INICIAR SESIÓNCapítulo 19
Edward.
El rostro del tío de Aleck parece más pálido de lo normal, las ojeras y el cabello canoso le dan un aspecto andrajoso, y lo pixelado de la imagen no ayuda en gran manera a mejorar su imagen. Parece un fantasma que en vez de tener puesta la piel la lleva colgada.
Mas temprano de lo que había llegado imaginar, la alarma de emergencia sonó por todo Capricornio, y el megáfono anunció una reunión importante donde el general nos daría una importante información. Uní a mi patético equipo y nos dirigimos allá lo más rápido que pudimos, pero por los pasillos ya se rumoreaba lo que había acontecido. La frase "la hija del general está bien" me calmó más de lo que esperaba, por suerte mi equipo y yo ya habíamos llegado Capricornio cuando atacaron a Emma.
Al llegar, la pantalla ya estaba desplegada, y la imagen del general apareció en ella.
— Se está transmitiendo en todas las arcas al mismo tiempo — Me dice la chica regordeta de mi equipo, Lúa. Con el paso de los días me he dado cuenta de que sirve para retener mucha información innecesaria.
— Hoy es un día lamentable para nuestra historia — comienza a decir el general, el audio tampoco es el mejor — Emma ha caído, y con ella decenas de ciudadanos que han perdido la vida, incluido nuestro presidente — Se ve bastante afectado.
— Es muy grave - dice de nuevo Lúa — esto comenzará una guerra sin precedentes.
— ¿Por qué sigues hablando? — le interrumpo, pero no dice nada, solo se calla. El general sigue con su discurso.
— Todos merecen saber la verdad, como el dirigente de la comunidad ahora, es mi obligación decirlo. El mito de que la ciudad de Oz desapareció, que se extinguió y que no sobrevivió, es falso, la ciudad aún vive, y hace un par de meses se comunicaron con nosotros después de más de veinte años. Lo que dijeron fue perturbador; sus recursos se agotaron, las enfermedades sofocaron a la población y la ciudad muere lentamente, así que pidieron nuestra ayuda — hace una pausa que se me hace eterna — pero no pudimos ayudarlos. Como todos saben, no pasamos por nuestro mejor momento... tenderles la mano significaría el fin de ambas ciudades.
— Egoísmo — dice Lirae a mi espalda — ¿qué eso no fue lo que mató a casi toda la humanidad? — la miro, tiene la misma expresión de desagrado, y los labios pintados de negro.
— ¿Con qué te pintaste los labios? — le pregunto, y vuelca los ojos.
— ¿A quién le importa, señor? — al principio su irreverencia me provocaba ganas de golpearla en la cara, pero ahora solo me parece curiosa. El general levanta un poco más la voz, y los parlantes se oyen con estática.
— El no aceptar ayudarlos provocó una gran ira, y prometieron no quedarse de manos cruzadas, desde entonces comenzaron a hacer atentados en pequeña escala; interceptando algunas naves, secuestrando ciudadanos, pero se hicieron más osados al atacar la planta purificadora de agua, donde perdimos a más de quince de los mejores soldados, El virus en Curiara, luego atacaron la nave de investigación con todos los científicos más brillantes... incluido mi sobrino que iba como guardia — la voz le falla un poco, y tengo que respirar profundo para evitar que el nudo en mi garganta me haga flaquear, varias personas bajan la cabeza. Una guerra se hace más cercana cuando ya no existe esa sensación de indiferencia, la muerte de Aleck, de ese chico misterioso y silencioso que todos veían pasear por los pasillos les hace saber que la guerra es tan real como el aire que respiran, es el pensar de “me pudo haber pasado a mi” lo que hace que todos sientan esa sensación ácida en el estómago cuando se habla de él — pensamos que podíamos aguantar, resistir cada envite — continúa, esta vez su voz adquiere una entonación grave y fría — Pero el atentado contra Emma será lo último que aguantaremos. Ahora estamos en guerra, una guerra que terminará bien solo para uno de los dos bandos, y tenemos que asegurar que sea el nuestro, el destino de nuestra existencia está en nuestras manos, en sus manos, y este es el momento en que decidimos si tomarlo o no. hoy nos levantaremos hacia Oz, y cada ciudadano peleará y vengará a nuestros muertos, por ellos, que no tuvieron oportunidad. Es momento de demostrar porqué seguimos vivos y de qué estamos hechos, el futuro se acerca, lo veo, y veo nuestra victoria. Escribiremos otro gran capitulo en el mundo — La transmisión se corta, y la audiencia explota en vítores y llanto, y la algarabía es tan grande que no permite escuchar el himno que suena retumbando por todas partes.
miro a Jina, que ha permanecido todo el tiempo cruzada de brazos y en silencio, ella me devuelve la mirada se acerca y me habla al oído.
