LOGINHacía ya mucho tiempo que a Olivia le importaba muy poco lo que pensaran de ella, para muchos siempre sería la niña malcriada de Martín Grayson. Por esa razón, mientras estuvo en Europa fuera del radar de su familia, había estado utilizando el apellido de soltera de su madre, y aquello la ayudó a surgir por sí misma. Hacerse de un nombre y no seguir siendo la sobra de su familia. Era cierto que todavía su fortuna no rivalizaba con la de su padre, pero podía alardear de los quince ceros en cada una de sus cuentas bancarias.
El día que decidió irse de casa fue porque había aceptado una propuesta de una importante empresa en Miami, pero los tentáculos de Killian Gallagher llegaron hasta el lugar unos meses después. Su jefe la llamó a la oficina preguntando su relación con él, por supuesto que negó que lo conocía. Supo que era el momento de poner más distancia entre ellos. Incluso estuvo un par de semanas en Dublín, pero obviamente él buscaba a Olivia Grayson y no a Elizabeth Murray. Solo dio su verdadero nombre cuando su contrato laboral se renovó.
Al volver a New York no dudó en llamar a Samantha Jacobs, quien era la coordinadora de finanzas en sus tiempos de estudiante. Siempre la trató con respeto a pesar de su corta edad, le decía que tenía mucho potencial y que algún día continuaría el legado de su padre. En el momento en que le contó lo que había hecho Killian todo ese tiempo, la rabia y el desprecio por el hombre creció como las olas del mar en ella. A los pocos minutos la mujer le pasó toda la información.
«Si alguien puede detener a ese idiota, esa eres tú», fue lo último que le dijo antes de finalizar la conversación.
Quedó completamente conmocionada con un choque de emociones que la hizo pedir al servicio de hotel un trago de whisky, y luego la botella completa. A pesar de que en la sociedad una mujer que pidiera ese tipo de bebida no era bien visto, no le importó en lo absoluto, porque necesitaba algo fuerte que le hiciera arder la garganta. Además de que iba a ponerse a trabajar en ese mismo momento.
En ese instante se sentía victoriosa, algo cansada y con un poquito de dolor de cabeza. Pero no por resaca, sino por la falta de sueño, ya que estuvo pegada a su portátil hasta que comenzó a salir el sol. Mucha gente no la reconocía, por el hecho que había cambiado. Ya no usaba su ropa estilo: Effortless Chic, mucho menos los jerséis oversize. Tampoco el cabello corto de color negro, mucho menos los piercing en la nariz y en la ceja derecha. Aunque se había puesto otros en lugares más íntimos.
Ni siquiera Samantha la reconoció en el momento, al menos había cedido a su petición para darle un pase como visitante a nombre de Liz Murray. Enseguida, entendió que estaba usando su segundo nombre y el apellido de su madre. Al llegar a la sala de la junta directiva, vio algunas caras conocidas.
—Samantha, agradezco que nos hayas citado esta tarde —dijo el señor Jackson, uno de los directivos más antiguos.
—Es un buen gesto de tu parte, que nos hayas reunido para darnos información de la salud de Martín, pero creo que con Killian al frente no hay mucho por hacer —añadió el señor Peters, otro amigo y socio de su padre.
—¿Y esta joven? —Fue la señora Carmichael quien formuló la pregunta mirándola con sospecha—. Su cara me parece familiar, pero no doy con quién.
—Mucho gusto a todos —era el momento de presentarse—. Soy Liz Murray, la nueva accionista.
—¿Murray? —Peters frunció el ceño.
Y ese fue el momento en donde Olivia aprovechó para presentar su propuesta, las cuales de inmediato fueron aceptadas por los presentes. El señor Bernard Jackson estaba dando su punto de vista cuando la puerta se abrió de par en par.
El corazón de Olivia comenzó a latir rápidamente, al mismo tiempo que su respiración quedaba atorada en los pulmones. Porque una cosa era nombrar al diablo que verlo llegar, la boca también se le secó. Por el hecho que se veía más guapo que la última vez que lo vio, tenía un aura de autoridad y peligro que hizo que su vientre se tensara. Apretó los dientes ante tal reacción, y sacudió la cabeza, puesto que de pronto sintió rabia con ella misma y su cuerpo traicionero.
—Saludos para todos —la expresión facial de Killian era de rabia contenida, al igual que su voz—, ya que están realizando una junta extraordinaria sin mí, vine a anunciarles las buenas nuevas para Grayson Corporation.
Todos quedaron en silencio, el ambiente se tensó y a su mente vino un recuerdo que la hizo sentir como si no valiera nada.
—Buenas tardes, disculpen la demora —Killian había saludado con una sonrisa de triunfo en la cara, alzó la mano y tenía unos documentos—. Aquí está el contrato con los grecos firmado.
Olivia se levantó de golpe.
