LOGINAl día siguiente era viernes; Anabella le pidió a Viviana llevarla al trabajo, sería un día importante y decisivo, hoy presentaban el caso al juez. Anabella despertó con enormes ojeras que tuvo que disimular con maquillaje.
—Cómo quisiera torcer el pescuezo de la rana fría —exclamó Viviana con vehemencia.
—Mark solo busca congraciarse con sus padres, bien sabemos que siempre ha querido utilizar a Lizzie para ablandarlos.
—Pero tú estás muy bien representada —expresó Viviana elevando las cejas de forma sardónica.
Anabella miró por la ventanilla.
—Lo he contemplado y no sé si lo mejor es que John sea solo mi jefe y que no lleguemos más allá. Al parecer el universo no permite que ocurra.
— ¿Desde cuándo crees en el universo? —inquirió Viviana
—Bueno, es una manera de decirlo, no sé cuántas veces hemos estado a punto y siempre algo ocurre.
—Sí vas a creer en tonterías del destino deberías incinerar tu auto que no logra llevarte y traerte. El universo te expresa que debes deshacerte de ese montón de lata oxidada, aprovecha que es época de dar regalos y dona esa chatarra al deshuesadero.
Anabella continuaba ensimismada sin prestarle mucha atención a Viviana, su auto descompuesto era parte de su cotidianidad, que su relación con John no avanzara parecía ser simplemente fuerzas cósmicas tirando de ella en sentido contrario.
—Vivi, ¿será que no conviene?, es decir, siempre ocurre algo; o quizás ya se aburrió de mí —musitó Anabella sintiéndose triste.
Viviana resopló de manera infantil y sonora.
—Que va a estar aburrido de ti, ese hombre debe tener una erección perenne de las ganas que te trae, hasta me da lástima el desgraciado —Viviana se echó a reír y Anabella miró sus manos.
—Porque lo normal es que cuando un hombre está interesado en una mujer esté siempre dispuesto y no pierda su erección.
Viviana la observó al parar en el tránsito colapsado que le impide ir más rápido.
— ¿Qué te traes Bella?, ¿una vez más te crees el patito feo?
Anabella se quedó callada un instante y sus mejillas se sonrojaron, pero sabía que en Viviana podía confiar.
— ¿Crees que es normal que un hombre aun estando muy dispuesto, luego no pueda, ya sabes?
— ¿Levantar las velas? —Viviana se echó a reír a carcajadas—, es que te pasan unas cosas, Bella; que lastima, John se veía tan viril.
—Me dijo que era estrés, que era porque me deseaba demasiado, fue lindo conmigo, pero luego cuando me acosté y tuve terribles pesadillas con respecto a Mark y su detestable novia, empecé a pensar; ¿y si en realidad él no está tan seguro del caso y por eso está estresado?, ¿y si es posible que Mark o los padres de Mark puedan quitarme a Lizzie?, o sencillamente pensó que no vale la pena tanta molestia conmigo.
—Anabella no te anticipes, y además no creo, eso es que estaba tan ansioso y por eso no pudo, puede pasar. Dicen que a todo hombre le pasa alguna vez.
— ¿Te ha pasado con alguien? —indagó Anabella
—Más o menos; con un idiota que no pudo ir al segundo round y no le contesté más llamadas obviamente.
—Lo más seguro es que yo no sepa cómo mantener a un hombre entretenido —Anabella suspiró derrotada—. Quizás hoy lo pensó mejor y no seguirá intentando hacerme su amante; después de todo le estoy exigiendo demasiado y ya es mi abogado; y lo prefiero como mi abogado, ya que confío en su profesionalismo; olvidaré el resto para no seguir socavando mi autoestima.
—Anabella, puedes salvarte de un resfriado, pero no podrás escapar de ese hombre, está decretado en las estrellas del universo que te lo follarás, y ahora que él falló estará dispuesto dejarte que no puedas levantarte en tres días —Viviana reía de su ocurrencia—. Espero te hayas puesto ropa interior sexi, hoy tendrás un día movido en la oficina.