— Llegó nuestra hora, Edward... tu nos guias.
………………… …..…… ………………
Una hora después de la transmisión, tienen a todo mi equipo en la sala de entrenamiento. Jina y la chica malhumorada, Lirae, hablan acerca de una serie de abdominales para fortalecer el abdomen. La gorda y dos pies izquierdos, solo están sentadas ahí, en silencio, y Anah practica fingiendo que golpea a alguien con un movimiento de karate, no lo hace tan mal.
— ¿No se les hace un poco raro? — habla Ms ballena, todos la miramos — Oz muere de hambre, pero sí tiene para atacarnos, digo, armas, bombas, fuerza, y el virus en Curiara, ¿de dónde lo sacaron? si pueden crear un virus así, pueden generar su propia comida sin ningún problema, además están en la tierra, pueden crear luz artificial y cultivar, a nosotros nos cuesta días enteros conseguir sustrato para las plantas.
— No lo sé — digo — tal vez quieran nuestra tecnología.
— ¿Tecnología? — niega con la cabeza, y sus mejillas enormes se mueven con la gravedad — ¿qué tecnología? solo tenemos una serie de aéreo deslizadores que vuelan por milagro divino. Ellos no quieren nada de nosotros, también comenzamos a pasar hambre.
— Por primera vez estoy de acuerdo con el hipopótamo — dice jina, irrumpiendo en la conversación. Lúa asiente con la cabeza.
— Gracias... ¿espera qué?
— En las granjas las cosas no van nada bien, la demanda de alimentos crece cada vez más, y los alimentos para los animales son escasos e imposibles de conseguir... vamos en camino a la hambruna, todos lo saben, y nadie quiere aceptarlo —Mira para ambos lados, como si alguien la estuviera escuchando —anoche, a uno de mis clientes, uno de alto rango, se le escapó decir que habían muerto solo ocho personas en la caída de Emma, que habían logrado evacuar al resto. En el preciso instante en que lo dijo se arrepintió, lo vi en sus ojos.
—Pero el presidente dijo que eran decenas de muertos —añade Lúa Jina asiente.
—Exacto, se le escapó la verdad. Qué opinas, Edward — no tengo tiempo de contestar, ya que la puerta se abre, y un grupo de personas entra en la sala. La sargento Almadia viene con ellos.
nos ponemos de pie saludamos al estilo militar.
— ¿Qué usted no estaba agonizando en un hospital — le dice Lirae a la sargento almadía, y siento un escalofrió cuando la mira con esa mirada cargada de veneno, como si en cualquier momento le arrancara la cabeza, camina lentamente hasta ella y la mira de arriba abajo. Lirae parece imperturbable. Almadía me mira, como exigiéndome una respuesta acerca del comportamiento de una persona que se supone que está a mi cargo. Me encojo de hombros un poco como única respuesta. la sargento nos da la espalda y camina hacia los hombres que la acompañan.
— Ya estoy recuperada, y los acompañaré en su misión, me aseguraré de que todo salga como está planeado — toma una pequeña maleta de los brazos de uno de sus acompañantes y la abre frente a nosotros. Todos estiramos el cuello, y no sé los demás, pero no entiendo lo que veo; el maletín tiene un objeto ovalado, con forma de semilla, más grande que un puño. — La misión será sencilla — cierra el maletín de un golpe y Lúa, da un respingo — cada uno llevará uno de estos maletines, nos infiltraremos en Oz, y los esparciremos de manera estratégica.
—¿Qué son? — Pregunta Jina, y Almadía no la mira cuando contesta.
—Un arma… con eso les bastará. Entramos, las dejamos, y salimos sin ser vistos, es todo. Partimos en media hora. Cada uno cuidará su maleta con su vida y si la pierde… será mejor que no regrese.