—¡¿Cómo lo has conseguido?! —cuestionó—. Me dieron fecha para el próximo lunes…
—Bueno, Liv —respondió Killian con una sonrisa traviesa y encogiéndose de hombros—. Tengo en esto más tiempo que tú y tengo mis métodos —mostró de nuevo el documento a todos los presentes, aquello fue firmado por la hija del dueño de la compañía.
Estrechó los ojos hacia él y pudo observar en el cuello de su camisa y en su corbata. En ese momento, Olivia supo qué clase de métodos había utilizado para arrebatarle el contrato y que con eso obtendría el puesto de gerente general en la empresa familiar. Pero como siempre, Killian se había adelantado.
—Debemos hacer este recorte de presupuesto —Killian manifestó y eso la hizo volver a la realidad.
—¿Más recortes? —intervino la señora Carmichael.
—Es lo que se debe hacer, como pueden ver esta empresa no está generando productividad… —Killian chasqueó los dientes y negó con la cabeza—. Si no están de acuerdo con las nuevas medidas… pueden venderme sus acciones…
Fue cuando entonces Olivia quiso con su lápiz óptico sacarle un ojo a su hermanastro. Sin embargo, dio una respiración profunda y cuadró los hombros.
—La respuesta es no —expresó ella de manera firme.
Fue cuando entonces Killian la tomó en cuenta.
—¿Quién lo dice? —quiso saber él frunciendo el ceño, puesto que era obvio que no la reconoció, y estiró un poco el cuello para verla mejor — Y si tienes argumentos, puedes explicarnos a todos el porqué mi propuesta no es la mejor.
—Lo digo yo, Olivia Grayson —respondió y todos los directivos quedaron pasmados, puesto que había usado otro nombre—, y tengo más del treinta porciento de acciones en esta empresa —se levantó y caminó hasta donde él se encontraba, que era el lado de la presidencia—. Llegaste tarde, y ya he expuesto mi propuesta.
—Nadie me informó de esta reunión —Killian reprochó.
—Sabía que eras tú, usando el nombre de tu madre —el señor Peters, expresó con autosuficiencia.
Olivia dio un asentimiento de cabeza, miró a Killian de manera desafiante.
—Estoy más que segura que si alguno de la junta directiva quiere vender sus acciones no será a ti —cruzó los brazos sobre su pecho.
—Cuenta con mi apoyo, querida —inquirió la señora Carmichael.
—Con el mío también —fue Peters quien expresó que estaba de acuerdo.
—A usted solo le importa los negocios. ¿No es así, señor Jackson? —Olivia dijo enarcando una ceja hacia el hombre mayor.
—Buen…
Olivia alzó la mano y no lo dejó hablar, ya que Samantha le había advertido que él estaba a favor de Killian.
—Tampoco es que tiene un número alto de acciones, todavía vendiéndoselas al señor… Gallagher tienen un número alto de acciones.
Killian dio un paso hacia ella, y su perfume la golpeó.
—Necesitamos hablar, Liv —se inclinó hacia ella y la tomó del brazo.
—En otra oportunidad, ahora mismo voy de salida y ya me aburrí de este circo —se zafó de su agarre y lo miró con odio—. Si desea comunicarse conmigo, puede hacerlo a través de Samantha.
Miró a cada uno de los presentes.
—Señores, hemos terminado —Olivia les informó.
—Por ahora… —le recordó Killian.
La velada fue mejor de lo que Olivia esperaba, al menos eso creía. Estaban en el auto de camino a la casa de Killian y ella se encontraba absorta viendo las calles de la ciudad a través de la ventana. —Me alegra mucho que hayas congeniado con Elizabeth —Killian comenzó la conversación—, eso es importante a la hora de hacer cualquier tipo de negociación. —No te negaré que estoy un poco sorprendida. —Olivia se encogió de hombros—. A mí también, parece tener los pies bien puestos sobre la tierra y no una de esas inútiles mujeres de la alta sociedad.—Pero tú eres una de ellas —él quiso pincharla. Olivia se giró y, a través del reflejo de las luces en el exterior, pudo observar que sus ojos brillaban con un poco de diversión, al mismo tiempo que apretaba los labios porque estaba conteniendo una risita de burla.—¡Como siempre! —exclamó alzando las manos en exasperación—. No pierdes oportunidad de lanzarme el zarpazo, ¿verdad? Esa es tu especialidad, golpear cuando nadie lo espera. Sus
