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Capítulo 60. Whisky

last update Fecha de publicación: 2023-02-06 06:46:06

Anabella tragó grueso y se mojó los labios, anhelaba tanto besarlo y olvidarse de todo lo que los trajo al hoy.

   —No es la primera vez que me besas John, tú conoces el precio a pagar.

   Anabella pasó por debajo de su brazo.

   — ¿Crees que cuando te besé antes de comprometernos mis intenciones eran nobles como ahora? —Inquirió John desafiante—, lo que me molesta es que te aprovechas de que ahora te muestro que estoy enamorado de ti.

   —No es así, el John que me besaba yo lo creía sincero, un mujeriego, sí, un aventurero, alguien que me hacía arder y me daba ganas de portarme mal, de hacer una travesura. El John que tengo hoy frente a mí está conmigo por conveniencia, es manipulador y demostró que su intención no era divertirse si no aprovechase de los desastres de mi vida.

   —Jamás me perdonarás, porque en realidad soy tu chivo expiatorio, todas las culpas de los hombres de tu pasado me las cobras a mí, el abandono de Emiliano y la traición de Mark…

   —Me entregué a ti sin medir consecuencia, aun cuando mi madre y Viviana me pedían cordura, te creí y tuviste oportunidad de explicarme, pero en cambio te pusiste tu traje de abogado héroe y decidiste salvarme haciendo el enorme sacrificio de casarte conmigo.

   — ¿Qué sentido tiene decirte que no es un sacrificio?, no me escuchas...

   John salió de su oficina, Anabella se quedó en la oficina y abrió los libros, su intención era estudiar, pero media hora después escuchó la puerta de entrada, John había salido.

   Anabella soltó los libros, no tenía fundamento que tratara de estudiar, igual no retenía lo que leía, en su mente se repetía su discusión con John, llamó a su madre y habló mucho rato con ella, ahora estaba descansando y el lunes irían a la consulta para programar su operación, Viviana también habló con ella y decidió ir a visitarla.

   Después de un rato Viviana llegó, vio todo con mirada de experta en bienes raíces.

   —Si John va a vender este lugar dile que me busque, lo vendería en un día.

   Anabella sonrió y abrazó a su amiga.

   —John dijo que compraría una casa para que Lizzie tuviera la escuela más cerca.

   —Tengo las casas perfectas en los suburbios perfectos, hasta Laila será feliz.

   Anabella se echó a reír.

   —Laila la perra…

   —No, de esa no sé nada.

   Ambas rieron y Anabella se puso seria.

   —Viviana, creo que he sido muy dura con John.

   Viviana hizo un mohín.

   —Has sido dura casi una semana, sin duda es un record para ti.

   Viviana volvió a reír Anabella no lo hizo.

   —Hoy me dijo que lo hago pagar a él por las culpas de Mark y de mi papá y bueno, lo he analizado y quizás sí tiene razón.

   —Uff, que profundo, ¿no hay whisky por aquí? —indagó Viviana.

   John llegó a la casa de Jeremy, miró a todas partes y se echó a reír al verlo.

   — ¿De qué te ríes? —inquirió Jeremy.

   —Esta casa es enorme, Viviana sí que sabe sacarte dinero.

   Jeremy rió con añoranza.

   —Te lo dije, esa mujer me secaría a mí y al bolsillo, pero bueno…

   —También está furiosa contigo por mi culpa.

   —No, tú no tienes nada que ver, Viviana es muy inmadura y aunque soy unos años mayor que ella no quiero una mujer para educar, para eso tengo a Jimena.

   —Sabías como era e igualmente declaraste que no habría mejor mujer para ti.

   —Eso fue antes de saber que era una jodida insurrecta.

   John se echó a reír a carcajadas.

   —Eso suele ser divertido en las mujeres.

   — ¿Divertido?, la hubieras escuchado hablar del patriarcado y todas esas babosadas.

   —Sin duda son incompatibles —murmuró John—, así como mi esposa y yo, ella es fuego y yo hielo y adivina que me pasó.

   —Te derretiste…

   —Qué esperas, busca el whisky —exclamó John abatido.