Todos suspiramos cuando la sargento y su séquito abandonan la sala, dejando detrás seis maletas, una para cada uno. Lúa nos mira a todos, y luego niega con la cabeza.
—Definitivamente han escogido el peor equipo de toda la comunidad; Una gorda que no puede correr, ni saltar, ni… nada que, básicamente, sirva para esta misión, un enano hiperactivo, una con problemas de sociopatía, una prostituta que le vale m****a la vida, otra que no puede dar tres pasos sin caerse, y para dirigirlos a todos, un patético remedo de líder que no sabe si meternos a todos por su culo o sentarse a llorar. Es un suicidio.
—Ahora sí me cae bien —le indica Jina y Lúa no logra disimular su sonrisa.
—La semana pasada me infiltré en una bodega —sigue diciendo y nos anima a acercarnos para escucharla mejor —me descubrieron, pero logré ver unos aparatos que parecían controles remotos. Detonadores.
—¿Insinúas que es la comunidad quien está haciendo los atentados? —le pregunto y ella asiente.
—Tal vez sea un golpe de estado o algo así.
—¿Entonces por qué nos llevarán a Oz? —le pregunta Jina y ella se encoje de hombros.
—Tal vez nos hagan creer que vamos para allá, pero en realidad nos llevan a otra parte. De cualquier forma, lo averiguaremos — dice y se va, después de mirarme fieramente a los ojos, y se lleva consigo una de las maletas.
—No tengo problemas de sociopatía —añade Lirae, la miro, el rímel negro que delinea sus ojos parece más oscuro de lo normal —solo me cuesta adaptarme.
—¿Qué le pasa? —le pregunto a jina, apuntando con mi mano entera hacia la puerta por donde salió Lúa.
—Todas las personas afrontan su inminente muerte de maneras diferentes.
—¿Inminente? —pregunto.
—Ella tiene razón, en todo —los demás ya han tomado su respectiva maleta cuando tomo la mía y le pregunto:
—Y tú ¿cómo afrontas tu “Inminente” muerte? —suspira
—Como una bendición, ella lo dijo: Me vale m****a la vida.
Y se va.
……………… …..…… ………………
Sostengo el maletín entre las piernas, es liviano y pequeño, podría meterlo entre la camisa. El aéreo deslizador se balancea un poco hacia uno de los costados, y siento como Anah suspira profundo a mi lado, está pálido. Aprieto los labios, inseguro, sin saber si decirle algo… se supone que soy su líder, debo decirle algo para que se calme, pero le alejo la mirada, incapaz, y cuando miro hacia el frente Lúa me observa fijamente, sin ninguna expresión en el rostro. Me juzga, lo sé. Me dice con esa mi rada que soy el peor líder del mundo. Le sostengo la mirada un momento, pero no lo resisto y me doy por vencido mirando por una de las ventanas. No sé por qué me juzga, terminé con este puesto igual que ella.
Pasan un par de horas antes de que suceda algo interesante, kilómetros y kilómetros de selva virgen es todo lo que se ve a través de los vidrios rotos, jina está a mi lado, y le susurro cuando veo que almadía está distraída afilando uno de sus cuchillos.
—¿Crees que soy un mal líder? — ella me mira, sus ojos negros son profundos y oscuros.
—Depende.
—¿De qué?
— De cuantos volvamos a casa mañana —regresa su vista al frente y cierra los ojos.
—No es muy alentador, allá cada uno tomará caminos diferentes, ¿Cómo los protegeré, o lideraré? —niego con la cabeza — Lúa tiene razón.
—Tal vez no… tal vez somos muy jóvenes para entenderlo, igual ya no hay un hogar al cual regresar. Emma no está, y con ella todos los recuerdos que teníamos de nuestros padres y amigos yacen en el fondo del acantilado. Capricornio es un nido de víboras, y las demás arcas… no hay nada allí para nosotros. A veces quisiera —se detiene de repente cuando abre los ojos y ve que Almadía nos mira fijamente, luego voltea la mirada y no nos llama la atención. Jina continua: —¿No tienes un sueño? ¿uno que sabes que nunca será pero que no dejas de desearlo? —me mira, y esta vez la profundidad en su mirada no se debe a lo oscuro de sus ojos, y perdido en ellos contesto sin siquiera dudarlo.
