INICIAR SESIÓNAnabella y John estaban empiernados en el departamento de soltero de John.
—Quiero quemar estas sabanas ¿cuantas han pasado por aquí? —advirtió Anabella con rabia.
—Ya enciendes mis sabanas, preciosa.
John le mordió un pecho y Anabella sonrió y jadeó cuando él pasó la punta de la lengua por su erguido pezón.
—Quieres distraerme…
—No, quiero que te concentres —le corrigió John.
—Igual, quiero que vendas este lugar, Viviana te conseguirá un buen precio y podrás invertirlo en la casa que tendremos —John continuó besando sus pechos —. Quiero borrar todas las mujeres anteriores de tu mente —continuó Anabella.
—Podemos dejar este lugar para escaparnos como hoy, aquí puedes gritar sin problema, no te escuchará Lizzie en la otra habitación.
—Pudiéramos tener otro lugar, que sea solo nuestro y del que yo tenga llave también.
John paró de besarla.
—Te dije que no tenía tiempo para tener muchas mujeres y con las dos que tengo ahora no me queda tiempo para nada más.
Anabella se sentó bien en la cama.
— ¿Cómo que dos? —chilló Anabella.
John tragó su risa.
—Bueno Anabella, cuando tú estás estudiando estás muy concentrada en tu mundo en tu futuro y aunque es algo noble, mientras tanto hay personas que necesitamos de ti y no estás.
Anabella recogió sus rodillas, abrió la boca y volvió a cerrarla, le arrancó la sabana y se levantó furiosa.
—Es que el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, no puedo creer que sea tan idiota y tú tan descarado, te aprovechas, ¿crees que no puedo volver tu vida muy incómoda?, me tienen atada, pero no quiere decir…
— ¡Anabella! —Exclamó John—. Entiende que yo no soy Mark Nixon, y que me sigas comparando me exaspera.
Anabella lo miró confusa.
— ¿Es con ella, verdad?, la lagartija blanca, la princesita inglesa. Por eso se reía de mí…
John la miró muy serio.
—Mi vida la comparto con dos, y no es ella.
Anabella le tiró la almohada, tenía la cara roja de rabia.
—Conmigo no volverás a jugar, muestras tu verdadero rostro ahora, pues perfecto, sigue con ella y apenas te den tu asenso me iré y tú volverás a tus amantes, a tus contratos…
John la obligó a regresar a la cama y la tomó por las muñecas y no aguantó las risas.
—Lizzie está aprendiendo las tablas de multiplicar, pasamos la tarde repasando las tablas, ella es la otra chica que ocupa mis ratos libres…
Anabella lo miró fijamente a sus ojos verdes y él se acercó a su rostro y susurró en su oreja.
—Me encanta encenderte mi polvorín, pero no estaría de más un poco de confianza.
—Es mi hija —musitó Anabella y dos lágrimas mancharon sus mejillas—. Ella necesita que la ayude con su tarea y yo no estoy —su voz se cortó y gimoteó muy afectada sin poderse controlar.
—Hey no llores por eso, Lizzie me tiene a mí.
Anabella lloró con más ímpetu.
—Yo quiero superarme para brindarle a mi hija una mejor vida y me pierdo de enseñarla ahora, ella no me había dicho.
—Para que te diría si lo tenemos controlado, solo le falta aprenderse la del siete y ocho, ella es muy inteligente.
Anabella lloraba como Magdalena y John se reía.
—Eres muy cruel John Campbell.
John la besó en el cuello, en su oreja y su nariz.
—No tengo ganas de hacer esto a otra mujer, descubrir las zonas que te hacen arder hasta enloquecerte es mi obsesión.
Anabella rio entre lágrimas.
—Perdóname la escena.
—Convénceme.
John le dio la vuelta para que ella quedara sobre él y el celular de Anabella sonó, ella lo agarró de la mesa de noche y vio que era Viviana, lo colocó en su oreja y regresó al cuerpo esculpido de John.
