INICIAR SESIÓNCapítulo 22
Nos toman de una manera más delicada de lo que espero y nos guían al ascensor, esposados, solamente dos guardias entran con nosotros, Rombru no sube. Cuando las puertas se cierran observo a los guardias, tienen tan mala postura que podría derribarlos a los dos yo solo en diez segundos, pero también noto que hay una pequeña cámara de seguridad en una esquina, no lograríamos salir del edificio jamás. Observo a Pol, está calmado y respira profundo.
—Lo sospechabas ¿cierto? — le digo —Que él era su hijo o algo sí—Él asiente, el silencio.
Mis esposas están un poco ajustadas, y cuando bajamos al piso menos seis, ya tengo los dedos entumecidos.
Cuando la puerta se abre nos obligan a avanzar un paso para salir del ascensor y cuando las puertas se cierran nos quedamos en una oscuridad que se extingue al final del pasillo con una luz blanca. Comienza a entrarme miedo cuando nos empujan hacia la Luz, no logro ver a Pol, ni a los guardias. Comenzamos a avanzar, solo escucho los pasos de nosotros y mi corazón comenzando a acelerarse. ¿Cómo cambiaron así las cosas? Todo parecía ir bien, tan bien. Pero el destino se ensaña de nuevo con nosotros, como si nos odiara, como si aborreciera que estuviéramos a salvo. Mientras avanzamos escucho algunos ruidos, voces, en realidad, es una discusión. Y una de esas voces me suena familiar.
Cuando llegamos la luz se hace más intensa, y al doblar la esquina logro vislumbrar una cantidad de celdas que se amontonan en un gran salón, y cuando logro distinguir a las personas que discuten, una gran sonrisa se dibuja en mi rostro. La discusión se termina, y el rostro de Edward cambia por completo, se queda estático, palidece y abre la boca. Trato de avanzar hacia él, pero el guardia me tiene sujetado del brazo con fuerza y me obliga a caminar más despacio. Cuando llegamos a la altura de la celda, abre la puerta y nos introduce dentro. Edde se sienta en la cama, parece que se va a desmayar, y me quedo parado sin saber qué hacer, y luego se pone en pie y se abalanza sobre mí y me abraza, tan fuerte que me hace daño. Le correspondo y noto de una sola impresión que está más delgado, luego me empuja con brusquedad.
—¡Idiota! —me grita, y los ojos se le llenan de lágrimas —Pensé que estabas muerto, no les creí cuando me dijeron que estabas aquí.
—Lo estuve —me acerco y lo abrazo de nuevo —han pasado tantas cosas, de verdad hubiera querido decirte que estaba bien, pero no tenía como — se separa de mí y me mira mientras se limpia las lágrimas.
—Te vez horrible, ¿qué le pasó a tu cabello? Parece un nido de ratas, y tu cara.
—Te cuento luego, ya estoy sanando, aquí nos han tratado muy bien —Frunce el ceño —Marian, ¿Cómo está? —su cara cambia, me mira a los ojos y abre la boca, luego la cierra y me entra un frío en el estómago.
—Ella está bien — la chica con la que estaba discutiendo Edward habla desde el discreto segundo plano donde había permanecido, y la reconozco, ella estaba en el grupo en que nos comandaba Edee —Destruyeron Emma, Aleck. La lanzaron al acantilado con decenas de personas, incluido el presidente, pero ella está bien —siento un descanso y un peso de encima que no sabía que tenía.
—¿Qué sucedió? —pregunto, pero es una pregunta estúpida ella ya me contó qué sucedió —¿Quién? —veo de soslayo como Edward y Pol se abrazan y se palmean la espalda.
—Nos hicieron creer que esta ciudad era la que hacia los atentados.
—¿Y cómo sabes tú que no es verdad? — le increpa Edee casi interrumpiéndola, con rabia, ella lo ignora y me habla a mí.
—Aleck, ellos nos dijeron que Oz les había pedido ayuda, y que ellos habían tenido que negarla, por eso Oz comenzó a atacar las arcas, porque quería nuestros recursos, pero como ya puedes ver, ellos no lo necesitan, nos engañaron para venir aquí, pero mi “comandante” —hace las comillas con los dedos —es demasiado testarudo para ver la verdad —Edward está apunto de replicar, pero Pol interrumpe.
—Chicos, sentémonos – indica las dos pequeñas camas que tiene la celda —creo que tendremos bastante tiempo para des atrasarnos y atar cabos.
