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Luz prestada para mi juventud
Luz prestada para mi juventud
Author: Cristina Rivas

Capítulo 1

Author: Cristina Rivas
Cuando regresé a mi asiento, Lena estaba hablando con la chica que se encontraba sentada a su lado.

Al verme, levantó la mirada y me habló como siempre.

—¿Dónde están tus lentes?

Me froté los ojos, los cuales tenía resecos, y me ardían por el sol.

—Los perdí —respondí.

—Hoy te acompañaré a casa —repuso Lena, tras soltar un suspiro, mientras cerraba la cortina que estaba junto a mí.

Por un instante, me permití creer que lo que había escuchado durante la sesión de fotos había sido producto de mi imaginación.

Al terminar las clases, alguien vino a buscarla y se la llevó.

Dado que Lena me había dicho que la esperara en el salón, eso fue lo que hice… por ¡dos horas!

Quise llamarla, pero al tomar mi móvil me percaté de que este s se había quedado sin batería.

Luego de lo que me pareció una eternidad, finalmente, una profesora pasó por allí y, al verme, preguntó:

—¿Owen? ¿Por qué todavía no te has ido a casa?

Dicho esto, y conociendo mis problemas de visión, se ofreció a llevarme de inmediato. Sin embargo, me negué. Después de todo, no quería que Lena no me encontrara al regresar.

Cuando la profesora vio que mi teléfono estaba apagado, me hizo el favor de llamar a Lena por mí, quien, veinte minutos después, apareció en la puerta, jadeando.

—Te mandé un mensaje. Te dije que te adelantaras.

—No lo vi —respondí, con sinceridad, mientras le enseñaba mi móvil—. Se quedó sin batería.

Lena me observó durante un largo momento, y una expresión difícil de descifrar cruzó su rostro. Aun así, no comentó nada al respecto y se limitó a decirme:

—Vámonos.

Durante todo el trayecto, apenas habló, ya que se pasó casi todo el camino respondiendo mensajes.

Llevaba un aroma que no había notado antes, algo fresco y ligeramente amargo, parecido al de las hierbas recién trituradas.

Fruncí el ceño confundido. Por la mañana no olía así. ¿Dónde había estado?

Cuando llegamos a la entrada de mi edificio, alguien la llamó por su nombre. Junto a la entrada había varias personas, pero me era imposible distinguir sus rostros.

Sin embargo, una de ellas desprendía aquel mismo aroma.

Lena dio unos pasos rápidos hacia el grupo, mientras yo permanecía en mi lugar.

—¿Qué hacen aquí? —preguntó.

—El lugar al que vamos está a la vuelta de la esquina. Vinimos a buscarte —respondió una voz grave y clara que reconocí de inmediato.

. La había escuchado durante todo el año en los anuncios matutinos de la escuela.

Era Grant Hale, el chico por el que suspiraba media escuela.

—Está bien. Denme un segundo. Voy a acompañarlo hasta su casa.

—¿En serio? Ya estamos en la entrada de su edificio —soltó uno de los chicos con impaciencia—. ¿También necesita que lo acompañes desde aquí?

—Owen no ve bien cuando oscurece —intervino una de las amigas de Lena.

El muchacho chasqueó la lengua.

—El resto del tiempo parece estar perfectamente bien. ¿Quién sabe si de verdad tiene algún problema? —Suspiró—. Hoy es el cumpleaños de Grant y ella todavía tiene que tomarse la molestia de acompañarlo hasta su casa. Creo que lo hace a propósito. ¡Qué manera de arruinar el ambiente!

Me quedé allí, con las manos apretadas en puños, sin saber qué hacer con ellas.

—Ve con ellos. Puedo entrar solo —dije, en voz baja, cuando Lena volvió a mi lado.

—¿Estás seguro? —preguntó, con cierta vacilación en su voz.

—Sí, estoy seguro —afirmé, antes de darme la vuelta y entrar al edificio.

Sus voces me alcanzaron desde atrás.

—Oye, Lena. ¿No vas a ir a arropar a tu noviecito inválido?

—Es mi amigo. No digas cosas tan desagradables.

Me detuve en seco.

En todos los años que llevaba conociéndola, era la primera vez que le respondía así a alguien por ese tipo de bromas.

Los senderos del patio estaban bien iluminados. Aun así, las luces apenas me permitían hacerme una idea general de hacia dónde dirigirme. Por lo que me vi obligado a avanzar tanteando el camino, mientras sentía una opresión cada vez más fuerte en el pecho.

Antes, Lena nunca se había molestado en corregir a quienes bromeaban con nosotros, porque no le importaba.

Pero ahora…sí que lo hacía.

¿Acaso era por Grant?

Mientras pensaba en esto, tropecé con algo y caí con fuerza al suelo.

Un dolor intenso me atravesó la palma de la mano. Durante unos segundos, me quedé sentado allí, completamente perdido.

Lena no siempre había sido así. Antes vivíamos en departamentos, uno frente a otro, al otro lado del pasillo.

En ese tiempo, me tomaba de la mano tanto para ir a la escuela como para regresar a casa. Le pedía a la profesora que nos sentara juntos, e, incluso, cuando otros niños se burlaban de mis ojos, ella se ponía delante de mía para defenderme.

Por eso, no podía evitar preguntarme: ¿en qué momento me había convertido en una carga para ella?

—¡Owen!

Escuché mi nombre seguido de unos pasos apresurados a mis espaldas.

—¿A esto te referías cuando dijiste que estabas seguro? —preguntó Lena con severidad, levantándome del suelo.

Sin embargo, sus manos se movían con cuidado mientras me revisaba para asegurarse de que no me hubiera roto nada.

Una vez confirmó que estaba bien, me sujetó y me acompañó hasta mi casa, tal como solía hacerlo antes.

La pequeña llama que ardía en mi pecho volvió a encenderse, al pensar en que Lena todavía se preocupaba por mí.
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