—Desearía poder decirle a mi padre que no lo odio, que solo estaba enojado porque me dejaba y… no sé.
—Mi sueño es casarme, ¿sabes? con un buen hombre, que me ame, y huir… huir a un bosque donde no haya veneno y vivir sintiéndome libre. Lo pensé en la granja, criar animales rodeada de hijos y un buen esposo se convirtió en mi utopía favorita —medito que su sueño es una muy buena y bonita idea cuando lo suelta, sin más, y sujeta mi mano con fuerza —huyamos, Edward, cuando aterrice esto nos vamos — abro mucho los ojos —no, no tenemos que huir como una pareja. Ed, solo quiero irme de este infierno, de esta rutina, de todas estas, muertes, podemos criar gallinas y tener un perro, ¿te gustan los perros?
—Jina, no podemos dejarlo todo así no más — Se queda mirándome a los ojos un momento, afloja su mano que aprieta con fuerza la mía y veo como sonríe con desgana, una sonrisa triste y amarga, como si me dijera “sabía que no lo harías” regresa a su posición original y continuamos el resto del viaje inmersos en un silencio incómodo.
……………………………. …………………………….. ……………………………..
El aéreo deslizador aterriza en el suelo estrepitosamente, con un golpe seco y fuerte. Todos nos recomponemos tomando un sorbo de aire, al tiempo que Almadía desabrocha su cinturón de seguridad y camina de manera autoritaria por el pequeño pasillo, cuando pasa junto a mi casi rosa su pie con mi rodilla y siento un escalofrío.
—Todos van a llevar un auricular —comienza a decir —a través de ellos los técnicos les indicarán exactamente qué tienen que hacer, y hacia donde deben ir. Tenemos un aproximado de dos horas para entrar, poner las maletas y salir sin ser vistos— Lúa levanta la mano y habla antes de que Almadía le dé el permiso.
—¿Y cómo se supone que haremos eso? La ciudad es una plaza gigante, no hay lugar para escabullirnos sin ser vistos —Almadía ignora que habló sin su autorización y lanza una maleta que al caer se abre y desperdiga su contenido por todo el piso. Ropa.
—Nos vamos a mimetizar —dice —y respecto a la ciudad, a lo largo de estos años se han expandido, creando túneles interminables que se asemejan a un laberinto, por eso no pueden dar un solo paso sin que se lo autorice su respectivo técnico —Lúa me mira a los ojos, y comprendo de inmediato lo que me grita su mirada “¿una ciudad que muere de hambre y decadencia tiene el material y la población suficiente para expandirse?” agacho la mirada, incapaz de sostenérsela, ¿desde cuándo tiene tanto carácter?
Almadía nos da los auriculares, que entran perfectamente en el oído y son casi invisibles, y luego un pequeño micrófono que se adhiere a uno de los incisivos, nos da las máscaras y el pequeño bote con oxígeno, y cuando estamos listos, la puerta del aéreo deslizador se abre y nos golpea una ola de calor sofocante y espesa.
El recorrido por la jungla es complicado, las ramas se enredan con las armas y las lianas impiden nuestro paso.
Después de un par de horas estoy tan sudado que la ropa se me queda pegada al cuerpo como la piel de una serpiente que tiene que arrancar con las ramas, así que siento un alivio tremendo cuando Almadía detiene la marcha y nos ordena acercarnos a una pequeña placa de metal en el suelo que asemeja a una antigua alcantarilla, la abre y comenzamos a descender uno por uno. Soy el último en bajar, y le doy un silencioso a dios a la jungla, como si nunca la volviera a ver. Cuando estamos abajo, sin decir una sola palabra, nos indica que nos cambiemos de ropa. Saco lo que me parece que es de mi talla, y observo el interior del lugar, frio húmedo y oscuro, un pasillo interminable que se pierde en la oscuridad. Al terminar, me veo con unos pantalones de una tela extraña que están un poco rasgados, unos zapatos blancos desgastados y una camisa color azul oscuro que me queda un poco ajustada. Cuando levanto la cabeza Lúa y Jina me miran fijamente, están vestidas con unos pantalones de la misma tela que los míos y unas camisas floreadas; Lúa aparta la mirada, tímida, y Jina se me acerca un poco, lo suficiente para que logre escuchar su susurro.