—Estás loca, John Campbell jamás perdería la cabeza en su oficina, ese hombre vive para su trabajo, además el día de hoy no tengo cabeza para eso.
—Ajá… —fue la respuesta incrédula de Viviana—, ¿a qué hora debes ir al juzgado?
—A media mañana.
Viviana suspiró.
—Estaré esperando tu llamada, verás que todo sale bien. Iría al juzgado, pero tengo una cita con Jeremy y viajaremos a Los Hampton, quiere ver una casa allá y regresaré mañana.
— ¿Una cita hasta mañana? —preguntó Anabella sorprendida y con una sonrisa conspiradora.
—Una cita de negocios, no romántica; aunque igual me lo follaré de seguro, luego te daré los detalles cochinos.
Anabella puso los ojos en blanco.
—Me lo dirás aunque no quiera oírte.
Viviana se echó a reír con picardía y replicó:
—También quiero detalles cochinos…
John llegó muy temprano a la oficina, tampoco había dormido, pero por la frustración que carga encima, por el caso no se preocupa, pero está desesperado por sentir calma de nuevo en su vida, siempre fue un hombre para el cual su trabajo era lo único por lo que debía luchar, las mujeres simplemente estaban disponibles, le encantaba salir de su estresante trabajo y hundirse en la lujuria que despierta una mujer de cuerpo cálido y dispuesto.
John se quedó observando la pintura en la pared y deseó tener un caballete y sus pinceles en la mano; dejar que fuera su mano quién drenara sus frustraciones y estrés. Pensó que aunque Jeremy le dijo que estaba enamorado no era el caso, pues no sentía cosas agradables cuando pensaba en Anabella, sentía culpa, frustración y rabia, en eso escucha el repiqueteo de los tacones de Anabella y le tocó considerar que en realidad no le desagrada, de hecho quiere verla y ella lo complace entrando a su despacho como siempre pendiente de la planta a la que le echa agua tres veces a la semana.
—Hola —pronunció Anabella tímida al verlo.
John no tenía saco ni corbata, los puños de la camisa estaban doblados hasta los antebrazos y los botones de la camisa estaban sueltos en su mayoría, cosa que le permitieron ver su pecho lleno de vello y una gruesa cadena de oro que brilla con sus movimientos.
Anabella tragó grueso, pues lo ve divino, tan inalcanzable para ella con toda su carga.
—Te ves cansada —replicó John con las cejas unidas.
—Y eso que me maquillé, tú tampoco luces muy descansado.
— ¿Te parece poco?, no he pegado ojo.
Anabella entró con la jarra de agua olvidando la planta.
—Lo sabía, ¿pueden quitarme a mi hija? —inquirió Anabella preocupada—, ellos tienen dinero, pueden darle mejores cosas, eso verá el juez, me verá y dirá que yo ni siquiera tengo una profesión que pueda ejercer, que soy un desastre…
— ¡Hey!, cálmate —arguyó John levantándose y yendo hacia ella y metió las manos en los bolsillos para controlar las ganas de abrazarla, porque la puerta está abierta, una vez más sintió el peso de la culpa en su conciencia—. Confía en mí, yo no permitiré que te quiten a tu hija.
Anabella soltó el aliento retenido.
—De verdad ese asunto me tiene mal.
John vio su reloj de pulsera, no eran aún las 8.00 AM, y hoy era el último día laborable del año, la mayoría llegaría tarde solo si era estrictamente necesario, fue a la puerta y la cerró.
—John, sabes que no podemos encerrarnos acá.
John puso el dedo índice en sus labios.
—Ambos estamos estresados, frustrados y necesitamos esto desesperadamente.
Anabella dio dos pasos atrás y se echó a reír por los nervios en cuanto vio que él la acechaba.
— ¡Atrás! John Campbell, no es el momento ni el lugar.
