Início / Romance / Lecciones para ser una amante / Capítulo 59. Comercio de besos

Compartilhar

Capítulo 59. Comercio de besos

last update Data de publicação: 2023-02-05 08:46:03

   John fue a su habitación muy furioso y se acostó en su lado de la cama, en una cama que era solo de él y no tenía lado y que ahora tiene que compartir.

   —No debí traerla aquí, “lo que me sobra”, esa mujer no entiende a todo lo que renuncio por arrastrarme ante ella —se arropó la cabeza y se quedó dormido.

   Anabella casi no estudió, como tonta se quedó pendiente a la puerta, esperando el momento en que John regresaría a pedirle perdón, ella se moría por perdonarlo, arriesgarse de nuevo, pero el miedo a equivocarse era aún más aterrador, terminó por quedarse dormida en el sofá con la cabeza suspendida y los libros abiertos, despertó con tortícolis cuando la luz del sol molestó sus ojos, caminó a la habitación, se escuchaba música salir del gimnasio de John, Anabella se dio un baño y salió de nuevo por café y a preparar comida, le pediría una pastilla a John para el dolor de cuello, al salir aún salía música del gimnasio, pero al llegar a la cocina encontró a John sin camisa sirviendo dos platos.

   —Buenos días —murmuró Anabella.

   John volteó, Anabella llevaba otro short y camisa de tiras, pero ahora el cabello estaba mojado.

   —Debes secarte el cabello, te vas a resfriar.

   —Sí, pero es que necesito un advil, tengo torticolis.

   —Amaneciste estudiando —comentó John en voz baja.

   —No, en algún momento me dormí —Anabella sobó su nuca haciendo un gesto de dolor. 

   John puso ambos platos en la mesa del comedor.

   —Desayuna antes.

   —Gracias —dijo Anabella sonriendo, él no lo hizo.

   —Me bañaré antes de comer, cuando fui tú estabas en la ducha y no querrías compañía.

   —Ve a bañarte, te espero para desayunar.

   John le dio la espalda y Anabella lo vio caminar lamentando que no se le metiera en la ducha, él tenía un short que le quedaba muy sexi y estaba sin camisa, cada músculo en su espalda se marcaba y la piel aún estaba roja por el ejercicio.

   —Uf que calor —expresó Anabella en voz alta parte de sus pensamientos lujuriosos.

   — ¿Dijiste algo? —Preguntó John desde el pasillo.

   —Nada, que tengo mucho dolor —se excusó Anabella, John la dejó sola.

   John regresó bañando y con un pantalón de chándal amarrado a sus finas caderas, Anabella hacía un esfuerzo por no quedarse babeando mientras lo veía, disimuló que su mirada de inmediato fue a la V que escondía algo mucho mejor debajo del pantalón de deporte.

   —Debería hacer ejercicio contigo en la mañana.

   —Estoy de acuerdo y en la noche, o a cualquier hora —respondió John mirando su comida, pero su comentario era sugerente, Anabella se sonrojó y comenzó a comer en silencio.

   Al terminar, Anabella quiso lavar los platos y John no la dejó.

   —Déjalo, te duele el cuello.

 Ella se quedó sentada viendo la espalda desnuda de su jefe, esposo y hombre que la ha vuelto loca, que le da alegrías y tormentos a partes iguales, no era tan mala idea quedarse observando el panorama.

   John regresó y se secó las manos.

   —Ven conmigo.

   Anabella lo siguió por el pasillo, pero no entraron a la habitación, lo hicieron al gimnasio, John estiró una camilla plegable.

   —Acuéstate, arreglaré tu cuello.

   Anabella confiando en él se acostó boca abajo y sintió el aroma mentolado frotarse en las manos de John. Él la impregnó en sus hombros y cuello y ya el contacto de sus manos grandes y cálidas que dejan una sensación fresca por el mentol está por volverla loca, sin querer gime, entre dolor y placer. John continua y toca sus vértebras haciendo presión y alineándolas, luego fue a su rostro y la tomó con delicadeza, la hizo girar a un lado y sus huesos traquearon, ella dio un grito y luego lo hizo al otro lado, terminó de alinear y sonaron sus huesos dejándola aliviada y sin querer gemía extasiada, él incómodo y con una visible erección dejó de tocarla.

