INICIAR SESIÓNY no solo John dejó de pensar, logró que Anabella se entregará y se perdieron en la lujuria que los atormenta desde la primera vez que se vieron.
En cuanto los labios de él reclamaron los de ella, Anabella respondió gustosa con un murmullo de placer, la colonia de John la hacía alucinar, se sentía segura, más porque el corpachón de él la cubre por completo.
John no podía parar, los murmullos de placer de Anabella eran adrenalina en su cuerpo, ahora no tenía dudas y su cuerpo estaba más que dispuesto pues sentía que solo colaboraba a que ambos se calmaran, sin tentar a su suerte no quería analizar nada, porque el asunto de la noche pasada lo dejó realmente asustado.
Se dedicó a soltar los botones perlados de la blusa de Anabella y se encontró con un hermoso brasier negro con encaje rojo.
John se mordió el labio inferior.
—Esto es justo lo que le pedí a Santa.
Anabella rio aun un poco nerviosa, pero no pudo reír más cuando John echó su cabello atrás y dejó besos cálidos y húmedos en su cuello, con delicadeza bajó la tira del brasier y besó el hombro de Anabella.
—Tienes una piel hermosa Anabella, cremosa y perfecta.
Anabella no sabía si reír o llorar, ella estaba lejos de sentirse perfecta, pero quería creer que al menos era deseable para un hombre como John Campbell, sus miedos y dudas respecto a ella comenzaron a distraerla, pero John se dio cuenta de que ella ya no gemía y se separó un poco de ella.
—Perdóname Anabella —esta vez quería hacerlo perfecto y no arriesgarse a que su geniecillo lo mandara al demonio de nuevo—; no debí atacarte de esta manera, mereces algo mejor que ser atacada en mi oficina…
Anabella negó rápida y enérgicamente con la cabeza.
—Quiero sentirme mujer —murmuró ella como siempre diciendo exactamente lo que piensa y no se arrepentía de decirlo, porque necesita de esto, quiere saber lo que es sentirse arrastrada por eso que siente su amiga que la hace ser tan cínica, que sintió Mark y lo llevó a mandar a su matrimonio por el caño; Anabella sabía lo que era sacrificarse por amor, pero no sabía lo que era entregarse a la locura por sentirse mujer.
John no necesitó más incentivo y en este momento quiere hacer una fiesta porque siente que ganó.
De nuevo la besó y ahora Anabella se montó en el escritorio deslizándose con la falda en la superficie de acero, sintió escalofrío al sentir el frío del metal en sus muslos en comparación con el calor que brota del cuerpo de John que está ardiendo.
John la inclinó para acostarla y Anabella sintió la cadena de oro de John rozar sus pechos, entonces ella metió las manos por dentro de su camisa y él emitió un gemido cuando sus palmas frías tocaron su costado caliente, ella no resistió pasar sus uñas por la espalda de él, no con fuerza, pero sí con un deseo de atraerlo hacia ella y meterlo en su propia piel.
John soltó el botón su falda y la bajó por sus piernas y no se decepcionó al ver la panti a juego; su corazón se aceleró, ella tenía la hermosa figura de guitarra que se imaginaba y el triángulo liso entre sus piernas lo llamaba como un imán al metal, sin embargo, no tenían mucho tiempo para saquear su cuerpo como un bandido, como quería hacerlo.
— ¿Quieres que te haga sentir bien hermosa?
Anabella con los ojos cerrados afirmó con la cabeza y John pasó la lengua por el borde del bikini, entre la pierna y el monte de venus, ella gimió sin poder controlarlo y él subió su mano hacia su boca e introdujo su dedo pulgar, Anabella mordió la almohadilla de su dedo pulgar y apretó sus piernas, John rio por lo bajo y mordió en el monte de venus a través del satín de la prenda.
—Relájate cariño…
John le levantó con cariño una pierna, acarició y besó desde el tobillo hasta llegar detrás de la rodilla y colocó el pie en su hombro, bajó con cuidado la prenda dejándola expuesta para él.
En el momento que Anabella sintió la delicadeza de su lengua en su delicada carne trató de cerrar sus rodillas, la sensación era demasiado intensa, no era algo que Mark acostumbraba hacerle y ella se convenció que no era necesario, pues veía que equivocada estaba.
John exploró como quiso, utilizando sus manos sus dientes y sobre todo su despiadada lengua que no le dio cuartel, Anabella apretó los extremos del escritorio y John la llevó al borde, se sentó en la silla y se dio un festín con ella.
Anabella sintió que el orgasmo le llegó rápido, antes de que su mente se concentrara en otra cosa, en cuanto sentía que los espasmos de su feminidad estaban en su punto más alto escuchó el sonido metálico del anillo de John rozar con la hebilla de su cinturón y sintió como él estaba sobre ella.
De una embestida certera estaba dentro de ella.
Anabella se atrevió a abrir los ojos y se encontró con su mirada verde, él le sonrió ligeramente y con sus manos quitó los mechones de su cabello del rostro, se movió y todo se hizo mejor.