    En otro hogar el día de hoy no se tomaría whisky, el día de hoy debía ser un perfecto hogar feliz, Mark e Irina recibieron a la visitadora social en el departamento de Irina, dirección de residencia actual de Mark, aunque el acuerdo inicial entre Mark e Irina no contemplaba que él viviera allí realmente, desde que inició el año no se ha ido.

   Lizzie la saludó con una sonrisa y la trabajadora que le correspondió, luego se sentó en la mesa de comedor para conversar con Irina y Mark, mientras que Lizzie veía una película de Barbie.

   —El caso de Lizzie es un caso muy peculiar —comentó la trabajadora social en voz baja—, no es habitual que cuando los abuelos piden la custodia de un menor los padres cuenten con casa y sean trabajadores y sin problemas autodestructivos, ustedes están de parte de los demandantes, ¿podrían explicarme sus motivos?

   —Bueno, como abogada de los Nixon puedo contestarle —arguyó Irina sonriendo—, es para mí prometido una situación muy difícil compartir con su hija, recién hasta ahora tuvo acceso a ella y es debido a la presión impuesta por Anabella Díaz, incluso, los abuelos de Lizzie ni siquiera la conocen aún…

   —Mis padres quieren darle lo mejor que pueden a Lizzie que es su única nieta —especificó Mark.

   —Usted se divorció de Anabella Díaz apenas el año pasado ¿cómo que no la conocen sus padres?

   —La señora Anabella no lo permitió, ella aborrece a los padres de Mark —aclaró Irina—, en el pasado Anabella y su madre fueron domesticadas en la casa de los Nixon, obviamente ella pensaba que al tener un hijo del heredero se le resolvería la vida, pero mis futuros suegros en todo su derecho quisieron dar una lección a Mark y le quitaron los recursos económicos; la señora Anabella no perdonó eso y quiso manipular a los Nixon, o soltaban dinero para sus estudios o no conocían a la niña.

   La trabajadora social escribió en sus notas.

   —Mi labor es velar por el bienestar de la menor y ella luce muy bien con los cuidados de su madre, los inconvenientes que ustedes discutan en juicio y que no se aboquen directamente al bienestar de Lizzie…

   —Perdón, no me interprete erróneamente —Irina se había incorporado en el asiento y unió sus manos mirando fijamente a la señora— La influencia negativa marcará el bienestar de Lizzie —espetó Irina—. La señora Anabella se casó con John Campbell, su abogado y jefe, él es rico y lo manipula, es cierto que no tengo pruebas de ello, pero ella fue criada para ver el dinero como arma, ella misma es hija de un multimillonario y una mucama que al no poder conseguir fortuna no le permitió verla, ¿una niña puede estar bien con alguien que le inculque que si te dan dinero puedes dar cariño? Esa es mi preocupación. Los Nixon quieren darle todo lo que puedan a su nieta, pero están en su derecho de negarse a darle a su madre.

   La trabajadora social continuó escribiendo en sus notas, Mark presente, pero en silencio, aunque tenía mala cara no le llevaría la contraria a Irina. Entonces escucharon que la puerta de entrada se abrió y una voz femenina que vociferó: “Irina”...

   Irina se levantó de la silla de forma apresurada y todos pudieron ver a Melanie, la pequeña chica de rasgos finos y con una enorme sonrisa ahora llevaba las puntas del cabello en color rosa intenso.

   —No tengo en mis anotaciones que aquí vivía alguien más —acotó la trabajadora revisando sus apuntes.

   —Ella no vive aquí, es solo mi secretaria —declaró Irina.

   Melanie la miró con tristeza y bajó la cara.

   —Perdón, no sabía que había más gente en casa —inquirió Melanie nerviosa que se siente parte de este hogar después de haber convivido con Irina los últimos cuatro años.

   Mark cerró los ojos abochornado e Irina quiso morirse, pero vio a Melanie en cambio con desdén y toda su arrogante postura.

   —Por favor, pase por mi oficina, recoja los documentos que debe tener y retírese, hoy es sábado, puede descansar, yo no le exigí venir en su día de descanso —Irina le dio la espalda a Melanie y miró a la trabajadora de nuevo y de forma casual regresó a su asiento.

   —Necesitaré sus datos para entrevistarla luego —le informó la trabajadora a Melanie.

   —Pero la señorita no tiene nada que ver en este asunto —inquirió Irina de inmediato.