Tardamos casi dos horas ponernos al día, desde nuestra sospecha de golpe de estado hasta la trágica muerte de Jina, y no puedo evitar sentir un vacío en el estómago “nos salvó la vida” dijo Edee, y me sentí feliz por ella, murió salvando vidas, lo que siempre quiso.
—Hay algo que no me cuadra —dice Lúa, que tuvo que decirme su nombre porque no lo recordaba —si en las arcas querían hacer un golpe de estado, por qué le echaban la culpa a Oz, ¿no era más sencillo culpar al gobierno y poner en contra de ellos al pueblo? ¿y por qué nos enviaron aquí?
—Además todo fue al revés — le digo —Fueron Las arcas las que pidieron ayuda.
—Eso nos deja solo una teoría —continua Lúa —La guerra de las arcas no es entre ellas, es con Oz.
—Te entiendo —dice Pol —¿Pero por qué hacerse atentados entre ellos mismos si querían atacar Oz?
—¿Y cómo estamos seguros de que en realidad no fue Oz quien hizo los atentados? Edward continua de terco, y lúa voltea los ojos.
—¿Acaso no escuchaste que fue una de nuestras naves quien derribó la suya? —nos señala
—Pudieron haberla interceptado, secuestrado.
—Bien — le digo —¿Y cómo explicas el doble atentado en la planta purificadora, Edee, yo estuve ahí, vi como Almadía mataba a todo el mundo, ¿qué te pasa? —le pregunto, ¿por qué es tan terco? Él deja de mirarme, y observa un punto indefinido en la pared.
—No quiero creer que jina murió por culpa de una guerra que nosotros comenzamos. Lo siento muchachos, solo que, a un quiero tener esperanza en mi nación.
—Pues cree en ella —Le dice Pol —Una nación es su pueblo, no sus dirigentes, un pueblo no tiene la culpa de lo que hagan sus líderes y no se les debe juzgar por ello, por eso necesitamos que nos ayudes, para que limpiemos el nombre de nuestra gente —A Edward le brillan los ojos por un instante.
—Bien, ¿y qué hacemos ahora? — Pol se encoje de hombros.
— Habrá que esperar — señala algo en la pared —hay una cámara de seguridad ahí, ya vendrán por nosotros.
Esperamos un largo rato, otra hora, quizás, y me lleno de desesperación cuando veo que no pasa nada, nadie viene, las demás celdas están vacías y ni siquiera hay alguien custodiándonos. Me pongo de pie, Edee y Lúa están sentados juntos, en silencio y Pol está en el suelo, con los pies abiertos y los brazos cruzados, se ve tan sexi que no me resisto a sentarme en medio de él y abrazarlo, y luego darle un beso en la mejilla. Él me abraza. Después de un rato volteo a mirar hacia la cama, Lúa sonríe y Edward niega con la cabeza.
—Ya era hora —dice y luego sonríe —supongo que estar a punto de morir hace que las personas se enamoren más —mira a lúa y ella lo fulmina con la mirada.
—Auch — susurra Pol. Meto mi cara en su cuello y aspiro su aroma, huele a jabón perfumado y a él. Huele a él, y eso me tranquiliza. Seguimos así un rato hasta que unos pasos me sacan de mi cómodo y calentito rincón. Nos ponemos de pie al tiempo que vemos como Rombru entra zigzagueando entre las celdas, se para frente a nosotros y guarda silencio. Luego se recuesta en un escritorio y mira a Pol.
—Bien — dice —¿y como sabremos que no se pusieron de acuerdo para decir todo eso — Señala la cámara de seguridad y Pol se encoge de hombros.
—No hay manera de demostrártelo.
—¿Entonces ni siquiera lo van a intentar? —se quita del escritorio y camina hasta quedar frente a Pol, separados únicamente por las rejas —Quiero creerles, pero todo esto de “no sabíamos y solo somos peones en un juego de ajedrez” no me suena para nada —menea la mano en el aire —ustedes llegaron de repente —nos señala a Pol y a mí — y luego ustedes con sus bestias gigantes.
—Nosotros no llegamos —le replico —ustedes nos trajeron si mal no recuerdo, y sabes muy bien que hubiéramos muerto si no. ¿eso te parece un plan?
—¿Bestias gigantes? —Edee se levanta de la cama y camina hasta quedar frente a Rombru —¿Qué traían las semillas? —Rombru lo mira fijamente, con una especie de odio contenido, le tiembla el labio.