Al parecer Killian creía que podía arrastrala a su insatisfacción personal, quizás para él solo era un deporte hacerla sentir mal o la manera de vengarse por comportarse con él como una niña malcriada cuando era apenas una niña. Una mezcla de ideas sin sentido rondeó por su cabeza. Cuando llegaron al restaurante parpadeó un par de veces, además del lujo y la opulencia. Era un establecimiento en donde se enaltecía la cocina en Irlanda, ofrecía una experiencia gastronómica que combinaba raíces francesas clásicas con productos irlandeses de temporada. Estaban orgulloso de tener cuatro estrellas Michelini. Su salón principal destacaba por sus techos altos con detalles dorados y una importante colección de arte irlandés, creaba un ambiente sofisticado y con un pasillo con mucha luminosidad que daba hacia un jardín privado. Olivia había escuchado del lugar y se decía que su menú era conocido por platos delicados como los raviolis de langosta y una bodega de vinos de clase mundial.Killian
Olivia tenía dudas de las intenciones de Killian, puesto que hasta el momento no entendía para qué le había invitado a Dublín. La excusa fue una gira empresaríal, pero algo le decía que eso no era del todo cierto. Además de la incomodidad que sentía de su parte cada vez que mencionaba el tema. Era como si le estuviera ocultando alguna cosa, por el hecho de que no le había comentado lo de la cena hasta que practicamente lo echó de la habitación. Todo eso lo pensaba mientras desempacaba alguna de sus cosas, y buscaba algo adecuado que ponerse para la cena. «¿Por qué no lo mencionó antes?», se dijo mientras que encontraba el vestido que iba a usar. Tenía que ser muy cuidadosa porque las críticas de Killian no eran constructivas, si no hirientes. Por eso se fue por lo clasico de color n3gr0 confeccionado en tela neopremo. Tenía un corte estilo patinadora incluyendo la falda acampanada y plisada que caía sobre los muslos, creando volumen y movimiento a la hora de andar.El escote delant
En el instante en que el auto se dirigió a una vía intercomunal, Olivia frunció el ceño.—¿A dónde vamos? —no pudo evitar preguntar.—Mi casa está en las afueras de la ciudad —respondió Killian sin mirarla a la cara, puesto que estaba tecleando en su portátil.—¿Es que tú no paras? —A ella se le escapó la pregunta y luego se tapó la boca por su indiscreción. Mágicamente, Killian dejó de hacer lo que estaba haciendo y la miró enarcando una ceja—. Lo digo porque desde que subimos al avión estás trabajando.—¿Estás preocupada por mí, Mo ghrá? —le dedicó una sonrisa sexy—. Interesante para una mujer que, "según", no siente nada por mí —hizo el gesto de las comillas con los dedos.—No —respondió ella aclarándose la garganta—, simplemente no entiendo cómo será la dinámica entre nosotros.Killian soltó una carcajada y el sonido ronco de su voz estremeció el cuerpo de Olivia.—Si quieres te puedo explicar detalladamente cómo será —le guiñó un ojo.Olivia quería decirle un par de cosas, y una
—Pues déjame decirte que pienso lo mismo: nunca podría serlo —Olivia arqueó una ceja—. Te gusta tanto lo barato y lo corriente…—Entonces… ¿por qué te abriste de piernas para mí?Aquella conversación estaba caldeando los ánimos; en cualquier momento saltaría una chispa.—Lo siento, fue mi error —le dedicó una sonrisa fingiendo inocencia—. Estaba tan aburrida que tomé lo primero que se me puso enfrente.Killian alzó una ceja y apretó la mandíbula.—Realmente, no sé qué me pasó contigo —hizo una mueca de desdén—. Me engañaste. Te juro que durante un tiempo creí que eras agradable, incluso un poco inocente… —negó con la cabeza y chasqueó la lengua—. Pero la manera en que me quitabas la ropa dejó clara una cosa.—¿Qué? —preguntó ella con cautela.—Que eres una arpía.Olivia soltó una risita.—Pues creo que te gusta que esta arpía te quite la ropa.Una vez más, la tensión eléctrica se apoderó del espacio.—Por eso digo que me engañaste —contestó él con tono grave—, en todos los aspectos.O
—Tu no sabes nada, Liv —Killian soltó. —No lo sé porque no me lo dices —Olivia se relamió los labios—, papá y tu siempre fueron muy unidos… siempre me excluyeron. —Las cosas entre Martín y yo son un poco complicadas —él afirmó con tono seco—. No creo que puedas entenderlo…—Me sigues tratatando como una niña tonta que no es capaz de comprender los asuntos de los adultos —expresó apretando los dientes. —Pues, creeme cuando te digo que eso es lo mejor —él dijo—. Este no es el mejor momento para…—¿Para quién? ¿Para ti? —lo interrumpió— ¡Eres increíble Kilian! —alzó las manos en exasperación—. Tuviste la mejor versión de mi padre, prácticamente eras más hijo de él que yo —negó con la cabeza—. Ahora le quieres quitar todo…—Sabes muy bien que cuando se trata de propios intereses, Martín Grayson no piensa y no ayuda a nadie —Killian se pasó la mano por un lado de su cabeza—. ¿Que ha hecho durante todos estos años? Dimelo, Liv —presionó— ¿Y ahora? ¿Cómo es que de la noche a la mañana te