   —Pero tiene acceso a la casa, es mi deber evaluar todo aquel que tenga alcance a la menor —acotó la trabajadora social.

   —Ella tiene acceso porque forma parte del servicio —increpó Irina y Melanie se excusó y se fue corriendo.

   —En casa del señor Campbell hay una señora de servicio y le he puesto cita para que acuda a mi oficina para el lunes en la tarde, ¿le puedo indicar a su secretaria que vaya en la mañana?

   —Sí, sin problemas, le daré la mañana libre para que asista a la reunión —exclamó Irina sonriendo—, ¿ya hablará con Lizzie?

   —Sí, por favor —la trabajadora se levantó y caminó fuera del comedor.

   Mark miró a Irina de forma reprobatoria.

   — ¿Que vino a hacer tu amante hoy aquí? —susurró solo para Irina.

   —Se me olvidó avisarle, ayer luego de que Lizzie se acostó tú sacaste esa botella de whisky y bueno...

   —Necesitarás mucho whisky, para calmar a tu novia.

   Lizzie se acercó cuando la trabajadora la llamó y Mark la capturó y le hizo cosquillas mientras la perra ladraba e Irina reía, como toda una familia feliz.

   —Lizzie, puedes hablar con la señora un poco y luego vamos a comer pizza.

   — ¡Sí! —exclamó Lizzie, Irina se ríe y trata de disimular la metida de pata de Melanie, quisiera saber dónde se metió o si se había ido, pero no se atreve a moverse de allí.

    La trabajadora le dio la mano a Lizzie con solemnidad.

   —Hola de nuevo Lizzie, ¿te gusta esta casa también?

   —Sí, está bien, aunque, papi ¿quién es la señorita que se encerró en el baño a llorar?

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Último capítulo

  • Lecciones para ser una amante   Epílogo

    Meses más tarde Anabella estaba en Central Park sirviendo la comida para toda su familia, era costumbre que asistieran a estos días de campo en familia, el pequeño William y las trillizas de Viviana caminaban ya y Lizzie y la sobrina de Jeremy los cuidaban. Anabella orgullosa y sonriente iba mirándolos y pensando que era un buen momento de felicidad para todos; John estaba acostado en las piernas de su mamá como si fuera una almohada, no solo la había perdonado, prefirió olvidarlo y demostrarle lo mucho que la ama, porque aunque fuera una mujer malvada que no lo era, por ser su madre y pilar fundamental de su vida no quería perder tiempo en peleas ni por un segundo. Margot ahora disfrutaba de estar en casa dedicándose a su esposo y nietos, renunció y salió por la puerta grande sin mancha, pero no quería ser de nuevo abogada, aunque de vez en cuando daba consejos a John que empezó en un pequeño bufete. Todos los empleados de Campbell Wells consiguieron trabajo en distintos bufete

  • Lecciones para ser una amante   Capítulo 81. Propósitos de hacer todo mejor

    Anabella estaba con Teresa y Emiliano en el cementerio, era el sepelio de Mark, al principio Anabella no quería que Lizzie fuera, pero por súplica de los padres de Mark y su propia madre que le dijo que Lizzie tenía derecho a despedirse de su padre y que si algo le pasaba ellos estarían para ella mostrándole que no estaba sola, finalmente la convencieron. Emiliano cargaba a Lizzie, Anabella no podía evitar concentrarse en la fotografía de Mark sonriente junto a la urna a punto de bajarla, sus padres lloraban por su hijo, la hermana de Mark que estaba en el espectro autista como siempre estaba en su propio mundo. Su corazón dolía, recordaba a Mark sonriendo, contándole emocionado lo que para él era importante, de alguna manera su mente también vivía en un mundo propio, uno que no le permitió ser un adulto, y ahora tampoco envejecerá, en su mente trataría siempre de recordarlo así como en la fotografía, como un hombre alegre, al que nunca le faltaba una sonrisa, pero sí propósit