—Después de que los trajimos aquí, el desfile siguió, tratamos de que todo siguiera su curso normal, pero de repente aparecieron unas criaturas que salían desde el alcantarillado, tenían… tenían forma de rosas —Edward me mira y sé lo que está pensando, pero dejo que Rom termine —hay mucha gente muerta, calculamos que hay cinco de esas criaturas, pero no sabemos si habrá más.
—Son solo cinco —le dice Edee y él lo mira mal.
—Pero —interrumpo el cruce violento de miradas — ¿Como cinco rosas pueden matar a tanta gente? No miden más de treinta centímetros.
—Son gigantes, enormes, calculamos que tienen un par de decenas de metros de altura —Rombru se pone las manos en la cabeza —una de ellas tiene a una rehén, es solo una niña de diez años, no deja que nadie se acerque — Edee me mira de nuevo, y me encojo de hombros, Grace era un genio, pero supongo que tergiversaron su trabajo.
—Sé cómo detenerlas —le dice Edward a Rombru —pero tienes que sacarnos de aquí, nosotros no somos los malos.
—Dime como detenerlas.
—Hay un control remoto, no sé por qué en él estaba la opción de destruir a todas las semillas o algo así, decía: detener después de eclosión o algo parecido, pero si no nos sacas de aquí y nos dejas en libertad, no te diré en donde está.
—¿Me estás amenazando, niño? —es la única respuesta de él, Edward niega.
—Es sólo un trato.
—Sé que tienes un cargo alto aquí —le dice Pol a Rombru —el presidente confía en ti y sé que tienes la autoridad para exonerarnos, deja que te demostremos que somos de fiar, y luego nos dejas ir a las arcas, tenemos mucho que hacer allá… podríamos evitar una guerra.
—La guerra ya comenzó —agarra la reja con fuerza.
—Entonces ayudanos a terminarla — le digo —aquí y ahora —noto una pequeña vacilación en su mirada, y veo su debilidad —tenemos muchos motivos para no querer una guerra —me acerco a Pol y entrelazo mis dedos con los suyos. Rombru se queda mirando nuestras manos entrelazadas. Él ama las parejas gays, y su hijo lo era. La información es poder.
—Demonios —dice. Lo tengo.
………………… …..…… …………………
Las calles están tan vacías, que me sube un frio extraño por toda la espalda, reina un silencio profundo y e inquietante. Terminamos de salir del edificio a la acera y lo primero que noto es el artefacto expulsa viento que tenía el hombre que limpiaba el polvo, está tirado de cualquier manera; de seguro lo dejó tirado y salió corriendo, no lo juzgo, habría hecho lo mismo. Lúa camina junto a Edee, Pol justo por delante de mí y Rombru viene acompañado de otro hombre incluso más alto que él. Edward se acerca a mí mientras entramos a la calle, los autos están abandonados, todo me recuerda a las fotografías de como quedaron las ciudades después de la migración por culpa del veneno.
—Tú tienes experiencia con esas criaturas, ayudame a pasar junto a ella —me dice, y lo miro con los ojos bien abiertos.
—Rosa medía quince centímetros de altura, ésta mide varios metros, ¿Cómo crees que voy a hacer eso?
—Pues es mejor que inventemos como, por que tu amigo gorilón no nos tiene mucha confianza, y lo entiendo, somos forasteros que llegaron a su ciudad e indirectamente han matado a varias personas, hay que redimirnos.
—Lo sé — confieso, y me entra una duda —Oye, Edward, ¿Qué pasó con Rosa? —él se encoge de hombros. Y me hago el idiota con el hecho de que no me corrigió al llamarlo por su nombre real
—La última vez que la vi la dejé en el baño de Capricornio, unas horas después de que te fueras. Me disparó como dos dientes. Luego me transfirieron, y cuando volví al arca ella ya no estaba.
—¿Estaba muerta? —pregunto asustado.
—No, no estaba, la maceta no estaba y la rejilla estaba recién cambiada.
—Qué mal, no podrá cumplirte la promesa —él me mira, mientras seguimos caminando —¿recuerdas esa vez que entraste a mi habitación en Emma y pensaste que tenía a una chica en el baño? —él asiente.
—Dijiste que se llamaba Rosa, eres un infeliz, ¿tenías a la planta ahí? —asiento.