Anabella volvió a cerrar los ojos para no perderse de lo que el sentido del tacto le dice mejor.
Se sentía llena y aun sin verlo sabía que el hombre estaba bien dotado, escuchó su respiración agitada y en cuanto aceleró las embestidas creció dentro de ella la ola de satisfacción, John con la mano entre ellos frotó en perfectos círculos el hinchado clítoris sobreestimulado mientras se enterraba en ella con repetidas estocadas.
Anabella quería gritar y abrió la boca para hacerlo cuando de nuevo explotó en su bajo vientre el éxtasis que continuó con latidos que arrancaban placer de su centro y John la besó para con su boca tragar su grito, apenas regresaba del mundo de los saciados cuando sintió como él con fiereza succionó su lengua y apretó entre sus brazos.
Anabella se echó a reír, aquello le parecía tan bizarro que quiere celebrarlo, aquí está ella en brasier y sandalias sobre el escritorio de una oficina en pleno corazón de Manhattan con el hombre más sexi que ha conocido en su vida que está completamente vestido la acaba de follar.
—Santo Dios, estoy loca de remate.
John sentía lo mismo, no estaba preparado para lo que sintió con Anabella, estaba en su oficina, “en su oficina”, aquello era inaudito.
John se separó de ella y se resbaló al tropezar con su falda.
—Dios bendito, tenemos que ir al juzgado y ahora tu falda estará arrugada y manchada por la suela de mi zapato —musitó John molesto con él mismo por dejarse gobernar por las emociones.
—No te preocupes, es oscura y me queda ajustada, no se verá arrugada —murmuró Anabella y ya la adrenalina se ha ido y solo queda la vergüenza, la mala cara de John no ayuda.
—Esto no se puede repetir, te prometí ayudarte y ahora…
—No me obligaste, yo también quise.
— ¡Ese es el problema! —exclamó John decepcionado de él mismo—. Por eso odio la improvisación, se toman riesgos innecesarios.
John fue a su baño y botó el preservativo anudado, lavó su rostro y se miró al espejo.
—Es suficiente Campbell, no eres un puberto estúpido, es momento de retomar tu vida y dejarte de babosadas y errores —le dijo al espejo, se secó y salió.
Anabella estaba parada junto al escritorio y aun no se había vestido, su cara era triste y desorientada y John no pudo evitar admirar su hermosura tan tropical que ahora no tenía la sonrisa que antes exhibía, se sintió peor con él mismo, no era justo para Anabella que él colaborara a las murmuraciones de los chismosos del bufete.
Anabella pasó al baño privado de John con la ropa en la mano y se encerró, se miró al espejo y también sintió culpa.
—Sigues siendo la misma tonta que cuando tenías 18 años, es que no aprendes —amonestó a la imagen del espejo.
Anabella no quería pensar en que alguien se diera cuenta, que Irina utilizara en su contra que es una desvergonzada y le quitaran a su hija y todo por sentirse tan minimizada que necesitaba de la aprobación de un hombre. Aquello no era justo.
Anabella se arregló de nuevo y en cuanto salió su mirada era altiva, ya John había abierto la puerta de su oficina, la miró y se acercó a ella, aunque sin tocarla.
—Perdóname Anabella, de aquí en adelante debemos ser más discretos, parte de mi compromiso era velar por tu reputación en el trabajo.
Anabella negó con la cabeza.
—No me pida perdón, yo no soy una niña, debí poner freno.
—Solo olvidémoslo y vamos a trabajar.
Anabella fue a buscar el café de John sintiendo un terrible vacío en el pecho, algo le dice que aunque no lo hayan dicho entre John y ella todo terminó.