—Te vez bien —asiento con la cabeza, sin saber bien qué decir. Lúa trae el cabello suelto, y cuando se para junto a mí, un mechón roza mi brazo, y me quedo disimuladamente ahí para sentirlo, tiene un cabello bonito y suave. Los demás se visten con prendas similares.
—Tendremos qué dejar nuestras armas aquí —comienza a decir almadía, Anah demora un poco en atar sus zapatos y ella se calla hasta que está bien erguido —así que usaremos esto —me tiende un bolígrafo de metal —Cada uno contiene cinco dardos paralizantes que actúan en 3,8 segundos si son capaz de apuntar al cuello, y 10 segundos en cualquier otra parte del cuerpo. El efecto dura una hora, pero la persona estará consciente todo el tiempo, así que solo utilícenlo de ser necesarios, y si es así, eviten ser vistos a la cara. Cuando las maletas estén en posición yo detonaré las bombas — alza hacia mí el detonador, y justo en ese instante Lúa abre la boca para decir algo, pero almadía la calla con una mirada que podría matar a cualquiera, pero ella no es cualquiera. Aprovecho su guerra de miradas para observa el control remoto que almadía aun sostiene ante mí, tiene dos botones, uno dice “iniciar” y el otro “Cancelar después de eclosión” están escritos a mano, sobre una cinta blanca. Almadía deja a Lúa en paz, regresa a su posición original y pone su puño derecho en el corazón, hacemos lo mismo y caminamos tras ella.
Después de un par de minutos escucho una voz en mi cabeza.
—No digas nada, mi nombre es Rosa dos, y para mí también te llamarás Rosa dos. Te guiaré en esta misión —acomodo el auricular para escuchar mejor —en trece segundos llegaras a una de las avenidas principales —almadía apaga la luz y nos quedamos a oscuras, pero después de unos segundos unas pequeñas luces de emergencia esparcidas por el techo, titilan de diferentes colores —¿ves unas luces en el techo?
—Si
—Sigue las de color verde — así lo hago, al tiempo que comienzo a escuchar un ruido extraño que sale de una puerta que está al frente y por la que entran unos pequeños rallos de luz —ahora quitate la máscara y dejala ahí luego abre la puerta — obedezco de inmediato pero cuando tengo el frio pomo en la mano me dice de manera pausada —Rosa dos, no te apresures, lo que vas a encontrar ahí es diferente a casa, es abrumador y confuso… Ve que hacen los demás y actúa como ellos, no llames la atención.
Asiento con la cabeza, aunque sé que no puede verme. Y empujo la puerta. Lo primero que siento al cruzar es el cuerpo de alguien golpear con el mío.
—Cuidado muchacho — la voz, parecida a la de un hombre adulto, tiene un acento extraño. Me incorporo para ver lo que hay a mi alrededor, y me obligo a cerrar la boca. Hay cientos de autos, los recuerdo de la escuela, en las clases de historia, pero jamás pensé que viviría para ver uno.
Toda la avenida es un enorme túnel, con grandes aceras llenas de tiendas y lugares que no reconozco y son confusos, la gente va y viene por las aceras, algunos rozan sus hombros conmigo, pero nadie me presta demasiada atención.
—Rosa dos, ¿me oye? —la voz en el oído me saca de mi ensoñación.
—Si, le oigo.
—Bien. No hables mucho en la calle, actúa normal y sigue caminando — Así lo hago, y comienzo a avanzar a través de la gente —Hoy es el aniversario de una fiesta que ellos llaman la coalición, y hay mucha gente en las calles celebrando, por eso es el día perfecto – solo entonces pienso, y gracias a ese comentario, en algo que no había pensado antes. Estoy ayudando a matar…a matar gente inocente que no tiene la culpa de lo que hacen sus dirigentes. Miro para todas partes buscando una respuesta del cielo, y solo me encuentro con cientos de rostros diferentes. Desecho la culpa tan rápido como llega; La gente infectada en Curiara no tenía la culpa, ni los soldados en la planta purificadora, ni los ciudadanos de Emma… ni Aleck. Aprieto el maletín con fuerza.