   —Ya estarás mejor —John le dio la espalda para que no viera la protuberancia que levanta una tienda de campaña en sus pantalones.

   —No creo —susurró Anabella porque sabe que estaría mejor si él sigue tocándola.

   — ¿Perdón? —indagó John mirándola con hambre devoradora.

   —Que no lo puedo creer, eres genial, gracias —contestó Anabella nerviosa porque de nuevo expresó sus pensamientos en voz alta y tuvo que disimular.

   —De nada —contestó John y Anabella se levantó de la camilla y se dio cuenta que estaba mucho mejor.

   —De verdad estoy muy bien.

   — ¿Aún quieres la pastilla?

   Anabella negó con la cabeza, él se movió cerca de ella para recoger la mesa y Anabella se quedó muy quieta, pensó que él la besaría, al darse cuenta de su error se apartó.

   —De verdad eres muy bueno, ¿dónde aprendiste?

   —Me enseñó mi entrenador —contestó John en voz baja. Está molesto porque por rabia le dijo que no la tocaría y ahora debe esperar que ella se lo pida, como cualquier cosa en el mundo cuando se le niega lo desea con toda su alma, así que los labios de Anabella son como el más delicioso manjar inalcanzable.

   Anabella fue a la habitación y John la siguió porque aún le falta algo para torturarse.

   —Te ayudaré a secarte el cabello.

   John se concentró y le desenredó el cabello sin hacerle daño y como un experto con amabilidad secó sus mechones con delicadeza.

   — ¿Acaso hay algo que no sepas hacer? —inquirió Anabella.

   John la miró a través del espejo, estaba desconcertado.

   —Es la primera vez que seco el cabello a una mujer.

   —Lo haces muy bien.

   —Soy bueno con las manos.

   Anabella se sonrojó.

   —No seas tan creído.

   John sonrió.

   —Eres una malpensada, soy bueno con las manos porque me entrené, estudié pintura y arte en mi juventud.

   Anabella mordió sus labios.

   —Entonces te doy razón, eres bueno con las manos e intuitivo y… —Anabella carraspeó y decidió quedarse callada.

   John en silencio terminó de secarle el cabello hasta que lo dejó lustroso, ella se levantó y ambos quedaron cerca, ella desvió la mirada.

   —Entonces eres pintor, me gustaría ver qué has hecho.

   —Lo has visto, en mi oficina hay un cuadro mío.

   Anabella arrugó la cara.

   —En realidad no eres muy bueno.

   John se echó a reír.

   —Eres más cruel de lo que creía.

   Anabella se sintió avergonzada.

   —Es que yo no sé de arte, seguro un experto diría que es muy bueno.

   —De hecho ese cuadro ganó un premio importante.

   —Lo ves y a mí me dio ganas de vomitar.

   John abrió mucho los ojos y Anabella tapó los de ella con sus manos.

   —No es por feo —Anabella se echó reír—, es que fue el día que llegue a tu oficina por primera vez, ya me sentía mal y a punto de devolver, tú con tu cara de arrogante mirándome de forma desaprobatoria, ver el cuadro solo me provocó vértigo, por eso le tomé mala voluntad al cuadro.

   John dejó de reír.

   —Yo te miraba de forma reprobatoria y estaba furioso porque no quería que trabajaras para mí, te deseaba como mi amante.

   Anabella también dejó de reír y desvió la mirada.

   — ¿De verdad no sabías quién era en ese momento?

   —En ese momento no sabía nada de ti, eras solo la linda despistada que me confundió con un gigoló.

   Anabella se acercó a él y puso sus manos en sus mejillas y le dio un beso rápido poniéndose de puntillas.

   John se sorprendió y no le dio tiempo de hacer el beso más prolongado, ella se despegó muy rápido y salió de la habitación, pero John la siguió, ella entró en la oficina.

   — ¿Hoy sí merecía un beso?, de verdad que debo empezar a comprender este comercio de besos.

   Anabella se arrepintió cuando lo escuchó hablar de manera despectiva, pero era el problema con ella, hacía las cosas sin pensar, solo llevada de su instinto.

   —Es que precisamente no es un comercio, un beso no tiene precio monetario.