— Le dijiste: prometeme que cuidarás a Jack Frost por mi cuando yo no esté, es delicado y se rompe fácil —sonríe con desgana.
—Yo ya sabía que te gustaban los hombres, creo que siempre lo supe, después de lo que pasó con Jina, ¿por qué nunca me lo dijiste? —ahora yo me encojo de hombros.
—No lo sé, tenía miedo, supongo —rodea mis hombros con su brazo y me apapacha.
—No sabes cuánto me dolió pensar que estabas muerto —suspira —te habrías avergonzado de mí, no fui para nada fuerte, me alejé de la gente, más aún —rodeo su cintura con mi mano y lo atraigo más a mí.
— No me avergonzaría de ti jamás —un carraspeo de garganta detrás de nosotros nos hace girar, Pol está ahí parado, detrás, mirándonos fijamente.
—Él es solo mío —dice y me aparta del lado de Edee, rodea mis hombros con su brazo,
—¿Cómo sigues de tu pie? —me pregunta, después de despachar a mi amigo.
—Es como si no me hubiera pasado nada.
—Bien, quiero que te quedes atrás, no sabemos a lo que nos vamos a enfrentar y no quiero que te pase nada.
—Voy a estar bien, Pol —me besa en la frente y avanza hasta alcanzar a Rombru y a Edee.
Después de unos minutos llegamos a la plazoleta principal, hay cientos de hombres armados apostados por todas partes, y nos refugiamos en una esquina justo por donde se abre una gran avenida. Al llegar un hombre informa la situación a Edee y a Rombru.
—La planta tiene un gran sentido de la percepción, cada vez que uno de los soldados se asoma por la esquina lanza esto — levanta un objeto delgado y puntiagudo, parecido a un hueso. Un diente. Edee lo toma y me señala con él.
— Tu demonio en miniatura me lanzó uno de estos, ¿recuerdas? —asiento —no parecía más grande que alfiler, ¿te imaginas el tamaño de ésta?
—Debe ser enorme —el diente está recubierto por una sustancia blanca y pegajosa.
—Bien —Rombru me apunta con el dedo, y toca mi pecho con él. Hay rabia en sus ojos y la concentra en la presión de su dedo contra mí — Según lo que escuché, tuviste en tu poder una versión prototipo de esto, así que nos dirás todo lo que sepas para detenerlas —Pol pasa entre Rombru y yo, con la excusa de dar un vistazo, a propósito, para dejar que me toque de esa manera, seguro lo ve como una amenaza.
—Ya les dije que existe un control remoto que tiene la opción de destruirlas, solo que está en la puerta frente a la rosa —Dice Edee —mientras peleábamos con Almadía la semilla se cayó.
—¿No les parece muy extraño que en control remoto esté esa opción? —Lúa habla y sale de su discreto segundo plano, de nuevo —digo, si voy a hacer un atentado, ¿por qué crearía la elección de destruirlas —todos la ignoran y me miran de nuevo.
—Tengo una idea, pero déjenme verla —Rombru me sujeta del hombro.
—Si te dejas matar y no nos ayudas, lanzaré tu cadáver a los perros.
—Tendrías que lanzar tres entonces —Pol habla por detrás de él —Porque yo moriría matándote a ti por ello —se hace una guerra de miradas que interrumpo literalmente pasándome entre ellos.
—Que bien comerían los perros —añado y avanzo hasta el borde de la pared. El hombre que está apostado ahí me indica que me agache. Lo hago.
—Mira solo un poco y mete la cabeza.
Me agacho y asomo la cabeza, y al ver, lo primero que distingo es una cabellera rubia reposando en el piso, es la rehén, y es una niña, y siento una presión en el pecho al pensar que pudiera ser Marián. Más arriba se alza orgulloso e imponente un monstruo, es justo como rosa, pero con un tamaño tan descomunal y aterrador. Parpadeo un par de veces cuando veo que el capullo baja y acaricia con un pequeño petalo el brazo desnudo de la niña. Desvío la mirada hacia las paredes, las alcantarillas, hacia cualquier lado que pueda tener lo que necesito, pero un jalón fuerte me saca de mi patético intento de concentración, y caigo al tiempo que uno de los colmillos golpea la pared, justo donde estaba mi cabeza.
—Te dije que no murieras, niño —me dice Rombru, aun con el cuello de mi camisa en su mano —¿qué viste?
—No es una rehén —le digo —La está protegiendo.
—Si, eso parece. ¿Cómo la detenemos?
