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THREE

Author: Cor T Ney
last update publish date: 2026-06-27 22:45:14

—Hola, mamá. Perdón por no haberte llamado estos últimos días. ¿Cómo has estado?

Lena hablaba por teléfono con la señora Amelia mientras terminaba el último trozo de panqueque, después de asegurarse de que los cuatrillizos hubieran comido hasta quedar satisfechos.

—Estoy bien, querida. No deberías preocuparte por mí. Soy yo quien debería preguntarte cómo estás. ¿Cómo están tú y los cuatrillizos?

—Todos estamos bien, mamá. Estoy haciendo todo lo posible por sacarlos adelante. Nunca imaginé que cuidar de cuatro niños sería tan difícil, pero vale la pena. Mis pequeños son los niños más comprensivos del mundo. Verlos felices y conformes con lo poco que puedo darles es todo lo que siempre he deseado.

La señora Amelia soltó una cálida carcajada.

—Qué afortunada eres, hija. Esos cuatro traviesos son mucho más maduros de lo que corresponde a su edad. Cuesta creer que solo tengan seis años.

Lena rió junto con ella.

—Dime una cosa, querida. ¿De verdad estás segura de que quieres regresar? Si lo deseas, puedes quedarte ahí.

Lena guardó silencio durante unos segundos antes de responder.

—La gente de aquí ha sido maravillosa conmigo. Si fuera solo por mí, me quedaría. Pero... quiero volver por mis hijos. Los niños de la escuela y del vecindario se burlan constantemente de ellos porque no tienen padre, y eso ha afectado mucho a mi pequeña Ava. No quiero que crezcan en un ambiente así.

Hizo una breve pausa antes de continuar.

—Además, ya es hora de regresar y recuperar lo que me pertenece. Quiero demostrarles a Eloise y Charlotte que he podido salir adelante sin ellas y quitarles todo lo que me arrebataron.

—Lo entiendo, querida. Si eso es lo que deseas, tienes todo mi apoyo. Pero... ¿cómo está Ava?

La expresión de Lena se ensombreció. Bajó lentamente la mano con el pedazo de panqueque que estaba a punto de comer.

—Cada día está más distante conmigo. No quiere hablarme y siempre me rechaza cuando intento abrazarla. Es demasiado pequeña para cargar con todo esto, mamá. Ya no sé qué hacer.

—Tranquila, hija. Es normal que reaccione así después de todo el acoso que ha sufrido. Pero no te rindas. Ten paciencia con ella. Habla con ella poco a poco y explícale las cosas con calma, ¿de acuerdo?

—Lo haré, mamá. Gracias.

Lena se puso de pie.

—Tengo que irme. Debo terminar de empacar nuestras cosas y dejar todo listo.

—Está bien, querida. Cuídate mucho. Y recuerda que puedes llamarme cuando necesites hablar con alguien. Te quiero.

—Yo también te quiero, mamá. Adiós.

Lena terminó la llamada y soltó un profundo suspiro.

¿Qué habría sido de ella sin esa mujer?

Durante los últimos seis años, la señora Amelia había sido su mayor apoyo.

Como siempre estaba ocupada trabajando y criando a sus hijos, Lena apenas había hecho amigos. Y cada vez que el dinero no era suficiente para cubrir los gastos de los niños, la señora Amelia nunca dudaba en ayudarla económicamente.

Después de lavar los platos y darse una ducha, Lena fue a la habitación de Ava y Aida.

Cuando entró, Aida ya estaba profundamente dormida.

Ava, en cambio, seguía despierta, mirando fijamente hacia la nada.

—Ava, cariño...

La pequeña giró la cabeza.

Pero en cuanto vio que era su madre, volvió a darle la espalda.

Lena caminó hasta la cama y se sentó a su lado.

—¿Por qué sigues despierta? ¿Quieres que te lea un cuento antes de dormir?

Tomó un libro y sonrió.

—Podría leerte tu favorito, La princesa y el sapo. ¿Qué te parece?

Movió el libro delante de ella con una pequeña risa.

Pero Ava simplemente se cubrió con el edredón y le dio completamente la espalda.

Lena suspiró con tristeza y dejó el libro sobre la mesita.

—¿Por qué no quieres hablar con mamá? Dime qué es lo que te preocupa.

Tras unos segundos de silencio, la pequeña respondió con la voz entrecortada.

—Quiero tener un papá...

Lena sintió un nudo en la garganta.

No sabía qué decir.

Con cuidado, tomó la pequeña mano de Ava y la apretó con ternura.

—¿Acaso mamá no es suficiente para ti? Estoy aquí contigo. Puedo ser tu mamá y tu papá al mismo tiempo.

—¡No!

Ava apartó bruscamente su mano.

Las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas.

—¡Quiero tener un papá de verdad!

Lena cerró los ojos por un instante, tratando de contener el dolor.

—Lo siento, mi amor... pero no puedo darte eso. Perdóname, por favor.

—¡No! ¡Si no puedes darme a mi papá, entonces no quiero hablar contigo! ¡No quiero volver a verte nunca más!

Lena quedó completamente inmóvil.

—¡Ava!

La pequeña volvió a cubrirse con el edredón y rompió a llorar.

Lena sintió que el corazón se le hacía pedazos.

De los cuatro, Ava era la que más se parecía a ella.

Su cabello, sus ojos, su sonrisa... incluso su personalidad.

Era como verse reflejada en un pequeño espejo.

Y pensar que su propia hija estaba empezando a rechazarla le resultaba insoportable.

Lena permaneció junto a la cama.

Con infinita ternura, acarició el cabello de la niña hasta que finalmente se quedó dormida.