—Rosa dos —digo —usted me guía.
Una media hora después, estoy frente a una puerta parecida a la misma por donde entré.
—Estos túneles internos los utilizan para el transporte de electricidad, agua, gas —me dice el instructor —hace unos meses logramos interceptar un mapa de ellos —me meto por la puerta y me envuelve la oscuridad. Respiro en paz al no estar rodeado de autos, ruido y personas… Tantas personas. —sigue derecho, hay otra puerta que te llevará a un pequeño cuarto de control, ahí debe haber un guardia, sabes qué hacer.
Comienzo a caminar tanteando el suelo a mi alrededor hasta que doy con la puerta, y aprieto el bolígrafo con fuerza. empujo el portón y me introduzco en el cuarto. Cuando entro veo a un hombre con uniforme sentado frente a un escritorio que tiene las pantallas de lo que parece son cámaras de seguridad.
—Disculpa, ¿te puedo ayudar en algo? —Pregunta.
—Lo siento —contesto —estoy perdido —el hombre se para del pequeño asiento donde está sentado y camina hacia mí. Llega hasta mi altura y pone una mano en mi hombro.
—Tienes que irte ahora mis… —la palma de mi mano golpea su nariz, él da un paso atrás y la patada que le lanzo al pecho lo hace estrellarse en unos casilleros de metal que se doblan de inmediato con el impacto. Levanto el bolígrafo y le apunto, la pequeña flecha se entierra bajo el mentón, y el hombre escasamente tiene tiempo de tocarla cuando cae desplomado al suelo. Lo tomo por debajo de la axilas y lo recuesto en una esquina, en una posición que creo es cómoda, y noto que sus ojos están abiertos y sigue con ellos en cada uno de mis movimientos.
—Rosa dos, ya está hecho —digo —pero no está inconsciente… está.
—Paralizado, es un dardo paralizante, no un sedante. Apresúrese soldado, ya comienza la cuenta regresiva, siga por el pasillo de adelante.
Ignoro los pequeños monitores que muestran partes de la ciudad gracias a las cámaras de seguridad, y me introduzco por los pacillos hechos de concreto hasta que Rosa uno me hace entrar por una pequeña escotilla al costado de la pared, me arrastro ya que el túnel es pequeño y escasamente puedo gatear. Desde aquí puedo escuchar el ruido de los autos.
—Bien, ahí está bien, ahora saque el objeto de la maleta y entiérrelo en la tierra, con la parte angosta hacia arriba —tomo la maleta con delicadeza, la abro y extraigo el objeto que entierro lo más profundo que puedo. Cuando salgo, rosa uno me indica que cierre la escotilla, y así lo hago —Bien, la escotilla está diseñada para retener el agua en caso de una inundación, tiene un bloqueo manual que se desactiva un par de horas después. Jale la palanca roja que está junto al timón, y asegúrese de que quedó perfectamente bloqueada.
Así lo hago, y la escotilla ya no abre.
—Está hecho — le digo, y lo escucho reír al otro lado de la línea.
—Ahora, Rosa dos —dice con frialdad — en el radar veo que unos soldados se aproximan… vienen por la única salida. Buena suerte, Edward, sirvió bien a su patria —y se va.
El eco de nuestros pasos en las calles vacías es, cuando menos, escalofriante. La coleta que hizo Lúa en su cabello cuelga desperdigada por toda su espalda, y en vano intenta ponerla de nuevo en su sitio. Yo, en cambio, tengo los cordones desamarrados, pero ¿Quién tiene tiempo de amarrarlos? Cuando llegamos a la entrada del gran edificio donde vimos al presidente en la mañana, estoy cansado y pegajoso. —Solo tenemos que contarle al presidente lo que sabemos y decirle que no ataque a los civiles de las arcas —me dice, amarrando de nuevo la coleta con la liga elástica. —¿Crees que funcione? —la liga se rompe al fin después de varios intentos, y ella la desecha sin ningún remordimiento, como el que tira una goma de mascar en cualquier basurero; opta por dejar su cabello caer libre y este se le enreda de inmediato en la cara. —No lo sé, pero hay una gran posibilidad, tu solo dile que lo van a matar si no lo hace. Verás cómo colabora. —¿Yo le diré?