—La máquina que expulsa aire —él frunce el ceño —si me sueltas podría respirar y contarte —me suelta haciendo una mueca —tienen un gran olfato, pero es lo único que las guia, no tienen ojos, solo olfato, podemos cegarlas con un olor fuerte, podemos regar algún olor fuerte y expulsarlo hacia ella con la máquina.
—O simplemente poner el producto dentro de la máquina — sonríe y me ayuda a levantar. Luego da unas órdenes y en un par de minutos se encuentran dos de aquellas maquinas frente a nosotros; comienzan a recargarlos con un líquido rojo y espeso.
—Es ambientador para pisos —nos cuenta Rombru —creo que es lo suficiente como para lograrlo, es de los más fuerte y está concentrado —voltea hacia Edee y lo señala con el dedo —Aun así, supongo que no tendrás más que un par de minutos.
— Es todo lo que necesito.
—Ustedes —Pol y yo estamos a su derecha —van a traer esa niña a salvo.
—Lo haremos —Pol le contesta mientras me agarra con fuerza de la mano. Rombru alza la voz.
—El resto les cubriremos las espaldas.
—¿Y yo qué hago? —Lúa agarra el brazo de Rombru al hablar.
—Tú, no estorbes — ella se queda atrás mientras avanzamos, y me recuerdo hablar con ella después de que pase todo esto y darle un poco de apoyo moral.
Las maquinas se encienden con un ronroneo suave y dos hombres se posicionan en las dos esquinas que dan entrada a la calle, Rombru comienza un conteo regresivo con los dedos, de cinco a uno, y cuando termina, las maquinas expulsan el líquido en forma de un humo espeso y emiten un ruido mucho más fuerte. Esperamos un poco, hasta que el gruñido histérico de la rosa nos advierte que ya está cegada, o eso espero.
—¡Ahora! —el grito de Rombru es un ataque de adrenalina que me impulsa desde mi escondite hasta la calle, pero cuando me introduzco en el humo, noto que es tan espeso que no logro ver nada.
—Rayos —Pol habla unos pasos más a delante de mí, pero no puedo verlo —hay que esperar a que se disipe un poco el humo.
Estamos unos segundos allí parados, escuchando los gritos agónicos de la rosa, tratando de respirar en medio de una fragancia hostigante que no lo permite, cuando oigo una toz fuerte, y luego el humo se aplaca lo suficiente como para ver el cabello rubio tirado en el suelo.
—¡Pol! —le digo, y le señalo con el dedo, aunque sé que no puede verme —Ahí está la niña.
—La veo —me dice, justo a un metro tras de mí. Me toma por lo hombros —tú ve por la niña, yo te cuido la espalda.
—Bien.
—¡Ahora! —comienzo a correr hasta la niña, y cuando llego a ella, lo primero que noto es que no está inconsciente, tiene los ojos bien abiertos y su respiración es rápida. La volteo boca arriba.
—Todo está bien — le susurro, y sus ojos verdes esmeralda se clavan en los míos, y ya no puedo ver a Marian en ella, esta niña es más grande, y más gorda. En una sola milésima de segundo, sus ojos dejan de mirar los míos, para mirar algo por encima de mi hombro. Me giro abruptamente para encontrarme con lo que sé que me voy a encontrarme, y un frío paralizante se extiende desde mi estómago. La rosa gigante mueve todos sus pétalos, los ondea en forma de abanicos y con el aire que causa la ondulación espanta el humo, así que estoy en medio de un espacio vacío de olor donde la criatura me puede ver.
Tomo a la niña entre mis brazos y escucho a la rosa gruñir, la veo abrir su boca y la hilera de dientes queda expuesta como huracán puntiagudo, lleva su capullo hacia atrás, solo un poco, lo suficiente para impulsar su colmillo con mayor velocidad; aprieta el capullo, estira el tallo, y justo en el instante en que lanza el colmillo, el cuerpo de alguien salta sobre mí, me agarra de abajo y me hace girar. Quedamos de nuevo entre el humo, pero estoy atrapado entre el cuerpo de la niña y el de Pol, esa cabellera rubia la reconocería a kilómetros, y además está justo en mi cara.
—Pol —le digo —Me aplastas.
—Al…— trata de decir —no… moverme.
