INICIAR SESIÓNDe regreso en la casa Anabella y John estaban solos, la cena había sido un éxito y después de un rato Anabella y Olivia congeniaron, ambas eran jocosas y ruidosas y rieron a todo pulmón de las anécdotas de Olivia referente a John de niño y su obsesión con Robín Hood, Olivia le había comprado varios libros de este pintoresco héroe que John atesoraba. Ahora de nuevo en la casa Anabella volvía a estar seria.
—Voy a la habitación de Lizzie con algunos de mis apuntes, debo empezar a estudiar.
—Tráelos a mi oficina, tengo que repasar varios casos, no te molestaré.
Anabella afirmó en silencio y John fue a su oficina, después de un rato Anabella apareció con un short y una franela y varios encuadernados gastados y cuadernos bastante manoseados, John la miró en silencio apenas levantando la mirada y siguió leyendo unas transcripciones y anotando en su laptop. Anabella se sentó en el sofá y utilizó la mesita, desde allí John observó con alegría que Anabella no se había quitado el anillo ni el colgante, tenía las piernas cruzadas y John solo quería brincar sobre ella. Anabella levantó la vista del encuadernado.
—Pregúntame de una vez…
— ¿Ahh? —preguntó John y odiaba quedar como tonto, pero se moría porque la pregunta que Anabella quería que le hiciera fuera que si quiere sexo.
—Me estás viendo queriendo preguntarme algo, puedes decirme.
—Quiero mucho de ti Anabella, resumamos y dime qué crees que quiero.
Anabella frunció el ceño.
—Perdón, creo que he malinterpretado todo.
—En realidad es lo que has hecho —confirmó John con ironía.
Anabella suspiró.
—Es que creí que tenías alguna duda referente al caso de la farmacéutica y que querías preguntarme.
John negó con la cabeza en silencio.
—Aunque no lo creas puedo trabajar sin que me organices todo —dijo él con un pelín de rabia, pero es que está molesto porque su cabeza no está en el trabajo y ahora siente que era mejor dejarla ir a la habitación de Lizzie.
«Pero entonces no podré convencerla de tener sexo»
—Es irónico cierto —comentó Anabella sacándolo de sus pensamientos impropios—, tu vida te la he vuelto un caos, pero en la oficina te organizo todo.
—John sonrió y volvió a ver la hoja de transcripciones.
—No me quejo —puntualizó él—, créeme que soy el primer sorprendido por ello.
Anabella se mordió la lengua, quería decirle que claro que tendría que agradecerle, él podía ganar el ascenso y la salida de Irina de Campbell Wells, tomó aire y decidida a llevar la fiesta en paz propuso:
—Hagamos algo, yo te ayudo con el caso y luego tú me ayudas a estudiar, así terminamos más rápido. Es que se me hace más fácil cuando converso lo que aprendo que leyendo en mi cabeza.
—Debiste ser abogada y no médico.
Anabella se echó a reír y se paró del sofá, tomó las transcripciones del caso y recostada al escritorio leyó en voz alta, John la hacía detenerse para hacer sus anotaciones y le explicó por qué lo hacía. Aunque parecía que tardarían más en realidad John tuvo las anotaciones de los tres casos que tenía pendiente para el lunes y aún no era sábado.
—Bien, ahora tú me enseñarás medicina, dame para leer tus transcripciones.
Anabella fue por sus libros y le pasó a John lo que quería repasar, el libro era de medicina legal escrito por Olivia Fox, cuando John se dio cuenta que eran copias del libro, manoseadas y ya dobladas porque el encuadernado era barato le dolió el corazón.
—Creí que eran anotaciones tuyas.
— ¿De este tamaño?, ¡nooo!, son los libros, no estudié tanto de la especialidad, de hecho conseguí plaza en Boston, fue una pesadilla, debía viajar y mi intención era estudiar un semestre y luego conseguir aquí en New York, pero bueno debido a eso Mark se enamoró de mi amiga Laila y ya sabes el resto.
— ¿Laila como la perra de Lizzie?
— ¿No lo sabías? —Anabella se echó a reír.
—Ahora entiendo, la verdad sospeché que era algo así, pero pensé que la aventura de él no era con alguien importante para ti.
