luego, en sus ojos, nada, la nada absoluta que refleja un cuerpo vacío de alma. Otra estrella a la cual saludar en el cielo.

La puerta de las escaleras se abre y una Lúa sudorosa y roja entra seguida de un trio de paramédicos, que cuando llegan hasta mí me quitan del cuerpo del presidente y comienzan a darle los primeros auxilios. Miro a Lúa, la dulce y rechoncha chica de Capricornio entiende lo que significa mi mirada, y corre a abrazarme, con tanta fuerza que siento que me fundo en su cuerpo, y me permito llorar entonces, un poco, lo suficiente para desahogar la muerte de mi tío, pero no tanto porque no se lo merece.

—Murió — uno de los paramédicos informa lo que Lúa y yo ya sabemos.

—Edward ya está bien —me dice ella, tratando de que desvíe la mirada del cuerpo de Luís Loria, y funciona, ya que la miro a los ojos y ella sonríe —Pol ya está casi por completo des paralizado, Rombru le llevó el micrófono y en estos momentos está tratando de detener el ataque de las tropas de la comunidad, las de Oz ya están regresando —asiento, y ella me abraza de nuevo.

………………                 …..……                   ………………

Encontrar el cuerpo de mi tío tardó más de dos semanas, dos semanas en las que pasaron tantas cosas como desde el día que dejé Emma: Rombru fue proclamado por todo el mundo como el presidente interino en una votación bastante emotiva, era de esperarse, pero lo que nadie esperó, es que su primera orden como el presidente de la ciudad más poderosa del planeta, era enviar recursos a la ciudad más pobre de todo el planeta.

—Solo somos un pueblo — me había dicho.

Al principio hubo una queja generalizada que se fue acallando, Rombru citó la guerra entre Oz y la ciudad de Esperanza, en los muertos de aquella y en como acoger sus ciudadanos los convirtió en mejor ciudad, y logró algunos vítores cuando deseó al cielo poder celebrar algún día el día de la segunda coalición, donde la nueva Oz sea una sola con cada Arca de la comunidad. Un sueño hermoso que estoy seguro se cumplirá algún día.

Sobre la cubierta de capricornio sopla un frio punzante a plena hora del atardecer, pero el zócalo de cremación donde arden los restos de mi tío nos brinda un calor perturbador. Solo hemos asistido las personas más cercanas a mí, Edward, Lúa, Pol, y a mi derecha, apretando mi mano con fuerza, Marian, mira las llamas con una mescla de nostalgia y esperanza. Me arrodillo a su lado, está un poco más alta que cuando la vi por última vez, y su cabello más largo.

—¿En qué piensas?  —aleja sus brillantes ojos negros de las llamas y me mira, y me hundo en sus iris profundos y sus ojeras marcadas, ha llorado mucho estas dos semanas: en nuestro reencuentro, cuando le conté que mi tío ya no estaba, cuando encontramos su cuerpo.

—¿Qué será de nosotros, Aleck? —hay un tono de preocupación que jamás había oído —ya no tenemos hogar, ahora todo será más complicado —Aprieto su mano con fuerza, luego la beso.

—Tu hogar está conmigo, y donde sea que estemos los dos ese va a ser nuestro hogar —ella asiente, y le brillan los ojos de nuevo —Tú — la señalo —Edward, Lúa, Pol y yo, nos iremos a vivir a Oz —la noticia no parece entusiasmarle.

—¿Y el resto, Aleck? ¿El resto de nuestra gente? —le doy un beso en la frente.

—El presidente Rombru y Pol van a construir una inmensa granja a las afueras de la ciudad, haremos un pueblo y todos viviremos ahí, sabes que las arcas están viejas y afuera hay mucho espacio—ella asiente.

—¿Y el veneno?

—Ya no existe, nos engañaban para mantenernos escondidos aquí, para que no supiéramos que hay una gran vida por vivir allá afuera —le señalo la línea de jungla que se a lo lejos, y ella sonríe.

—Me parece bien —dice —estas arcas se van a desplomar en cualquier momento — Me pongo de pie y me encuentro con el azul cristalino de los ojos de Pol, sonríe, y rodea mi cintura con su brazo atrayéndome a él.

—En seis meses serán las votaciones para elegir un nuevo presidente —me dice —Todos los arcanos podremos votar también, también elegiremos nuestro mediador, que ayudará y será intercesor entre las ciudades.  Quien gobierne Oz gobernará a nuestra gente, parece que al final costó un poco hacerles entender a todos que de aquí en adelante seremos un solo pueblo.