—Diablos —Digo en voz alta, si mi prototipo de rosa me entumecía el dedo, ¿qué hará una de este tamaño? Pues paralizar a todo el cuerpo —¡Auxilio! — Trato de gritar, pero el cuerpo de Pol y la niña pesan demasiado y me asfixian; forcejeo con ellos por un par de minutos, pero el humo no ayuda a mi respiración, y todo empeora cuando siento una pequeña ráfaga de viento que sube desde mis pies. La rosa comienza a disipar el humo a nuestro alrededor, y en menos de un segundo, quedamos expuestos a ella. Grita con una fuerza descomunal, tanto y tan fuerte que hiere mis oídos. La veo luego erguirse sobre nosotros, a punto de atacar de nuevo, y comienzo a negar con la cabeza; Pol está sobre ambos, recibiría todos los impactos, y no creo que los resista, además, ni siquiera sé dónde lo golpeo el colmillo por primera vez. Niego a la idea de perderlo, y comienzo a gritar, desesperado. ¿Por qué Edward tarda tanto?
—¡Ey! —le grito a la rosa para distraer su atención y que me ataque a mí en vez de a él, pero no funciona, ella observa el torso de Pol —¡No! —grito de nuevo —¡Nooo! ¡Edward! —pero no hay respuesta ninguna, y veo todo perdido, mareado y sudoroso; sin aire y dolorido del cuerpo y el alma. El humo es muy espeso y los soldados de Oz no me pueden ver, así que parece que todo termina aquí y ahora. Le doy un beso a Pol en la cien, acompañado de un te amo y aspiro una vez más su olor. La rosa abre la boca, se impulsa hacia atrás y, luego, una explosión fuerte que me aturde por un momento, luego la presión se va y el aire entra de nuevo, y aspiro una bocanada tan grande que me mareo, y no logro ponerme de pie hasta que alguien me levanta de los brazos.
—¿Cuántas veces tendré que salvarte hoy, niño? —Rombru me mira con una mueca extraña. Todo cobra sentido de nuevo cuando el humo comienza a disiparse, y veo a Lúa, roja y sudorosa, parada en la acera frente a mí, con el control remoto en una mano y respirando con dificultad.
—Qué bueno que no estorbé —le dice a Rombru y le lanza el control remoto, que cae a sus pies y le golpea el zapato, él le sonríe con sarcasmo.
Me giro de inmediato hacia Pol, que está recostado sobre las piernas de un hombre que le toma el pulso, el colmillo le ha dado en la pierna, bajo el glúteo, atraviesa de lado a lado.
—¿Está bien? —el hombre asiente con la cabeza.
—El colmillo no golpeó ninguna vena importante, y está paralizado, igual que el resto —Levanta la cabeza y le indica a alguien que se encargue —llévenlo al hospital.
—¿Estás bien? —me acerco hasta él para que me oiga.
—Sí —susurra con dificultad.
—¡Aleck! —Lúa me grita desde lejos —es Edward —miro a Pol, no lo quiero dejar.
—Ve —Susurra de nuevo, y un par de hombres lo toman y lo comienzan a poner en una camilla, lo dejo ahí, tratando de no perderlo mucho de vista y corro hacia Lúa, que está rodillada frente al cuerpo tendido de Edee.
—¿Qué pasa? —pregunto, y el mismo hombre que atendió a Pol mete una manguera transparente en su garganta.
—Es una reacción alérgica a alguno de los componentes del ambientador, pero estará bien.
—Siempre dije que de los dos tú tenías más mala suerte —le digo y recibo un gemido como respuesta.
—Llévenlos a todos al hospital y denles algo de prioridad —Rombru habla, y todos obedecen.
Cuando se han llevado a Pol y a Edward al hospital, Lúa y yo nos quedamos a observar cómo recogen los desperdicios de la rosa que quedaron esparcidos por todas partes, más bien porque no tenemos más a donde ir, ya que no nos dejaron ir al hospital porque era un caos y estorbaríamos.
—Gracias —le digo, después de un rato.
—Era mi deber —se quita un mechón de la frente, y noto que, a pesar de los kilos de más, es realmente hermosa —cuando escuché a Edward toser supe que algo no andaba bien, así que corrí hasta él y lo único que me logró decir fue: “sobre el armario, sobre el armario” —lo imita, con una voz graciosa que me produce risa —después de entrar al cuarto y apretar el botón, no tuve más cabeza que para correr y ayudarlo —la miro, eso no era necesario de contar.
—¿Te gusta? —a mi pregunta se pone un poco roja.