Luego se inclinó y depositó un suave beso sobre su frente.

—Perdóname por no poder darte un padre. Ni siquiera sé quién es... y le ruego a Dios que jamás vuelva a cruzarse en nuestro camino... jamás.

AL DÍA SIGUIENTE

Era sábado y, después de asegurarse de que los niños hubieran desayunado, Lena salió de casa para presentar su renuncia en el trabajo.

Como no quería dejar a los cuatrillizos solos, le pidió ayuda a la única persona con la que había entablado una verdadera amistad: Noah.

Lena y Noah se conocieron en un centro comercial dos años atrás y, desde entonces, se hicieron muy buenos amigos.

Desde aquel día, Noah siempre encontraba tiempo para visitar a Lena y pasar tiempo con los niños. A veces incluso los llevaba a pasear y les compraba todo lo que quisieran.

Pero había un pequeño problema...

Ninguno de los cuatrillizos lo soportaba.

Ni siquiera Ava.

—¡Ay, no! ¡Mamá va a volver a llamar a ese tío tan fastidioso! —se quejó Aida mientras se dejaba caer sobre la cama.

Los cuatro niños estaban reunidos en la habitación de Ryan y Evans.

—Simplemente no me cae bien. Es muy falso y siempre finge ser perfecto delante de mamá —comentó Evans.

—Y no olvides que es muy mandón.

Ryan puso una voz grave para imitarlo.

—«Ryan, haz esto. Aida, haz aquello. Evan, no te sientes así. Ava, deja de hablar... Bla, bla, bla.»

Los cuatro soltaron un suspiro al mismo tiempo.

—Estoy segura de que solo viene porque quiere conquistar a mamá para que se case con él —resopló Aida—. Es un tío horrible. Prefiero no tener papá antes que dejar que mamá se case con él.

—A mí no me gusta su cara —murmuró Ava.

—Tenemos que hacer que deje de venir a nuestra casa —declaró Evans.

—¿Pero cómo? —preguntó Aida haciendo un puchero.

Todos suspiraron, completamente desanimados.

De repente, una sonrisa traviesa apareció en el rostro de Ryan.

—Uy, uy... Ryan puso esa cara otra vez —susurró Aida a Evans—. Está tramando algo.

Evans corrió enseguida a buscar un cuaderno para dibujar.

—Tal vez... podamos hacerle una broma.

Ryan frotó las manos con una risa maliciosa.

—¿Qué tienes pensado? Cuéntanos.

—Mi lápiz está listo para entrar en acción.

Evans le entregó el cuaderno a Aida.

Ryan sacó de la nada varios folletos y repartió uno a cada hermano.

Evans lo miró desconcertado.

—Espera... ¿de dónde salieron esos folletos?

Ryan cruzó los brazos con aire orgulloso.

—No lo entenderías, hermano. Solo los expertos en bromas entienden estas cosas.

Carraspeó teatralmente antes de comenzar.

—Según estos folletos, tenemos tres opciones.

Levantó un dedo.

—Primera: hacer que lo atropelle un autobús que vaya a toda velocidad.

Levantó un segundo dedo.

—Segunda: lanzarlo a una presa.

Y luego un tercero.

—O tercera... hacer que lo muerda una serpiente.

Los ojos de Evans y Aida se abrieron como platos.

—¡Ryan! —gritaron al mismo tiempo.

El pequeño puso los ojos en blanco.

—¿Qué? Solo intento hacer esto más divertido.

Evans le arrebató los folletos y los tiró al suelo.

—¡Queremos hacerle una broma, no matarlo!

—¡Si hacemos cualquiera de esas cosas, iremos a la cárcel! —añadió Aida.

Ryan resopló.

—Qué tontería. Tengo seis años. No pueden meterme en la cárcel.

Evans suspiró con paciencia.

—Según la ley, cuando un menor comete un delito grave, los padres o tutores legales pueden ser considerados responsables. ¿Quieres que mamá vaya a la cárcel por tu culpa?

Ryan abrió los ojos de par en par.

—¿Cómo sabes todas esas cosas?

—Tenemos que pensar en otra idea.

Evans comenzó a caminar de un lado a otro de la habitación, frotándose la barbilla como si tuviera una barba imaginaria.

Tras unos segundos de silencio...

—¿Sabían que hay un avispero en el patio trasero? —preguntó Ava de repente.

Todos giraron la cabeza para mirarla.

La pequeña sonrió con inocencia.

—Si dejamos que esos avispones le arruinen esa cara tan fea... sería un espectáculo divertido.

Todos la miraron completamente sorprendidos.

Todos... excepto Ryan.

—¡Esa es mi hermana! —rió orgulloso.

Aida seguía boquiabierta.

—Espera... ¿tú hablas?

Ava frunció el ceño.

—Claro que hablo. Ya les dije que no me gusta su cara.

Los demás intercambiaron miradas.

Ryan dio una palmada.

—¡Perfecto! ¡Entonces nos quedamos con el plan de Ava!

Se acercó al grupo y bajó la voz.

—Muy bien... este es el plan.

Ryan explicó todos los detalles mientras Aida hacía dibujos para ilustrar cada paso.

Cuando terminó, extendió la mano hacia el centro.

—Entonces... ¿estamos todos de acuerdo?

—¡Yo sí! —respondieron uno tras otro, colocando sus manos sobre la de Ryan.

Ava fue la última en unirse.

Los cuatro sonrieron con complicidad.

—¡Cuatrillizos en acción! ¡Operación: Deshacernos del Tío Cara Fea! —gritaron al unísono.

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