—Ajá —le contesto, sabiendo que tiene algo más que decirme.

—Rombru ha propuesto mi nombre como candidato al concejo de La nueva Oz.

—¿La nueva Oz? —le pregunto, y él se encoje de hombros —le queda bien —añado, y él se queda mirándome fijamente, como si pidiera mi aprobación, como si necesitara mi aprobación —Pol es tu decisión…

—Nuestra —interrumpe —vas a ser mi esposo, y si voy a ingresar a la política también te va a afectar —Recuerdo la promesa que le hice al presidente.

—Yo te apoyo en todo —me abraza con fuerza, y yo lo empujo — ¿Cómo que esposos? ¿a qué horas pasó que ni me acuerdo? —su cara se pone roja, y luego algo pálida. Se arrodilla y saca de su bolsillo de atrás una argolla que sostiene frente a mi cara.

—Aleck…—le tiembla la voz, y a mí las rodillas —¿te… te quieres casar conmigo? —

—Dile que no, Aleck —grita Edward desde atrás y Lúa le golpea el costado, la chica está llorando de la emoción como si se lo propusieran a ella.

—Sé que este no es el mejor momento —dice Pol y señala la hoguera que está casi extinta —pero no quería aguantarme más —mi única respuesta fue llorar, tomarlo por el brazo extendido y abrazarlo con fuerza.

—Si, si quiero pasar contigo el resto de mis días, y abrazarte en la mañana y besarte por siempre — me besa y escucho a Marian reír a mi lado. Cuando nos separamos los dos estamos llorando, y Pol levanta mi mano para poner la argolla. Nos tiemblan tanto las manos que le cuesta ponerla. Es gruesa y pesada, de un color plata brillante, y tiene dibujado en todo el grosor manchas y luces que parecen la copia perfecta de la superficie de la luna.

—¡Ay dios! —dejo escapar —Es tan hermosa.

—Es un Regalo de Rombru, yo escogí el diseño — y lo abrazo, otra vez y nos quedamos ahí largo rato.

El trabajo de nuestras vidas comienza ahora, hay que unir las ciudades y abandonar las arcas, y me produce miedo pensar en cómo resultará el futuro, pero si no dejo ir el pasado no podré avanzar, así que veo las cenizas de mi tío en el zócalo y sé que ya lo he perdonado, sé que era un hombre atormentado y que, de una forma retorcida, quería el bien de nuestro pueblo.

—¿Cómo superaremos todo esto? —le digo a Pol y él me besa la frente.

—Juntos —con el otro brazo atrae a Edward que está abrazado a Lúa y yo atraigo a Marian —Todos juntos.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.

Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

            Poema 20 de veinte poemas de amor. Pablo Neruda.

Fin.

DiegoAlmary

Si llegaste hasta aquí, muchas gracias, espero que te haya gustado mi historia tanto como me gustó a mi hacerla, si sí te gustó, me ayudarías mucho comentando tu opinión. Sin más que decir, nuevamente, gracias. DiegoAlmary.

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Comentarios (21)
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Andrea Lima
Me gustó la historia.
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Maria Orozco
pero qué historia más preciosa y perfecta ...️ la amé
goodnovel comment avatar
Michelle Chanes
Me gustó la historia, te atrapa, interesante
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Último capítulo

  • La última guerra    Última parte: Predestinación Capítulo 23

    El eco de nuestros pasos en las calles vacías es, cuando menos, escalofriante. La coleta que hizo Lúa en su cabello cuelga desperdigada por toda su espalda, y en vano intenta ponerla de nuevo en su sitio. Yo, en cambio, tengo los cordones desamarrados, pero ¿Quién tiene tiempo de amarrarlos? Cuando llegamos a la entrada del gran edificio donde vimos al presidente en la mañana, estoy cansado y pegajoso. —Solo tenemos que contarle al presidente lo que sabemos y decirle que no ataque a los civiles de las arcas —me dice, amarrando de nuevo la coleta con la liga elástica. —¿Crees que funcione? —la liga se rompe al fin después de varios intentos, y ella la desecha sin ningún remordimiento, como el que tira una goma de mascar en cualquier basurero; opta por dejar su cabello caer libre y este se le enreda de inmediato en la cara. —No lo sé, pero hay una gran posibilidad, tu solo dile que lo van a matar si no lo hace. Verás cómo colabora. —¿Yo le diré?