—No lo sé, hay algo allí, al principio pensé que era empatía, pensaba, perdió a su mejor amigo que era como su hermano, no seré tan ruda con él —ríe —aunque a veces se me olvida.
—Creo que también le gustas — me mira con un peculiar brillo en los ojos, el mismo que veo en los cristalinos de Pol cuando me mira.
—¿Sí?
—No podría asegurarlo, pero lo conozco lo suficiente para pensar que sí —nos quedamos en un silencio cómodo, hasta que Rombru se sienta en medio de nosotros, en la acera.
—Siento lo de ahora rato — le dice. Hago ademán de ponerme en pie, es una charla privada, pero la mano de tonelada y media de Rombru me detiene.
—Tranquilo —le dice ella —No es la primera vez que alguien no escucha lo que digo y me subestima.
—Me imagino que te pasa muy a menudo — ella menea la cabeza.
—No eres el primero que se disculpa —reímos un poco, un poco de risa en medio de tanta amargura —apropósito, tengo una duda que no me termina de encajar.
—A ver —Por primera vez, Rombru parecía interesado en algo.
—¿No se les hace extraño que el control remoto tuviera la opción de destruir las plantas?
—¿Qué quieres decir? — Lúa comienza a contestar a su pregunta, pero es interrumpida por una voz perfectamente clara que sale del radio que Rombru tiene colgando del brazo.
—Código rojo.
—¿Qué sucede? — su voz sonó exasperada.
—Los arcanos, todos los ciudadanos se reunieron a las afueras del desierto hace un par de horas, los monitoreamos con los drones, vienen para acá, todos están armados y nos vienen a atacar, necesitamos a todos los hombres que hay en las calles, ¡ahora! —siento un frío que me recorre la espalda y el estómago y me pongo de píe como un resorte, pero cuando lo hago, Rombru ya ha dado un par de pasos hacia los hombres que estaban custodiando a las rosas, y que están reunidos en medio de la plaza.
—¡Todos! —les grita —¡código rojo, amenaza de ataque, a las naves! —los hombre se ponen de pie y comienzan a correr hacia una de las calles que desembocan en la plazoleta, Rombru inicia la marcha tras ellos, pero Lúa se le cuelga del brazo.
—¡No! —lo aprieta —No vallan, eso es lo que quieren —Rombru aprovecha su fuerza para quitársela de encima y la agarra por los hombros.
—¿Acaso no vez que es una orden directa? Hablamos luego, niña —y se va trotando de tras de los otros.
—¿A qué te refieres con: eso es lo que quieren? —le pregunto.
—Aleck, todo tiene sentido, escogieron al peor grupo de todas las arcas para venir aquí, porque querían que nos atraparan, para que Oz estuviera alerta, las rosas harían caos, y ahora todos los ciudadanos vienen para acá armados, tu tío se quiere apoderar de Oz y está utilizando a todo el mundo como carne de cañón, sabe que Oz está ofendida e irán a atacarlos directamente, así dejarán a la ciudad desprotegida —mi cabeza gira por un momento.
—Por eso el control remoto tenía esa opción, por que necesitaban las calles libres de las rosas para poder tomarse el poder.
—Es solo una idea —dice y se ata el cabello en una cola de caballo —y si es cierta, en algún lugar de la ciudad vendrá un equipo especial para matar al presidente y tomarse el poder.
—Hay que avisarle, ahora — le digo y ella asiente, luego miramos alrededor, las calles están bacias por completo. Lúa frunce el ceño.
—Bien, Aleck, en nuestras manos está evitar esta masacre, sabes que Oz los aplastará, así que corre.
El eco de nuestros pasos en las calles vacías es, cuando menos, escalofriante. La coleta que hizo Lúa en su cabello cuelga desperdigada por toda su espalda, y en vano intenta ponerla de nuevo en su sitio. Yo, en cambio, tengo los cordones desamarrados, pero ¿Quién tiene tiempo de amarrarlos? Cuando llegamos a la entrada del gran edificio donde vimos al presidente en la mañana, estoy cansado y pegajoso. —Solo tenemos que contarle al presidente lo que sabemos y decirle que no ataque a los civiles de las arcas —me dice, amarrando de nuevo la coleta con la liga elástica. —¿Crees que funcione? —la liga se rompe al fin después de varios intentos, y ella la desecha sin ningún remordimiento, como el que tira una goma de mascar en cualquier basurero; opta por dejar su cabello caer libre y este se le enreda de inmediato en la cara. —No lo sé, pero hay una gran posibilidad, tu solo dile que lo van a matar si no lo hace. Verás cómo colabora. —¿Yo le diré?
