LOGINKillian se había arrancado prácticamente la corbata en el auto, lo cierto era que todavía estaba un poco aturdido por la presencia de Olivia. Pero aquello debió haberlo imaginado, porque su padre estaba enfermo. Era obvio que se dignara a visitarlo.
Cerró los ojos, y se preguntó en ese instante en donde estaba la chica con ropa holgada, cabellos punk y piercing se pasó la mano por su barba incipiente. En ese momento se veía más hermosa que antes, aquel gesto en su nariz cuando no estaba de acuerdo en algo hizo que su corazón se calentara. Sin embargo, se atrevió a desautorizarlo delante de la junta directiva. Ya estaba pensando en más de una manera de hacerla pagar, pero ninguna tenía que ver con la oficina.
Por supuesto, que había recibido una copia del informe que Olivia había presentado. Era un trabajo impecable, la propuesta junto a las proyecciones eran muy buena, y sobre todo que podían lograrse. Nunca dudó de sus capacidades, estaba claro que la rivalidad entre ellos fue una motivación para hacerla brillar.
No obstante, Olivia continuaba siendo una complicación para la cual no tenía un plan de contingencia. Quería hacerle tantas preguntas, y una de esas era: ¿en dónde estuvo durante todo este tiempo?
Reclinó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos, comenzó a masajear su sien. Agradeció que Christopher había llegado en horas de la mañana, tenía muchos pendientes por hacer. De pronto se escuchó una notificación en su teléfono celular, y al mismo tiempo una de mensaje en el iPad de su asistente.
—¿Qué significa esto, Chris? —cuestionó mirando el aparato.
—Lo mismo me estoy preguntando, señor —él respondió mirando su dispositivo de trabajo.
—Déjame ver si vi bien los ceros —abrió mucho los ojos— ¿Es esa la cantidad que creo?
—Me temo que sí, señor —el asistente respondió aclarándose la garganta—. Son cinco millones de euros…
—¡¿Euros?! —exclamó con rabia—. ¡Ni siquiera dólares, sino euros!
—Señor… pero le recuerdo que la señorita Cassie tiene una cuenta bancaria considerable, gracias a usted.
—Ya lo sé…
Killian se arrepentía de eso, pero eso fue antes de que le robara a Olivia aquellos besos y se metiera debajo su piel. Fue como una compensación por la falta de cariño, pero después de haber descubierto su infidelidad se sintió completamente decepcionado. No obstante, en ese momento le quedaba claro que Cassie lo estaba robando.
—¿Quiere saber a donde ha transferido todo ese dinero? —Christopher lo sacó de sus pensamientos.
—Por supuesto, que quiero saberlo… —respondió con los dientes apretados—. Pero no solo esa transferencia, quiero los estados de cuentas bancarios y de tarjetas de crédito desde hace dos años.
—Muy bien, señor. Ahora mismo me pondré en eso… —No había duda que el hombre era muy eficiente—. Ya estamos llegando a la clínica en donde se encuentra el señor Grayson.
Luego de que el auto estacionó y puso un pie en la clínica dio una larga respiración, porque estaba claro de que el encuentro no iba a ser muy bueno. Cada vez que veía a su madre todo terminaba en discusión, y a eso tenía que sumarle el regreso de Olivia. Pero no era de los que huía a la primera, aguantaría aquella descarga como el hombre que era.
Al abrirse la puerta del ascensor, con lo primero que se encontró fue con la figura de su madre. Diana Grayson estaba un poco más delgada de lo normal y un poco demacrada. Killian no dudó en acelerar el paso.
—¡¿Mamá?! —no pudo evitar estrecharla entre sus brazos— ¿Te encuentras bien?
Al verla tan desolada había pensado lo peor.
—¿Qué haces aquí, Killian? —preguntó Diana alzando el rostro, y entre lágrimas añadió: —¿Vienes a ver si Martín ha muerto?
—Yo… —ante aquel reclamo se sentía impotente, se aclaró la garganta—. Solo quiero saber su estado de salud.
—¿Para qué? —reprochó su madre—. Para volver a intentarlo y esta vez matarlo…
—¡Mamá, por Dios! —Killian alzó la voz, pero enseguida miró a los labios—. Estás siendo un poco injusta conmigo.
En el momento en que Diana iba a contestar, la puerta de la habitación se abrió y Olivia salió. Se quitó el tapabocas, y dio una larga respiración y luego miró de Diana a Killian.
—Hasta en su peor momento, Martín Grayson quiere la presencia de su hijo pródigo —le dijo con desdén.
—No es el momento, Liv —manifestó la esposa de su padre.
Olivia la miró de una manera que Diana se calló enseguida.
—Cuando me llamaste, pensé por un momento, que perdería a mi padre, y rogaba por llegar a tiempo para verlo —chasqueó los dientes—. Pero me llevé una gran sorpresa, porque no es a mí con quien quiere hablar —hizo gesto con la boca señalando a Killian ladeó la cabeza y luego con un tono de voz gélido manifestó: —No voy a regresar, así que continúa encargándote de él.