John no dejó de andar, Anabella consiguió el escritorio con sus piernas y él aprisionó contra la resbaladiza superficie pulida del acero del moderno escritorio, el rostro de John era determinado, sus ojos verdes brillantes como esmeraldas contra la luz de la mañana que le iluminaban desde la ventana nevada, el cuerpo de Anabella vibraba en cada lugar que la anatomía de John la rozaba, y en este momento es en todas partes.
—Por favor Anabella, confía en mí —pronunció John necesitado de tener el control sobre lo que ocurre con Anabella.
Ella lo miró a los ojos y sonrió de lado.
—Francamente no sé lo que es confiar en un hombre, ni siquiera en Mark pude hacerlo cuando me di cuenta que tenía su propia agenda, mis experiencias con los hombres en general me demostraron que no puedo confiar.
—Y es por ello que no has disfrutado del sexo —dijo John de manera directa y Anabella se sonrojó.
—Todos sin excepción somos buenos para algunas cosas y deficientes para otras, no todo el mundo es hábil en los deportes o en matemáticas, yo soy deficiente en las relaciones.
John la tomó por cada lado del rostro y sonrió.
—Déjame intentar que dejes de pensar, olvídate de todo, de lo que haremos, del juez y la autocrítica, cuando me dijiste necesito esto desesperadamente, me creí que sería pan comido darte placer, que esa era mi especialidad, pero ahora soy yo quien necesito tenerte desesperadamente.
Anabella lo besó y abrazó por el cuello, las palabras dichas repercutieron en la cabeza de John como cuando da un argumento ambiguo que lo puede perjudicar en un juicio, pero no era el momento de pensar.
Meses más tarde Anabella estaba en Central Park sirviendo la comida para toda su familia, era costumbre que asistieran a estos días de campo en familia, el pequeño William y las trillizas de Viviana caminaban ya y Lizzie y la sobrina de Jeremy los cuidaban. Anabella orgullosa y sonriente iba mirándolos y pensando que era un buen momento de felicidad para todos; John estaba acostado en las piernas de su mamá como si fuera una almohada, no solo la había perdonado, prefirió olvidarlo y demostrarle lo mucho que la ama, porque aunque fuera una mujer malvada que no lo era, por ser su madre y pilar fundamental de su vida no quería perder tiempo en peleas ni por un segundo. Margot ahora disfrutaba de estar en casa dedicándose a su esposo y nietos, renunció y salió por la puerta grande sin mancha, pero no quería ser de nuevo abogada, aunque de vez en cuando daba consejos a John que empezó en un pequeño bufete. Todos los empleados de Campbell Wells consiguieron trabajo en distintos bufete
Anabella estaba con Teresa y Emiliano en el cementerio, era el sepelio de Mark, al principio Anabella no quería que Lizzie fuera, pero por súplica de los padres de Mark y su propia madre que le dijo que Lizzie tenía derecho a despedirse de su padre y que si algo le pasaba ellos estarían para ella mostrándole que no estaba sola, finalmente la convencieron. Emiliano cargaba a Lizzie, Anabella no podía evitar concentrarse en la fotografía de Mark sonriente junto a la urna a punto de bajarla, sus padres lloraban por su hijo, la hermana de Mark que estaba en el espectro autista como siempre estaba en su propio mundo. Su corazón dolía, recordaba a Mark sonriendo, contándole emocionado lo que para él era importante, de alguna manera su mente también vivía en un mundo propio, uno que no le permitió ser un adulto, y ahora tampoco envejecerá, en su mente trataría siempre de recordarlo así como en la fotografía, como un hombre alegre, al que nunca le faltaba una sonrisa, pero sí propósit
