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Capítulo 6

Author: Victoria
last update publish date: 2026-09-21 10:44:09

Juan matias 

Durante todo el camino a casa no fui capaz de sacarme de la cabeza esos ojos tan condenadamente azules que me observaban como si fuera el causante de todos los males del mundo. Sonreí para mí mismo al pensar en ella.  

No sabría decir por qué, pero sofia tenía algo que me atraía como si de un imán se tratara. Recordé con anhelo el roce de sus labios carnosos y el calor de su piel contra la mía en aquel baño estrecho. Los dos habíamos estado un poco borrachos, pero estaba seguro de que ni siquiera ella podía negar que había sido un polvo memorable.  

Me preguntaba si se sentía tan atraída por mí como yo por ella. A veces, en medio de sus miradas llenas de desprecio, creía ver un destello de algo más. Pero ¿era real o solo algo que quería ver? 

Solté las bolsas en el suelo cuando llegué al portal de mi edificio para rebuscar las llaves en mis bolsillos. Abrí la puerta y entré en el portal, saludé al conserje, que limpiaba los cristales, y llamé al ascensor como siempre. 

Una vez dentro, mi mente fue a parar de nuevo en el recuerdo de aquella noche. En cómo nuestras miradas se habían cruzado en la pista de baile, en la sonrisa pícara que me había dedicado —muy distinta a las muecas de ahora—, y en los besos y caricias que habíamos compartido.  

En aquel momento, me olvidé por completo de Cinthia y Jeffrey y de su traición después de cuatro meses de relación y varios años de amistad respectivamente. Con aquella desconocida en aquel baño de mala muerte, Cinthia desapareció de mi mente. Minutos después del clímax, cuando la entonces «sin nombre» sofia me dejó solo sin siquiera despedirse con un estúpido guiño o una simple sonrisa, el recuerdo de Cinthia volvió a mi mente junto al recordatorio frecuente de mis padres de que yo era un fracaso en comparación con mi hermano mayor Joe. 

El sonido de las puertas del ascensor al abrirse me sacó de mis pensamientos, devolviéndome a la realidad con brusquedad. Sacudí la cabeza como si así pudiera despejar los recuerdos que me perseguían, y abrí la puerta de mi piso. 

—Miauuu —me recibió Noche, saltando del sofá y corriendo hacia mí para pasearse entre mis piernas con notable alegría. 

—¿Qué pasa, preciosa? ¿Me has echado de menos? —pregunté con esa voz ridícula con la que todo ser humano que se precie les habla a los bebés y a los animales, arrodillándome tras cerrar la puerta para quedar a su altura y poder acariciarla. 

—Miau —fue obviamente su respuesta. 

—¿Sí, verdad? Yo también te he echado de menos, cariño. —La tomé en brazos y ella se acomodó en mi cuello como si estuviera abrazándome.  

—Tío, te juro que esa gata besa el suelo por el que pisas —dijo Diego alucinado, asomándose por la puerta del salón—. Lleva sin hacerme caso desde que llegué, pero es aparecer tú y salir disparada —musitó negando con la cabeza. 

Me reí encantado y dejé un beso en la cabecita del animal, llevando las bolsas de la compra con una sola mano a la cocina. 

—Noche, ¿a que también quieres al tío Diego? —le pregunté como si fuera a contestarme. 

—Miau. 

—¿Ves? Eso es que sí. —Asentí conforme y la premié acariciándole el lomo peludo. 

—Tío, estás fatal. —Mi mejor amigo se rio—. ¿Qué tal el día? 

—Uy, ya sabes, ir a la universidad a estudiar la carrera que han elegido tus padres para ti es apasionante —ironicé sacando las pocas cosas que había comprado para colocarlas con una mano, pues me negaba a soltar a Noche—. De hecho, sí que me ha pasado algo interesante —comenté en tono enigmático al recordarlo, la sonrisa dibujándoseme sola de nuevo. 

Diego alzó las cejas intrigado. 

—No te hagas el misterioso, dime el qué. 

Me reí mientras hacía bola una de las bolsas de la compra para guardarla en el abarrotado cajón donde las almacenábamos, pues siempre se me olvidaba llevarme alguna y terminaba teniendo que pagar por más. 

—Me he encontrado a la mejor amiga de paola trabajando en un supermercado por el que he pasado de casualidad —le conté con una sonrisilla pícara. 

—Juan matias, ¿qué te dije de ligar con la chavala? —se quejó Diego arrugando la nariz. 

—Pero es que es muy divertido —repliqué saliendo de la cocina en dirección a mi cuarto. 

Diego me siguió, por supuesto. 

—Nicholas, como te líes con la mejor amiga de mi novia... —empezó a decir en tono de advertencia. 

Se me escapó la risa al pensar en que su advertencia llegaba demasiado tarde. 

—Tranquilo, que ella no está interesada. —Al menos, ya no. 

—Mejor. paola quiere que seáis amigos, tío. 

Puse los ojos en blanco, dejando a Noche sobre mi cama para cambiarme de ropa por algo más cómodo. 

—Tu novia es una idealista, Diego —me mofé quitándome la camiseta. 

—Mi novia es un cielo y espero durar muchísimo tiempo con ella, así que espero de ti que hagas un esfuerzo por tu mejor amigo y te lleves bien con sofia —dijo apuntándome con el índice. 

Mientras que él hablaba, yo me quedé en calzoncillos y me puse un pijama de cuadros porque ya era de noche y se acercaba la hora de dormir. 

—Tío, yo te quiero pero esa chavala parece odiarme sin motivo. —Me encogí de hombros y salí del cuarto para ir hacia el salón con Noche y Diego pisándome los talones. 

—No te odia, Juan matias, lo que pasa es que tiene carácter. Ya me lo dijo paola antes de presentármela. 

Vaya que sí tenía carácter. sofia tenía carácter y unos ojos muy bonitos que me cortaban la respiración de solo recordarlos. 

Nos dejamos caer en el sofá a la vez mientras Noche saltaba para acomodarse en el espacio entre nosotros. 

—Eso sin duda —respondí divertido. 

—¿Entonces? 

—¿Entonces qué? —inquirí alzando las cejas. 

—Que si vas a llevarte bien con ella. 

Solté una carcajada. 

—Lo intentaré, pero no te prometo nada. Esa chica parece un hueso duro de roer. 

Diego pareció conforme con mi respuesta, porque esbozó una sonrisa de alivio y cambió de tema. 

Aquella noche soñé con unos ojos azules que me desafiaban y una boca carnosa que, sin saberlo aún, estaba a punto de convertirse en mi nueva obsesión. 

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