—Ya no importa, pero sí, y la verdad es que me dolió más su traición que la de Mark.
John puso los ojos en blanco.
—Típico, la culpable es ella y no el objeto de tu amor.
—No es eso, es que en ella tenía confianza, que él me ocultara la aventura es de esperarse, era mi esposo, pero ella era mi amiga, sabía de mi vida, de mis problemas y frustraciones, si hubiera sido buena me decía lo que le estaba pasando con Mark, que para empezar ni siquiera tenían porque coincidir al menos que se pusieran de acuerdo.
— ¿No puede ser que él la persuadió?
—En él hubo traición, en ella aparte de la traición hubo mala fe, burla, le sobraron las oportunidades de decírmelo, solo me vio la cara. Ambos me la vieron.
John suspiró.
—Tú tienes mucho en contra de las relaciones basadas en contratos, pero sin duda estos dramas no se ven en este tipo de transacciones.
— ¿Cómo lo haces?
— ¿Te refieres a un contrato de amantes? Debiste leer el que te di antes de tirármelo a la cara.
—Las circunstancias han cambiado.
—Depende de lo acordado, si implica que la relación será abierta hay permiso de tener más parejas sexuales bajo el conocimiento y asegurando la salud.
— ¿Qué decía el mío? —indagó Anabella.
John levantó los hombros.
—No importa, ya no existe.
—El nuevo debe implicar fidelidad, por obvias razones necesarias para la custodia.
—Lo sé —dijo John de mala gana, detestaba escuchar a Anabella hablando de su matrimonio como si fuera un simple contrato.
«Cómo si fuera a permitir que alguien más te tocara»
—Creo que es buena idea que le digas a Oliver que lo redacte de una vez —musitó Anabella.
—Él es quien redacta mis contratos siempre —ya John no podía disimular su enojo.
—Bueno, mejor sigamos, no nos entretengamos —objetó Anabella incómoda y sintió alivio cuando lo vio sonreír.
John se levantó y tomó la escalera móvil de su biblioteca y en la parte de arriba, ubicó varios libros y dio a Anabella, eran los libros de Olivia Fox, ella los tomó como si fueran un tesoro, los abrió y acarició con devoción.
—Mi tía me los regaló, me gusta leer, pero no me interesa lo forense, ella lo sabe, pero fiel a su costumbre de regalarme libros no podía dejar de regalarme los de ella.
—Gracias John, pero para estudiar mejor me quedo con mis copias, estos libros son primeras ediciones.
John hizo un gesto con la mano restando importancia.
—Son tuyos, no hay problema, estos libros tienen muchos gráficos y los colores en lo forense es importante.
Anabella sonrió y le mostró su técnica, en un gráfico más adelante Anabella hizo anotaciones en bolígrafo de los colores que debían tener a las copias en blanco y negro.
John sonrió de lado.
—Ahora tienes los libros.
—Gracias John, lo aprecio.
—Un beso estaría bien como pago —musitó él medio en broma.
—Cómo caballero no deberías pedir pago —contestó Anabella con el ceño fruncido.
—Nunca dije que fuera un caballero —se justificó John con voz cansada.
—No, no lo hiciste, sí lo creí fue por ilusa.
John se molestó, pues estaba al borde.
— ¿No crees que estás exagerando con este asunto?, ya te he pedido perdón, me casé contigo, te daré una casa más grande, quiero a tu hija, te doy la oportunidad de superarte profesionalmente ¿no crees que todo eso es suficiente para un beso?, ¿acaso crees que me tendrás como un perro tras de ti para que me lances una migaja?
—No tienes que hacer nada de lo que es estrictamente necesario por mí, cuando lo haces te lo agradezco, pero no creas que puedes comprar mi perdón John Campbell.
—Tanto hablas de lo que es ético, pero no aceptas un error, ¿no es malo acaso ser tan tajante y creerse el único que con autoridad moral?
—Yo no creo que tenga autoridad moral para nada y si no fuera capaz de perdonar un error no estaría aquí.
—Ah caramba, pensé que solo te limitaste a hacer lo que a ambos nos conviene, en eso has sido clara.
