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Capítulo 4

Author: Michelle
—¿Llevarte qué? ¿Las empresas de carga? ¿Los muelles?

Sofía apareció detrás de Marco, con la voz destilando veneno.

—Marco levantó este imperio, y fueron los contactos de los Conti quienes lo respaldaron. ¿Tú qué has logrado? Ser la esposa de un Falcone por diez años ya era más de lo que merecías. ¿Y ahora pretendes irte con los negocios?

Se contuvo y se mordió el labio. Luego dio un paso atrás y tiró suavemente de la manga de Marco, bajando el tono.

—Perdón, Marco. Me dejé llevar por el momento. No debí intervenir. Esto es asunto de ustedes dos. Por favor, no te enojes conmigo.

La ignoré y mantuve la mirada fija en Marco.

—Don, ya te dije lo que me llevaré. Quédate con el resto y empieza de cero con ella. Cuentas claras.

—Ginevra...

Se acercó a mí con pasos rápidos, pero cautelosos. Levanté una mano para detenerlo.

—Hagamos esto de forma limpia. Ambos nos aprovechamos mutuamente desde el comienzo. Ahora es momento de que cada uno siga su camino.

Antes de salir, los miré a los cuatro.

—Lo peor que me ocurrió fue que la familia Conti me encontrara. Si no hubiera sido una Conti, me habría quedado en aquel pequeño pueblo con mi madre adoptiva, atendiendo la panadería. Ella no habría muerto sola aquella noche de un ataque al corazón. Al menos habría habido alguien en el mundo a quien realmente le importara.

Al día siguiente, desperté en la habitación del hotel con una avalancha de llamadas perdidas y mensajes sin leer.

«Ginevra, hay demasiado en juego entre los Conti y los Falcone como para que te vayas así. Hablemos cuando te hayas calmado».

«Ginevra, no voy a aceptar el divorcio. Eres la Donna de esta familia. Todo lo que hagas nos representa. No dejes que tus emociones te controlen ahora».

«Ginevra, lamentamos lo que pasó antes. Pero lo que estás haciendo ahora está sacudiendo los cimientos de la familia».

Solté una risa amarga.

Ya la habían dejado pasar, esa bofetada. No había forma de deshacerla.

Deslicé la pantalla y aparecieron los mensajes de Sofía.

«Ginevra, ¿por qué haces esto? Solo quiero que todo vuelva a ser como antes. Yo me fui y tú te quedaste, y siempre te lo he agradecido. Pero ahora que volví, ¿de verdad crees que es normal que sigas al lado de Marco?»

«Anoche me dijo que cada vez que veía mis fotos todos estos años, se arrepentía de no haberme retenido a su lado. Lloró cuando lo dijo. Tú nunca lo has visto llorar, ¿verdad? Nunca llora frente a ti.».

«No quiero lastimarte. Pero Ginevra, lo que tienen tú y él, todo ese sufrimiento compartido, eso no es amor. Eso es deber, culpa y gratitud. No puedes pretender que un hombre pase la vida entera pagando una deuda».

«Marco es demasiado suave para decirlo, así que lo diré yo por él. Soltar es mejor para todos. Tú mereces que te quieran de verdad, no que te tengan cerca por culpa».

Un último mensaje llegó media hora después, como si hubiera dudado antes de enviarlo:

«Perdón. Quizás fui demasiado directa. Pero de verdad espero que encuentres la felicidad. La felicidad real. Sabes a qué me refiero, ¿verdad?».

Me quedé mirando la pantalla con las manos temblorosas.

Cada palabra estaba envuelta en dulzura, pero debajo de esa fachada se escondían navajas.

Me obligué a mantener la calma. Envié el acuerdo de divorcio y el poder notarial a mi abogado. Después, reservé el primer vuelo disponible para salir del país.

Tomé una captura de pantalla de los mensajes de Sofía y se la envié a Marco.

«Don, me llevo lo que construí yo misma. Quédate con el resto. Querías cuentas claras; aquí las tienes».

Inmediatamente después, lo bloqueé y apagué el teléfono.

Ya iba camino al aeropuerto cuando mi mejor amiga me llamó.

—Ginevra, revisa tu teléfono ahora mismo.

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