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Capítulo 28

Author: S. Lorie
last update publish date: 2026-02-08 11:25:02

Abrí los ojos lentamente. El pitido constante de una máquina me hizo girar la cabeza con dificultad. Intenté incorporarme, pero unas manos suaves me detuvieron.

—Tranquila —susurró Dante.

Lo miré confundida, mi visión aún nublada.

—¿Qué pasó? ¿Por qué estoy en el hospital? —pregunté, intentando sentarme, pero el mareo me vencía.

—Te desmayaste. El médico entrará pronto. Te hicieron algunos exámenes —respondió, con voz baja. Hizo una pausa antes de continuar—. Lamento que mi suegra haya ido a ha
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    Dante.Finalmente, decidimos llamar al chofer; veníamos cargados con todo lo que habíamos comprado en el supermercado. Cuando bajamos en la entrada del rancho, mi madre apareció corriendo junto a las empleadas y los trabajadores, todos deseosos de ayudar. Nuestros hijos estaban agotados:—Tengo mucho sueño, abuelita… —murmuraron, restregándose los ojitos.—Vengan, mis niños, vamos a dormir —respondió mi madre con ternura—. Entren, entren.Mi esposa se acercó, me tomó la mano y me susurró:—Querido, ¿por qué no vamos a descansar primero? Vamos a dejar todo adentro y preparar lo demás por la mañana.—Ve tú, mi amor, yo te alcanzo enseguida —le propuse.—No, mi amor, quiero ayudarte. Aún tengo fuerzas.En ese momento, mi madre se aproximó con el ceño fruncido de preocupación y preguntó:—Hijo… ¿todo esto es para la casa?—Bueno, madre —respondí con una sonrisa y rascándome la nuca, porque ni yo mismo sabía cómo habíamos terminado con tantas cosas—. Entre mi esposa y yo hicimos compras pa

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    DanteMe siento completamente feliz, y no lo voy a negar: en estos años he tenido muchos altibajos, pero el ángel que Dios me mandó, me ha hecho reflexionar y cambiar. Me ha enseñado a llevar las cosas con calma y, ahora, puedo decir que soy un hombre distinto, alguien que decidió dejar atrás un pasado que lo atormentaba día tras día, sin imaginar que me estaba destruyendo. Este presente ha sido un regalo maravilloso.Mi hija Milagros ya cumplió 12 años, y es una niña hermosa, inteligente, con una sabiduría que sorprende hasta a sus maestros. En sus 12 años ha aprendido a ser discreta, observadora, y yo soy el padre más orgulloso que existe.Antonella ha llevado nuestra empresa más allá de lo que jamás imaginé: muchas ventas, muchos propósitos cumplidos. Sus bocetos y creaciones han sido lo máximo: ropa para niños, trajes de maternidad, y diseños exclusivos que convirtieron nuestra marca en un referente que supera a otros empresarios de moda. Quién diría que recibiría tanta bendición

  • Las Protegidas del Magnate Solitario.   Capítulo 46

    AntonellaLos días avanzaban como viento en popa, y mis hijos cada día aprendían más cosas nuevas que me llenaban de orgullo. Milagros no paraba de gritar de alegría cuando logró pasar el examen para ingresar a la academia de danza y ballet; obtuvo la mejor calificación de todas. Con solo cinco años, es la niña más inteligente y brillante que pueda existir.-Papi, mami, ¡me siento muy feliz porque pronto podré estar en la academia de danza y ballet y cuando tenga suficiente edad estudiare patinaje! -exclamó Milagros, con sus ojitos iluminados de emoción-. Cuando sea más grande, quiero ser exitosaDante, orgulloso de ella, se agachó para mirarla a los ojos mientras acariciaba su cabello con suavidad. En ese momento nos encontrábamos en el colegio, esperando el inicio del festival escolar. Mi pequeño niño no paraba de saltar de alegría junto a su hermana, contagiado por su entusiasmo.-¿Eso es lo que quieres, mi amor? -preguntó Dante con una sonrisa cálida.-¡Sí, papi! Quiero ser una pa

  • Las Protegidas del Magnate Solitario.   Capítulo 45

    AntonellaHabía pasado una semana desde que mi esposo fue a poner una demanda de alejamiento contra Giovanni, y la verdad me sentía más que agradecida. Supe que la mujer que trabaja con él, esa tal Catalina, es su esposa, y que tienen dos hijos. Entonces, ¿por qué demonios seguía hostigándome? Mi esposo me explicó que tuvo que cortar lazos en la empresa porque no quería seguir trabajando con ella. No quería que Giovanni se nos acercara, y eso me hizo sentir más plena y segura; no era necesario que hiciera algo así, pero él mismo dijo que era lo mejor y que esa mujer ya lo tenía hastiado.Cuando llegué a la empresa, sentí todas las miradas sobre mí. Algunas sonrisas se dibujaron en los rostros, aunque no sabía si eran sinceras o no. La verdad, me daba igual. Avancé con la cabeza en alto hasta llegar a la recepción.-Quisiera ver al señor Dante Beltmoth -pedí con firmeza.La recepcionista ni se inmutó; estaba distraída con su móvil. Después de unos segundos, levantó la vista apenas y di

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    Dante.Desde lejos, los observé. Ese tipo estaba allí, junto a su madre… y también Catalina. Todo esto no podía ser una simple coincidencia: Catalina, la esposa de ese imbécil, trabajando en mi empresa. ¿Cómo demonios pasó esto? Necesito sacarla de ahí cuanto antes. No pienso permitir que ni él ni nadie relacionado con él se acerque a Antonella o a mis hijos.Me sentía confundido, molesto, casi paranoico. Necesitaba claridad para hablar con mi madre. Sabía que la señora no tenía la culpa de nada, pero no podía evitar el miedo: si llegaba a descubrir que Milagros es su nieta… no sé qué consecuencias podría traer eso. Quizá puedan exigirle a Antonella la paternidad, sin embargo no hay pruebas de que sea su hija, sin embargo, observando detenidamente, me di cuenta de algo que me dio un extraño consuelo: ese tipo no tenía ni el más mínimo parecido con Milagros. Al contrario, Milagros es como una reencarnación de mi hija fallecida. Era como si Dios mismo me hubiera devuelto a mi pequeña e

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    DanteBusqué a Antonella con la mirada, pero no la encontraba por ningún lado. Sentí que estaba tardando demasiado y me pregunté por qué se había ido tan rápido. Justo en ese momento, mi madre se acercó a mí con una mujer a su lado. Pero al fijarme mejor, me percaté de que esa mujer no era cualquiera: era la misma que Antonella había mencionado como la abuela de Milagros.Para mi sorpresa, junto a ella apareció Catalina. Al verme, Catalina abrió los ojos, claramente sorprendida de encontrarme en esa fiesta.—¿La cumpleañera es tu madre? —preguntó con curiosidad—. No lo puedo creer… ¿Esa señora es tu madre?—Sí, es mi madre —respondí con un hilo de paciencia.—¿Y esa mujer? —señaló a la señora—. ¿Es tu madre?—No, es mi suegra — me aclaro.—Wow, de verdad pensé que no visitabas a tu suegra después de que me contaste que te habías separado de tu esposo.—Bueno, estamos separados, pero aún vivimos en la misma casa —aclaro con frialdad.—No entiendo… pero bueno, eso no me incumbe — mencio

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