Capítulo 22Nos toman de una manera más delicada de lo que espero y nos guían al ascensor, esposados, solamente dos guardias entran con nosotros, Rombru no sube. Cuando las puertas se cierran observo a los guardias, tienen tan mala postura que podría derribarlos a los dos yo solo en diez segundos, pero también noto que hay una pequeña cámara de seguridad en una esquina, no lograríamos salir del edificio jamás. Observo a Pol, está calmado y respira profundo.—Lo sospechabas ¿cierto? — le digo —Que él era su hijo o algo sí—Él asiente, el silencio.Mis esposas están un poco ajustadas, y cuando bajamos al piso menos seis, ya tengo los dedos entumecidos.Cuando la puerta se abre nos obligan a avanzar un paso para salir del ascensor y cuando las puertas se cierran nos quedamos en una oscuridad que se extingue al final de
Capítulo 21Esta noche no hay sueños, ni pesadillas, solo una oscuridad calmada y pacífica, y cuando despierto estoy acostado de lado sobre el hombro de Pol, su brazo pasa por detrás de mi cabeza y reposa en mi espalda. Está tan tibio, y el ambiente frío del lugar lo hace más reconfortante. Paso mi mano por su pecho desnudo, y de nuevo descubro esa línea de vellos que cubre sus pectorales y hace una línea delgada que se pierde en su ombligo, y lo sigo acariciando con suavidad, perdiéndome en cada sensación, en los abdominales bien definidos, y sus enormes piernas enredadas en las mías. De algo tubo que servir toda una vida de entrenar y formarse.—No sabía que te gustaran velludos —me habla al sentir que llevo buen rato acariciándole el pecho. Me encojo de hombros.—Nunca me había puesto a pensar en eso, solo sé que en t
Siento una sensación fría en el estómago, como un vacío, como caer.—Rosa… Rosa dos — nadie contesta al otro lado, así que me quito el auricular y lo meto en uno de los bolsillos. Cierro los ojos y respiro. Soy un soldado, me han entrenado toda la vida para situaciones como esta —Físicamente —me digo en voz alta —me han entrenado físicamente, no sé cómo pensar — pienso qué haría Aleck, qué haría mi padre… Ellos no se rendirían, supongo, no sin dar la pelea. Doy media vuelta y comienzo a caminar de nuevo por los pasillos, las bombillas de color blanco le dan un especto claustrofóbico, ¿o soy yo?Cuando llego de nuevo a la pequeña oficina, el guardia está en la misma posición en que lo dejé. Recuerdo el camino, claro que lo recuerdo, solo tengo que deshacer mis propios pasos y salir a
Capítulo 19Edward.El rostro del tío de Aleck parece más pálido de lo normal, las ojeras y el cabello canoso le dan un aspecto andrajoso, y lo pixelado de la imagen no ayuda en gran manera a mejorar su imagen. Parece un fantasma que en vez de tener puesta la piel la lleva colgada.Mas temprano de lo que había llegado imaginar, la alarma de emergencia sonó por todo Capricornio, y el megáfono anunció una reunión importante donde el general nos daría una importante información. Uní a mi patético equipo y nos dirigimos allá lo más rápido que pudimos, pero por los pasillos ya se rumoreaba lo que había acontecido. La frase "la hija del general está bien" me calmó más de lo que esperaba, por suerte mi equipo y yo ya habíamos llegado Capricornio cuando atacaron a Emma.Al llegar, la pantall
Marian se levantó temprano esa mañana, hacia días que ya no podía dormir la noche completa, y se limitaba a tararear canciones sin sentido hasta que sentía la calidez del sol calentando el metal de la pared en que su cama estaba recostada. Esa mañana no esperó la salida del sol, se bajó de su pequeña cama y caminó descalza un rato tratando de menguar el dolor en el pecho, hacía unos días que le dolía, desde que Aleck había muerto.Abrió la puerta y ella le respondió con un chirrido aterrador que recorrió todos los pacillos a su alrededor. Salió y la puerta rechinó de nuevo al cerrarla. Caminó por los interminables pasillo como un alma en pena, arrastrando la bata de dormir, con el pelo enmarañado y la mirada ausente.Hablar con su padre había sonado una buena idea cuando salió de su cuarto, pero en cuanto m&aac