—Es lo que hago, pero trato de llevar la fiesta en paz, has sido amable y te contesto con amabilidad, yo no tengo dinero para retribuir con regalos tu cordialidad.
—Pero en broma te pedí un beso y lo vuelves todo un maldito problema.
—Lo lamento, pero no te has ganado un beso —contestó Anabella con las manos en las caderas.
John chasqueó la lengua.
—Mejor déjalo ya Anabella, le das demasiada importancia a un simple beso cuando sé que ahora mismo podría lograr tenerte excitada y follarte toda la noche.
— ¿Quieres follar? Adelante, no te negaré tus derechos como esposo porque me brindas todas las comodidades de las que goza una esposa, pero para mí un beso es la intimidad de dos personas que confían y se corresponden con amor, entre nosotros solo hay conveniencia.
— ¿Y qué hay de seguir las lecciones para ser una amante?, divertirte, desinhibirse.
—Solo lo hago para protegerme y nada me obliga a involucrarme más de lo necesario, es lo mejor para los dos.
—No te tocaré para que pienses que eres una mártir, no quieres que te bese, no quieres que te toque solo dime no.
— ¿Qué crees que estoy haciendo?, solo que tu ego es tan enorme que aún no te lo puedes creer.
—Quizás soy un ególatra, pero tú una malagradecida incapaz de perdonar, te crees muy digna y me quieres castigar.
—Crees que has sido muy noble, pero solo me has dado lo que consideras justo porque te sabes culpables y todo lo demás que me has dado son cosas que te sobran o que no son nada para ti, de mí pides que te entregue todo, pues estoy dolida contigo, déjame conservar la idea de que aún no pierdo toda mi dignidad.
John salió de su propia oficina y Anabella se quedó allí, con el corazón a millón y la convicción de que a cada momento se pierde más, aunque trata de no seguir enamorándose, tomó los libros y abrió el primero, reflexiona que quizás es cierto y es muy exigente y determinada a no permitir que nada material la convenza de perdonarlo.
Meses más tarde Anabella estaba en Central Park sirviendo la comida para toda su familia, era costumbre que asistieran a estos días de campo en familia, el pequeño William y las trillizas de Viviana caminaban ya y Lizzie y la sobrina de Jeremy los cuidaban. Anabella orgullosa y sonriente iba mirándolos y pensando que era un buen momento de felicidad para todos; John estaba acostado en las piernas de su mamá como si fuera una almohada, no solo la había perdonado, prefirió olvidarlo y demostrarle lo mucho que la ama, porque aunque fuera una mujer malvada que no lo era, por ser su madre y pilar fundamental de su vida no quería perder tiempo en peleas ni por un segundo. Margot ahora disfrutaba de estar en casa dedicándose a su esposo y nietos, renunció y salió por la puerta grande sin mancha, pero no quería ser de nuevo abogada, aunque de vez en cuando daba consejos a John que empezó en un pequeño bufete. Todos los empleados de Campbell Wells consiguieron trabajo en distintos bufete
Anabella estaba con Teresa y Emiliano en el cementerio, era el sepelio de Mark, al principio Anabella no quería que Lizzie fuera, pero por súplica de los padres de Mark y su propia madre que le dijo que Lizzie tenía derecho a despedirse de su padre y que si algo le pasaba ellos estarían para ella mostrándole que no estaba sola, finalmente la convencieron. Emiliano cargaba a Lizzie, Anabella no podía evitar concentrarse en la fotografía de Mark sonriente junto a la urna a punto de bajarla, sus padres lloraban por su hijo, la hermana de Mark que estaba en el espectro autista como siempre estaba en su propio mundo. Su corazón dolía, recordaba a Mark sonriendo, contándole emocionado lo que para él era importante, de alguna manera su mente también vivía en un mundo propio, uno que no le permitió ser un adulto, y ahora tampoco envejecerá, en su mente trataría siempre de recordarlo así como en la fotografía, como un hombre alegre, al que nunca le faltaba una sonrisa, pero sí propósit