—Vivi, estoy muy ocupada ahora mismo.
— ¿Estás en la oficina?
Anabella miró a John y se movió sobre él de manera sensual.
—No, estoy subiendo un terreno intrincado.
—Más te vale que pares de tener sexo ahora mismo —chilló Viviana angustiada.
Anabella se sentó en la cama ahora se daba cuenta el estado de ánimo de Viviana.
— ¿Qué te pasa? ¿Por qué estás histérica?
—Quiero matar a alguien y tú eres buena para recibir mi ira. Me dejaste pensando por lo de nuestros malestares y averigüé en línea sobre nuestro método anticonceptivo; fue una e****a, no funciona.
— ¡¿Qué?! Estás loca, yo conocí a esa gente, eran profesionales.
—Pues hay cientos de testimonios en línea de mujeres que quedaron embarazadas, eso que nos pusieron no previene nada, un placebo, un cosito de nada —Anabella se quedó muda y aunque Viviana seguía despotricando, ya ella no escuchaba—. Anabella, ¿me escuchas?
—Sí, perdón Vivi.
—Hice una cita con mi doctor para las dos, te voy a buscar, vamos ya…
—Pero ¿de una vez?
—Por supuesto que ya, esto es una emergencia y no sé tú, pero yo acabaré con esto si resulta que estoy embarazada.
Anabella miró a John espantada.
— ¿Qué ocurre? —indagó John, preocupado al ver la cara de Anabella.
—Estoy con John fuera de la oficina, ve al médico, le diré que me lleve.
—Que no se le ocurra decirle a Jeremy —advirtió Viviana.
Anabella cortó la llamada.
— ¿Viviana tuvo un accidente? —investigo John.
—No del estilo que estás pensando.
—Dime de una vez Anabella —pidió John que detesta el suspenso cuando no lo propina él.
Anabella no le hizo caso, buscó en línea colocando el nombre de la marca del dispositivo y se desplegó la información.
Los médicos patrocinadores, padres de su compañera de clase, habían huido con cientos de demandas, el producto había salido del mercado.
— ¿Me dirás que es lo que pasa?
Anabella le enseñó el teléfono a John y él leyó en silencio.
—Viviana apartó cita con su ginecólogo, le dije que me esperara allá.
—Si estás embarazada ¿qué harás? —inquirió John con expresión neutra.
—No sé qué hacer, no planee esto, te juro que no —exclamó Anabella angustiada—. Estoy llena de trabajo, no tenemos tiempo para nada, pero mi mamá está en contra del aborto y yo al ver a Lizzie, la quiero tanto, que no sé si pueda someterme a un aborto, ¿qué haré? —Anabella bajó la cara—. Perdón John, una vez más te arrastró a mis caóticos desastres…
—Un paso a la vez, vístete, vayamos al médico ¿es en el hospital que trabaja mi papá?
Anabella negó con la cabeza.
—Mejor así, él tampoco está de acuerdo con el aborto.
Anabella fue al baño y John llamó a su primo Jeremy.
Cuando Anabella y John llegaron a la consulta el consultorio estaba lleno, y Viviana sentada moviendo la pierna como alas de colibrí con el teléfono en los labios, ensimismada, estaba asustada y su instinto le pedía llamar a Jeremy, pero no podía hacerlo, ella se repetía que debía solucionar sus problemas sola, como siempre…
—Por fin llegas —exclamó al ver a Anabella, fue con la secretaria y las hicieron pasar a ambas de inmediato.
Anabella le dio una mirada apenada a John antes de que la puerta del consultorio los separara.
John se sentó en la silla que dejó desocupada Viviana y miró a su al rededor, habían muchas embarazadas con sus esposos junto a ellas, había una pareja con una niña como Lizzie y John se vio a sí mismo en ese cuadro, sería difícil, su vida no volvería a tener orden, pero quizás ya era hora de que él tuviera un hijo.