Meses más tarde Anabella estaba en Central Park sirviendo la comida para toda su familia, era costumbre que asistieran a estos días de campo en familia, el pequeño William y las trillizas de Viviana caminaban ya y Lizzie y la sobrina de Jeremy los cuidaban. Anabella orgullosa y sonriente iba mirándolos y pensando que era un buen momento de felicidad para todos; John estaba acostado en las piernas de su mamá como si fuera una almohada, no solo la había perdonado, prefirió olvidarlo y demostrarle lo mucho que la ama, porque aunque fuera una mujer malvada que no lo era, por ser su madre y pilar fundamental de su vida no quería perder tiempo en peleas ni por un segundo. Margot ahora disfrutaba de estar en casa dedicándose a su esposo y nietos, renunció y salió por la puerta grande sin mancha, pero no quería ser de nuevo abogada, aunque de vez en cuando daba consejos a John que empezó en un pequeño bufete. Todos los empleados de Campbell Wells consiguieron trabajo en distintos bufete
Anabella estaba con Teresa y Emiliano en el cementerio, era el sepelio de Mark, al principio Anabella no quería que Lizzie fuera, pero por súplica de los padres de Mark y su propia madre que le dijo que Lizzie tenía derecho a despedirse de su padre y que si algo le pasaba ellos estarían para ella mostrándole que no estaba sola, finalmente la convencieron. Emiliano cargaba a Lizzie, Anabella no podía evitar concentrarse en la fotografía de Mark sonriente junto a la urna a punto de bajarla, sus padres lloraban por su hijo, la hermana de Mark que estaba en el espectro autista como siempre estaba en su propio mundo. Su corazón dolía, recordaba a Mark sonriendo, contándole emocionado lo que para él era importante, de alguna manera su mente también vivía en un mundo propio, uno que no le permitió ser un adulto, y ahora tampoco envejecerá, en su mente trataría siempre de recordarlo así como en la fotografía, como un hombre alegre, al que nunca le faltaba una sonrisa, pero sí propósit
John fue a la oficina de su madre entonces y citó a su tío. Debía informarle su decisión. —Quería que Irina estuviera presente, pero no he podido localizarla, y nadie me da razones de ella. —Y la duendecilla que se pinta el cabello de colores de muñeca ni siquiera se presenta a trabajar, hace tiempo que debimos despedirla y mi estómago no se revolviera cada vez que tengo que verla, ella es mala para mi hija. —Melanie está embarazada, Harry y bien sabemos que ella e Irina tienen una relación, al menos ten el tacto de no ofenderla. —Y tú ten el tacto de meterme en mis asuntos Margot —replicó Harry. —Hubiera sido buenísimo que mi madre hubiera tenido el tacto, pero sabemos que no puede evitar querer arreglar todo lo que está mal y usted tío acumula una gran montaña de casas mal hechas en su vida. —Si esta es una inquisición me voy, no permitiré que un niño como John me recrimine nada. —Tengo el derecho a renegar de ambos, pero no es por eso que los cité. Vine a deci
Mark llevó a Lizzie con Anabella muy temprano, la niña quería estar con su madre, estaba preocupada por John y Mark furioso por el cariño que le tiene su hija a su enemigo prefirió alejarse de su hija. —Papi —lo llamó Lizzie porque se iba sin darle un beso como de costumbre, Mark se puso de cuclillas para igualar la estatura de Lizzie—. Sé que tú y John no son amigos, pero quizás si lo conversan, mi maestra dice que debemos decir lo que nos molesta y hacer un esfuerzo por recordar lo que les molesta a otros para evitar las peleas. —Son cosas de adultos Lizzie. La niña bajó la cara. —Es que yo quiero mucho a John, él es mi mejor amigo en el mundo. — ¡Yo soy tu mejor amigo en el mundo, no él! —exclamó Mark en voz alta y Anabella como una fiera protectora lo encaró. — ¡Mejor vas perdiendo esa costumbre de estar gritando! Me cansé de eso, Lizzie te está hablando con el corazón en la mano, ella no sabe de odios… Mark suspiró y vio que Lizzie apretaba sus manitos y su b
Por su parte Irina no estaba nada contenta con la denuncia de Mark, sabía que John no era capaz de encubrir un delito de esa magnitud, ni siquiera por un cliente importante de la firma, mientras Mark se bañaba, ella llamó a su padre, quería saber los pormenores de Bennett Almenar, marido de Laila, ella sabía que su padre era quien se encargaba de esta cuenta. A Harry Wells no le sorprendió en lo absoluto que la joven Laila fuera capaz de planear la muerte de su marido, los hijos de Bennett no confiaban en la nueva esposa de su padre, que a solo dos meses de casados enfermó y se degeneró muy rápido hasta morir. —Papá, pero el imbécil de Mark acusó a John de saber del delito y ayudar a la viuda a esconder el crimen e intentar comprarlo y sabemos que John no sería capaz de hacer nada de eso. —Irina, por amor de Dios, debes hacer que Mark deje ese asunto, una cosa es denunciar a su examante y lograr que la hundan en la cárcel y otra cosa es involucrar a John, eso no nos conviene a
Anabella estaba deseosa de ir al distrito y saber de John, pero Margot enfáticamente le pidió no ir. Emiliano puso a Lizzie en su antigua habitación y regresó a la sala de la pequeña vivienda, Anabella hablaba con Teresa. —Margot me dice que no vaya, pero siento que abandoné a John en un momento que me necesita. —Margot sabe lo que hace, si ella te dice que no vayas es porque es lo mejor —la consoló Emiliano. —Debería ir allá, averiguar qué está pasando para que llame a Anabella y le informe —sugirió Teresa con mala cara a Emiliano. —No me moveré de aquí, Anabella está muy nerviosa, Lizzie también podría tener un ataque de asma, mi trabajo es encargarme de ellas. Teresa chasqueó la lengua. —Uy sí, pero que dedicado… —murmuró con ironía. —Mamá, podrías ya olvidar todo eso, por Lizzie, si ella despierta verá tu actitud y ya ha tenido suficiente con John y Mark. — ¿Yo soy culpable?, ¿tu papito no?, claro, él ni estaba para tener actitud ninguna. —Solo estás







