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Capítulo 57. Tenacidad

last update Fecha de publicación: 2023-02-04 07:15:42

  Anabella se puso un vestido que llegaba por la rodilla en color vino, John no tuvo que esperar mucho rato, ella estaba ansiosa y sus mejillas coloradas la hacían ver más bonita.

   —Estás preciosa, pareces muy joven, como si aún fueras estudiante —la elogió John.

   Anabella miró el suelo y pasó sus manos alisando el vestido.

   —Es gracias al vestido y a Viviana tengo ropa bonita.

   John sonrió y miró su reloj.

   —Vamos…

   Anabella y John fueron a un centro comercial bastante exclusivo, aquí las tiendas de rebaja eran muy pocas y los restaurantes muy lujosos. John iba con un sobretodo de casimir y guantes de cuero, Anabella tenía el sobretodo de piel color beige que John le vio puesto el día de la fiesta de la empresa, eso le hacía arrepentirse aún más de los eventos de esa noche. John paró cuando vio una joyería de una reconocida casa de diamantes.

   Entró halándola del brazo.

   —John, se nos hará tarde.

   —Es temprano aún, te dije que la cita era una hora y media adelantada porque las mujeres siempre tardan demasiado, pero fuiste puntual.

   —Como siempre no me doy cuenta cuando mientes.

   John la miró con una mueca en sus labios.

   —Mentir sobre la hora para una cita no es algo que haga daño, todos lo hacen, solo buscaba que no llegáramos tarde, yo no soy mentiroso —contestó John ofendido.

   —La omisión es igual a la mentira, tus verdades crudas señaladas como plausibles, todo eso forma parte de la misma familia de las mentiras; manipulaciones que hacen creer a las otras personas una realidad diferente a la tuya.

   John suspiró y se acercó al mostrador y empezó a ver los collares y colgantes en los finos exhibidores.

   —Ven dame tu opinión ¿cuál te gusta?

   Anabella avanzó al mostrador y vio las hermosas y delicadas joyas.

   —Todos son hermosos.

   Anabella caminó y paró en frente de una exhibición más sencilla.

   —Te gusta lo sencillo —John tomó su mano izquierda señalando el anillo que le dio, ella retiró su mano fingiendo interesarse en otra exhibición de anillos de compromiso, su toque era eléctrico y ella quería resistirse a él, John triste comentó a su espalda—, si ves uno que te guste más, puedo cambiarte este, es muy antiguo.

   Anabella sin pensarlo apretó la mano izquierda en un puño, no quería deshacerse de este anillo, cerró los ojos y negó en su fuero interno, pero sin embargo, comentó en voz baja:

   —No te molestes, lo cuidaré y te lo devolveré después.

   —No te lo estaba pidiendo de vuelta Anabella.

   Anabella volteó a mirarlo.

   —Lo sé, me refiero a que te lo devolveré después de que todo esto pase y tengamos que separarnos. Por cierto John, no has hecho el contrato.

   John desvió la mirada.

   —Igual pienso que te impuse ese anillo y pues eres una chica joven y viendo estos anillos de compromiso más modernos quizás prefieres algo así.

   Anabella negó con la cabeza.

   —Este me gusta —Anabella tocó el anillo y se puso muy roja—, quiero decir, es hermoso, me gusta, pero si te preocupa que lo dañe —Anabella quiso quitárselo y John detuvo sus manos.

   —Quiero darte más joyas, no quitártelas —John fue quien ahora se sonrojó—; te dije que no estoy acostumbrado a ir de compras con una mujer, por eso prefiero darles el dinero.

   Anabella recordó cuando discutieron del contrato y se sintió molesta.

   —No necesito joyas, gracias.

   Anabella salió de la tienda y John detrás de ella.

   — ¿Por qué tienes que ser tan complicada Anabella?, te has molestado cuando hablé de lo estipulado en un contrato, pero eres quién insiste que tengamos un contrato.

   —Tienes razón, lo siento…

   Anabella caminó hacia una banca y John la siguió y se sentó a su lado en silencio, después de un rato comentó.

   —Yo solo quería comprarte un colgante, creo que se te vería muy bien, de hecho creo que es lo único que te hace falta; siempre me han gustado las mujeres con prendas —John movió un hombro—, llámame superficial si quieres.

   —Si querías comprarme un colgante ¿por qué te pusiste a hablar de anillos de compromiso y de lo que hacías por tus mujeres contractuales?

   —Porque soy idiota, porque estoy perdido, solo quiero agradarte y no sé cómo hacerlo, a mí la gente siempre me quiere, cuando dejan de hacerlo es porque me lo propongo.

   Anabella lo miró en silencio, desvió su mirada cuando se encontraron.

   —Tú procuraste que dejara de quererte —musitó Anabella.

   —Pero no lo hice a propósito y ahora quiero que me quieras de nuevo.

   —No lo lograrás con joyas, creí que ya me conocías un poco, lo que el dinero puede comprar no me compra a mí, por el contrario es lo que me ha dado infelicidad toda mi vida.

   —Claro, supongo que si los padres de Mark hubieran sido menos codiciosos estarías muy feliz con él y Lizzie, él es al único que has amado.