  • La última guerra    Capítulo 22

    Capítulo 22Nos toman de una manera más delicada de lo que espero y nos guían al ascensor, esposados, solamente dos guardias entran con nosotros, Rombru no sube. Cuando las puertas se cierran observo a los guardias, tienen tan mala postura que podría derribarlos a los dos yo solo en diez segundos, pero también noto que hay una pequeña cámara de seguridad en una esquina, no lograríamos salir del edificio jamás. Observo a Pol, está calmado y respira profundo.—Lo sospechabas ¿cierto? — le digo —Que él era su hijo o algo sí—Él asiente, el silencio.Mis esposas están un poco ajustadas, y cuando bajamos al piso menos seis, ya tengo los dedos entumecidos.Cuando la puerta se abre nos obligan a avanzar un paso para salir del ascensor y cuando las puertas se cierran nos quedamos en una oscuridad que se extingue al final de

  • La última guerra    Capítulo 21

    Capítulo 21Esta noche no hay sueños, ni pesadillas, solo una oscuridad calmada y pacífica, y cuando despierto estoy acostado de lado sobre el hombro de Pol, su brazo pasa por detrás de mi cabeza y reposa en mi espalda. Está tan tibio, y el ambiente frío del lugar lo hace más reconfortante. Paso mi mano por su pecho desnudo, y de nuevo descubro esa línea de vellos que cubre sus pectorales y hace una línea delgada que se pierde en su ombligo, y lo sigo acariciando con suavidad, perdiéndome en cada sensación, en los abdominales bien definidos, y sus enormes piernas enredadas en las mías. De algo tubo que servir toda una vida de entrenar y formarse.—No sabía que te gustaran velludos —me habla al sentir que llevo buen rato acariciándole el pecho. Me encojo de hombros.—Nunca me había puesto a pensar en eso, solo sé que en t

  • La última guerra    Parte cinco: La viuda negra. Capítulo 20

    Siento una sensación fría en el estómago, como un vacío, como caer.—Rosa… Rosa dos — nadie contesta al otro lado, así que me quito el auricular y lo meto en uno de los bolsillos. Cierro los ojos y respiro. Soy un soldado, me han entrenado toda la vida para situaciones como esta —Físicamente —me digo en voz alta —me han entrenado físicamente, no sé cómo pensar — pienso qué haría Aleck, qué haría mi padre… Ellos no se rendirían, supongo, no sin dar la pelea. Doy media vuelta y comienzo a caminar de nuevo por los pasillos, las bombillas de color blanco le dan un especto claustrofóbico, ¿o soy yo?Cuando llego de nuevo a la pequeña oficina, el guardia está en la misma posición en que lo dejé. Recuerdo el camino, claro que lo recuerdo, solo tengo que deshacer mis propios pasos y salir a

  • La última guerra    Capítulo 19

    Capítulo 19Edward.El rostro del tío de Aleck parece más pálido de lo normal, las ojeras y el cabello canoso le dan un aspecto andrajoso, y lo pixelado de la imagen no ayuda en gran manera a mejorar su imagen. Parece un fantasma que en vez de tener puesta la piel la lleva colgada.Mas temprano de lo que había llegado imaginar, la alarma de emergencia sonó por todo Capricornio, y el megáfono anunció una reunión importante donde el general nos daría una importante información. Uní a mi patético equipo y nos dirigimos allá lo más rápido que pudimos, pero por los pasillos ya se rumoreaba lo que había acontecido. La frase "la hija del general está bien" me calmó más de lo que esperaba, por suerte mi equipo y yo ya habíamos llegado Capricornio cuando atacaron a Emma.Al llegar, la pantall

  • La última guerra    Parte cuatro: La caída del halcón. Capítulo 18

    Marian se levantó temprano esa mañana, hacia días que ya no podía dormir la noche completa, y se limitaba a tararear canciones sin sentido hasta que sentía la calidez del sol calentando el metal de la pared en que su cama estaba recostada. Esa mañana no esperó la salida del sol, se bajó de su pequeña cama y caminó descalza un rato tratando de menguar el dolor en el pecho, hacía unos días que le dolía, desde que Aleck había muerto.Abrió la puerta y ella le respondió con un chirrido aterrador que recorrió todos los pacillos a su alrededor. Salió y la puerta rechinó de nuevo al cerrarla. Caminó por los interminables pasillo como un alma en pena, arrastrando la bata de dormir, con el pelo enmarañado y la mirada ausente.Hablar con su padre había sonado una buena idea cuando salió de su cuarto, pero en cuanto m&aac

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