Capítulo 22Nos toman de una manera más delicada de lo que espero y nos guían al ascensor, esposados, solamente dos guardias entran con nosotros, Rombru no sube. Cuando las puertas se cierran observo a los guardias, tienen tan mala postura que podría derribarlos a los dos yo solo en diez segundos, pero también noto que hay una pequeña cámara de seguridad en una esquina, no lograríamos salir del edificio jamás. Observo a Pol, está calmado y respira profundo.—Lo sospechabas ¿cierto? — le digo —Que él era su hijo o algo sí—Él asiente, el silencio.Mis esposas están un poco ajustadas, y cuando bajamos al piso menos seis, ya tengo los dedos entumecidos.Cuando la puerta se abre nos obligan a avanzar un paso para salir del ascensor y cuando las puertas se cierran nos quedamos en una oscuridad que se extingue al final de
Capítulo 21Esta noche no hay sueños, ni pesadillas, solo una oscuridad calmada y pacífica, y cuando despierto estoy acostado de lado sobre el hombro de Pol, su brazo pasa por detrás de mi cabeza y reposa en mi espalda. Está tan tibio, y el ambiente frío del lugar lo hace más reconfortante. Paso mi mano por su pecho desnudo, y de nuevo descubro esa línea de vellos que cubre sus pectorales y hace una línea delgada que se pierde en su ombligo, y lo sigo acariciando con suavidad, perdiéndome en cada sensación, en los abdominales bien definidos, y sus enormes piernas enredadas en las mías. De algo tubo que servir toda una vida de entrenar y formarse.—No sabía que te gustaran velludos —me habla al sentir que llevo buen rato acariciándole el pecho. Me encojo de hombros.—Nunca me había puesto a pensar en eso, solo sé que en t
Siento una sensación fría en el estómago, como un vacío, como caer.—Rosa… Rosa dos — nadie contesta al otro lado, así que me quito el auricular y lo meto en uno de los bolsillos. Cierro los ojos y respiro. Soy un soldado, me han entrenado toda la vida para situaciones como esta —Físicamente —me digo en voz alta —me han entrenado físicamente, no sé cómo pensar — pienso qué haría Aleck, qué haría mi padre… Ellos no se rendirían, supongo, no sin dar la pelea. Doy media vuelta y comienzo a caminar de nuevo por los pasillos, las bombillas de color blanco le dan un especto claustrofóbico, ¿o soy yo?Cuando llego de nuevo a la pequeña oficina, el guardia está en la misma posición en que lo dejé. Recuerdo el camino, claro que lo recuerdo, solo tengo que deshacer mis propios pasos y salir a
Capítulo 19Edward.El rostro del tío de Aleck parece más pálido de lo normal, las ojeras y el cabello canoso le dan un aspecto andrajoso, y lo pixelado de la imagen no ayuda en gran manera a mejorar su imagen. Parece un fantasma que en vez de tener puesta la piel la lleva colgada.Mas temprano de lo que había llegado imaginar, la alarma de emergencia sonó por todo Capricornio, y el megáfono anunció una reunión importante donde el general nos daría una importante información. Uní a mi patético equipo y nos dirigimos allá lo más rápido que pudimos, pero por los pasillos ya se rumoreaba lo que había acontecido. La frase "la hija del general está bien" me calmó más de lo que esperaba, por suerte mi equipo y yo ya habíamos llegado Capricornio cuando atacaron a Emma.Al llegar, la pantall
Marian se levantó temprano esa mañana, hacia días que ya no podía dormir la noche completa, y se limitaba a tararear canciones sin sentido hasta que sentía la calidez del sol calentando el metal de la pared en que su cama estaba recostada. Esa mañana no esperó la salida del sol, se bajó de su pequeña cama y caminó descalza un rato tratando de menguar el dolor en el pecho, hacía unos días que le dolía, desde que Aleck había muerto.Abrió la puerta y ella le respondió con un chirrido aterrador que recorrió todos los pacillos a su alrededor. Salió y la puerta rechinó de nuevo al cerrarla. Caminó por los interminables pasillo como un alma en pena, arrastrando la bata de dormir, con el pelo enmarañado y la mirada ausente.Hablar con su padre había sonado una buena idea cuando salió de su cuarto, pero en cuanto m&aac