John fue a la oficina de su madre entonces y citó a su tío. Debía informarle su decisión. —Quería que Irina estuviera presente, pero no he podido localizarla, y nadie me da razones de ella. —Y la duendecilla que se pinta el cabello de colores de muñeca ni siquiera se presenta a trabajar, hace tiempo que debimos despedirla y mi estómago no se revolviera cada vez que tengo que verla, ella es mala para mi hija. —Melanie está embarazada, Harry y bien sabemos que ella e Irina tienen una relación, al menos ten el tacto de no ofenderla. —Y tú ten el tacto de meterme en mis asuntos Margot —replicó Harry. —Hubiera sido buenísimo que mi madre hubiera tenido el tacto, pero sabemos que no puede evitar querer arreglar todo lo que está mal y usted tío acumula una gran montaña de casas mal hechas en su vida. —Si esta es una inquisición me voy, no permitiré que un niño como John me recrimine nada. —Tengo el derecho a renegar de ambos, pero no es por eso que los cité. Vine a deci
Mark llevó a Lizzie con Anabella muy temprano, la niña quería estar con su madre, estaba preocupada por John y Mark furioso por el cariño que le tiene su hija a su enemigo prefirió alejarse de su hija. —Papi —lo llamó Lizzie porque se iba sin darle un beso como de costumbre, Mark se puso de cuclillas para igualar la estatura de Lizzie—. Sé que tú y John no son amigos, pero quizás si lo conversan, mi maestra dice que debemos decir lo que nos molesta y hacer un esfuerzo por recordar lo que les molesta a otros para evitar las peleas. —Son cosas de adultos Lizzie. La niña bajó la cara. —Es que yo quiero mucho a John, él es mi mejor amigo en el mundo. — ¡Yo soy tu mejor amigo en el mundo, no él! —exclamó Mark en voz alta y Anabella como una fiera protectora lo encaró. — ¡Mejor vas perdiendo esa costumbre de estar gritando! Me cansé de eso, Lizzie te está hablando con el corazón en la mano, ella no sabe de odios… Mark suspiró y vio que Lizzie apretaba sus manitos y su b
Por su parte Irina no estaba nada contenta con la denuncia de Mark, sabía que John no era capaz de encubrir un delito de esa magnitud, ni siquiera por un cliente importante de la firma, mientras Mark se bañaba, ella llamó a su padre, quería saber los pormenores de Bennett Almenar, marido de Laila, ella sabía que su padre era quien se encargaba de esta cuenta. A Harry Wells no le sorprendió en lo absoluto que la joven Laila fuera capaz de planear la muerte de su marido, los hijos de Bennett no confiaban en la nueva esposa de su padre, que a solo dos meses de casados enfermó y se degeneró muy rápido hasta morir. —Papá, pero el imbécil de Mark acusó a John de saber del delito y ayudar a la viuda a esconder el crimen e intentar comprarlo y sabemos que John no sería capaz de hacer nada de eso. —Irina, por amor de Dios, debes hacer que Mark deje ese asunto, una cosa es denunciar a su examante y lograr que la hundan en la cárcel y otra cosa es involucrar a John, eso no nos conviene a
Anabella estaba deseosa de ir al distrito y saber de John, pero Margot enfáticamente le pidió no ir. Emiliano puso a Lizzie en su antigua habitación y regresó a la sala de la pequeña vivienda, Anabella hablaba con Teresa. —Margot me dice que no vaya, pero siento que abandoné a John en un momento que me necesita. —Margot sabe lo que hace, si ella te dice que no vayas es porque es lo mejor —la consoló Emiliano. —Debería ir allá, averiguar qué está pasando para que llame a Anabella y le informe —sugirió Teresa con mala cara a Emiliano. —No me moveré de aquí, Anabella está muy nerviosa, Lizzie también podría tener un ataque de asma, mi trabajo es encargarme de ellas. Teresa chasqueó la lengua. —Uy sí, pero que dedicado… —murmuró con ironía. —Mamá, podrías ya olvidar todo eso, por Lizzie, si ella despierta verá tu actitud y ya ha tenido suficiente con John y Mark. — ¿Yo soy culpable?, ¿tu papito no?, claro, él ni estaba para tener actitud ninguna. —Solo estás