   —No me quejo —John calló, pero después de unos segundos se arrepintió y continuó—, de verdad no lo entiendo, conseguirte una entrevista con Olivia Fox no me costó dinero.

   —Tampoco esfuerzo…

   — ¡Ahh!, hacerte el desayuno, darte un masaje y secar tu cabello merece un besito, son algo costosos tus besos.

   —Te di un beso porque creí que era una muestra de que aprecié lo que hiciste,  porque demostraste cariño y preocupación por mí y que a su vez el valor no fue monetario.

   — ¿Y qué hay del hecho que denigraste mi trabajo a vomitivo?

   Anabella se acercó y le dio otro beso, John decidió quedarse quieto, ella apenas pasó su lengua por el labio inferior de él, John abrió ligeramente los labios para recibir su lengua y el beso se hizo un poco más intenso, Anabella sonrió y se separó de él.

   —Es suficiente —dijo determinada, pero sonreía. 

   —Okey, ya lo voy entendiendo, —John se le acercó hasta que ella retrocedió y se encontró de espalda contra la pared ¿cuánto por un beso de verdad?

Continue a ler este livro gratuitamente
Escaneie o código para baixar o App
Comentários (1)
goodnovel comment avatar
Norma Riva
la novela se hace pesada.ya es hora que se dejen de tanto análisis y tantas vueltas.sobre todo ella ahora
VER TODOS OS COMENTÁRIOS

Último capítulo

  • Lecciones para ser una amante   Epílogo

    Meses más tarde Anabella estaba en Central Park sirviendo la comida para toda su familia, era costumbre que asistieran a estos días de campo en familia, el pequeño William y las trillizas de Viviana caminaban ya y Lizzie y la sobrina de Jeremy los cuidaban. Anabella orgullosa y sonriente iba mirándolos y pensando que era un buen momento de felicidad para todos; John estaba acostado en las piernas de su mamá como si fuera una almohada, no solo la había perdonado, prefirió olvidarlo y demostrarle lo mucho que la ama, porque aunque fuera una mujer malvada que no lo era, por ser su madre y pilar fundamental de su vida no quería perder tiempo en peleas ni por un segundo. Margot ahora disfrutaba de estar en casa dedicándose a su esposo y nietos, renunció y salió por la puerta grande sin mancha, pero no quería ser de nuevo abogada, aunque de vez en cuando daba consejos a John que empezó en un pequeño bufete. Todos los empleados de Campbell Wells consiguieron trabajo en distintos bufete

  • Lecciones para ser una amante   Capítulo 81. Propósitos de hacer todo mejor

    Anabella estaba con Teresa y Emiliano en el cementerio, era el sepelio de Mark, al principio Anabella no quería que Lizzie fuera, pero por súplica de los padres de Mark y su propia madre que le dijo que Lizzie tenía derecho a despedirse de su padre y que si algo le pasaba ellos estarían para ella mostrándole que no estaba sola, finalmente la convencieron. Emiliano cargaba a Lizzie, Anabella no podía evitar concentrarse en la fotografía de Mark sonriente junto a la urna a punto de bajarla, sus padres lloraban por su hijo, la hermana de Mark que estaba en el espectro autista como siempre estaba en su propio mundo. Su corazón dolía, recordaba a Mark sonriendo, contándole emocionado lo que para él era importante, de alguna manera su mente también vivía en un mundo propio, uno que no le permitió ser un adulto, y ahora tampoco envejecerá, en su mente trataría siempre de recordarlo así como en la fotografía, como un hombre alegre, al que nunca le faltaba una sonrisa, pero sí propósit

  • Lecciones para ser una amante   Capítulo 80. Renuncia

    John fue a la oficina de su madre entonces y citó a su tío. Debía informarle su decisión. —Quería que Irina estuviera presente, pero no he podido localizarla, y nadie me da razones de ella. —Y la duendecilla que se pinta el cabello de colores de muñeca ni siquiera se presenta a trabajar, hace tiempo que debimos despedirla y mi estómago no se revolviera cada vez que tengo que verla, ella es mala para mi hija. —Melanie está embarazada, Harry y bien sabemos que ella e Irina tienen una relación, al menos ten el tacto de no ofenderla. —Y tú ten el tacto de meterme en mis asuntos Margot —replicó Harry. —Hubiera sido buenísimo que mi madre hubiera tenido el tacto, pero sabemos que no puede evitar querer arreglar todo lo que está mal y usted tío acumula una gran montaña de casas mal hechas en su vida. —Si esta es una inquisición me voy, no permitiré que un niño como John me recrimine nada. —Tengo el derecho a renegar de ambos, pero no es por eso que los cité. Vine a deci