— ¡John! ¿Las chicas, dónde están? —inquirió Jeremy sin saludar, se veía alterado.
—Ya entraron —respondió John tranquilo.
Jeremy chasqueó la lengua y puso las manos en la cabeza, tomó su celular e insistió en llamar a Viviana.
—Maldición John, seguramente Viviana abortará, no me llamó.
John se levantó y sacó a Jeremy del consultorio.
—Si decide hacerlo seguro te avisara.
—Te dije que es una condenada insurrecta, “mi cuerpo, mi decisión” —dijo Jeremy en mofa—. Ella es muy terca, vivimos juntos desde hace casi dos meses y no lo acepta —Jeremy negó con la cabeza—, es una desquiciada y tengo que buscar mil excusas para que vaya acostumbrándose a mí, y ahora esto nos separará, porque no le perdonaré si aborta John, yo la quiero, pero sabes que para mí un hijo es sagrado.
John no sabía que decir, así que optó por no decir nada, él no era padre no conocía el sentimiento, aunque a Lizzie la adoraba.
Dentro del consultorio le hicieron el ecosonograma a Viviana, Anabella no dijo nada, pero apenas Anabella vio los pechos de su amiga mientras la examinaban lo supo, Viviana estaba embarazada y en silencio esperaba la confirmación del médico, sin embargo al Anabella ver la pantalla se quedó con la boca abierta, no podía creer lo que veía.
—Ay Viviana…
Meses más tarde Anabella estaba en Central Park sirviendo la comida para toda su familia, era costumbre que asistieran a estos días de campo en familia, el pequeño William y las trillizas de Viviana caminaban ya y Lizzie y la sobrina de Jeremy los cuidaban. Anabella orgullosa y sonriente iba mirándolos y pensando que era un buen momento de felicidad para todos; John estaba acostado en las piernas de su mamá como si fuera una almohada, no solo la había perdonado, prefirió olvidarlo y demostrarle lo mucho que la ama, porque aunque fuera una mujer malvada que no lo era, por ser su madre y pilar fundamental de su vida no quería perder tiempo en peleas ni por un segundo. Margot ahora disfrutaba de estar en casa dedicándose a su esposo y nietos, renunció y salió por la puerta grande sin mancha, pero no quería ser de nuevo abogada, aunque de vez en cuando daba consejos a John que empezó en un pequeño bufete. Todos los empleados de Campbell Wells consiguieron trabajo en distintos bufete
Anabella estaba con Teresa y Emiliano en el cementerio, era el sepelio de Mark, al principio Anabella no quería que Lizzie fuera, pero por súplica de los padres de Mark y su propia madre que le dijo que Lizzie tenía derecho a despedirse de su padre y que si algo le pasaba ellos estarían para ella mostrándole que no estaba sola, finalmente la convencieron. Emiliano cargaba a Lizzie, Anabella no podía evitar concentrarse en la fotografía de Mark sonriente junto a la urna a punto de bajarla, sus padres lloraban por su hijo, la hermana de Mark que estaba en el espectro autista como siempre estaba en su propio mundo. Su corazón dolía, recordaba a Mark sonriendo, contándole emocionado lo que para él era importante, de alguna manera su mente también vivía en un mundo propio, uno que no le permitió ser un adulto, y ahora tampoco envejecerá, en su mente trataría siempre de recordarlo así como en la fotografía, como un hombre alegre, al que nunca le faltaba una sonrisa, pero sí propósit