  • Lecciones para ser una amante   Capítulo 80. Renuncia

    John fue a la oficina de su madre entonces y citó a su tío. Debía informarle su decisión. —Quería que Irina estuviera presente, pero no he podido localizarla, y nadie me da razones de ella. —Y la duendecilla que se pinta el cabello de colores de muñeca ni siquiera se presenta a trabajar, hace tiempo que debimos despedirla y mi estómago no se revolviera cada vez que tengo que verla, ella es mala para mi hija. —Melanie está embarazada, Harry y bien sabemos que ella e Irina tienen una relación, al menos ten el tacto de no ofenderla. —Y tú ten el tacto de meterme en mis asuntos Margot —replicó Harry. —Hubiera sido buenísimo que mi madre hubiera tenido el tacto, pero sabemos que no puede evitar querer arreglar todo lo que está mal y usted tío acumula una gran montaña de casas mal hechas en su vida. —Si esta es una inquisición me voy, no permitiré que un niño como John me recrimine nada. —Tengo el derecho a renegar de ambos, pero no es por eso que los cité. Vine a deci

  • Lecciones para ser una amante   Capítulo 79. Decisiones

    Mark llevó a Lizzie con Anabella muy temprano, la niña quería estar con su madre, estaba preocupada por John y Mark furioso por el cariño que le tiene su hija a su enemigo prefirió alejarse de su hija. —Papi —lo llamó Lizzie porque se iba sin darle un beso como de costumbre, Mark se puso de cuclillas para igualar la estatura de Lizzie—. Sé que tú y John no son amigos, pero quizás si lo conversan, mi maestra dice que debemos decir lo que nos molesta y hacer un esfuerzo por recordar lo que les molesta a otros para evitar las peleas. —Son cosas de adultos Lizzie. La niña bajó la cara. —Es que yo quiero mucho a John, él es mi mejor amigo en el mundo. — ¡Yo soy tu mejor amigo en el mundo, no él! —exclamó Mark en voz alta y Anabella como una fiera protectora lo encaró. — ¡Mejor vas perdiendo esa costumbre de estar gritando! Me cansé de eso, Lizzie te está hablando con el corazón en la mano, ella no sabe de odios… Mark suspiró y vio que Lizzie apretaba sus manitos y su b

  • Lecciones para ser una amante   Capítulo 78. Amenazas

    Por su parte Irina no estaba nada contenta con la denuncia de Mark, sabía que John no era capaz de encubrir un delito de esa magnitud, ni siquiera por un cliente importante de la firma, mientras Mark se bañaba, ella llamó a su padre, quería saber los pormenores de Bennett Almenar, marido de Laila, ella sabía que su padre era quien se encargaba de esta cuenta. A Harry Wells no le sorprendió en lo absoluto que la joven Laila fuera capaz de planear la muerte de su marido, los hijos de Bennett no confiaban en la nueva esposa de su padre, que a solo dos meses de casados enfermó y se degeneró muy rápido hasta morir. —Papá, pero el imbécil de Mark acusó a John de saber del delito y ayudar a la viuda a esconder el crimen e intentar comprarlo y sabemos que John no sería capaz de hacer nada de eso. —Irina, por amor de Dios, debes hacer que Mark deje ese asunto, una cosa es denunciar a su examante y lograr que la hundan en la cárcel y otra cosa es involucrar a John, eso no nos conviene a

  • Lecciones para ser una amante   Capítulo 77. Obstrucción a la justicia

    Anabella estaba deseosa de ir al distrito y saber de John, pero Margot enfáticamente le pidió no ir. Emiliano puso a Lizzie en su antigua habitación y regresó a la sala de la pequeña vivienda, Anabella hablaba con Teresa. —Margot me dice que no vaya, pero siento que abandoné a John en un momento que me necesita. —Margot sabe lo que hace, si ella te dice que no vayas es porque es lo mejor —la consoló Emiliano. —Debería ir allá, averiguar qué está pasando para que llame a Anabella y le informe —sugirió Teresa con mala cara a Emiliano. —No me moveré de aquí, Anabella está muy nerviosa, Lizzie también podría tener un ataque de asma, mi trabajo es encargarme de ellas. Teresa chasqueó la lengua. —Uy sí, pero que dedicado… —murmuró con ironía. —Mamá, podrías ya olvidar todo eso, por Lizzie, si ella despierta verá tu actitud y ya ha tenido suficiente con John y Mark. — ¿Yo soy culpable?, ¿tu papito no?, claro, él ni estaba para tener actitud ninguna. —Solo estás

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