  • Lecciones para ser una amante   Capítulo 79. Decisiones

    Mark llevó a Lizzie con Anabella muy temprano, la niña quería estar con su madre, estaba preocupada por John y Mark furioso por el cariño que le tiene su hija a su enemigo prefirió alejarse de su hija. —Papi —lo llamó Lizzie porque se iba sin darle un beso como de costumbre, Mark se puso de cuclillas para igualar la estatura de Lizzie—. Sé que tú y John no son amigos, pero quizás si lo conversan, mi maestra dice que debemos decir lo que nos molesta y hacer un esfuerzo por recordar lo que les molesta a otros para evitar las peleas. —Son cosas de adultos Lizzie. La niña bajó la cara. —Es que yo quiero mucho a John, él es mi mejor amigo en el mundo. — ¡Yo soy tu mejor amigo en el mundo, no él! —exclamó Mark en voz alta y Anabella como una fiera protectora lo encaró. — ¡Mejor vas perdiendo esa costumbre de estar gritando! Me cansé de eso, Lizzie te está hablando con el corazón en la mano, ella no sabe de odios… Mark suspiró y vio que Lizzie apretaba sus manitos y su b

  • Lecciones para ser una amante   Capítulo 78. Amenazas

    Por su parte Irina no estaba nada contenta con la denuncia de Mark, sabía que John no era capaz de encubrir un delito de esa magnitud, ni siquiera por un cliente importante de la firma, mientras Mark se bañaba, ella llamó a su padre, quería saber los pormenores de Bennett Almenar, marido de Laila, ella sabía que su padre era quien se encargaba de esta cuenta. A Harry Wells no le sorprendió en lo absoluto que la joven Laila fuera capaz de planear la muerte de su marido, los hijos de Bennett no confiaban en la nueva esposa de su padre, que a solo dos meses de casados enfermó y se degeneró muy rápido hasta morir. —Papá, pero el imbécil de Mark acusó a John de saber del delito y ayudar a la viuda a esconder el crimen e intentar comprarlo y sabemos que John no sería capaz de hacer nada de eso. —Irina, por amor de Dios, debes hacer que Mark deje ese asunto, una cosa es denunciar a su examante y lograr que la hundan en la cárcel y otra cosa es involucrar a John, eso no nos conviene a

  • Lecciones para ser una amante   Capítulo 77. Obstrucción a la justicia

    Anabella estaba deseosa de ir al distrito y saber de John, pero Margot enfáticamente le pidió no ir. Emiliano puso a Lizzie en su antigua habitación y regresó a la sala de la pequeña vivienda, Anabella hablaba con Teresa. —Margot me dice que no vaya, pero siento que abandoné a John en un momento que me necesita. —Margot sabe lo que hace, si ella te dice que no vayas es porque es lo mejor —la consoló Emiliano. —Debería ir allá, averiguar qué está pasando para que llame a Anabella y le informe —sugirió Teresa con mala cara a Emiliano. —No me moveré de aquí, Anabella está muy nerviosa, Lizzie también podría tener un ataque de asma, mi trabajo es encargarme de ellas. Teresa chasqueó la lengua. —Uy sí, pero que dedicado… —murmuró con ironía. —Mamá, podrías ya olvidar todo eso, por Lizzie, si ella despierta verá tu actitud y ya ha tenido suficiente con John y Mark. — ¿Yo soy culpable?, ¿tu papito no?, claro, él ni estaba para tener actitud ninguna. —Solo estás

Mais capítulos
Explore e leia bons romances gratuitamente
Acesso gratuito a um vasto número de bons romances no app GoodNovel. Baixe os livros que você gosta e leia em qualquer lugar e a qualquer hora.
Leia livros gratuitamente no app
ESCANEIE O CÓDIGO PARA LER NO APP
DMCA.com Protection Status