John fue a la oficina de su madre entonces y citó a su tío. Debía informarle su decisión. —Quería que Irina estuviera presente, pero no he podido localizarla, y nadie me da razones de ella. —Y la duendecilla que se pinta el cabello de colores de muñeca ni siquiera se presenta a trabajar, hace tiempo que debimos despedirla y mi estómago no se revolviera cada vez que tengo que verla, ella es mala para mi hija. —Melanie está embarazada, Harry y bien sabemos que ella e Irina tienen una relación, al menos ten el tacto de no ofenderla. —Y tú ten el tacto de meterme en mis asuntos Margot —replicó Harry. —Hubiera sido buenísimo que mi madre hubiera tenido el tacto, pero sabemos que no puede evitar querer arreglar todo lo que está mal y usted tío acumula una gran montaña de casas mal hechas en su vida. —Si esta es una inquisición me voy, no permitiré que un niño como John me recrimine nada. —Tengo el derecho a renegar de ambos, pero no es por eso que los cité. Vine a deci
Mark llevó a Lizzie con Anabella muy temprano, la niña quería estar con su madre, estaba preocupada por John y Mark furioso por el cariño que le tiene su hija a su enemigo prefirió alejarse de su hija. —Papi —lo llamó Lizzie porque se iba sin darle un beso como de costumbre, Mark se puso de cuclillas para igualar la estatura de Lizzie—. Sé que tú y John no son amigos, pero quizás si lo conversan, mi maestra dice que debemos decir lo que nos molesta y hacer un esfuerzo por recordar lo que les molesta a otros para evitar las peleas. —Son cosas de adultos Lizzie. La niña bajó la cara. —Es que yo quiero mucho a John, él es mi mejor amigo en el mundo. — ¡Yo soy tu mejor amigo en el mundo, no él! —exclamó Mark en voz alta y Anabella como una fiera protectora lo encaró. — ¡Mejor vas perdiendo esa costumbre de estar gritando! Me cansé de eso, Lizzie te está hablando con el corazón en la mano, ella no sabe de odios… Mark suspiró y vio que Lizzie apretaba sus manitos y su b
Por su parte Irina no estaba nada contenta con la denuncia de Mark, sabía que John no era capaz de encubrir un delito de esa magnitud, ni siquiera por un cliente importante de la firma, mientras Mark se bañaba, ella llamó a su padre, quería saber los pormenores de Bennett Almenar, marido de Laila, ella sabía que su padre era quien se encargaba de esta cuenta. A Harry Wells no le sorprendió en lo absoluto que la joven Laila fuera capaz de planear la muerte de su marido, los hijos de Bennett no confiaban en la nueva esposa de su padre, que a solo dos meses de casados enfermó y se degeneró muy rápido hasta morir. —Papá, pero el imbécil de Mark acusó a John de saber del delito y ayudar a la viuda a esconder el crimen e intentar comprarlo y sabemos que John no sería capaz de hacer nada de eso. —Irina, por amor de Dios, debes hacer que Mark deje ese asunto, una cosa es denunciar a su examante y lograr que la hundan en la cárcel y otra cosa es involucrar a John, eso no nos conviene a
Anabella estaba deseosa de ir al distrito y saber de John, pero Margot enfáticamente le pidió no ir. Emiliano puso a Lizzie en su antigua habitación y regresó a la sala de la pequeña vivienda, Anabella hablaba con Teresa. —Margot me dice que no vaya, pero siento que abandoné a John en un momento que me necesita. —Margot sabe lo que hace, si ella te dice que no vayas es porque es lo mejor —la consoló Emiliano. —Debería ir allá, averiguar qué está pasando para que llame a Anabella y le informe —sugirió Teresa con mala cara a Emiliano. —No me moveré de aquí, Anabella está muy nerviosa, Lizzie también podría tener un ataque de asma, mi trabajo es encargarme de ellas. Teresa chasqueó la lengua. —Uy sí, pero que dedicado… —murmuró con ironía. —Mamá, podrías ya olvidar todo eso, por Lizzie, si ella despierta verá tu actitud y ya ha tenido suficiente con John y Mark. — ¿Yo soy culpable?, ¿tu papito no?, claro, él ni estaba para tener actitud ninguna. —Solo estás