—¡Dios mío, no puedes hablar en serio! —Diana exclamó alzando los brazos en exasperación.
—Es tu padre, Liv —Killian dijo.
—Pues, sería bueno que le recordaras que es el mío y no el tuyo —replicó ella—. Ahora tengo que irme, tengo cosas que hacer…
—¿Qué cosas? —él preguntó, al mismo tiempo que dio un paso hacia ella acercándose más de la cuenta.
—Empezando por tratar de arreglar el desastre que has hecho —Olivia contestó y lo miró a los ojos con indiferencia.
Killian bufó.
—¿Estás tratando de salvar la empresa familiar? —Se burló.
—¿Familia? —replicó ella y lo miró como si se hubiera vuelto loco—. Lo que menos me interesa lo familiar —enarcó una ceja—. Es solo un negocio en donde tengo la mayoría de las acciones, y el infierno puede congelarse antes de entregártelas —le hizo un gesto con la mano—. Ahora ve con tu padre, te está esperando. No olvidemos que la mala hija aquí, soy yo —dio dos pasos y se detuvo en seco—. Tendrás noticias de mí, Killian.
Olivia, después de decir aquello, se marchó. Killian parpadeó un par de veces por el asombro, la frialdad en cada una de sus palabras lo dejó atónito. Le pasó a un lado a su madre y le besó la frente. Esta lo agarró de la manga de la camisa.
—Por favor, Killian…
—Ya lo sé, mamá —él solo respondió y entró a la habitación.
El lugar con una luz tenue, el frío, el olor a esterilidad y el sonido de los monitores hizo que Killian se cuestionara en ese momento si había hecho lo correcto. Ver a un hombre alto, de contextura fuerte y tenaz, completamente vulnerable, lo dejó en shock, al igual que el comportamiento indiferente de Oliva.
—Killian…
Por impulso él estuvo inmediatamente a su lado.
—No te esfuerces, Martín…
—Sí, lo hago —el hombre mayor dio una respiración profunda—. No sé cuanto tiempo me queda.
—No hables sandeces, tienes mucho todavía por vivir.
—Cierto, debo vivir para que puedas ejecutar tu venganza…
—Eh… yo…
—No digas nada, hijo. Tal vez es lo que merezco por amar de esta forma a tu madre. Pero Liv no tiene la culpa.
—Martín…
—No puedes hacerle pagar por mis errores —lo miró con los ojos bien abiertos—. Para ella todavía lo eres todo…
—Yo no soy nada para ella —intervino negando con la cabeza, tal vez él dijo eso porque no vio su comportamiento afuera de la habitación.
—Eres parte de ella como lo es de ti —se relamió los labios—. Si le haces daño vas a arrepentirte toda la vida, ¿cómo vivirás entonces con la culpa?
Justo en el momento en que Killian iba a contestar, en el bolsillo de su pantalón vibró su teléfono celular. Le hizo gesto al hombre que lo había criado como a un hijo, y se alejó hasta la puerta.
—¿Qué sucede, Cris? —fue el saludo que le dio, porque sabía que era algo muy importante y asumió que era con su novia—. ¿Descubriste algo de Cassie?
—No creo que la transferencia de la señorita Hunter sea el problema ahora.
—Habla de una buena vez…
—Es la señorita Olivia…
—¿Qué pasa con ella ahora?
—Dos de los directivos le cedieron sus acciones y ahora ella posee el cincuenta y dos por ciento. Es la socia mayoritaria.
A la cabeza de Killian llegaron las palabras resientes de Olivia.