   Anabella lo sorprendió tomando su mano en la banca, John miró la mano de ella, era la izquierda y el diamante brilló por una luz directa, como si le diera esperanza.

   —Si quieres regalarme un colgante porque crees que me veré mejor vamos a la joyería, lo aceptaré y te agradezco, tú sabes más de clase y elegancia que yo.

   John aceptó el cambio de tema y se levantó, fueron a la joyería y Anabella escogió el más sencillo de todos los colgantes, un diamante en forma de corazón rodeado de minúsculos diamantes en una fina cadena de oro que hacía juego con el anillo de la abuela de John.

   Anabella no conocía a Olivia Fox en la vida real, pero si por las contraportadas de los libros que ella devoró en la universidad, cuando se acercó a ellos, Anabella la reconoció de inmediato, John se puso de pie y la mujer apenas le daría por el pecho.

   —Hola pequeño John.

   John se inclinó lo suficiente para besar su mejilla.

   —Tía Olivia, gracias por venir.

   La mujer vio a Anabella de pie.

   —Encantada de conocerla doctora, es en verdad un honor.

   —Gracias querida —es también un placer.

   Los tres se sentaron y Anabella la observó cómo quién ve a su héroe y para ella lo era, pero la mujer no tocó temas de trabajo, de entrada se concentró en las cosas de John.

   —Entonces pequeño John, de modo que te casaste y no me invitaste.

   —Fue repentino y no estabas en el país.

   —Espero que me invites para la boda eclesiástica, si llegan a hacerla —Anabella se puso roja como un tomate, la mujer continuó hablando—, Anabella cuéntame, ¿qué te conquistó de John apartando lo obvio que es su apostura?

   Anabella abrió la boca y volvió a cerrarla.

   —Tía, quería decirte…

   —John, dejemos que Anabella hable también —Olivia dio un trago a su copa de agua y se la quedó mirando.

   Anabella se aclaró la garganta.

   —Apartando lo obvio que puede ser algo que encandila al conocerlo, diría que me enamoré de él por su tenacidad.

   John se echó a reír.

   —La acosé desde que la conocí…

   Olivia miró a John y luego a Anabella, esperaba que ella dijera más.

   Anabella tomó aire y decidió como siempre ser sincera.

   —De hecho a menudo es arrogante y frío, sobre todo en su trabajo, todos le temen, pero también saben que es el mejor, puede ser un condenado patán y créame que me quedo corta y debe darle gracias a Dios porque la genética lo ha beneficiado… 

   Olivia alzó las cejas y le iba a responder, pero Anabella continuó.

   —Sin embargo hay un John que la gente no suele ver o él se encarga de ocultar del mundo, él es muy exigente con él mismo, es apuesto, pero está comprometido con su cuerpo, no come azúcar, se alimenta balanceado, tiene una rutina rigurosa de ejercicio y organiza su vida en pos de lo que es mejor para él hasta el último detalle, programado y agendado, es un adicto al trabajo y a ganar, pero trabaja como muy pocos para lograr sus metas —Anabella lo observó—, yo soy todo lo contrario, y no es por gusto, y como él me dijo, mi vida es un conjunto de hechos descoordinados, y entonces él quiso quedarse a mi lado —Anabella miró hacia abajo y tuvo que usar la servilleta para limpiarse la orilla de los ojos…

   —Como no enamorarse así —comentó Olivia.

   —Perdóneme, es que hoy ando un poco vulnerable y lacrimógena.

   —No te preocupes, el campo de estudio y que has elegido no es para todo el mundo, porque lidiar con la muerte y la tragedia nos debe hacer duros, pero si nos quita la humanidad y nuestra capacidad de sentir entonces no puede ser bueno —Olivia sonrió—, me gusta que tengas tus sentimientos a flor de piel, que no seas un robot como imaginé, porque has estudiado, graduado con notas aceptables aun cuando tenías una niña enferma que en vez de escoger pediatría escogiste medicina legal y forense y casarte con el apuesto hijo de tu jefa podía ser indicativo que era una persona calculadora y ventajista.

   —Soy yo quien he tomado ventaja tía —dijo John y miró a Anabella—, y debería decir que me arrepiento, pero no lo hago, cada paso que trajo a Anabella a que hoy sea mi esposa lo agradezco, aunque aún tengamos muchas cosas que superar.

   Anabella desvió la mirada.

   —Me sorprende todo lo que sabe de mí.

   Olivia hizo un gesto con la mano restando importancia.

   —Margot y yo nos lo contamos todo, de hecho estoy de acuerdo que no hayas perdonado aun a Emiliano, pero en el futuro mientras trabajemos juntas seguro soy entrometida y te pido que le des una oportunidad al desgraciado, porque francamente he visto cadáveres con más vida que él.

   La peculiar mujer llamó al mesero y comenzó a ordenar, Anabella estaba con la boca abierta, tanto por las palabras de John como por la personalidad de Olivia, acababa de ahondar en su vida y le advertía que en el futuro podría ser entrometida, Anabella no quería ni imaginar a qué llamaba ella ser entrometida, pero al menos había dicho que trabajarían juntas y eso era una excelente noticia.

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