John fue a la oficina de su madre entonces y citó a su tío. Debía informarle su decisión. —Quería que Irina estuviera presente, pero no he podido localizarla, y nadie me da razones de ella. —Y la duendecilla que se pinta el cabello de colores de muñeca ni siquiera se presenta a trabajar, hace tiempo que debimos despedirla y mi estómago no se revolviera cada vez que tengo que verla, ella es mala para mi hija. —Melanie está embarazada, Harry y bien sabemos que ella e Irina tienen una relación, al menos ten el tacto de no ofenderla. —Y tú ten el tacto de meterme en mis asuntos Margot —replicó Harry. —Hubiera sido buenísimo que mi madre hubiera tenido el tacto, pero sabemos que no puede evitar querer arreglar todo lo que está mal y usted tío acumula una gran montaña de casas mal hechas en su vida. —Si esta es una inquisición me voy, no permitiré que un niño como John me recrimine nada. —Tengo el derecho a renegar de ambos, pero no es por eso que los cité. Vine a deci
Mark llevó a Lizzie con Anabella muy temprano, la niña quería estar con su madre, estaba preocupada por John y Mark furioso por el cariño que le tiene su hija a su enemigo prefirió alejarse de su hija. —Papi —lo llamó Lizzie porque se iba sin darle un beso como de costumbre, Mark se puso de cuclillas para igualar la estatura de Lizzie—. Sé que tú y John no son amigos, pero quizás si lo conversan, mi maestra dice que debemos decir lo que nos molesta y hacer un esfuerzo por recordar lo que les molesta a otros para evitar las peleas. —Son cosas de adultos Lizzie. La niña bajó la cara. —Es que yo quiero mucho a John, él es mi mejor amigo en el mundo. — ¡Yo soy tu mejor amigo en el mundo, no él! —exclamó Mark en voz alta y Anabella como una fiera protectora lo encaró. — ¡Mejor vas perdiendo esa costumbre de estar gritando! Me cansé de eso, Lizzie te está hablando con el corazón en la mano, ella no sabe de odios… Mark suspiró y vio que Lizzie apretaba sus manitos y su b
Por su parte Irina no estaba nada contenta con la denuncia de Mark, sabía que John no era capaz de encubrir un delito de esa magnitud, ni siquiera por un cliente importante de la firma, mientras Mark se bañaba, ella llamó a su padre, quería saber los pormenores de Bennett Almenar, marido de Laila, ella sabía que su padre era quien se encargaba de esta cuenta. A Harry Wells no le sorprendió en lo absoluto que la joven Laila fuera capaz de planear la muerte de su marido, los hijos de Bennett no confiaban en la nueva esposa de su padre, que a solo dos meses de casados enfermó y se degeneró muy rápido hasta morir. —Papá, pero el imbécil de Mark acusó a John de saber del delito y ayudar a la viuda a esconder el crimen e intentar comprarlo y sabemos que John no sería capaz de hacer nada de eso. —Irina, por amor de Dios, debes hacer que Mark deje ese asunto, una cosa es denunciar a su examante y lograr que la hundan en la cárcel y otra cosa es involucrar a John, eso no nos conviene a
Anabella estaba deseosa de ir al distrito y saber de John, pero Margot enfáticamente le pidió no ir. Emiliano puso a Lizzie en su antigua habitación y regresó a la sala de la pequeña vivienda, Anabella hablaba con Teresa. —Margot me dice que no vaya, pero siento que abandoné a John en un momento que me necesita. —Margot sabe lo que hace, si ella te dice que no vayas es porque es lo mejor —la consoló Emiliano. —Debería ir allá, averiguar qué está pasando para que llame a Anabella y le informe —sugirió Teresa con mala cara a Emiliano. —No me moveré de aquí, Anabella está muy nerviosa, Lizzie también podría tener un ataque de asma, mi trabajo es encargarme de ellas. Teresa chasqueó la lengua. —Uy sí, pero que dedicado… —murmuró con ironía. —Mamá, podrías ya olvidar todo eso, por Lizzie, si ella despierta verá tu actitud y ya ha tenido suficiente con John y Mark. — ¿Yo soy culpable?, ¿tu papito no?, claro, él ni estaba para tener actitud ninguna. —Solo estás