«Tendrás noticias de mí…»
La velada fue mejor de lo que Olivia esperaba, al menos eso creía. Estaban en el auto de camino a la casa de Killian y ella se encontraba absorta viendo las calles de la ciudad a través de la ventana. —Me alegra mucho que hayas congeniado con Elizabeth —Killian comenzó la conversación—, eso es importante a la hora de hacer cualquier tipo de negociación. —No te negaré que estoy un poco sorprendida. —Olivia se encogió de hombros—. A mí también, parece tener los pies bien puestos sobre la tierra y no una de esas inútiles mujeres de la alta sociedad.—Pero tú eres una de ellas —él quiso pincharla. Olivia se giró y, a través del reflejo de las luces en el exterior, pudo observar que sus ojos brillaban con un poco de diversión, al mismo tiempo que apretaba los labios porque estaba conteniendo una risita de burla.—¡Como siempre! —exclamó alzando las manos en exasperación—. No pierdes oportunidad de lanzarme el zarpazo, ¿verdad? Esa es tu especialidad, golpear cuando nadie lo espera. Sus
Al parecer Killian creía que podía arrastrala a su insatisfacción personal, quizás para él solo era un deporte hacerla sentir mal o la manera de vengarse por comportarse con él como una niña malcriada cuando era apenas una niña. Una mezcla de ideas sin sentido rondeó por su cabeza. Cuando llegaron al restaurante parpadeó un par de veces, además del lujo y la opulencia. Era un establecimiento en donde se enaltecía la cocina en Irlanda, ofrecía una experiencia gastronómica que combinaba raíces francesas clásicas con productos irlandeses de temporada. Estaban orgulloso de tener cuatro estrellas Michelini. Su salón principal destacaba por sus techos altos con detalles dorados y una importante colección de arte irlandés, creaba un ambiente sofisticado y con un pasillo con mucha luminosidad que daba hacia un jardín privado. Olivia había escuchado del lugar y se decía que su menú era conocido por platos delicados como los raviolis de langosta y una bodega de vinos de clase mundial.Killian
Olivia tenía dudas de las intenciones de Killian, puesto que hasta el momento no entendía para qué le había invitado a Dublín. La excusa fue una gira empresaríal, pero algo le decía que eso no era del todo cierto. Además de la incomodidad que sentía de su parte cada vez que mencionaba el tema. Era como si le estuviera ocultando alguna cosa, por el hecho de que no le había comentado lo de la cena hasta que practicamente lo echó de la habitación. Todo eso lo pensaba mientras desempacaba alguna de sus cosas, y buscaba algo adecuado que ponerse para la cena. «¿Por qué no lo mencionó antes?», se dijo mientras que encontraba el vestido que iba a usar. Tenía que ser muy cuidadosa porque las críticas de Killian no eran constructivas, si no hirientes. Por eso se fue por lo clasico de color n3gr0 confeccionado en tela neopremo. Tenía un corte estilo patinadora incluyendo la falda acampanada y plisada que caía sobre los muslos, creando volumen y movimiento a la hora de andar.El escote delant
En el instante en que el auto se dirigió a una vía intercomunal, Olivia frunció el ceño.—¿A dónde vamos? —no pudo evitar preguntar.—Mi casa está en las afueras de la ciudad —respondió Killian sin mirarla a la cara, puesto que estaba tecleando en su portátil.—¿Es que tú no paras? —A ella se le escapó la pregunta y luego se tapó la boca por su indiscreción. Mágicamente, Killian dejó de hacer lo que estaba haciendo y la miró enarcando una ceja—. Lo digo porque desde que subimos al avión estás trabajando.—¿Estás preocupada por mí, Mo ghrá? —le dedicó una sonrisa sexy—. Interesante para una mujer que, "según", no siente nada por mí —hizo el gesto de las comillas con los dedos.—No —respondió ella aclarándose la garganta—, simplemente no entiendo cómo será la dinámica entre nosotros.Killian soltó una carcajada y el sonido ronco de su voz estremeció el cuerpo de Olivia.—Si quieres te puedo explicar detalladamente cómo será —le guiñó un ojo.Olivia quería decirle un par de cosas, y una
—Pues déjame decirte que pienso lo mismo: nunca podría serlo —Olivia arqueó una ceja—. Te gusta tanto lo barato y lo corriente…—Entonces… ¿por qué te abriste de piernas para mí?Aquella conversación estaba caldeando los ánimos; en cualquier momento saltaría una chispa.—Lo siento, fue mi error —le dedicó una sonrisa fingiendo inocencia—. Estaba tan aburrida que tomé lo primero que se me puso enfrente.Killian alzó una ceja y apretó la mandíbula.—Realmente, no sé qué me pasó contigo —hizo una mueca de desdén—. Me engañaste. Te juro que durante un tiempo creí que eras agradable, incluso un poco inocente… —negó con la cabeza y chasqueó la lengua—. Pero la manera en que me quitabas la ropa dejó clara una cosa.—¿Qué? —preguntó ella con cautela.—Que eres una arpía.Olivia soltó una risita.—Pues creo que te gusta que esta arpía te quite la ropa.Una vez más, la tensión eléctrica se apoderó del espacio.—Por eso digo que me engañaste —contestó él con tono grave—, en todos los aspectos.O
—Tu no sabes nada, Liv —Killian soltó. —No lo sé porque no me lo dices —Olivia se relamió los labios—, papá y tu siempre fueron muy unidos… siempre me excluyeron. —Las cosas entre Martín y yo son un poco complicadas —él afirmó con tono seco—. No creo que puedas entenderlo…—Me sigues tratatando como una niña tonta que no es capaz de comprender los asuntos de los adultos —expresó apretando los dientes. —Pues, creeme cuando te digo que eso es lo mejor —él dijo—. Este no es el mejor momento para…—¿Para quién? ¿Para ti? —lo interrumpió— ¡Eres increíble Kilian! —alzó las manos en exasperación—. Tuviste la mejor versión de mi padre, prácticamente eras más hijo de él que yo —negó con la cabeza—. Ahora le quieres quitar todo…—Sabes muy bien que cuando se trata de propios intereses, Martín Grayson no piensa y no ayuda a nadie —Killian se pasó la mano por un lado de su cabeza—. ¿Que ha hecho durante todos estos años? Dimelo, Liv —presionó— ¿Y ahora? ¿Cómo es que de la noche a la mañana te







